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05 septiembre 2018

La economía de la desigualdad

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Teniendo en cuenta los principales resultados de los estudios llevados a cabo por Amartya Sen en el campo del desarrollo económico, así como sus contribuciones empíricas y la búsqueda de alternativas y soluciones a los problemas de asignación de recursos, sobre todo cuando éstos son escasos, se pone de manifiesto la necesidad de revisar las políticas económicas para atender de manera más equitativa a las dificultades, carencias y necesidades fundamentales de la población.

Atendiendo a la propuesta y axiomatización del índice de pobreza de A. Sen, y considerando la idea de la pobreza como privación de capacidades parece posible:

  • Determinar la magnitud de la pobreza y la desigualdad.
  • Evaluar el impacto de las políticas económicas y sociales sobre la población, en particular sobre la población pobre.
  • Medir el incremento y la disminución de la desigualdad y la pobreza.
  • Ajustar permanentemente las políticas económicas y sociales.
  • Centrar la atención no exclusivamente en la eficiencia, sino también en la equidad.

Índice de pobreza

Buena parte de las aportaciones teóricas de Amartya Sen se han dedicado al estudio de la distribución de los ingresos, y a la teoría de la elección social, preocupándose también por sus aplicaciones. Sus contribuciones a la teoría del desarrollo económico, y a la teoría de la elección social, parten de la explicación del resultado central de la misma: el teorema de imposibilidad de Arrow.

En la obra de Sen encontramos un interés general por los temas relacionados con la distribución, y una particular preocupación por los miembros menos favorecidos de la sociedad. En este sentido, argumenta que la atención a la pobreza como un problema surge a partir del momento en el que se considera que los individuos “pobres” crean dificultades a los que no lo son, pues se piensa que vivir en la pobreza es algo desafortunado, pero que el verdadero problema se presenta cuando ésta propicia “desutilidad” para el resto de la sociedad. De ahí la importancia de introducir el índice P, que hace posible combinar tres aspectos de la pobreza:

  • el porcentaje de pobres para una línea de pobreza elegida o índice H;
  • la magnitud de la pobreza o índice I;
  • la distribución del ingreso entre los pobres, o índice G;

Este índice compuesto, o índice de Sen (Ps), cuya derivación axiomática se suele formular  P = H [1+ (1- I)G], supera los problemas de insensibilidad, permite cuantificar la población pobre y detectar cuándo hay transferencias de ingreso que favorecen a los más pobres. Las mediciones de la pobreza utilizadas antes de la propuesta de Sen resultaban ineficientes, dado que el primer requisito para conceptuar la pobreza es tener un criterio que permita definir quién debe estar en el centro de nuestro interés. Especificar algunas “normas de consumo”, o una “línea de pobreza”, pueden abrir parte de la tarea: los pobres son aquellos cuyos niveles de consumo caen por debajo de estas normas, o cuyos ingresos están por debajo de esa línea. Pero esto lleva a otra pregunta clave: ¿el concepto de pobreza debe relacionarse con los intereses: 1) sólo de los pobres; 2) sólo de los que no son pobres, o 3) tanto de unos como de otros?

Fotografía de la calle Sha Po de Xiamen habitantes de barrios marginales / Imagen: CC0 Public Domain / maxpixel

Un concepto de pobreza deberá implicar, al menos, dos ejercicios bastante definidos:

  • un método para incluir a un grupo de personas en la categoría de pobres: “identificación”.  Puede basarse en un nivel de necesidades mínimas.
  • un método para integrar las características del conjunto de pobres en una imagen global de la pobreza: “agregación”. Requiere de algún método que combine las privaciones de distintas personas en un indicador global.

Sujetos activos y expansión de las libertades

Ahora bien es importante no olvidar, en ningún caso, la inclusión en esta perspectiva de un enfoque que asuma la idea de la pobreza como privación de capacidades, y que conciba a los individuos como agentes activos de cambio y no como meros receptores pasivos de prestaciones. Así, la concepción del desarrollo económico no se centrará únicamente en el crecimiento del producto nacional bruto, en el aumento de las rentas, en un mayor avance tecnológico…, sino también en el proceso de expansión de las libertades reales de las que disfrutan los individuos, que están íntimamente ligadas con esos otros aspectos anteriores, puesto que el crecimiento de cualquiera de ellos influye de forma directa en la ampliación y expansión de  esas libertades.

A pesar de la opulencia que se pueda estar disfrutando en determinados lugares del mundo, la sociedad actual aún niega libertades básicas a un gran número de personas. Y el desarrollo económico requiere la eliminación de las principales fuentes de privación de libertad, como la pobreza, la escasez de oportunidades, las dictaduras o el abandono en el que pueden encontrarse los servicios públicos y asistenciales. Aquello que los ciudadanos pueden conseguir depende de las oportunidades económicas, de las libertades políticas, de las fuerzas sociales y de las posibilidades que proporcionan la sanidad, la educación y el fomento de las iniciativas.

Mujeres y niños son los grupos más vulnerables y los que ven sus derechos y libertados acotados con más frecuencia / Imagen: CC0 Public Domain / maxpixel

El desarrollo económico pone de manifiesto las conexiones empíricas entre los diferentes tipos de libertades:

  • Las libertades políticas (libertad de expresión y elecciones libres): promueven e impulsan la seguridad económica.
  • Las oportunidades sociales (servicios educativos y sanitarios): facilitan la participación económica.
  • Los servicios económicos (oportunidades para participar en el comercio y la producción): generan riqueza personal general, así como recursos públicos para la financiación de servicios sociales.

De este modo, contando con suficientes oportunidades sociales, los individuos pueden ser capaces de configurar su realidad, y no convertirse en meros receptores pasivos de prestaciones otorgadas por las diversas instituciones. Así:

  • la pobreza podrá identificarse de manera razonable con la privación de capacidades. Se centra la atención en las privaciones que son intrínsecamente importantes (la renta sería instrumentalmente importante).
  • existen otros factores que influyen en la privación de capacidades, y en la pobreza real, además de carecer de una renta (la renta no se considera el único instrumento que genera capacidades).
  • la relación instrumental entre la falta de renta y la falta de capacidades varía de unas comunidades a otras, de unos núcleos familiares a otros y de unos individuos a otros (implica contingencia y condicionalidad).

Un análisis de este tipo permitirá comprender mejor la naturaleza y las causas de la privación y de la pobreza, trasladando la atención de los medios (como la renta; aunque indudablemente la renta es un importante medio para gozar de capacidades), a los fines que los individuos persiguen y, por ende, a las libertades necesarias para poder alcanzar esos fines. Lo cual pone de manifiesto que es posible:

  • Atender a la preocupación por los problemas distributivos.
  • Considerar el papel de los miembros más desprotegidos y desfavorecidos de la sociedad.
  • Contemplar el ajuste de las políticas económicas y sociales.
  • Comprender mejor la naturaleza y las causas de la privación y de la pobreza.

Y resulta viable abordar estos aspectos centrando la atención no exclusivamente en la eficiencia, sino también en la equidad.

Ana González Menéndez

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