Elaborado por Materia para OpenMind Recomendado por Materia
6
Inicio La estacionalidad del coronavirus, una incógnita pendiente
02 octubre 2020

La estacionalidad del coronavirus, una incógnita pendiente

Tiempo estimado de lectura Tiempo 6 de lectura

En la primavera boreal de 2020, cuando una gran parte de la humanidad se recluía en sus hogares para hacer frente a la pandemia de COVID-19, una pregunta crucial rondaba las mentes de los científicos: ¿nos daría una tregua el coronavirus en verano, imitando a otras infecciones respiratorias como la gripe o los resfriados? La posible estacionalidad ha sido uno de los grandes enigmas en torno al nuevo virus, y finalizado ya el verano en el hemisferio norte, lo cierto es que aún no hay respuestas concluyentes. Pero no nos basta con saber que la epidemia no se ha desvanecido por sí sola en los meses cálidos, sino que determinar la influencia estacional en el comportamiento del SARS-CoV-2 es todavía esencial para prepararnos no solo de cara al próximo invierno, sino también a los años venideros.

BBVA-OpenMind-La estacionalidad del coronavirus-Estacionalidad 2-El virus de la gripe aumenta su estabilidad e infectividad a bajas temperaturas y humedades. Crédito: Pavel Badrtdinov
El virus de la gripe aumenta su estabilidad e infectividad a bajas temperaturas y humedades. Crédito: Pavel Badrtdinov

La estacionalidad de ciertas enfermedades es tan evidente que hace 2.500 años el padre de la medicina, Hipócrates, ya denominaba “epidemias” a las dolencias ligadas a una época del año. Sin embargo, transcurridos dos milenios y medio, aún ni siquiera hemos desentrañado hasta sus últimos detalles por qué la gripe nos ataca en invierno. Tradicionalmente se apuntaban explicaciones sociales: el frío nos lleva a refugiarnos en espacios cerrados y caldeados donde compartimos el mismo aire. En los años 60, los cultivos de rinovirus del resfriado revelaron una preferencia de estos patógenos por las temperaturas frescas de las fosas nasales

Más recientemente, los estudios mostraron que el virus de la gripe aumenta su estabilidad e infectividad a bajas temperaturas y humedades, las condiciones del invierno, cuando el frío seca el aire por condensación del vapor. Una parte de la explicación reside en la envoltura lipídica del virus, que en tiempo frío forma una cubierta protectora con la consistencia de un gel, licuándose con el calor y dejando al virus listo para infectar, aunque más sensible a las agresiones ambientales. Pero el efecto de la humedad es más complejo: “En condiciones de humedad muy alta, como en los trópicos, el virus sobrevive más tiempo que a niveles intermedios, por lo que las estaciones lluviosas tropicales son más favorables para la transmisión de la gripe”, expone a OpenMind el experto en estacionalidad de la gripe Jeffrey Shaman, de la Universidad de Columbia.

La similitud del SARS-CoV-2 con la gripe y los coronavirus estacionales

Dado que el SARS-CoV-2 es también un virus respiratorio con envoltura lipídica, los científicos sospecharon que podía comportarse de modo similar a la gripe y a los coronavirus estacionales causantes del catarro común. Las investigaciones se repartieron en dos frentes: cómo reaccionaba el virus en el laboratorio a distintas condiciones de humedad y temperatura, y cuál era la evolución de los contagios en regiones del mundo con climas diferentes. En abril, los resultados disponibles fueron recopilados en un informe de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de EEUU. La conclusión era que se observaba “una relación entre temperaturas y niveles de humedad más altos y una supervivencia reducida del SARS-CoV-2 en el laboratorio”, pero que “muchos otros factores” podían “influir y determinar la transmisión entre humanos en el mundo real”.

BBVA-OpenMind-La estacionalidad del coronavirus-Estacionalidad 3-Este mapa del estudio de Sajadi muestra en verde las franjas más susceptibles a la infección. Crédito: Climate Reanalyzer, Climate Change Institute, University of Maine, USA. Image manipulation by Cameron Gutierrez and Glenn Jameson.
Este mapa del estudio de Sajadi muestra en verde las franjas más susceptibles a la infección. Crédito: Climate Reanalyzer, Climate Change Institute, University of Maine, USA. Image manipulation by Cameron Gutierrez and Glenn Jameson.

Es decir, los resultados apuntaban a una cierta similitud de comportamiento ambiental con el virus de la gripe. En un estudio en 50 ciudades durante los primeros meses de la pandemia, el médico inmunólogo de la Universidad de Maryland Mohammad Sajadi y sus colaboradores descubrieron que el coronavirus se estaba propagando con mayor facilidad en una estrecha franja de temperaturas templadas y baja humedad que en el hemisferio norte cubriría la región centro-norte de EEUU, la mayor parte de Europa y zonas centrales de Asia. “En el hemisferio sur, durante su invierno hemos visto picos en Argentina, Sudáfrica y Brasil”, precisa Sajadi a OpenMind.

Sin embargo, no todos los estudios concuerdan. Desde la Universidad de Sídney, el epidemiólogo Michael Ward ha emprendido investigaciones de campo tanto en Australia como en China, observando que el aire más seco favorece la transmisión del virus, pero sin detectar un efecto consistente de la temperatura. “En este momento parece que la transmisión del SARS-CoV-2 se ve más afectada por la humedad, mientras que para la gripe es tanto la humedad como la temperatura”, resume a OpenMind.

A la luz de esta variabilidad en los resultados, Shaman considera que aún no hay conclusiones sólidas: “Los resultados que he visto sobre COVID y el tiempo son un poco sin ton ni son”, comenta. “Algunos encuentran un efecto de la temperatura, algunos un efecto de la humedad relativa, algunos de la contaminación, algunos de la humedad absoluta, y algunos nada”. El experto concede que ciertos estudios sugieren un comportamiento semejante al de la gripe, pero remacha: “No veo un hallazgo claro”. También Sajadi, cuyas investigaciones apuntan a una influencia climática, aún se muestra cauto: “Yo no diría que la hipótesis de la estacionalidad esté probada en este momento”.

Sin una señal climática consistente 

“La literatura sobre la influencia del clima en la COVID está evolucionando rápidamente, y es generalmente confusa”, admite a OpenMind el hidroclimatólogo de la Universidad Johns Hopkins Benjamin Zaitchik, que investiga la influencia climática en la COVID-19 en un proyecto en colaboración con la NASA. “En mi propio trabajo aún no hemos encontrado una señal climática consistente y robusta”. Zaitchik atribuye esta confusión al gran volumen de estudios aparecidos, no siempre debidamente revisados, a los datos aún incompletos y a la metodología variada, pero también al hecho de que “las epidemias, en sus fases tempranas, tienden a estar controladas por procesos diferentes del entorno ambiental”. 

BBVA-OpenMind-La estacionalidad del coronavirus-Estacionalidad 4-Estudios con rinovirus han mostrado que el frío reduce la respuesta antiviral en la cavidad nasal. Fuente: Pixabay
Estudios con rinovirus han mostrado que el frío reduce la respuesta antiviral en la cavidad nasal. Fuente: Pixabay

En este sentido, una simulación epidemiológica publicada en Science el pasado julio ya advertía de que el calor y la humedad del verano en el hemisferio norte no reducirían la expansión del virus, ya que otro factor más poderoso continuaría alimentando su transmisión: la existencia de una gran población aún susceptible a la infección. “Sin medidas efectivas de control, son probables los grandes brotes en climas más húmedos, y el tiempo de verano no limitará sustancialmente el crecimiento de la pandemia”, escribían los investigadores, cuyas conclusiones se han visto refrendadas por la evolución de los contagios durante el verano.

La cuestión se enmaraña aún más por la intervención de otro factor todavía oscuro, y es que no solo los virus pueden mostrar un comportamiento estacional, sino también nuestro propio sistema inmune. Estudios previos con rinovirus ya habían mostrado que el frío reduce la respuesta antiviral en la cavidad nasal. Investigaciones recientes han descubierto que todas las enfermedades infecciosas presentan patrones estacionales, distintos unos de otros, y que las fluctuaciones de nuestro sistema inmune a lo largo del año pueden ser las causantes de estos picos epidémicos. Sin embargo, los mecanismos concretos aún son un misterio.

En definitiva, la estacionalidad es algo mucho más intrincado que el simple impacto directo de las condiciones ambientales en la estabilidad y la infectividad del virus. “La tendencia ahora es estudiar las enfermedades infecciosas bajo lo que llamamos One Health Approach”, señala a OpenMind el especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de Qatar Hadi Yassine, codirector de una reciente revisión sobre la estacionalidad de la COVID-19; “es decir, la interfaz entre el huésped, el virus y el entorno”.

Cómo  evolucionará  el virus en invierno y en los años venideros

Como conclusión, los expertos consultados por OpenMind coinciden en que es razonable que la pandemia repunte en el hemisferio norte con la llegada del invierno. “Deberíamos prepararnos para lo peor”, sentencia el especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad Americana de Beirut Hassan Zaraket, codirector de la reciente revisión junto a Yassine. Este, a su vez, apunta: “Considerando la baja inmunidad grupal en todo el mundo, creemos que la historia continuará de la misma manera, quizá hasta el próximo verano, cuando la vacuna podría estar disponible a gran escala”. Sajadi comparte el pronóstico, insistiendo en que las medidas de prevención no deben relajarse: “Mi predicción es que el virus lo tendrá fácil para extenderse en el otoño y el invierno del hemisferio norte. SI la situación empeora o no dependerá de cómo cada país actúe”.

BBVA-OpenMind-La estacionalidad del coronavirus-Estacionalidad 5-Partículas del virus SARS CoV-2. Crédito: NIAID
Partículas del virus SARS CoV-2. Crédito: NIAID

Pero más allá del próximo invierno, otra incógnita fundamental es cómo evolucionará la propagación del SARS-CoV-2 en los años venideros, una vez que la pandemia se haya aplacado gracias a una eventual inmunidad poblacional, ya sea por medio de las vacunas o por la propia extensión de la infección. Es posible, aventuran los expertos, que nuestros futuros inviernos sean épocas de gripe, catarros y COVID: “Mi sospecha sobre esto, basada solamente en la analogía con otras infecciones virales de las vías respiratorias superiores, es que si la COVID-19 se convierte en endémica entonces probablemente será estacional, ligada a un máximo invernal en las zonas climáticas de latitud media”, reflexiona Zaitchik. Pero “aún no tenemos suficientes datos”, advierte. “Es una conclusión razonable que la transmisión del SARS-CoV-2 podría mostrar estacionalidad”, añade Ward.

Incluso dando por sentada esta predicción, aún son tantos los interrogantes que rodean al nuevo coronavirus que, por desgracia, desconocemos cuán peligrosa será la amenaza de esa futura COVID estacional. “La gran pregunta es si la gente se reinfectará a menudo, y si es así, con qué frecuencia: ¿cada año, cada dos años, cada 10 años? ¿Y serán las infecciones repetidas más suaves, o igual o más graves?”, se pregunta Shaman. “Sin una vacuna muy efectiva, tendríamos que seguir luchando contra el virus”. 

Javier Yanes

@yanes68

Comentarios sobre esta publicación

Escribe un comentario aquí…* (Máximo de 500 palabras)
El comentario no puede estar vacío
*Tu comentario será revisado antes de ser publicado
La comprobación captcha debe estar aprobada