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20 enero 2020

Activismo escéptico y pensamiento crítico

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En los asuntos cotidianos no solemos declararnos explícitamente “escépticos”, aunque quepa alguna incredulidad y, desde luego, la necesidad de asegurarnos ante cualquier información de la que vayamos a hacer uso formal. Podemos, claro, hablar de escepticismo en torno al más allá, o ante la posible reversión del cambio climático; pero, en la rutina diaria, tratamos sobre todo de contrastar la información manejada, para evitar que la reflexión se desvíe hacia posiciones o soluciones equivocadas.

Hace unas tres décadas y precisamente para manejarnos bien con la creciente información que con desigual calidad se nos ofrecía, tomó sensible impulso el movimiento de la destreza o pericia informacional (Information literacy movement); como también y en sinergia, lo hizo el más conocido del pensamiento crítico (Critical thinking movement), para que todos —ya desde la etapa educativa— pensáramos más y mejor (bien documentados, con mente abierta y flexible, conscientes de nuestros prejuicios, más objetivamente), sin que nos lo dieran pensado.

El constructo “pensamiento crítico” (al que han contribuido filósofos, psicólogos, educadores, etc.) dibujaba una cogitación autónoma, esmerada, penetrante, disciplinada, autoexigente, cada uno de nosotros con su unicidad intelectual. Así se nos habría de educar, para resultar más efectivos en la incorporación y aplicación del conocimiento, y desde luego más resistentes al engaño, la manipulación, las posverdades. Sin el pensamiento crítico no cabía hablar de crecimiento o desarrollo personal.

El movimiento escéptico

Por entonces, 30 años atrás, se consolidó igualmente otro movimiento hoy muy notorio, el escéptico (Skeptical movement), de militantes entregados a un activismo dialéctico específico. Se trata de una causa abrazada sobre todo para alertar, diríase que a modo de whistleblowing, sobre las denominadas pseudociencias y los fenómenos paranormales, tenido todo ello en general por engañoso. Son numerosas las manifestaciones de esta corriente global, también bastante activa en España (ARPCirculo Escéptico  y otras plataformas). En Internet topamos enseguida con escépticos de actitud diversa, algunos exhibiendo una dosis de vehemencia.

Esta corriente-causa se nos presenta saludablemente alineada con la ciencia y el método científico, pero también —lo que motiva estos párrafos— con el pensamiento crítico; sí, con este deseable modo de pensar, que en realidad se viene entendiendo de diferentes maneras, incluso al margen del Critical thinking movement. Se llega a atribuir sinonimia por ejemplo en  Círculo Escéptico, entre este escepticismo y el pensamiento crítico, lo que sugiere una interpretación ad hoc de este último.

Los mensajes escépticos combaten la credulidad en torno a los numerosos temas abordados (homeopatía, osteopatía, acupuntura, psicoanálisis, hipnosis, pilates, reiki, yoga, kinesiología, astrología, alienígenas, tarot, espiritismo, videncia, telepatía, güija, casas encantadas, etc.) sin embargo, considerando que seguramente los creyentes tienen sus legítimas razones para creer y no dejarán de hacerlo, surgen voces que cuestionan la intención o utilidad del movimiento. No parece, por cierto, abordarse apenas el cardinal tema de la fe: la religión no figura en las prioridades.

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Los creyentes tienen sus legítimas razones para creer y no dejarán de hacerlo. Imagen:  Unsplash

El pensamiento crítico en que educarnos

Cabe preguntarse en qué se parecen el pensamiento crítico de que hablamos y este pensamiento escéptico-científico de foco definido: puede que el solape resulte modesto. Desde luego se insiste en la vinculación, y tal vez el observador podría acabar fundiendo, o confundiendo, el pensamiento crítico con el escepticismo, el método científico o la criticidad reprobadora.

Al respecto, asomándonos al Critical thinking movement y conscientes de su deseo de mejorar nuestra educación cognitiva, quizá resulte oportuno destacar lo siguiente en el perfil del pensador crítico:

  • Su predisposición no apunta a denunciar engaños o errores, sino a documentarse debidamente y alcanzar respuestas que le parezcan convincentes, sólidas.
  • Trata de contrastar y asegurar cada información antes de utilizarla, pero esta actitud no deriva de un escepticismo científico, sino sobre todo de la voluntad de acertar en la tarea.
  •  Piensa por sí mismo, cree lo que decide creer, y respeta esta actitud en los demás; al manifestarse, no trata de imponer sus posiciones aunque las sostenga asertivamente.
  • Se muestra inquisitivo (pero no inquisidor) en sus indagaciones, presenta una mente receptiva ante posibilidades o alternativas, y a veces resulta por ello creativo, innovador.
  • Entre sus virtudes intelectuales se señala la humildad y la prudencia, y evita ciertamente arrogarse la posesión de la verdad y la razón, aunque se esfuerce en contar con ellas.
  • Es consciente de sus prejuicios, inquietudes, sentimientos, intenciones e intereses, y reflexiona sobre sus propios pensamientos: no es un pensador impulsivo ni destemplado.
  • Procura ver las cosas desde distintas perspectivas, con suficiente empatía, consciente de que la realidad se nos muestra a veces compleja, relativa.

Lo anterior no intenta en absoluto describir el perfil del pensador crítico: simplemente se le separa del pensador escéptico militante (cuya legitimidad y contribución no se ha pretendido cuestionar).

Para acusar mayor solape entre ambos perfiles y por ejemplo, habríamos de hacer la mente del pensador crítico más rígida, otorgar mayor dominancia a su hemisferio izquierdo, atribuirle afán de orientar las creencias de los demás, poner el énfasis en el objeto-objetivo de la reflexión en vez de hacerlo en el modo de pensar.  Y ya nos alejaríamos mucho del constructo “pensamiento crítico”.

José Enebral Fernández

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