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13 octubre 2021

Contaminantes zombis: los compuestos que ya no utilizamos pero que siguen perjudicando al planeta

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Cuando en enero de 2016 una orca apareció muerta en una isla escocesa, la noticia causó tristeza e indignación: Lulú, que así se llamaba el animal, era uno de los solo nueve ejemplares de la única comunidad de orcas residente en los mares británicos, y había fallecido enredada en un hilo de pesca. Pero la indignación se disparó cuando un análisis post mortem reveló que la grasa de Lulú contenía un nivel de bifenilos policlorados (PCBs, en inglés) 100 veces mayor del que afecta a la salud de los cetáceos. Y ello a pesar de que los PCBs están prohibidos en Reino Unido y en otros muchos países desde hace décadas. Pero el caso de Lulú, siendo extremo, no es ni mucho menos raro: ilustra el grave problema de los llamados contaminantes orgánicos persistentes (POPs, en inglés), compuestos dañinos que continúan polucionando el medioambiente durante años incluso si ya no se fabrican; contaminantes que, como los clásicos zombis de la ficción, siguen amenazándonos después de muertos.

BBVA-OpenMind-Yanes-Contaminantes zombis-compuestos que ya no utilizamos pero que siguen perjudicando al planeta 1-La orca Lulú fue hallada muerta en las costas de Escocia con altos niveles de PCBs en su organismo. Crédito: National Museums Scotland
La orca Lulú fue hallada muerta en las costas de Escocia con altos niveles de PCBs en su organismo. Crédito: National Museums Scotland

Desde que los trabajos del químico Clair Patterson consiguieran que la gasolina con tetraetilo de plomo comenzara a prohibirse en 1986, los niveles de contaminación del peligroso metal han descendido de forma drástica en todo el mundo. Sin embargo, no siempre es tan sencillo borrar el daño ya hecho por un compuesto que se ha fabricado, distribuido y utilizado masivamente antes de conocerse sus enormes perjuicios. El ejemplo más conocido es el diclorodifeniltricloroetano, o DDT, el insecticida que nació durante la 2ª Guerra Mundial como producto milagro hasta que en 1972 se prohibiera en EEUU y después en muchos otros países, a raíz de la divulgación de sus efectos nocivos para el medioambiente —y, como se descubrió posteriormente, también para la salud humana— por la pionera del ecologismo Rachel Carson.

El DDT es el POP paradigmático: por su naturaleza química orgánica —genéricamente, hidrocarburos—, es hidrofóbico (insoluble en agua) y por tanto lipofílico (soluble en grasas). Resistente a la degradación, permanece durante largo tiempo y se acumula en los tejidos grasos de los animales al ascender en la cadena alimentaria. Es tóxico para aves y peces. El DDT está prohibido o fuertemente restringido en 68 países, aunque continúa utilizándose en ciertas regiones para el control de los mosquitos de la malaria. Sin embargo, permanece como contaminante habitual en las aguas y es detectable en la sangre de muchas personas. En los humanos se ha relacionado con diversas enfermedades e infertilidad, y sus daños pueden transmitirse a las generaciones sucesivas a través de los cambios epigenéticos que provoca, modificaciones químicas del ADN que no alteran la secuencia genómica.

Vertederos históricos, un problema del pasado que afecta al presente

El caso del DDT impulsó en gran medida la creación del Convenio de Estocolmo del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente, que entró en vigor en 2004 y ha sido firmado por 183 estados y la Unión Europea (aunque algunos de ellos no lo han ratificado, como EEUU, Israel, Italia o Malasia). Este acuerdo internacional para eliminar o restringir la fabricación y uso de los POPs incluía inicialmente 12 compuestos, denominados la “docena sucia”: junto al DDT figuran otros plaguicidas, algunos de los cuales, como señala a OpenMind Michael Skinner, biólogo reproductivo de la Washington State University especializado en tóxicos ambientales, “tienen efectos transgeneracionales similares” al DDT. A estos compuestos, la lista de Estocolmo añadía además los PCBs, las dioxinas y los furanos. Estos dos últimos son subproductos o residuos industriales, pero los PCBs, al igual que el DDT, fueron productos creados para un fin.

En concreto, los PCBs se utilizaron ampliamente sobre todo como aislantes, refrigerantes y retardantes de inflamación, en componentes electrónicos y aparatos e instalaciones eléctricas, pero también en el papel autocopiativo sin carbón. Ya desde el inicio de su uso masivo en la década de 1930 empezaron a descubrirse sus efectos nocivos para la salud y el medioambiente. En los años 70 comenzaron a prohibirse, pero para entonces ya se había producido más de un millón de toneladas. Se estima que dos terceras partes de esta producción total aún están esperando para liberarse al medioambiente, ya que todavía se encuentran atrapadas en productos en uso, en almacenaje o en vertederos llamados históricos, aquellos donde la basura de todo tipo se acumulaba antes de las actuales regulaciones ambientales. Este es el problema de los llamados contaminantes heredados (legacy pollutants), sustancias que actualmente están retiradas del mercado pero que continúan polucionando.

BBVA-OpenMind-Yanes-Contaminantes zombis-compuestos que ya no utilizamos pero que siguen perjudicando al planeta 2-Un total de 184 países han ratificado el acuerdo de la Convención de Estocolmo, que regula el uso de POPs. Imagen: Wikimedia
Un total de 184 países han ratificado el acuerdo de la Convención de Estocolmo, que regula el uso de POPs. Imagen: Wikimedia

Según subraya a OpenMind la geoquímica ambiental Kate Spencer, de la Queen Mary University de Londres, estos vertederos históricos son una bomba de relojería cargada con ingentes cantidades de sustancias y materiales hoy prohibidos, como PCBs, amianto y otros muchos. La peligrosidad de estos vertederos radica en el filtrado de sustancias y la erosión. “Si se inundan y liberan contaminantes solubles, los POPs pueden ser muy importantes”, dice la experta. “Si sufren erosión, entonces debemos pensar en residuos sólidos como el asbesto y los plásticos”. En un artículo en The Conversation, Spencer y su colega Alex Ford citaban datos según los cuales solo en Europa existe casi un millón de vertederos históricos, 10.000 de ellos en zonas costeras.

Un peligro para la fauna mundial… y también para los humanos

El aire y el agua pueden transportar estos contaminantes a grandes distancias. A través de la cadena alimentaria se acumulan en los tejidos de los predadores, como en el caso de Lulú. Aunque desde la prohibición de los PCBs en los años 70 y 80 su presencia en la atmósfera ha descendido en el mundo desarrollado, “los contaminantes heredados como los PCBs siguen representando un gran riesgo para la fauna, como los tiburones y los mamíferos marinos”, apunta a OpenMind David Megson, experto en química forense ambiental de la Manchester Metropolitan University. Como Lulú, muchos mamíferos marinos presentan altos niveles de PCBs, que afectan a su sistema inmune y a su fertilidad; ni Lulú ni sus compañeras de manada han tenido crías, y los expertos temen que la infertilidad provocada por los PCBs llegue a diezmar las poblaciones de orcas y delfines en las próximas décadas, sobre todo en Europa.

Pero si hoy al menos la producción de PCBs está prohibida en los países firmantes del Convenio de Estocolmo, el problema de los POPs es infinitamente más amplio: en sucesivas revisiones del convenio la “docena sucia” se ha ampliado ya a 26 sustancias, incluyendo más plaguicidas, productos industriales y subproductos. El convenio ordena la reducción de estos últimos y la eliminación del resto, con la excepción del uso autorizado del DDT y de otras sustancias, entre las que destaca un grupo llamado genéricamente perfluoroalquilos y polifluoroalquilos, o PFAS, como el ácido perfluorooctanoico (PFOA), el ácido perfluorooctanosulfónico (PFOS) y otros compuestos relacionados. 

BBVA-OpenMind-Yanes-Contaminantes zombis-compuestos que ya no utilizamos pero que siguen perjudicando al planeta 3-Los vertederos que contienen desechos electrónicos son una fuente de POPs que causan problemas especialmente en países en desarrollo. Imagen: Rwanda Green Fund
Los vertederos que contienen desechos electrónicos son una fuente de POPs que causan problemas especialmente en países en desarrollo. Imagen: Rwanda Green Fund

Entre los usos de los PFAS se cuentan la impermeabilización de recipientes —incluidos los de alimentos o bebidas—, espumas de extinción de incendios y otros. Diversos estudios han encontrado posibles vínculos con varias enfermedades, incluyendo cánceres de testículo y riñón, aunque la ciencia a este respecto aún está en progreso. Por su parte, Megson no duda en describir los PFAS como uno de los grupos de contaminantes más peligrosos en el mundo actual; a menudo se les denomina “forever chemicals”, o químicos eternos, por su gran persistencia. El PFOA y el PFOS están comenzando a retirarse tras su inclusión en el Convenio de Estocolmo, pero se reemplazan por otros PFAS, de los cuales existen más de 4.700 tipos.

Pese a todo y gracias al Convenio de Estocolmo, la situación general respecto a los POPs tiene un cariz más esperanzador. “Yo diría que estamos haciendo mejor las cosas, se ha hecho un trabajo excelente para asegurar que muchos de los químicos más tóxicos se hayan retirado del uso”, señala Megson, añadiendo que los efectos positivos en la fauna son notables, como la recuperación del águila calva en EEUU y el halcón peregrino en Reino Unido. Sin embargo, tanto la naturaleza como grandes poblaciones humanas continúan expuestas a los POPs. “Las dioxinas y los retardantes halogenados suponen un gran riesgo para las comunidades próximas a incineradores y específicamente enclaves de basura electrónica en los países en desarrollo”, dice el experto. “Luego están los PFAS, que son un riesgo para muchos de nosotros por el consumo de agua potable contaminada”. En muchos casos, agrega, ni siquiera hay datos sobre esta contaminación, sobre todo en países que no han tomado medidas contundentes contra un problema que, como los zombis, no desaparece simplemente enterrándolo.

Javier Yanes

@yanes68

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