A principios de 1970 se iniciaron en Estados Unidos los programas Head Start y Learn Well, que consideraban que el test de inteligencia pura no existe y que, realmente, el cociente intelectual mejora con una educación adecuada impartida en el momento idóneo, esto es en las primeras etapas educativas.
La educación compensatoria entiende que la inteligencia no es tanto una aptitud innata como una habilidad sobreadquirida, que hasta cierto punto puede enseñarse, o cultivarse, sobre todo cuando es necesario compensar carencias intelectuales que provienen de circunstancias desfavorables y problemas socioculturales.
Herramientas de la educación compensatoria
Precisamente, lo que pretenden los programas de educación compensatoria es intentar suplir la formación que los más pequeños no recibieron en el momento oportuno, y lo hacen a través de técnicas psicológicas aptas para estimular el desarrollo cognitivo que el alumnado, con problemas de fracaso escolar, no tuvo oportunidad de obtener a su debido tiempo. No se trata de convertir en genios a individuos normales, sino de normalizar a las personas que corren el riesgo de quedarse atrás en el desarrollo mental. Para ello se utilizan técnicas que consisten, generalmente, en programas de entrenamiento que se centran, sobre todo, en áreas aptitudinales específicas, como la percepción, el lenguaje y el intelecto, aunque no faltan críticas a esta propuesta que añaden la importancia de rodear a los niños de un clima estimulante y participativo.
Qué persigue
El objetivo fundamental de estos programas supone garantizar el acceso, la permanencia y la promoción en el sistema educativo del alumnado en situación de desventaja social, procedente de minorías étnicas, de colectivos de inmigrantes, así como de familias con graves dificultades socioeconómicas. Incluyendo además la atención al alumnado que permanece largos periodos hospitalizado o convaleciente. Se abordan así aspectos tales como promover la igualdad de oportunidades en la educación; facilitar la incorporación e integración social y educativa de todo el alumnado, contrarrestando los procesos de exclusión social y cultural; desarrollar actitudes de comunicación y de respeto mutuo entre todos los alumnos independientemente de su origen cultural, lingüístico y étnico; fomentar la participación de los diferentes sectores de la comunidad educativa y del resto de los estamentos sociales, y potenciar los aspectos de enriquecimiento que aportan las diferentes culturas.
Complementaria vs compensatoria
Aunque la evaluación de este tipo de programas ha sido bastante desequilibrada (en un primer momento hubo un gran entusiasmo y una buena acogida, y pronto la decepción se extendió), algunos sociólogos como Halsey (1972), quien prefiere denominarla educación complementaria, basándose en la idea de que la educación no debe compensar, sino complementar la situación de pobreza cultural del contexto de los niños, demostró que cuando los programas están bien diseñados, gozan de la duración suficiente, y se llevan a cabo por equipos competentes, se consiguen mejoras significativas en la actividad intelectual de los alumnos a los que esté destinado el programa. Sucede también que, en ocasiones, los entrenamientos efectuados o diseñados para un área concreta repercuten en otra diferente de la esperada, de manera que la generalización de los resultados obtenidos no es perfecta.
Sin embargo se ha demostrado que los enfoques inclusivos, y con ellos las recomendaciones dirigidas al desarrollo de políticas educativas equitativas y eficientes, están relacionados con una mejora de los resultados académicos. En este sentido, existen tres iniciativas que ponen de relieve la reconfiguración de la educación compensatoria:
- el proyecto de investigación INCLUD-ED. Strategies for inclusion and social cohesion in Europe from Education, del VI Programa Marco de la Comisión Europea;
- el proyecto formativo Desarrollo de competencias básicas y enfoque inclusivo, impulsado por el Ministerio de Educación de España;
- y el programa PROA de compensación educativa fomentado, sobre todo, por las consejerías de Educación.
Así, a pesar de los muchos problemas que queden por abordar y resolver, la cuestión fundamental es que la educación compensatoria, o complementaria, parece compensar. Muchos niños y niñas no hubieran podido incorporarse con normalidad a las actividades escolares y, más adelante, al ámbito laboral y profesional, sino hubiera sido gracias a estos programas educativos. Y este es quizás el hecho más relevante y que más ha de importar a la sociedad, que salvar aunque sea a un solo niño ya compensa todo lo demás.
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