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Pobreza, desigualdad y desarrollo: discusión desde el enfoque de la capacidad

Igualdad | Mercado laboral | Mujer | Perplejidad
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En este artículo se presentan nuevas definiciones de conceptos como "desarrollo humano", "pobreza" y "desigualdad", definiciones estrechamente vinculadas a la diversidad de propiedades que atañen al bienestar. Se describen índices, metodologías y aplicaciones que se han desarrollado en los últimos tiempos y que han sido muy utilizados para medir y valorar estos conceptos. En particular, se analiza el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), que complementa las medidas monetarias tradicionales de la pobreza, reconociendo su variedad de formas y dimensiones.

Desarrollo, pobreza y desigualdad: cambiando el paradigma de desarrollo

El desarrollo, la pobreza y la desigualdad son conceptos diferentes aunque se encuentren intrínsecamente relacionados. Están en el centro del enfoque de capacidad de Amartya Sen y del Enfoque de Desarrollo Humano del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y todos tienen un notable impacto en el bienestar de las personas.

«Desarrollo» es un término tradicionalmente asociado al crecimiento económico. Esta visión fue puesta en tela de juicio por el enfoque de capacidad de Sen, que introdujo un cambio de paradigma en la forma en que entendemos el desarrollo (Sen 1979a, 1985a, 1985b, 1987, 1989). Su paradigma de desarrollo se apoyaba en dos cambios fundamentales con respecto al enfoque anterior. El desarrollo se centra ahora en la persona como unidad de análisis, en lugar de la economía, y la evaluación del progreso se hace en función de las capacidades y libertades de la gente, en lugar de los ingresos. Por tanto, la pregunta esencial que se plantea al comparar diferentes sociedades es: «¿Qué es lo que cada persona puede hacer y ser?», es decir, el enfoque de Sen va más allá de la media de bienestar en una sociedad y se centra en las oportunidades disponibles para cada individuo. Como señala Nussbaum (2011), el enfoque «se centra en la elección o la libertad de elección, sosteniendo que las sociedades deben promover […] un conjunto de oportunidades en bienes fundamentales, o libertades sustanciales, que la gente puede ejercer, o no».

A partir de este cambio de paradigma, surgieron diversas consecuencias prácticas. El enfoque en el individuo significó el paso del concepto de desarrollo al concepto de «desarrollo humano». La comprensión y medición del desarrollo cambió de una única dimensión, es decir, los ingresos, a múltiples dimensiones, esto es, capacidades y libertades. Las múltiples dimensiones del desarrollo humano son flexibles, lo cual implica que cada contexto cultural y nacional puede tener un conjunto diferente de dimensiones relevantes (Sen, 2004). Por último, la formulación de políticas cambió drásticamente, ya que ahora está orientada a mejorar diferentes variables para promover el desarrollo humano, como por ejemplo la educación, la salud y las condiciones de vida, y no solo aumentar el nivel de ingresos de la economía.

El desarrollo humano se describe hoy en día como la expansión de las libertades de la gente, donde el concepto de libertad tiene en cuenta las capacidades que las personas valoran y el empoderamiento del individuo para participar activamente en los procesos de desarrollo en un planeta compartido (Alkire, 2010). Por capacidades se entiende la posibilidad real de lograr algo. Por ejemplo, la capacidad de disfrutar de la atención médica requiere una clínica de salud con personal sanitario y suministros médicos, y que los pacientes no sean rechazados por razones de género, raza, edad o religión.

La ampliación de las libertades y el empoderamiento de las personas no bastan para conceptualizar el desarrollo humano en sí mismo. El desarrollo humano avanzado y duradero tiene lugar dentro de un contexto limitado por: recursos, tiempo, información, tecnología, voluntad política, incertidumbre y capacidad institucional. Por consiguiente, también es necesario introducir algunos principios de procedimiento (Sen, 1979b, 1992, 1996). Por ejemplo, un auge del crecimiento que genere grandes ganancias para los más ricos y mantenga estables los resultados de las clases bajas y medias sería, estrictamente, una expansión del desarrollo humano, porque se ampliarían las capacidades de algunas personas sin afectar negativamente a la libertad de cualquier otro. Sin embargo, si se encontrara una política capaz de generar ganancias para los muy pobres, mientras mantiene los resultados de los más ricos sin cambios, dicha política sería preferible sin duda alguna. Por tanto, los principios de procedimiento ayudan a establecer prioridades y descartar resultados indeseables (Alkire, 2002; Sen, 2009). Ejemplos de estos principios son la reducción de la pobreza, la eficiencia, la equidad, la sostenibilidad, el respeto de los derechos humanos y la responsabilidad.

¿Cuáles son las políticas apropiadas para mejorar el desarrollo humano? El crecimiento económico no es estrictamente necesario y no es, en absoluto, suficiente (Bourguignon et al., 2008). Se han sugerido políticas complementarias para conseguir avances duraderos en materia de desarrollo humano. Estas incluyen instituciones más fuertes, la formación de redes de desarrollo sostenible, una sociedad civil fuerte y participativa, una mayor rendición de cuentas nacional a través de poderes que ejerzan como contrapeso y un aumento del la gobernanza y la responsabilidad globales, con mayor participación internacional en ciertos contextos (PNUD, 1992, 1999, 2002, 2005).

El concepto de pobreza se ha definido tradicionalmente en función de solo una variable monetaria: por lo general, el nivel de ingresos o el consumo. En este enfoque unidimensional, la pobreza se define y se mide como el porcentaje de la población cuyo nivel de ingresos (por ejemplo, el ingreso familiar per cápita o el ingreso familiar ajustado por equivalencia) está por debajo de una línea llamada umbral de pobreza, que se define en términos monetarios.1

La comprensión y medición de desarrollo cambió de una única dimensión, es decir, los ingresos, a múltiples dimensiones, esto es, capacidades y libertades.

El concepto de pobreza también tuvo su impacto en la aproximación de Sen. Según esta, la pobreza es un concepto complejo y multidimensional y, para comprenderlo, se necesita considerar las diversas características y circunstancias individuales. Los pobres suelen carecer no solo de ingresos, sino de educación, salud, justicia, crédito y otros recursos productivos y oportunidades. En este sentido, la pobreza debe ser entendida como la privación de capacidades, todo lo que limite las libertades para lograr algo, y no fijarse tanto en los bajos ingresos. Sen sostiene que la evaluación social debe basarse en el alcance de las libertades que las personas tienen para perseguir los objetivos que ellas mismas valoran. Así, la pobreza se convierte en un «fallo de capacidades»: la falta de capacidad de las personas para disfrutar de los «seres y haceres» esenciales para la vida humana. Este concepto es, inherentemente, multidimensional.

Dos consecuencias inmediatas surgen de la conceptualización de la pobreza, en tanto que privación de capacidades. La primera es el reconocimiento de la asociación negativa entre la pobreza y el desarrollo humano y, en última instancia, entre la pobreza y el bienestar de las personas. La segunda es práctica y entraña problemas de medición. Concebir la pobreza como un fenómeno multidimensional implica varios retos, tanto en términos de requerimientos de información (se necesitan datos sobre las múltiples dimensiones para calcular una medida de pobreza multidimensional) como de juicios de valor (hay que definir la importancia relativa de las diversas dimensiones). Esto es particularmente relevante en el Programa 2030, ya que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) lanzados en 2015 requieren que los países reduzcan la pobreza en «todas sus formas y dimensiones». Dichos aspectos se tratarán más adelante.

Por último, pero no menos importante, está el concepto de desigualdad que se refiere a cómo ciertas variables se distribuyen entre individuos, grupos de personas o países. La desigualdad se ha centrado desde siempre en medir la distribución de las variables de resultados, como el nivel de ingresos, los logros educativos o el estado de salud de la población, utilizando medidas bien conocidas como el coeficiente de Gini, el índice de Atkinson, el índice de Theil y los ratios de percentiles.

El Objetivo objetivo debe ser igualar las oportunidades que las personas tienen para practicar sus libertades.

El enfoque de capacidad de Sen abordó asimismo el concepto de desigualdad. En el marco de Sen, igualar los resultados no debe ser el objetivo, porque no todas las personas convierten los resultados en bienestar de la misma manera. La relación entre los resultados y el bienestar de las personas depende de circunstancias ajenas al control de los individuos, como la edad, el género, los antecedentes familiares y la discapacidad. También depende de las condiciones sociales, como los sistemas de atención de la salud, los sistemas educativos, la prevalencia de la delincuencia y las relaciones comunitarias, entre otros factores. Por tanto, el objetivo debe ser igualar las oportunidades que las personas tienen para ejercer sus libertades, y no los resultados que obtienen. En este marco, la desigualdad de oportunidades se considera una limitación para las opciones y libertades de los individuos, lo cual repercute de forma negativa en su desarrollo y bienestar (PNUD, 2005).

En resumen, el desarrollo humano, la pobreza y la desigualdad son básicamente conceptos multidimensionales y centrados en el individuo. Todos ellos se fundamentan, aunque de diferente forma, en las capacidades individuales que tienen un impacto final en el bienestar de las personas. El desarrollo humano implica ampliar el conjunto de capacidades; la pobreza se refiere a la privación de capacidades, mientras que la desigualdad implica a personas que deberán elegir entre diferentes habilidades y diferentes libertades. Todos estos conceptos han sido moldeados por el enfoque de capacidad de Sen, que produjo cambios drásticos en la formulación de políticas y desafíos de medición importantes.

Aspectos de medición: adición de las diferentes dimensiones

La aparición del enfoque de capacidad de Sen como un nuevo paradigma para entender el desarrollo humano, la pobreza y la desigualdad significó un cambio en las medidas utilizadas para captar estos conceptos. El desarrollo ya no se concibe ni se mide como PIB o renta per cápita, las medidas monetarias de pobreza ya no son suficientes y la desigualdad se está extendiendo a otras dimensiones (Drèze y Sen, 2013).

Desde principios de los 90 se han introducido medidas innovadoras. La mayoría comparten características que permiten comparar entre países e incluir múltiples dimensiones en su cálculo. Algunas de ellas son el Índice de Desarrollo Humano (IDH)2, el Coeficiente de Desigualdad Humana3 y el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM)4.

Todas estas medidas difieren en dos aspectos importantes. En primer lugar, se diferencian en la población concreta que pretenden medir, es decir, la población de un estado, país, región o un subgrupo particular. Algunos indicadores se centran en el tamaño o el nivel general de logros entre la población analizada. Por ejemplo, podemos calcular el total de ingresos o el total de años de escolarización de cada individuo de la población. Normalmente, se calcula la media para permitir la comparación entre grupos. Siguiendo el ejemplo, calcularíamos los ingresos per cápita o el promedio de años de escolarización de la población. Otras medidas se centran en la difusión o alcance de la distribución de los logros. Este tipo de medidas reflejan la igualdad o desigualdad en la distribución de logros para una población concreta. Finalmente, otras medidas captan la base de la distribución o la proporción de la población que presenta un nivel inaceptablemente bajo de logros, con relación a unos patrones prestablecidos.

El IDH es un ejemplo de medida de tamaño. El IDH actual se basa en la RNB (renta nacional bruta) per cápita, el promedio de años de escolarización, la esperanza media de vida académica y la esperanza de vida media. Cada una de estas dimensiones señala el promedio de logros en una población. Los índices, como el de Gini, el de Atkinson, el de Theil, o la proporción de 90:10, son las medidas de tipo de distribución que ofrecen información sobre la desigualdad de los logros en una sociedad. Un ejemplo reciente de índice de propagación es el Coeficiente de Desigualdad Humana, que se ha incluido en los Informes de Desarrollo Humano junto con el IDH desde 2014. Este índice se calcula como el promedio no ponderado de desigualdad observada en las tres dimensiones que componen el IDH (educación, salud e ingresos), en la que dicha desigualdad se mide según el índice de Atkinson. Por último, el IPM es una medida de base que capta la naturaleza y magnitud de las privaciones en salud, educación y nivel de vida de cada hogar. La distinción entre tamaño, distribución y medidas de tipo base es importante. En la práctica, proporcionan información sobre diferentes aspectos de los logros de una población y, lo que es más importante, no hay necesidad de elegir entre unas y otras. Por el contrario, se complementan entre sí (PNUD, 2010, Alkire y Santos, 2014).

En segundo lugar, estas nuevas medidas difieren también en su estructura principal, e incluyen cuatro características metodológicas: análisis dimensional, descomposición, enlaces entre dimensiones y esquemas de ponderación. En cuanto al análisis dimensional, el IDH, lanzado en 1990, fue la primera medida que empleó múltiples dimensiones en sus cálculos. Además de los ingresos, incluía información sobre educación y salud. Con el tiempo, las variables utilizadas para describir el desarrollo humano se extendieron hasta incluir otros elementos de interés como los derechos políticos, la libertad de acción, la productividad, la paridad de género y la sostenibilidad, entre otros (Alkire, 2010).

La «descomposición» de una medida se refiere a la posibilidad de desglosarla por variables relevantes, tales como género, grupo de edad, etnia, área rural o urbana y discapacidad, entre otros (Alkire y Foster, 2016). Este ejercicio es notablemente valorado por quienes formulan políticas; la información sobre las variaciones que tienen lugar dentro de un país, puede dar forma a sus respuestas políticas. Asimismo, la variable de descomposición es necesaria para definir quiénes son los más pobres entre los pobres y cómo su situación va cambiando. Esto es esencial para cumplir con los ODS, y su premisa de “no dejar a nadie atrás”. El IPM es un ejemplo de medida que satisface la variable de descomposición, ya que puede desagregarse por cualquier subgrupo para el que los datos sean representativos. En la sección 4 se presenta el IPM por regiones, grupos de países clasificados por nivel de ingresos, grupos de edad y discapacidades.

La variable metodológica de los vínculos, entre las dimensiones que también analiza cuáles son los logros alcanzados simultáneamente por individuos. Esta característica está presente en las medidas multidimensionales basadas en el recuento, como el IPM. Este índice es una medida multidimensional agregada y global que se puede desglosar para mostrar qué personas están experimentando la misma privación al mismo tiempo. Esto es posible porque la construcción del IPM comienza a nivel de individuo o de hogares, y construye un perfil de sus privaciones para cada dimensión e individuo. A partir de este perfil, una persona se identifica como pobre/no pobre. Por el contrario, las medidas compuestas solo ofrecen una comprensión indirecta de los vínculos entre dimensiones porque combinan diferentes indicadores agregados que pueden provenir de diferentes encuestas. El IDH es un ejemplo de medida compuesta.

La última variable metodológica se refiere al vector de ponderación aplicado con el fin de agrupar diferentes dimensiones. En la práctica, la gente puede estar en desacuerdo sobre qué pesos utilizar. La gente es muy diversa, y los valores pueden diferir entre personas y también en la misma persona con el paso del tiempo (Sen, 2009). Sin embargo, no es necesario que la gente se ponga de acuerdo sobre un conjunto de pesos. Lo importante es que cualquier recomendación política debe resistir una serie de pesos plausibles, y el vector de ponderación utilizado debe ser explícito y fácil de entender (Alkire et al., 2011).

Las siguientes secciones toman el IPM como ejemplo de medida que sigue el nuevo paradigma de desarrollo. Este índice se apoya en el reconocimiento de que la pobreza tiene muchas formas y que se necesitan medidas que complementen los índices tradicionales de pobreza.

Índice de pobreza multidimensional: la teoría

Hasta hace poco, muchos países solo entendían la pobreza como la falta de ingresos o el bajo consumo. Pero ningún indicador puede captar los múltiples aspectos de la pobreza. El IPM Global es una medida internacionalmente comparable de pobreza aguda desarrollada por la OPHI y la Oficina de Información sobre Desarrollo Humano de Naciones Unidas. El IPM Global complementa la medición monetaria de la pobreza al reflejar las privaciones simultáneas y agudas que enfrentan a los individuos en otros campos que también son esenciales para garantizar una vida digna. Siguiendo el IDH, el IPM comparte los mismos tres ámbitos: educación, salud y nivel de vida. El IPM Global fue lanzado en 2010, y ha sido actualizado regularmente y publicado en cada Informe de Desarrollo Humano posterior.

El IPM Global es una adaptación particular de la ratio de recuento ajustada (M0) propuesta en Alkire y Foster (2011) y elaborada en Alkire et al. (2015). La metodología Alkire-Foster (AF) establece un marco general para medir la pobreza multidimensional, aunque también se adecúa para medir otros fenómenos (Alkire y Santos, 2013). Con el método AF, muchas decisiones clave se dejan en manos del usuario, como la selección de la unidad de análisis, las dimensiones, los límites de privación (para determinar cuándo una persona está privada en un ámbito), la ponderación (para indicar la importancia relativa de las diferentes privaciones) y el límite de la pobreza (para determinar cuándo una persona tiene suficientes privaciones para ser considerada pobre). Esta flexibilidad permite que la metodología presente muchas aplicaciones diversas, aunque se ha utilizado principalmente para medir la pobreza multidimensional.

Método Alkire-Foster. Alkire y Foster (2011) proponen una metodología basada en el método de recuento, que hace ajustes en la familia tradicional de indicadores FGT para llevarla a un espacio multidimensional. Esta metodología introduce dos puntos de corte en la etapa de identificación de la pobreza.5

En primer lugar, se selecciona el conjunto de indicadores que se consideran en la medida multidimensional. Los datos de todos los indicadores deben estar disponibles para el mismo hogar. La matriz de logros contiene entonces el nivel de logro de cada hogar, en cada indicador incluido en la medida. Luego, es necesario establecer los límites de privación para cada indicador, es decir, el nivel de logro considerado suficiente (normativamente) para no ser desfavorecido en cada indicador. Después de aplicar estos puntos de corte, cada hogar se identifica como privado o no privado en cada indicador. Más formalmente,

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donde Xij es el valor de logro del hogar i en el indicador j; zj es el umbral de corte de privación para el indicador j, y  image_extract1_96 es una variable dicotómica con valor = 1 (si el hogar i está desfavorecido en el indicador j, y valor = 0 de lo contrario). La matriz de logros se transforma a continuación en la matriz de privación, que contiene las variablesimage_extract1_96 para cada indicador/hogar.

En esta etapa, se aplica la ponderación o valor relativo que tiene cada indicador, de modo que estos sumen a uno o 100%. De esta manera, las variables dicotómicas que toman los valores 0 o 1 se multiplican por el peso de cada indicador para obtener la matriz de privación ponderada.

Como indican Alkire y Foster (2011), «los puntos de corte específicos de dimensión no bastan para identificar quién es pobre; debemos considerar criterios adicionales que miren a través de las dimensiones para llegar a una especificación completa del método de identificación»6. Para ello, una vez establecida la privación en cada indicador, este método cuenta el número de atributos en los que el hogar i se ve privado: el vector de conteo, Ci, representa entonces la suma de las privaciones ponderadas a que se enfrenta cada hogar.

Aquí se establece el segundo umbral k. Define quién es multidimensionalmente pobre y quién no. En otras palabras, k representa el número mínimo de indicadores ponderados de los que un hogar debe ser privado para ser considerado como multidimensionalmente pobre. Así, tenemos:

donde ρi es una variable dicotómica que toma valor = 1 si el hogar i está privado de, por lo menos, k indicadores ponderados. Este método permite usar los enfoques de unión e intersección, estableciendo k = 1 y k = d , respectivamente (donde d es el número de indicadores incluidos en el análisis). De manera similar, también se permite un enfoque intermedio al establecer un valor de k entre estos extremos. Es decir, los enfoques de unión e intersección pueden tomarse como casos especiales de este método. Alkire y Foster (2011) no proporcionan un algoritmo para determinar a k, sino que consideran los resultados con todos los valores posibles de k entre 1 y d como un tipo de prueba de robustez de las estimaciones.

Además de estas consideraciones en la etapa de identificación de los pobres, los autores proponen ajustes para agregar la información de los hogares en un indicador de población, basados en la familia de índices FGT. En particular, el método AF calcula primero la proporción de personas que han sido identificadas como multidimensionalmente pobres en la población. Esta es la proporción de cabezas de la pobreza multidimensional H, también llamada incidencia de pobreza multidimensional:

donde q es el número de hogares identificados como multidimensionalmente pobres utilizando el doble corte y n es el número total de hogares. A continuación, se calcula la proporción media de indicadores ponderados en que los pobres son privados. Esto implica sumar las puntuaciones de privación de los pobres y dividirlas por el número total de individuos pobres. Esta es la intensidad de la pobreza multidimensional A, llamada a veces la amplitud de la pobreza:

Este índice parcial transmite información relevante sobre la pobreza multidimensional, ya que los hogares que experimentan privaciones simultáneas en una fracción mayor de dimensiones tienen una más intensidad de pobreza que otros con menor intensidad.

Por último, el M0 o IPM se calcula como el producto de los dos índices parciales anteriores: H x A. Análogamente, se puede obtener como la media del vector de puntuaciones de privación, que es también la suma de las privaciones ponderadas que las personas pobres, dividida por la población total. Esto significa que la medida final M0 considera la cifra de pobreza a la manera tradicional, pero la logra ajustar mediante la intensidad de la pobreza para obtener una imagen más completa de la misma. Esta corrección permite al indicador verificar la propiedad de monotonicidad multidimensional (que no se satisface con la tasa de incidencia)7. Más formalmente, 

Obsérvese que las privaciones experimentadas por individuos que no han sido identificados como pobres (es decir, aquellos cuyas puntuaciones de privación están por debajo del umbral de pobreza, k) son censuradas y por lo tanto no se ven reflejadas; esta censura de las privaciones de los no pobres es consistente con la propiedad del «enfoque de la pobreza» que –análogo al caso unidimensionalrequiere que la medida de la pobreza sea independiente de los logros de los no pobres. Para más información véase Alkire y Foster (2011).

Las medidas de la familia AF satisfacen muchas de las propiedades deseables para las medidas de pobreza. Varias propiedades son clave para la política. La primera es la descomposición, que permite desglosar el índice por subgrupos de población (como región, género u origen étnico) para mostrar las características de la pobreza multidimensional para cada grupo. Como se discutió en la sección anterior, el IPM satisface la descomposición del subgrupo de población. Así, el nivel de pobreza de una sociedad equivale a la suma ponderada por la población de los niveles de pobreza de los subgrupos, donde los subgrupos son mutuamente excluyentes y colectivamente exhaustivos.

El IPM también se puede desagregar para revelar las privaciones dimensionales que más contribuyen a la pobreza de un grupo dado. Esta segunda característica clave – desglose dimensional de postidentificación– no está disponible con la proporción de recuento estándar y es particularmente útil para la política.

Además, el IPM tiene una interpretación intuitiva: refleja la proporción de privaciones ponderadas que los pobres sufren en una sociedad sobre el total de privaciones que esta sociedad podría experimentar si todas las personas fueran pobres y fueran privadas en todas las dimensiones. Asimismo, el IPM está relacionado con un conjunto de índices parciales consistentes e intuitivos, a saber, la incidencia de la pobreza (H), la intensidad (A) y un conjunto de estimaciones de pobreza de subgrupos, índices de privación dimensional (que en el caso de la medida M0 se denominan índices de personal censurado) y sus correspondientes contribuciones porcentuales. Cada medida puede desplegarse en una serie de índices informativos.

Otra ventaja práctica del IPM es que se puede implementar con datos ordinales. Esto es fundamental para las aplicaciones del mundo real. Es relevante cuando la pobreza se ve desde la perspectiva de la capacidad, por ejemplo, ya que muchas funciones clave se miden comúnmente mediante el uso de variables ordinales. El M0 o IPM satisface la propiedad de ordinalidad. Esto significa que para cualquier transformación monótona de la variable ordinal y el corte asociado, la pobreza global estimada por M0 no cambiará.

Ejemplo del método AF.8 Supongamos que una sociedad hipotética contiene cuatro individuos y se analiza la pobreza multidimensional utilizando cuatro indicadores: ingresos, años de educación, índice de masa corporal (IMC) y acceso a mejor saneamiento. La matriz 4×4 X contiene los logros de las cuatro personas en los cuatro indicadores.

Por ejemplo, el ingreso de la Persona 3 es de 400 unidades, mientras que la Persona 4 es de 800 unidades. La persona 1 ha completado 14 años de escolaridad, mientras que la persona 2 ha completado 13 años de escolaridad. La persona 3 es la única persona que está desnutrida de las cuatro personas. Dos personas en nuestro ejemplo tienen acceso a mejor saneamiento. Por lo tanto, cada fila de la matriz X contiene los logros de cada persona en cada uno de los cuatro indicadores. El vector de corte de privación se denomina Z = (500, 5, No desnutrido, Tiene acceso a mejor saneamineto), que se utiliza para identificar quién está privado en cada indicador. La matriz de logro X tiene tres personas que están privadas (ver las entradas subrayadas) en uno o más indicadores. La Persona 1 no tiene ninguna privación en absoluto.

Basándonos en el estado de privación, construimos la matriz de privación g0, donde se asigna una puntuación de estado de privación de 1 si una persona se ve privada de un indicador y se le da otra puntuación de 0.

Todos los indicadores están igualmente ponderados en este ejemplo y, por lo tanto, el vector de peso es W = (0,25, 0,25, 0,25, 0,25). Luego aplicamos estos pesos a la matriz de privación para obtener la matriz de privación ponderada. La suma ponderada de estas puntuaciones de estado es la puntuación de privación (Ci) de cada persona. Por ejemplo, la primera persona no tiene privaciones y por lo tanto la puntuación de privación es 0, mientras que la tercera persona es privada en todos los indicadores y por lo tanto tiene la puntuación de privación más alto de 1. Del mismo modo, la puntuación de privación de la segunda persona es 0,5 (0,25 + 0,25).
Esta aproximación identifica a una persona como pobre si está privada en cualquiera de los cuatro indicadores. En ese caso, tres de las cuatro personas en este ejemplo son identificadas como pobres (es decir, las personas 2, 3 y 4). Por otro lado, el enfoque de intersección requiere que una persona sea identificada como pobre si se la priva de todos los indicadores. En el ejemplo, solo una de las cuatro personas se identifica como pobre (es decir, la persona 3). Un enfoque intermedio establece un corte entre la unión y los enfoques de intersección, por ejemplo, k = 0,5, lo que equivale a ser privado en dos de las cuatro dimensiones igualmente ponderadas. Esta estrategia identifica a una persona como pobre si se ve privada de la mitad o más de indicadores ponderados, lo que en este caso significa que dos de los cuatro individuos son identificados como pobres (es decir, las personas 2 y 3).

Una vez identificados los pobres, se censura la matriz de privación ponderada para que la medida pueda centrarse solo en las privaciones de los pobres, es decir, las privaciones de aquellos identificados como no pobres se sustituyen por un cero. Esto conduce a la matriz de privación censurada y la puntuación de privación censurada, como se muestra a continuación para k = 0,5.

Obsérvese que hay un caso en el que la censura no es relevante: cuando el corte de pobreza corresponde al enfoque unitario, entonces cualquier persona que se vea privada en cualquier dimensión se considera pobre y las matrices censuradas y originales son idénticas.

Como ya se ha discutido, la proporción de individuos H es la proporción de personas pobres, que es dos de cada cuatro personas en la matriz anterior. Es decir, H = 2/4 = 1/2 o 50%.

La intensidad A es la proporción media de privación entre los pobres, que en este ejemplo es el promedio de 0,5 y 1 (esto es, las puntuaciones de privación de las dos personas que son pobres, las personas 2 y 3). Es decir, A = 0,75 o 75%.

Es fácil ver que la ratio de recuento ajustada M0 (o IPM) = H x A = 0,5 x 0,75 = 0,375. También es fácil verificar que M0 es la media de todos los elementos del vector de calificación de privación censurado c (k), es decir, M0 = (0 + 0,5 + 1 + 0) / 4 = 0,375. Análogamente, es equivalente a computar como la suma ponderada de los valores del estado de privación divididos por el número total de personas: M0 = (0,25 * 2 + 0,25 * 1 + 0,25 * 1 + 0,25 * 2) / 4 = 0,375.

Siguiendo las explicaciones anteriores, el análisis puede ser completado calculando las descomposiciones por subgrupos de poblaciones y desgloses dimensionales.

Índice de pobreza multidimensional: la práctica

Una aplicación específica del método AF ha sido el IPM Global, que es una medida internacionalmente comparable de pobreza aguda en más de cien países en desarrollo9. Como ya se mencionó, el IPM Global fue desarrollado por la OPSI y la OGRD, y puesto en marcha en 2010. Se ha actualizado anualmente y cada dos años por la OPSI, e incluido en cada Informe de Desarrollo Humano desde entonces. El objetivo del IPM mundial es comunicar a la política mediante información comparable sobre la pobreza multidimensional para el mundo en desarrollo. En este sentido, la selección de dimensiones, indicadores y otros parámetros se guía por este propósito, así como por la información disponible para este gran número de países. El IPM Global es similar a la medida de 1,90 dólares por día de la pobreza monetaria por el Banco Mundial; proporciona un punto de referencia internacional y permite la comparabilidad. Esta medida utiliza el hogar como la unidad de identificación, lo que significa que los indicadores se definen a nivel del hogar y todos los miembros comparten el mismo estatus de privaciones.

El IPM Global incluye tres dimensiones y 10 indicadores (tabla 1). Cada dimensión tiene el mismo peso y los indicadores dentro de las dimensiones reciben un peso igual. El punto de corte de la pobreza se define como un tercio, lo que significa que una persona es multidimensionalmente pobre si se ve privada de por lo menos 1/3 de la suma ponderada de privaciones.

Las cifras más recientes del IPM mundial se lanzaron en 2017. Cubren 5.400 millones de personas, esto es, el 76% de la población mundial, que viven en 103 países. En los párrafos siguientes se describen los principales hallazgos del IPM Global 2017 reportados por Alkire y Robles (2017).

Un total de 1,45 billones de personas de los 103 países cubiertos por el IPM Global 2017 son multidimensionalmente pobres. Esta cifra representa el 26,5% de la población de estos países.

La desagregación regional del índice indica que Asia meridional y el África subsahariana son las regiones con mayor proporción de personas pobres en el mundo multidimensional: el 48% de la población pobre vive en Asia meridional y el 36% en el África subsahariana. Se obtiene un resultado interesante al comparar el nivel del IPM en estas regiones con la medida tradicional de pobreza de 1,90 dólares/día. En Asia meridional, el 41,6% de la población es multidimensionalmente pobre, mientras que la medida extrema de pobreza de ingresos es menos de la mitad de ese valor (19,2%). En el África subsahariana, la pobreza multidimensional afecta al 60,1% de la población, mientras que la medida monetaria de la pobreza alcanza el 46,4%. Cuando los países se clasifican de acuerdo con sus niveles de ingresos, la desagregación del IPM indica que casi tres cuartas partes de la población multidimensionalmente pobre (72%) vive en países de ingresos medios y el 28% restante en países de bajos ingresos.

Cuando el índice se desglosa por grupos de edad, los hallazgos indican que una gran parte de la población multidimensionalmente pobre está compuesta por niños (0-17 años) y que el IPM es especialmente alto entre ellos. Específicamente, el 48% de los pobres multidimensionales son niños, y el 37% de los niños son multidimensionalmente pobres. La mayoría de los niños pobres del IPM viven en el sur de Asia (44%) y en el África subsahariana (43%). El análisis de las dimensiones individuales indica que los niños pobres están en promedio privados en el 52% de los indicadores ponderados. Las privaciones más comunes a las que se enfrentan los niños son el combustible para cocinar, el saneamiento, el suelo, la desnutrición y la electricidad (figura 3).

El IPM Global ha sido desagregado recientemente por el estado de discapacidad para el caso de Uganda (Pinilla y Alkire, 2017). Los resultados demuestran que los hogares con al menos un miembro con una discapacidad severa se enfrentaron a niveles más altos de pobreza multidimensional, el IPM del 77%, en comparación con el 69% entre los hogares sin discapacidad.

Desde el año 2014, se ha incorporado al análisis una medida de la indigencia. Esta medida identifica un subconjunto de los pobres del IPM que son los más pobres entre los pobres. En 2017, casi la mitad de todos los pobres IPM viven en la miseria. El mismo conjunto de dimensiones, indicadores, pesos y el corte de la pobreza se utilizan para identificar a los indigentes, pero los límites de privación son más extremos. Incluyen la desnutrición severa, la pérdida de dos o más hijos, el abandono de la escuela primaria, que ningún miembro de la familia haya completado más de un año de escolaridad, la defecación abierta, la obtención de agua insegura o a 45 minutos o más, no poseer un teléfono móvil o radio, y cocinar solamente con madera, estiércol o paja.

Curiosamente, hay bolsas de miseria incluso en países con bajos niveles de IPM (figura 4). Por ejemplo, en países como Turkmenistán, Bosnia Herzegovina, Barbados, Uzbekistán y Azerbaiyán, el 30 por ciento o más de los pobres del IPM son indigentes. En Sudáfrica, menos del 9 por ciento de los pobres del IPM son indigentes. En general, las tasas de indigencia tienden a ser inferiores a las tasas de pobreza de 1,90 dólares/día. Pero la indigencia es notablemente superior a la pobreza por ingresos en algunos países, como Pakistán, Mauritania, Sudán, Gambia, Chad, Etiopía, Níger y Sudán del Sur. Este hallazgo destaca la importancia de medir y combatir la pobreza en todas sus formas y dimensiones. En el lado negativo, hay seis países donde la indigencia es «la norma» que afecta a la mitad o más de la población.

En conjunto, las últimas cifras de IPM globales proporcionan una descripción completa de privaciones en múltiples dimensiones para el mundo en desarrollo. Alrededor de un cuarto de la población de estos países es multidimensionalmente pobre, casi la mitad de todos los pobres del IPM son niños, hay una asociación positiva entre el estado de discapacidad y la pobreza multidimensional, y casi la mitad de todos los pobres del IPM se enfrentan a graves privaciones.

Unos niños miran a la cámara en un área empobrecida en el complejo de Yegua, una de las favelas más grandes de Río de Janeiro, Brasil. BBVA-OpenMind-Libro 2018-Perplejidad-Conconi-Viollaz-Favelas-pobreza
Unos niños miran a la cámara en un área empobrecida en el complejo de Yegua, una de las favelas más grandes de Río de Janeiro, Brasil.

Observaciones finales

El enfoque de capacidad desarrollado por el Premio Nobel Amartya Sen implicó un cambio de paradigma en la comprensión del desarrollo humano, la pobreza y la desigualdad, y afectó profundamente la forma en que hemos analizado y medido estos fenómenos en las últimas dos décadas. Este cambio de paradigma implicaba centrarse en el individuo como unidad de análisis, en lugar de la economía, y evaluar el progreso en el espacio de las capacidades y las libertades, en lugar de los ingresos. El concepto de desarrollo se convirtió en «desarrollo humano», las medidas de desarrollo, la pobreza y la desigualdad pasaron de una dimensión a múltiples dimensiones y la formulación de políticas cambió drásticamente para mejorar variables diversas y para avanzar en el desarrollo humano, no solo aumentando el nivel de ingresos de la economía. Tras el lanzamiento del Índice de Desarrollo Humano (IDH) en 1990, se han creado varios nuevos índices dirigidos hacia una comprensión más amplia del desarrollo.

El IPM Global indica que alrededor de un cuarto de la población en los más de cien países analizados es multidimensionalmente pobre.

Este artículo, a la luz de esta nueva conceptualización, ha descrito los conceptos de desarrollo humano, pobreza y desigualdad, intrínsecamente vinculados, pero que contemplan diferentes características de bienestar. Después se han presentado índices desarrollados recientemente que son muy utilizados para medir dichos fenómenos y se han evaluado varias consideraciones metodológicas relativas a su implementación.

En particular, el artículo se ha centrado en el Índice Multidimensional de Pobreza (IPM), una medida que complementa las medidas monetarias más tradicionales de la pobreza al reconocer que este fenómeno tiene múltiples formas y variables. En primer lugar, se han proporcionado detalles sobre la metodología Alkire y Foster para medir la pobreza multidimensional. Luego, se han comentado las cifras más recientes del IPM Global, una aplicación específica del método Alkire y Foster que proporciona una descripción completa de las privaciones en múltiples dimensiones para el mundo en desarrollo. El IPM global es una medida internacionalmente comparable de la pobreza multidimensional aguda. Siguiendo la estructura del IDH, está compuesto por tres dimensiones: educación, salud y nivel de vida, y 10 indicadores. Todas las variables están ponderadas por igual, y los indicadores dentro de las variables reciben el mismo peso. Un individuo tiene que ser privado en un tercio de los indicadores ponderados para ser identificado como multidimensionalmente pobre.

A partir de 2017, el IPM Global indica que alrededor de un cuarto de la población en los más de cien países analizados es multidimensionalmente pobre; esto representa un total de 1,45 mil millones de personas. Además, casi la mitad (48%) de todos los pobres del IPM son niños de 0 a 17 años. Los hallazgos también revelaron que existe una asociación positiva entre el estado de discapacidad y la pobreza multidimensional, y que casi la mitad de todos los pobres, según el IPM (706 millones), están abocados a sufrir graves privaciones.

Todos estos descubrimientos proporcionan una información notablemente valiosa, útil para dar forma a las respuestas políticas en el contexto del Programa 2030. Los ODS adoptados por los líderes mundiales representan un reconocimiento general de la comprensión más amplia del desarrollo humano presentada en este artículo. Instan a los países a combatir la pobreza en todas sus dimensiones. Estos establecieron como premisa que los países no deben dejar atrás a nadie en sus esfuerzos por el progreso. Subrayan la necesidad de una mejor comprensión de los vínculos entre múltiples indicadores, ya que es clave para diseñar intervenciones políticas coordinadas y multisectoriales. Los ODS probablemente conducirán a la implementación de nuevas medidas que permitan ir más allá de la métrica tradicional y pueden guiar respuestas interrelacionadas en muchos sectores. Estas nuevas herramientas, junto con las existentes como el IDH y el IPM, podrían conducir a políticas más eficaces y mejor orientadas, que mejoren las condiciones de vida de aquellos que aún se enfrentan a graves problemas en sus vidas.

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Notas

1 Otras medidas de la pobreza que pueden obtenerse mediante la familia de índices FGT desarrollada por Foster, Greer y Thorbecke (1984) también examinan la brecha entre el nivel de ingresos de la población y la línea de pobreza (es decir, la brecha de pobreza) o el cuadrado de esta brecha, es decir, cuando se respira pobreza.

2 http://hdr.undp.org/en.

3 http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr2016_technical_notes.pdf.

4 http://www.ophi.org.uk/multidimensional-poverty-index/.

5 El método AF también se ha utilizado para desarrollar un índice de empoderamiento de las mujeres, el índice de felicidad nacional bruto de Bután y medidas de bienestar. Para más información, véase el sitio web de OPHI.

6 En esta matriz, cada fila representa un hogar diferente, mientras que las columnas corresponden a cada indicador incluido en la medida. Por ejemplo, si consideráramos el caso de cuatro hogares y seis indicadores, el tamaño de la matriz sería 4×6 (es decir, cuatro filas y seis columnas). La primera celda [1,1], representaría el nivel de logro del hogar 1 en el indicador 1; la segunda celda en la primera fila [1,2], representaría el logro del hogar 1 en el indicador 2, y así sucesivamente.

7 La monotonicidad multidimensional implica que si un hogar pobre comienza a sufrir dificultades en un indicador en el que antes no lo hizo, la pobreza mundial debería aumentar. En la tasa de incidencia tradicional este extremo no se verifica.

8 Extraído de Alkire et al. (2015).

9 El método AF también ha sido aplicado por los gobiernos nacionales para el desarrollo de IPM nacionales, y adaptado la decisión sobre dimensiones, indicadores, umbrales y otros parámetros de prioridades internas. Se puede encontrar más información al respecto en: http://www.ophi.org.uk/research/multidimensional-poverty/policy-applications/.

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