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17 septiembre 2020

¿Son sostenibles las ambiciones lunares y marcianas de la NASA?

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En el apogeo del programa Apolo, la NASA absorbía el 4,4% del presupuesto federal de EEUU. Y aunque las motivaciones eran políticas, la odisea lunar inspiró el sueño de una humanidad extendida más allá de su cuna terrestre. Pero el sueño se rompió: la financiación de la NASA comenzó a desplomarse hasta bajar del 1% a finales de los 70, y al 0,5% en este siglo. Sin embargo, Donald Trump hoy sueña con regresar a la Luna en 2024, conquistar Marte y convertir el espacio en el próximo gran filón; y aunque no parece que el presidente pueda describirse como un soñador, no pocos analistas del sector fruncen el ceño. ¿Será viable esta carrera espacial 2.0, más aún cuando una pandemia hoy domina el panorama?

El programa espacial tripulado de la NASA ha sufrido serios vaivenes en los últimos años. La retirada de los transbordadores espaciales en 2011 dejó a EEUU sin un transporte propio al espacio, un problema acentuado por la cancelación en 2009 de la que debía ser la plataforma sucesora, el proyecto Constelación. En 2011 se anunció el reemplazo definitivo de los shuttles, el Space Launch System (SLS) y la nave tripulada Orión, actualmente en desarrollo y pruebas.

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La nave Orión, actualmente en desarrollo y pruebas. Crédito: NASA/Josh Valcarcel

En el SLS recae la tarea de llevar astronautas a la Luna en 2024, incluyendo a la primera mujer, establecer allí una presencia estable y conquistar Marte en 2033. Sin embargo, ni el programa lunar Artemisa —en honor de la hermana melliza de Apolo— ni mucho menos el sueño marciano cuentan aún con fondos suficientes. Mientras la agencia espacial contrata el desarrollo de vehículos lunares, anuncia seis nuevas misiones Artemisa que se suman a las tres ya aprobadas y defiende la sostenibilidad de la colonización lunar, el dinero aún falta; la NASA ha solicitado 71.000 millones de dólares hasta 2025 para financiar Artemisa, con un 12% de incremento presupuestario para el año próximo. Pero se ha topado con la resistencia del Congreso, que ha desoído el llamamiento de Trump y congelado la asignación para 2021.

Sin tiempo para desarrollar, lanzar y validar

El administrador de la NASA, Jim Bridenstine, aún confía en convencer al Senado a final de año para que apruebe la ampliación. Pero en opinión de Casey Dreier, principal asesor de políticas espaciales de la Planetary Society, la negativa del Congreso es el clavo en el ataúd del objetivo de 2024: “En este momento, un alunizaje en 2024 es extremadamente improbable”, dice a OpenMind. “La NASA no tiene tiempo suficiente para desarrollar, lanzar y validar los nuevos equipos necesarios para alunizar”. “En el camino a la Luna no puedes tomar atajos”, sentencia.

Lo cierto es que, lejos ya de la época de los cheques en blanco del programa Apolo, la financiación pública de la exploración espacial humana sufre de una zozobra crónica. “En parte, esto se debe a que muchas veces estos empeños no ofrecen beneficios tangibles inmediatos al desarrollo económico de la sociedad y tienen un cuestionable retorno de la inversión”, resume a OpenMind el experto en ciencia de la sostenibilidad de la Universidad de Tokio Nikolaos Iliopoulos. Pero las soluciones a este obstáculo ya estaban contempladas en la gestación de esta nueva carrera espacial: la reutilización de vehículos –algo ya iniciado con los shuttles– y la entrada en juego de los operadores privados del llamado New Space.

BBVA-OpenMind-ambiciones lunares y marcianas de la NASA-Carrera espacial 3El cohete Space Launch System (SLS) de la NASA se eleva al espacio en este dibujo artístico. Crédito: NASA
El cohete Space Launch System (SLS) de la NASA se eleva al espacio en este dibujo artístico. Crédito: NASA

La participación de las nuevas compañías espaciales, ya no como meros contratistas, sino como protagonistas de todo el proceso, tiene la ventaja de reducir la presión presupuestaria sobre el sistema público; pero obviamente, este esquema solo será sostenible si es rentable para las empresas. “El desarrollo económico del espacio y la expansión de la civilización humana más allá de la Tierra son metas hacia las que nos hemos acercado durante años”, expone a OpenMind el emprendedor y consultor del sector espacial Jeff Greason, coautor del informe de 2019 The Economics of Space: An Industry Ready to Launch para la Reason Foundation, que aboga por el desarrollo de la actividad comercial en el espacio. “Los esfuerzos de los gobiernos en el espacio tienen un papel que jugar, pero no son el único actor”.

Greason señala los puntales de esta explotación comercial, como los sistemas privados de transporte a la Estación Espacial Internacional (EEI) y a la Luna, así como la necesidad de una futura estación orbital que reemplace a la EEI al final de su vida. Y aunque esta hipotética instalación tomaría el relevo de las investigaciones llevadas a cabo en la EEI, Greason insiste en la premisa de una orientación más comercial: “Debemos continuar explorando, pero debemos hacer un mayor uso económico de lo que hemos conseguido, lo que beneficiará a los habitantes de la Tierra”; un ejemplo es la explotación de los recursos lunares.

Illustration of Artemis astronauts on the Moon. Credits: NASA-Illustration of Artemis astronauts on the Moon. Credits: NASA
Ilustración de los astronautas de Artemisa en la Luna. Creditos: NASA

Con todo, Iliopoulos teme que esta beneficiosa entrada del capital privado pueda menoscabar los objetivos científicos: “Es de vital importancia asegurar que las agencias espaciales públicas permanezcan económicamente relevantes en este campo”. Iliopoulos propone soluciones como otorgar a las compañías derechos de propiedad sobre enclaves extraterrestres: “Esto permitiría a dichas entidades dedicarse a actividades como la minería espacial, que podrían financiar indirecta y parcialmente (en forma de impuestos) las actividades de las agencias espaciales públicas”. Así, tanto el sector privado como el público son ya imprescindibles para la nueva carrera espacial, como destaca a OpenMind la analista Carie Mullins, ingeniera sénior de la consultora Bryce Space and Technology: “El apoyo del gobierno y el capital riesgo son las claves para sostener los nuevos emprendimientos espaciales”.

El apoyo de la opinión pública, una incógnita

Una incógnita clave es si la opinión pública estará dispuesta a refrendar las titánicas inversiones requeridas. En 2019, una encuesta de Gallup reveló que una mayoría de estadounidenses, el 53%, apoyaba las misiones tripuladas a Marte, algo que no ocurría ni siquiera en los tiempos dorados del programa Apolo. Los encuestados respaldaban mayoritariamente el gasto espacial e incluso su aumento. Pero aquellos eran tiempos anteriores a la pandemia de COVID-19, una preocupación hoy más urgente que acapara tanto el foco de atención como un extraordinario volumen de gasto imprevisto.

Aún se desconoce en qué medida la pandemia afectará a la percepción pública de la nueva carrera espacial, pero los expertos ya temen su impacto económico y en el ritmo de trabajo. “¡No puedes construir una nave espacial en remoto!”, remacha Dreier. El analista de la Planetary Society apunta que las medidas impuestas para combatir el coronavirus han dejado los centros de la NASA a medio gas, lo que ha ralentizado el programa de pruebas del SLS: “Se están reanudando los trabajos, pero más despacio de lo planificado originalmente”. 

BBVA-OpenMind-Materia-Carrera espacial 5-En esta ilustración, el rover Mars 2020 de la NASA usa su taladro para extraer muestras de una roca en Marte. Credito: NASA
En esta ilustración, el rover Mars 2020 de la NASA usa su taladro para extraer muestras de una roca en Marte. Credito: NASA

Tanto Dreier como Mullins señalan que el parón de la actividad económica e industrial puede haber afectado a la red de proveedores de la agencia espacial, lo que supone una posible amenaza para la cadena de desarrollo de las naves y equipos. Sin embargo, la ingeniera de Bryce afirma que “la mayoría de las agencias del gobierno han considerado el sector espacial como esencial, lo que ha permitido continuar el trabajo”, como demuestran los lanzamientos de SpaceX y de la propia NASA llevados a cabo en plena pandemia. Pero por su parte, Iliopoulos teme que la sombra del coronavirus sea alargada, y que conlleve “una redistribución de los recursos monetarios que reduzca el presupuesto de la NASA, a cambio de aumentar la I+D en asuntos relevantes a la salud pública y al desarrollo de infraestructuras”. 

Para James Vedda, analista sénior del Centro de Políticas y Estrategias Espaciales de la Aerospace Corporation, “aún es pronto para evaluar los efectos de la pandemia”, si bien este experto subraya a OpenMind que “hasta ahora, no ha resultado en la cancelación de ninguno de los esfuerzos de exploración de la NASA, y los retrasos se miden en meses”, aunque reconoce que la situación podría agravarse. Con todo, Vedda se muestra confiado: “Pienso que las iniciativas de exploración de la NASA, incluyendo los planes de la Luna y Marte, seguirán adelante, con independencia de los resultados electorales en noviembre. La gran cuestión es el calendario”. “Podría estirarse varios años”, predice.

También Dreier contempla con optimismo el final del recorrido: “Pienso que hay una posibilidad significativa de que la NASA pueda devolver a los humanos a la órbita y la superficie lunar para el final de la década”. El experto subraya que no solo el camino técnico se va allanando en lo que concierne a cohetes, cápsulas, vehículos de alunizaje y una estación espacial lunar, sino que además “hay un creciente consenso político e internacional sobre el regreso a la Luna, lo que puede ayudar a mantener la consistencia de objetivos a través de cualquier posible cambio presidencial en EEUU”. “Aunque 2024 es muy improbable, la situación general para enviar humanos más allá de la órbita baja terrestre es más brillante hoy de lo que ha sido en los últimos 45 años”, concluye.

Javier Yanes

@yanes68

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