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30 junio 2016

La Eurocopa 2016: ¿Un “momento decisivo” para la política europea y la UE?

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Ahora mismo, somos muchos los que estamos viendo la Eurocopa 2016 (vale, ya sabemos que la selección de Holanda no se ha clasificado, pero bueno…). Se trata de la mayor competición deportiva cuatrienal de Europa y, seguramente, la más importante. La mayoría de los estados miembros de la UE se han clasificado para la fase final de Francia (16 de 28 equipos). Y también lo han hecho países autocráticos como Rusia, que está en conflicto con la UE y sujeto a sanciones económicas internacionales debido a que ha violado el derecho internacional en Crimea y ha intervenido en otras partes de Ucrania. En el terreno de juego, los representantes deportivos de todas las naciones compiten de forma pacífica por la gloria; bueno, en su mayoría. De hecho, en un continente europeo sacudido por crisis tras crisis en los últimos años, este torneo de fútbol internacional podría servir de grata distracción de los actuales problemas de Europa. Pero la Eurocopa 2016 que se celebra en Francia, un país que ahora mismo tiene dificultades económicas y políticas, también podría ser más que eso: en vista de los importantes problemas, conflictos y guerras que se están desarrollando cerca de las fronteras de la UE, la Eurocopa personifica las esperanzas europeas de un proyecto común de mayor envergadura que la propia competición. Al mismo tiempo, la Eurocopa 2016 también podría encarnar los numerosos riesgos, incertidumbres y temores que se han apoderado de la Europa contemporánea.

Europa en una encrucijada: los numerosos retos de la UE

No cabe duda de que la Unión Europea y Europa en su conjunto han vivido días mejores. Algunos sostienen que Europa se desintegra lentamente, otros dicen que deberíamos abandonar la idea europea de una vez por todas. Es indudable que hay muchos retos. La combinación de estos retos requiere que los políticos y responsables europeos tomen decisiones cruciales, pues parece que la UE se encuentra en una encrucijada que puede definir su destino institucional o, para utilizar un concepto de las ciencias sociales en una “coyuntura crítica”. Según Ruth y David Collier, el concepto de “coyuntura crítica” apunta a decisiones contingentes y concretas en un momento histórico específico. Esas decisiones ponen en marcha una trayectoria especial de desarrollo político e institucional, una trayectoria que después es difícil de revertir (trayectoria dependiente). Hay indicadores de que las decisiones o la falta de las mismas este año con respecto a los principales retos de Europa determinarán la trayectoria del futuro político e institucional de la UE. Y yo añado que lo que ocurra en la Eurocopa también forma parte de ello.

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Algunos de los retos están interrelacionados. En primer lugar, la deuda soberana y la crisis económica y financiera general persisten en muchos países europeos. La falta de una reforma económica y fiscal integral hace que esto se haya convertido en una “crisis permanente” que refuerza las desigualdades entre los estados y que aumenta la división entre los ricos y los pobres en todo el continente. En segundo lugar, sigue sin resolverse una crisis migratoria para la que la UE y sus estados miembros no están lamentablemente preparados en absoluto. La mayoría de los estados no han creado políticas de inmigración y asilo globales en las décadas anteriores a la guerra civil de Siria y la reciente migración masiva. Los enfoques y los umbrales también varían enormemente de país a país. Si dejamos a un lado la ilusoria política de “inmigración cero”, que fue durante años la política oficial de la UE en que se hacía caso omiso de los movimientos migratorios reales, también faltan intentos por desarrollar y coordinar políticas conjuntas a nivel de la UE. En tercer lugar, está la crisis de los refugiados e inmigrantes, relacionada con la terrible guerra que causa estragos en Siria, cerca de las fronteras europeas. Según la ONU, la guerra ya se ha cobrado más de 400.000 vidas. La UE y sus miembros no han hecho muchos esfuerzos por abordar la situación, por no hablar de encontrar soluciones. Y no olvidemos que en cuarto lugar, al este de la UE, Rusia y Ucrania, cuyos equipos se han clasificado para la Eurocopa y posiblemente se encuentren en la final, siguen en un conflicto militar desde que Rusia ocupó ilegalmente Crimea.

Por otro lado y en quinto lugar, justo el 23 de junio, después de la fase de grupos de la Eurocopa 2016, en la que Inglaterra participa con grandes expectativas, los ciudadanos del Reino Unido, el tercer estado con más población de la UE, deciden por referéndum si Gran Bretaña debe salir o permanecer en la UE. El resultado va a ser muy ajustado y podría suponer un importante empuje o por el contrario un enorme golpe bajo para la UE que pondría su propio futuro en riesgo. En sexto lugar, está el resurgimiento de los partidos y movimientos de la derecha antieuropea, populista y radical. Ejemplos notables son Hungría y Polonia, donde gobiernan ahora partidos populistas de derecha. Pero incluso en Alemania podemos ver el rápido ascenso del nacionalista Alternativa para Alemania, en una democracia occidental donde, por razones obvias, los partidos radicales de derecha no gozan de un éxito electoral significativo a nivel nacional desde la fundación de la república federal, construida sobre las cenizas del genocida régimen nazi y sus crímenes contra la humanidad. Estos partidos y movimientos se aprovechan de los actuales fallos políticos e institucionales de la UE y de su liberalismo parcialmente tecnocrático y no democrático. Instigan y movilizan políticamente las ansiedades y resentimientos de los que se sienten desencantados con las constituciones liberales democráticas, los derechos y las políticas de Europa y la UE, promoviendo en su lugar la democracia no liberal de una supuesta “mayoría silenciosa”. En sétimo lugar, hay una amenaza seria y un miedo justificado del terrorismo islamista: es el asunto político que está en el corazón de la Eurocopa 2016. Los atentados terroristas de París y Bruselas y sus consecuencias han demostrado cómo unos gobiernos nacionales no preparados han lidiado con los entornos, infraestructuras y amenazas islamistas, que durante mucho tiempo se han subestimado en Francia, Bélgica y la UE.

Afrontar la crisis: la Eurocopa 2016 como factor y espejo

Crisis sobre crisis. Ahora, en medio de todo, se celebra la Eurocopa 2016. Pero ¿cuál va a ser el significado y el impacto político de la Eurocopa 2016 en vista de estos tremendos retos y problemas? Creo que será algo más que una simple distracción: será un espejo del estado de los asuntos europeos, en tanto que puede ser un factor independiente que influya o dé forma al destino futuro de la UE.

Francia, el anfitrión del torneo y miembro fundador de la UE, está en este mismísimo momento en el centro de la crisis europea. Aunque es muy difícil que la “Gran Nación” vaya a abandonar la UE, se pueden apreciar la mayoría de los difíciles problemas que aquejan a Europa: el país se encuentra en una profunda crisis económica y la mayoría de los sindicatos han hecho llamamientos a la huelga en contra de las reformas laborales propuestas por el presidente Hollande. El país apenas puede aceptar la situación de sus banlieus y hora se enfrenta al reto de la nueva migración procedente del Magreb. Mientras tanto, Karim Benzema, uno de los mejores jugadores de Francia, no ha sido convocado para jugar con el equipo nacional, por lo que al entrenador se le ha tachado de racista. El populismo de derecha del Frente Nacional liderado por Marie Le Pen encabeza las encuestas, lo que fomenta la crisis política general; y Francia, con sus entornos islamistas importados y domésticos, ha sido objeto de más atentados terroristas que ningún otro país europeo, atentados que culminaron en la matanza de 130 personas en París el pasado mes de noviembre. Los extremistas islámicos han indicado más de una vez que un evento de masas como la Eurocopa es un objetivo prioritario. Para algunos expertos, este es el torneo de fútbol más peligroso de la historia. La seguridad es elevada, pero al presidente Hollande se le advirtió de que podría haber atentados terroristas durante la Eurocopa, lo que sería terrible. Si se produjeran nuevos actos de terror también se profundizaría la crisis europea y se minaría aún más la moral de sus ciudadanos y el proyecto europeo.

No obstante, la Eurocopa 2016 representa no solo un reto, sino también una oportunidad. No debemos sobreestimar lo que los deportes y en particular los grandes eventos deportivos pueden hacer para resolver los problemas y conflictos políticos y económicos internacionales. Pero un campeonato bien organizado y exitoso podría contribuir a unir Europa de nuevo. Se podría afirmar que competiciones futbolísticas como esta constituyen la única esfera pública europea que verdaderamente funciona. El fútbol, no el inglés, es la auténtica lengua franca de Europa. Casi todo el mundo la habla un poco, casi todos la observan, a muchos les importa. Es cosmopolita e inclusiva, es decir, no se basa en ideas étnicamente exclusivas. Hoy en día, los equipos nacionales personifican el progreso europeo: representan la diversidad cultural, al menos los equipos que tienen éxito y que, por último, reflejan que vivimos en países con inmigración. Las políticas simbólicas son importantes. Contradiciendo el discurso europeo actual de que los poderosos siempre logran sus objetivos, el fútbol es meritocrático por naturaleza (al menos si los árbitros hacen bien su trabajo) y da a las pequeñas naciones la posibilidad de sobresalir y ganar a las potencias europeas.

Nada le vendría mejor a Europa, y a la UE, por ende, que un campeonato exitoso durante el cual los que amamos el fútbol pudiéramos centrarnos en lo que sucede en el terreno de juego. Ese evento puede servir de unificador o potenciador cultural y político, y así ha sido, para bien o para mal, en el pasado. Podría ser un signo alentador para los europeos: un reflejo de que “Europa” todavía funciona como una comunidad que representa valores democráticos y sociales, libertades y derechos, igualdad y diversidad, y que permite múltiples identidades; un reflejo de que es posible equilibrar estos valores compartidos con la seguridad interna; y de que el espíritu europeo de cooperación y competición todavía puede lograr grandes cosas.

Además, podría resultar especialmente beneficioso que la Eurocopa 2016 se celebre en Francia si el país supera los acuciantes retos actuales y se las arregla para albergar un evento satisfactorio contra todos los pronósticos. Si la Eurocopa se celebra en paz, Francia y Europa pueden mostrar que son capaces de reconciliar los principios y derechos liberales europeos con una seguridad eficaz, y afrontar la amenaza islámica. Y si los muy diversos equipos nacionales de Francia se unen y tienen éxito, podrían enviar un mensaje muy potente contra el racismo y a favor una Francia cosmopolita e inclusiva. La Eurocopa 2016 también podría, con este acto, mostrar y realzar el “poder blando” de la UE (Joseph Nye): el atractivo cultural de sus democracias multiculturales frente a todos los tipos de resurgimientos antidemocráticos en Europa y en todo el mundo, ya sean regímenes autoritarios, movimientos xenófobos, nativistas étnicos agresivos o islamistas anticosmopolitas.

¿La Eurocopa 2016 como modelo? El “poder blando” y la búsqueda de políticas sensatas

La Unión Europea está pasando por dificultades y está inmersa en una crisis sobre sus valores fundamentales, la estabilidad económica y la justicia, la identidad transnacional y la seguridad nacional e internacional. Sus instituciones, los actores y el gobierno todavía están por ofrecer regímenes políticos convincentes en vista de estos retos. Dado que la Unión Europea se encuentra en una coyuntura crítica con respecto a su futuro como sistema de gobierno, y posiblemente como organización integral de varias sociedades libres, democráticas, diversas y seguras, la Eurocopa 2016 está estratégicamente posicionada en este momento histórico: los europeos tienen que tomar decisiones importantes e intervenir en su futuro. Los políticos europeos necesitan para ello el apoyo del público o, de lo contrario, verán que el proyecto europeo y sus fundamentos democráticos se desmoronan.

El éxito de la Eurocopa 2016 podría facilitar el renacimiento del espíritu europeo y del “poder blando” de la cultura democrática europea. También podría ser un factor en la búsqueda de políticas públicas sensatas, fuertes y justas, y ayudar a impulsar las respectivas decisiones conscientes que transformen las actuales “repúblicas del miedo”. En muchos sentidos, los deportes son un lugar de inclusión social, un lenguaje universal y una lengua franca europea que puede contribuir a engendrar una esfera pública europea y una democracia europea. Sus enemigos atacan su libertad, sus valores sociales y su cultura de la alegría y de la vida. Especialmente, los terroristas quieren intimidarnos y que no celebremos la alegría de vivir en los deportes. Si sacrificamos nuestra libertad, lo habrán conseguido. Pero los eventos deportivos son una arena pública clave donde estos conflictos se muestran, incluidos los conflictos sobre el futuro de la democracia liberal en Europa. ¿Conseguirá esta Eurocopa 2016 el récord histórico de ser la competición deportiva pacífica que pudo capear sus muchos obstáculos? ¿Tendrá éxito Francia como anfitrión de este megaevento europeo? ¿Aprovechará Europa esta oportunidad y se unirá verdaderamente este verano? No se lo pierda. Manténgase sintonizado.

 Lars Rensmann

Lars Rensmann es catedrático de Política y Sociedad Europea y jefe del Departamento de Lenguas y Culturas Modernas de la Universidad de Groninga. Es el autor de Gaming the World: How Sports are Reshaping Global Politics and Culture (Princeton University Pr Press, 2010, con Andrei S. Markovits)

 

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