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27 julio 2020

Microplásticos, la contaminación más ubicua de tierras y mares

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Un estudio de 2017 estimaba que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando los plásticos comenzaron a generalizarse, se han producido unos 8.300 millones de toneladas. De toda la basura generada por estos materiales, un 79% ha terminado formando parte de la naturaleza. Para 2050, los paisajes del planeta albergarán 12.000 millones de toneladas de plástico. Una parte de este problema se nos hace visible a través de imágenes de islas paradisíacas colmadas de basura. Pero otra es invisible a los ojos: son los microplásticos, piezas que se fabrican en tamaño milimétrico o micrométrico, o bien fragmentos que resultan de la degradación de nuestros objetos de uso común.

Los microplásticos son ya tan ubicuos en nuestro planeta que no hay lugares libres de esta contaminación, transportada incluso por el aire. Un estudio reciente encontraba que los parques y reservas naturales del oeste de EEUU reciben una constante lluvia plástica a razón de unos 132 fragmentos por metro cuadrado al día, lo que suma más de 1.000 toneladas al año en estas áreas protegidas. “Mi estudio muestra que los plásticos aéreos están en el rango respirable, así que hay también un impacto potencial en los humanos”, señala a OpenMind la directora del estudio, Janice Brahney, de la Universidad Estatal de Utah. Otras investigaciones han encontrado esta lluvia plástica en otros lugares teóricamente prístinos, como rincones remotos de los Pirineos o las nieves árticas; y por supuesto, tampoco falta en las ciudades.

La “sopa de plástico” del Mediterráneo

Una gran proporción de los microplásticos terrestres acaba en los que son, por excelencia, los sumideros finales de la basura humana: los océanos. El problema de la contaminación microplástica comenzó a captar la atención del público con el descubrimiento de la gran isla de basura del Pacífico y otras similares, enclaves oceánicos donde las corrientes marinas forman vórtices que concentran inmensas cantidades de esta polución.

 
Investigaciones como las de la UB en el Mediterráneo han descubierto la presencia en los lechos marinos de grandes cantidades de microplásticos. Crédito: Universidad de Barcelona
Investigaciones como las de la UB en el Mediterráneo han descubierto la presencia en los lechos marinos de grandes cantidades de microplásticos. Crédito: Universidad de Barcelona

Sin embargo y en contra de una idea popular, “por supuesto que no existen islas flotantes en el océano”, aclara a OpenMind Stefano Aliani, del Instituto de Ciencias Marinas de Italia; el tamaño de los fragmentos no los hace visibles a simple vista, ni siquiera desde un barco navegando por esas áreas. En 2016 Aliani dirigió un gran estudio destinado a identificar los ingredientes de la “sopa de plástico” —como el investigador prefiere llamarla— del Mediterráneo, una de las regiones marinas del planeta más afectadas por esta contaminación. Los dos compuestos más abundantes no fueron una sorpresa: polietileno y polipropileno, los plásticos comerciales más frecuentes, típicamente utilizados en envases y bolsas.

También al contrario de lo que podría imaginarse, la flotabilidad de los plásticos no restringe esta contaminación a la superficie; de hecho, solo el 1% del total de estos materiales que entra en los océanos se encuentra en esta sopa superficial. En los últimos años, investigaciones como las lideradas por la Universidad de Barcelona (UB) en el Mediterráneo han descubierto la presencia en los lechos marinos de grandes cantidades de microplásticos, en muchos casos fibras textiles —de las que en 2016 se fabricaron más de 60 millones de toneladas— y su transporte por las corrientes del fondo, a donde caen formando agregados.

Corrientes, plásticos y focos de biodiversidad marina

A pesar de que la contaminación microplástica en el fondo marino ya es un hecho conocido, no lo es tanto cómo llega hasta allí. “La dinámica de los microplásticos no está identificada en absoluto”, comenta a OpenMind Anna Sánchez-Vidal, codirectora de los estudios de la UB; aún no se han definido los procesos que rigen esta deposición. “La dinámica marina es muy compleja y variable en el espacio y en el tiempo”, dice la investigadora. Uno de los rasgos de esta dinámica es que crea hotspots donde los microplásticos tienden a acumularse, formando islas en el fondo, tan invisibles como las superficiales. “Hace unos años ya lo vimos en las fosas del Mediterráneo, y que además eran capaces de arrastrar otros contaminantes”, cuenta a OpenMind Marinella Farré, también de la UB.

La dinámica marina crea hotspots donde los microplásticos tienden a acumularse. Crédito: The University of Manchester
La dinámica marina crea hotspots donde los microplásticos tienden a acumularse. Crédito: The University of Manchester

Esta coincidencia en el arrastre de otros componentes a las mismas zonas tiene implicaciones preocupantes. Un reciente estudio europeo revela que las mismas corrientes que conducen los microplásticos a esos hotspots también llevan allí nutrientes y oxígeno, por lo que los lugares más contaminados son precisamente focos de biodiversidad marina. Sin embargo, “se necesitan más estudios en otros sistemas sedimentarios de profundidad para entender mejor la distribución de los plásticos en el suelo oceánico”, advierte a OpenMind el codirector del estudio Florian Pohl, de la Universidad de Durham.

De hecho, hasta tal punto existen todavía incógnitas sobre la contaminación microplástica que ni siquiera se conocen con exactitud sus impactos medioambientales. “La contaminación es perjudicial rotundamente, no hay ninguna duda científica sobre esto”, afirma Sánchez-Vidal; “podemos conocer los efectos negativos de los plásticos en grandes animales marinos: sofocación, enredamiento, ahogamiento”.

El debate sobre la toxicidad

Pero cuando se trata de microplásticos, aún no parece existir un consenso. Voces como la del toxicólogo ambiental G. Allen Burton, de la Universidad de Michigan, han insistido repetidamente en que “el riesgo primario del plástico en los ecosistemas acuáticos son los macroplásticos”. En lo que respecta a los microplásticos, para el biólogo marino Rick Stafford, de la Universidad de Bournemouth, “por el momento, hay muy pocas pruebas de que tengan grandes efectos en las poblaciones de fauna; la ingestión puede matar animales individuales, pero realmente no está afectando a cosas como las tasas de reproducción o las poblaciones”, apunta a OpenMind. “¿Se ha exagerado el problema de los microplásticos? La respuesta simple es: nadie lo sabe”, resume a OpenMind el ecólogo Matthias C. Rillig, de la Universidad Libre de Berlín, que estudia los microplásticos en los ecosistemas terrestres.

Algunos investigadores defienden que los contaminantes orgánicos y los aditivos empleados en los plásticos tienen un gran impacto en la salud de las especies.Crédito: Oregon State University
Algunos investigadores defienden que los contaminantes orgánicos y los aditivos empleados en los plásticos tienen un gran impacto en la salud de las especies.Crédito: Oregon State University

Pero así como la acción física de los microplásticos en la fauna parece más concebible, la discrepancia aumenta cuando se trata de valorar la toxicidad de los compuestos químicos que estos materiales pueden verter al medio. Investigadores como Sánchez-Vidal defienden que los contaminantes orgánicos y los aditivos empleados en los plásticos tienen un gran impacto en la salud de las especies. Por el contrario, para Stafford, “la evidencia científica no sostiene las discusiones sobre la toxicidad del plástico”. Ni siquiera se sabe si ciertos plásticos podrían ser especialmente tóxicos: “No hay pruebas de que un polímero sea más peligroso que otros en términos de toxicidad”, apunta Aliani; “hay muchos estudios en marcha y pronto tendremos más respuestas”. “Creo que todavía no sabemos lo suficiente de las potenciales consecuencias de los microplásticos en el medio ambiente”, concluye Brahney.

En todo caso, lo anterior no cuestiona el objetivo urgente de reducir nuestro consumo de plástico, sobre todo teniendo en cuenta que, como apunta Sánchez Vidal, “aunque hoy mismo dejáramos de producir plástico, seguirá aumentando su presencia de manera exponencial por todo el que ya está en el medio marino y que se va fragmentando”. “Ciertamente deberíamos tratar de dejar de echar plástico a los océanos, y los gobiernos deben legislar urgentemente para hacerlo”, dice Stafford. Pero advierte: “Sin embargo, el plástico no es la mayor amenaza para los mares; la sobrepesca y el cambio climático son mucho más importantes”.

Javier Yanes

@yanes68

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