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21 octubre 2020

Los nuevos escenarios energéticos tras la crisis de la COVID-19

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La pandemia de COVID-19 ha generado un cambio en las pautas de consumo y movilidad de la población en todo el mundo, así como en el desarrollo económico estimado para los próximos años. La incertidumbre sobre su duración, impacto económico y social o las diferentes respuestas políticas que tendrán lugar condicionan la existencia de una amplia variedad de futuros energéticos.

Sin embargo, si algo ha aclarado el experimento simultáneo de los confinamientos en varios países del mundo es que si cambiamos nuestras pautas de consumo, nuestra influencia sobre el medio natural también puede cambiar. Aunque las emisiones de CO2 han bajado debido a la paralización de las sociedades frente al virus SARS-CoV-2, los científicos advierten de que el espejismo de la reducción de emisiones no es suficiente para lograr los objetivos del Acuerdo de París. El cambio climático avanza implacable y la única respuesta posible es la acción climática.

Eficiencia energética: clave para la acción climática

Una de las principales fuentes de emisión de gases a la atmósfera es la generación de energía. Es por eso que, frente a una etapa post-COVID centrada en la reconversión y la reconstrucción económica sostenible, se impone cambiar la forma en la que producimos, almacenamos y gastamos energía.

La eficiencia energética es crucial para el cambio de juego: según el informe de la IEA (Agencia Internacional de la Energía), Capturing the Multiple Benefits of Energy Efficiency, si adoptamos la eficiencia energética como primera opción de consumo para nuevos suministros de energía, se podría conseguir la reducción de emisiones necesaria para no superar el máximo de calentamiento global de 2 ° C. Además, según el citado informe, se calcula que la economía global podría crecer hasta 18 billones de dólares para 2035 gracias a la eficiencia energética, que proporciona otros beneficios como el desarrollo económico, la creación de empleo o la reducción de la contaminación, además de la mejora de la salud humana o el alivio de la pobreza.

La pandemia podría marcar el comienzo de la década con la tasa más baja de crecimiento de la demanda energética desde 1930, según uno de los escenarios que contempla la IEA. / Imagen: Unsplash

En este sentido, ONU Medio Ambiente tiene una amplia cartera de actividades de eficiencia energética en los sectores de transporte, construcción, iluminación, energía y electrodomésticos. Con la Plataforma SEforALL, lanzada en la Cumbre Climática de 2014, Naciones Unidas trabaja para lograr el objetivo de duplicar la tasa global de mejora de la eficiencia energética para 2030. 

Los distintos escenarios energéticos en el mundo post-COVID

Aunque los efectos más inmediatos del virus sobre el sector energético están claros: la demanda mundial de energía se reducirá en un 5% en 2020, las emisiones de CO2 relacionadas con la energía en un 7% y la inversión en energía en un 18%, en el futuro energético después de la crisis reina la incertidumbre. El último informe de la IEA de 2020 analiza los distintos escenarios energéticos post-COVID, valorando las distintas trayectorias de la pandemia que condicionan el futuro de la energía. 

En el escenario de políticas declaradas (STEPS por sus siglas en inglés), la Covid-19 se controla gradualmente a lo largo de 2021 y la economía global vuelve a los niveles anteriores a la crisis en el mismo año. Además, en este escenario las energías renovables cubren el 80% del crecimiento de la demanda mundial de electricidad hasta 2030. 

El Escenario de Recuperación Demorada (DRS por sus siglas en inglés) contempla los mismos supuestos de política energética que el de STEPS, pero asume que una pandemia prolongada causaría un daño duradero a las perspectivas económicas. En este caso la economía vuelve a los niveles precrisis en 2023, y la pandemia marca el comienzo de una década con la tasa más baja de crecimiento de la demanda de energía desde 1930. La demanda mundial de energía repuntaría a su nivel anterior a la crisis a principios de 2023 en los en el escenario más optimista de recuperación (STEPS), pero esto se retrasaría hasta 2025 en caso de una pandemia prolongada y una recesión más profunda (DRS). Aunque la desaceleración del crecimiento de la demanda energética presiona a la baja los precios del petróleo y el gas, las grandes caídas de la inversión en 2020 también hacen que aumente la volatilidad futura del mercado. 

Como consecuencia de la pandemia, por primera vez desde la Revolución Industrial la demanda de carbono no volverá a los niveles previos a la crisis. / Imagen: Unsplash

En el Escenario de Desarrollo Sostenible (SDS por sus siglas en inglés), el aumento de las políticas e inversiones en energía limpia facilita alcanzar los objetivos de energía sostenible al completo. Para lograr una reducción del 40% de las emisiones para 2030,  se  requiere, por ejemplo, que las fuentes de energía de bajas emisiones produzcan el 75% de la electricidad mundial, frente a menos del 40% que generan en 2019. Además, más del 50% de los automóviles vendidos en 2030 deberían ser eléctricos, frente al 2,5% de 2019. 

Por último, el informe describe el escenario de conseguir cero emisiones netas de carbono para 2050 (NZE2050 por sus siglas en inglés), una visión más a largo plazo en en la que más países y empresas apuntan a un objetivo de convertirse en neutros en carbono, ampliando así los efectos del Acuerdo de París para mediados de siglo.

UN FACTOR COMÚN A CUALQUIER ESCENARIO: EL AUGE DE LAS RENOVABLES

En 2020, la energía hidroeléctrica sigue siendo la mayor fuente renovable de electricidad, seguida de la energía solar y la eólica marina. Pero de cara al futuro, si hay un elemento común en cualquiera de los escenarios energéticos es el crecimiento de las energías renovables, con la energía solar a la cabeza. Actualmente, construir una central eléctrica de carbón o de gas es ya más caro que una planta de energía solar fotovoltaica, pues los proyectos solares ofrecen hoy una de las electricidad de menor coste de la historia, según la Agencia Internacional de la Energía. Además, en la próxima década, según sus previsiones, aumentarán también las tecnologìas de captura, utilización y almacenamiento de hidrógeno y carbono.

Dory Gascueña para OpenMind

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