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22 noviembre 2019

Videojuegos contra el cambio climático

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El pasado 23 de septiembre, el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (UNEP) anunciaba el lanzamiento de la alianza Playing for the Planet, una iniciativa suscrita por 21 compañías de videojuegos con el fin de “aprovechar el poder de sus plataformas para actuar en respuesta a la crisis climática”. Entre los firmantes se cuentan líderes del mercado como Microsoft, Google Stadia, Ubisoft, Sony Interactive Entertainment, Rovio o Sports Interactive, entre otros, que reúnen a un total de más de 970 millones de jugadores. Como objetivo principal, la alianza se propone reducir 30 millones de toneladas de emisiones de CO2 para 2030. Como propuestas concretas, se plantean no solo la introducción del problema climático en el diseño y el contenido de los juegos, sino también otras medidas ambientales, desde el empaquetado a la gestión de los residuos y la energía, además de plantar millones de árboles.

Lo cierto es que difícilmente puede encontrarse hoy un altavoz que llegue a audiencias tan masivas como los videojuegos. Según datos de la propia alianza, una de cada tres personas en el mundo practica esta forma de entretenimiento. Para el director ejecutivo del UNEP, Inger Andersen, “esto los convierte en un socio enormemente importante para abordar la emergencia climática”. Expertos en cambio climático han dado la bienvenida a la alianza: el climatólogo Andrew Dessler, profesor de Ciencias Atmosféricas de la Universidad A&M de Texas, apunta a OpenMind que la iniciativa “puede ser valiosa”. “Como padre de dos hijos adolescentes, puedo decir que pasan buena parte de su tiempo jugando a videojuegos, por lo que estos pueden ser una manera fantástica de crear conciencia”.

Serious games

De hecho, y aunque la cara más popular de los videojuegos nos tenga acostumbrados a las matanzas de zombis o al deporte de salón, la preocupación por el clima lleva ya algunos años presente en este ámbito a través de los llamados serious games, que buscan algo más allá del puro entretenimiento. En 2006 Red Redemption y la BBC lanzaban Climate Challenge, un juego cuyo objetivo era gestionar los recursos y la energía en Europa para conseguir llegar al año 2100 evitando una catástrofe climática. En 2011 Fate of the World, también de Red Redemption, se basaba en los modelos de predicción climática desarrollados por Myles Allen, jefe del grupo de Dinámica del Clima de la Universidad de Oxford. Más recientemente, The Climate Trail, Future Delta 2.0 o, sobre todo, los juegos desarrollados por la plataforma de la Universidad de Washington EarthGames, entre otros, se centran específicamente en la cuestión del clima, pero franquicias tan populares como Civilization o SimCity también se han lanzado a la arena medioambiental.

The Climate Trail es uno de los videojuegos que se centran en la cuestión del clima. Crédito: The Climate Trail

Pero a pesar de este creciente interés en la sensibilización climática a través del juego, los expertos suelen advertir de algo obvio: para que un videojuego no se quede solo en las aulas, debe ser, ante todo, divertido. Esta cualidad no podía faltar entre las directrices que un equipo internacional de investigadores ha desarrollado como atributos clave a la hora de diseñar videojuegos contra el cambio climático. “Este marco puede usarse como guía para desarrollar nuevos juegos, pero también como herramienta para analizar la capacidad de involucración de los actuales”, explica a OpenMind la primera autora del estudio, Tania Ouariachi, experta en juegos, comunicación y educación ambiental de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Hanze (Holanda). Como ejemplo, Ouariachi y su equipo lo están aplicando a la valoración de We-Energy Game, un juego online y offline sobre la transición energética.

Sin embargo, los propios expertos reconocen que entre las buenas intenciones y la realidad existen todavía abismos por salvar. “El mundo de los videojuegos sobre cambio climático tiene aún un interés muy sectorial y secundario en términos pedagógicos”, dice a OpenMind el catedrático de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación de la Universidad de Granada (España) José Gutiérrez, coautor del estudio de Ouariachi. “Los criterios educativos no suelen estar entre las prioridades de las compañías y diseñadores, son más bien una dimensión secundaria”, añade. A Gutiérrez le preocupa que el contenido ambiental de los juegos o los propósitos de Playing for the Planet se queden en un mero “greenwashing”.

Trabajar en la eficiencia energética

Otra objeción esgrimida por los expertos es que, más allá del contenido de los videojuegos, debe trabajarse en los aspectos energéticos. Según cuenta a OpenMind Evan Mills, experto en eficiencia energética del Lawrence Berkeley National Laboratory que ha investigado el impacto energético de los juegos, “el uso de videojuegos en EEUU consume 5.000 millones de dólares en energía, lo que equivale al consumo eléctrico de 85 millones de frigoríficos eficientes o a la emisión de dióxido de carbono de tres millones de coches”.

Mills aplaude el esfuerzo de la alianza patrocinada por el UNEP, pero insiste en que es preciso integrar la eficiencia energética en el diseño de los juegos e implicar también a los fabricantes del hardware, para que toda la experiencia de jugar sea también más ecológica. “Nuestro análisis del uso de la energía en 26 plataformas y docenas de juegos ha encontrado muchas maneras de mejorar la eficiencia del hardware; hay oportunidades prácticamente en todos los componentes”, dice, incluyendo especialmente los centros de datos que gestionan el cloud gaming. La información energética sobre juegos y plataformas no se presenta en el empaquetado de los productos, lo que impide a los jugadores elegir opciones más responsables. Por último, a esto se añade la necesidad de involucrar a todo el ciclo de vida de los productos, incluyendo la gestión de los residuos.

Uno de los juegos de la plataforma EarthGames. Crédito: EarthGames

Frente a todo lo anterior surge otra duda: dado que aún se discute si los comportamientos violentos en los videojuegos fomentan la violencia en el mundo real, ¿servirán los videojuegos climáticos para crear jugadores más concienciados con este problema? “El videojuego por sí solo no va a salvar el mundo, ni a reducir los niveles de emisiones o a limitar el uso de plásticos y otros residuos”, admite Gutiérrez. “De nada servirán los serious games si no se acompañan de programas pedagógicos innovadores, sólidos y bien estructurados en los que el que el estudiante tome consciencia de cómo esos problemas ficticios repercuten en su vida real”.

Por fortuna, añade Ouariachi, “la mayoría de los estudios empíricos han verificado que los serious games sobre cuestiones ambientales pueden ser una herramienta eficaz para cambiar la mentalidad de la gente”. Y aunque aún no existen datos tan concluyentes sobre cómo esta percepción se traslada a las conductas en la vida real y a largo plazo, Gutiérrez subraya que sin duda estos juegos “invitan a asumir roles y tomar decisiones, a valorar consecuencias, a diferenciar realidad y ficción”. Y como sugiere Dessler, “cualquier reducción de emisiones que salga de ello hará que merezca la pena”.

Javier Yanes

@yanes68

 

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