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03 febrero 2022

¿Qué puedo hacer yo por el cambio climático?

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Han transcurrido más de tres décadas desde que a finales de los 80 la comunidad científica llegó a un consenso: las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) causadas por la actividad humana están calentando el planeta y alterando el clima. Lo que antes se entendía como cambio climático ha escalado a emergencia climática por la previsible gravedad de sus efectos. Mientras, los ciudadanos asistimos con preocupación a una sucesión de cumbres internacionales, negociaciones entre gobiernos, acuerdos, su cumplimiento o falta de él… 

Pero las causas del cambio climático no se quedan solo en el alto nivel de los gobiernos y las industrias; los científicos se han encargado de mostrarnos que los humanos de a pie no somos meros espectadores pasivos de todo ello, sino que nuestras actividades cotidianas o nuestros propios hogares también son parte del problema. Y que, por lo tanto, podemos ser parte de la solución. Como escribía un grupo de investigadores de varias instituciones europeas en la revista Energy Research & Social Science a propósito de la contribución de los hogares al cambio climático, “hay una discordancia entre los papeles y responsabilidades que transmiten las actuales políticas climáticas y la percepción de responsabilidad en los hogares”.

Los hogares representan un 20% de las emisiones

Los hogares consumen combustible de forma directa para calentar, enfriar, cocinar y propulsar vehículos privados, lo cual ya supone una cierta cuota en las emisiones de GEI. Pero si el punto de mira del debate sobre el cambio climático suele dirigirse a las compañías petroleras, gasísticas y energéticas, la industria en general, los transportes o la ganadería, conviene recordar que el destino de muchas de estas cadenas somos los propios ciudadanos; somos nosotros quienes consumimos el resultado final de todo ese sistema productivo. Por lo tanto, la contribución de los hogares y los ciudadanos al cambio climático puede abordarse con dos criterios diferentes, las emisiones directas y las indirectas a través de esa cadena.

BBVA-OpenMind-que puedo hacer yo por el Cambio climatico-hogares 1-El consumo de los hogares representa en torno al 20% del total de emisiones de gases de efecto invernadero. Imagen: Unsplash
El consumo de los hogares representa en torno al 20% del total de emisiones de gases de efecto invernadero. Imagen: Unsplash

En cuanto a las primeras, un análisis reciente dirigido por investigadores de la Universidad de Michigan estimaba que en un país como EEUU las emisiones de GEI generadas directamente por los hogares suman en torno a un 20% de las globales. Aunque existen diferencias entre países, esta cifra puede tomarse como representativa, siempre teniendo en cuenta que no solo la cuantía total de ese vertido de GEI a la atmósfera varía mucho entre las naciones ricas y pobres, sino que además las emisiones de los hogares en cada región del mundo vienen influidas por otros factores demográficos, sociales, tecnológicos, políticos y naturales.

Pero si se suma la contribución indirecta a través de lo que compramos, consumimos y comemos, de los servicios que contratamos y la energía que utilizamos, la huella de carbono de los hogares a nivel global asciende a más de un 60% de todas las emisiones de GEI, con variaciones entre países: en EEUU supera el 80%, mientras que es menor en China (30-40%), Canadá (44%) o Japón (40%). 

Y lo que se aplica a la diferencia entre naciones ricas y pobres se aplica también a los hogares con mayores y menores ingresos: la huella de carbono media de un estadounidense es más de cinco veces mayor que el promedio mundial, pero también en EEUU la de un hogar de renta alta quintuplica la de las familias más humildes; así, los núcleos familiares con más de 100.000 dólares de ingresos anuales suman el 22% de la población, pero generan casi la tercera parte de las emisiones debidas a los hogares. Según una estimación, cuando el gasto de un hogar se duplica, su huella de carbono aumenta un 66%.

La magnitud de estas cifras es lo suficientemente grande como para que los expertos llamen la atención sobre la necesidad de actuar; según una revisión sobre las emisiones de los hogares elaborada por científicos de la Academia China de Ciencias y la Universidad de Lanzhou, “alcanzar los objetivos del clima sin cambiar las conductas de consumo de los hogares no es realista”. Y sin embargo, se trata de un sector a menudo olvidado en el debate climático: “No se ha entendido bien la posible contribución y posición de los hogares en las políticas del clima, ni estos reciben una prioridad lo suficientemente alta en las estrategias de las políticas climáticas actuales”, decía el estudio europeo citado al comienzo. Para estos autores, “los esfuerzos voluntarios a corto plazo no serán suficientes” para alcanzar los objetivos del acuerdo de París —limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C— si los estados no implantan “un marco regulador que apoye los cambios de conductas”.

Energía del hogar y transporte, los protagonistas de las emisiones

Pero para que los consumidores pasen a la acción y los gobiernos guíen y apoyen esta transformación, es necesario descender al detalle, desglosar este volumen de emisiones atribuidas a los hogares en los diferentes tipos de actividades, servicios o productos. Y aún más, es preciso saber también cuál es la huella de carbono real de las diferentes opciones de consumo según un análisis científico riguroso, ya que no siempre las ideas preconcebidas o más extendidas sobre qué es más verde o ecológico vienen avaladas por los datos.

BBVA-OpenMind-que puedo hacer yo por el Cambio climatico-hogares 2- El uso de energía para aclimatar los hogares y cocinar es, junto con el transporte, las actividades más contaminantes. Imagen: Unsplash
El uso de energía para aclimatar los hogares y cocinar es, junto con el transporte, las actividades más contaminantes. Imagen: Unsplash

En primer lugar y respecto al reparto de esas emisiones de los hogares, si se trata de las directas la mayor carga recae en el transporte: de acuerdo a una estimación, este capítulo suma el 73% del total, con el 27% restante debido al combustible que utilizan las viviendas. Si se consideran también todas las emisiones indirectas de las cadenas de suministro, el estudio de la Universidad de Michigan antes mencionado divide esa huella de carbono total en cinco categorías: vivienda, transporte, servicios, alimentos y ropa. De estas cinco, y con datos para EEUU, la propia vivienda es la de mayor impacto, con un 34%, y las tres cuartas partes de esto (un 25% del total) proceden de la energía consumida en casa, sobre todo electricidad y gas.

En este mismo desglose, el transporte supone un 30% del total de las emisiones directas e indirectas del hogar; algo más que la energía de la propia vivienda. Pero curiosamente, solo el 23% se debe a los combustibles de los vehículos; el 7% restante corresponde al transporte público y otros servicios de transporte. Aunque en esta comparación directa el combustible de los vehículos supone menos cuota de emisiones que la energía que consumimos en casa, sin embargo, el del transporte es un capítulo que no deja de aumentar, tanto en emisiones totales como per cápita, debido a un crecimiento constante de los viajes y las ventas de vehículos.

En cuanto a servicios, alimentos y ropa, los dos primeros aportan respectivamente un 19% y casi un 17%. Los servicios comprenden conceptos como salud, ocio, educación y otros. Pero debe tenerse en cuenta que en el análisis de estos autores dichos datos se refieren a las emisiones directas e indirectas generadas en el propio país de los hogares, en este caso EEUU. Sin embargo, la globalización del comercio provoca que en muchos casos una parte de esas emisiones se produzca en otros países suministradores de los productos y servicios, y en algunas categorías esta huella extranjera supera con mucho a la nacional; por ejemplo, la ropa apenas aporta nada a las emisiones en EEUU, pero en cambio representa un 12% del total de las emisiones indirectas que los hogares de este país causan en otros.

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La diferencia entre países desarrollados y no desarrollados, así como brecha entre hogares de mayores y menores ingresos, es también condicionante de la huella de carbono. Imagen: Unsplash

Esa huella exportada afecta sobre todo a los principales países suministradores. En el caso de EEUU, la mayoría se genera en China, un país que surte de toda clase de mercancías a buena parte del mundo, mientras que Canadá y Rusia tradicionalmente han sido proveedores mayoritarios de combustibles a EEUU —una situación que ha cambiado en los últimos años—, y México produce muchos de los alimentos que se consumen en los hogares de su vecino del norte. Estas emisiones exportadas tienen un peso variable en las de los propios países; en China solo equivalen a un 3% de sus emisiones totales, pero en México suman un 8%, y más del 12% de lo que emite Canadá se debe al consumo en los hogares de EEUU.

En resumen, todo lo anterior dibuja un esbozo sobre cuáles son las principales fuentes de emisiones de GEI debidas a los hogares, y por lo tanto dónde sería más necesario actuar. Pero ¿cómo actuar? En los sucesivos capítulos de esta serie se abordarán en detalle cada una de esas categorías que contribuyen a las emisiones de GEI de los hogares, y cuáles son los criterios de científicos y expertos de cara a una reducción de la huella de carbono que los ciudadanos podemos aportar en una transformación que nos implica a todos.

¿Es la industria la actividad humana más culpable del calentamiento?

Los análisis de las emisiones por sectores permiten apreciar cuáles son los que hacen un uso más intensivo de los combustibles fósiles, la principal fuente de GEI. Pero en ocasiones la manera de agrupar los datos puede llevar a confusión. Por ejemplo, suele culparse a la industria como la principal responsable del calentamiento, y es cierto que este sector suma más del 40% de las emisiones globales. Pero este cálculo se hace distribuyendo la generación de electricidad y calor entre los sectores a los que se destinan. En cambio, si se considera la producción de energía como un sector separado del resto, asciende a un 44% del total, mientras que las emisiones de la industria sin contar el uso de energía bajan del 20%.

Las decisiones que tomamos en referencia al consumo de ropa o alimentos afectan a nuestro impacto medioambiental. Imagen: Pexels

Del mismo modo, dejar los hogares fuera de estos cómputos puede enmascarar su impacto en las emisiones. Cuando se hace ese reparto de la energía entre los sectores a los que va destinada, los hogares son responsables del 20% de las emisiones de GEI en EEUU. La Agencia Europea del Medio Ambiente estima que, del 40% que la producción de energía aporta a las emisiones totales de la Unión Europea, la mitad de ello se distribuye a partes iguales entre industrias y hogares.

Javier Yanes
@yanes68

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