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04 febrero 2021

Restaurar ecosistemas para frenar el calentamiento global

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Restaurar los ecosistemas que conforman el medio natural de nuestro planeta no responde únicamente a un compromiso de reparar o recomponer, con carácter retroactivo, las piezas de un puzzle deconstruido por la intervención humana, sino que principalmente es una apuesta por el futuro en la Tierra. La restauración de ecosistemas podría eliminar, según cálculos de la Organización de Naciones Unidas, hasta 26 gigatoneladas de gases de efecto invernadero de la atmósfera, por lo que rehabilitar y recomponer el entorno natural se convierte en una estrategia crucial para frenar el cambio climático.

En este contexto arranca la Década de la ONU para la Restauración de los Ecosistemas (2021-2030), un esfuerzo internacional liderado por el Programa de Medio Ambiente de la ONU y la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). Además de ser una medida eficaz en la lucha contra el cambio climático, la restauración de ecosistemas está directamente relacionada con la seguridad alimentaria, el suministro de agua y la conservación de la biodiversidad, tal y como recoge el acta de la declaración de la Década en 2019. 

Restaurar entornos naturales para recuperar su productividad

La restauración de los ecosistemas es fundamental para garantizar los niveles necesarios de rendimiento de la producción agrícola de cara a satisfacer las necesidades alimenticias de humanos y animales. Si continúan la erosión y las pérdidas de fertilidad del suelo, la degradación de los ecosistemas y el cambio climático podrían reducir los rendimientos agrícolas un 10% a nivel mundial y hasta un 50% en algunas regiones concretas según la ONU.

El informe La Tierra y el Cambio Climático de Naciones Unidas (2019) evidencia cómo el clima está afectando a la disponibilidad, el acceso, la nutrición y la estabilidad de los alimentos. / Imagen: Unsplash

El proceso de restaurar un ecosistema busca invertir la tendencia a degradarse que padecen actualmente muchos ecosistemas (tanto marinos como terrestres) con el objetivo de recuperar su funcionalidad ecológica, que se traduce en una mejora de la productividad. Regenerar ecosistemas sobreexplotados, reforestar o reintroducir animales extintos en la cadena trófica son algunas estrategias de restauración.

Un proceso fundamental para garantizar la seguridad alimentaria

Tal y como reconoce Naciones Unidas, la restauración de los ecosistemas es fundamental para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente los que tienen que ver con cambio climático, seguridad alimentaria, conservación de la biodiversidad, acceso al agua y erradicación de la pobreza.

Ecosistemas tan variados como bosques, pastizales, manglares, humedales, sabanas, ecosistemas marinos, costeros e incluso urbanos, requieren cierto nivel de protección urgente para detener la degradación que padecen a nivel global. Cuando un ecosistema está sano actúa como un sumidero que absorbe gran cantidad de las emisiones de CO2. Además, los suelos sanos almacenan más nutrientes y producen, por tanto, cultivos de mayor calidad, una cuestión clave para cumplir con las necesidades alimentarias de una población mundial que crecerá hasta los 9.000 millones en 2050. Naciones Unidas estima que la restauración de 350 millones de hectáreas de diferentes paisajes y entornos de nuestro planeta antes de 2030 supondrá un impulso de las economías rurales de 9 billones de dólares y eliminará entre 13 y 26 gigatoneladas adicionales de gases de efecto invernadero de la atmósfera. Para cumplir con el objetivo de restauración que se ha marcado la ONU para esta década serán necesarios 800.000 millones de dólares, una cifra que, aunque pueda parecer muy alta, equivale a menos de dos años de subsidios a los combustibles fósiles, tal y como reconocía Inger Andersen, Directora Ejecutiva del PNUMA.

ECOSISTEMAS DE CARBONO AZUL

Los ecosistemas costeros con vegetación altamente productiva como las marismas, los manglares o las praderas marinas se denominan ecosistemas de carbono azul por su gran capacidad a la hora de capturar carbono. Entre el 20 y el 50% de estos ecosistemas ya han sido convertidos o degradados, lo que lleva a algunos analistas de Naciones Unidas a concluir que la restauración de los humedales puede ofrecer el 14% del potencial de mitigación necesario para limitar el calentamiento global a 2°C.

Para entender su enorme potencial ecológico, aunque la superficie cubierta por los ecosistemas de carbono azul ocupa tan solo el 1,5 % de la superficie total de la Tierra cubierta por vegetación, su degradación supondría un aumento del 8,4% de las emisiones de CO2 derivadas de la deforestación terrestre.

El carbono azul es el que es capturado por las especies vegetales marinas que se encuentran en los ecosistemas costeros / Image: Creative Commons

Con estas cifras en mente, varios proyectos a nivel internacional trabajan por la reconstrucción de ecosistemas. El Desafío de Bonn, por ejemplo, pretende restaurar una superficie equivalente a la de la India antes de 2030. Actualmente, 61 países y diferentes organizaciones privadas participan en el proceso lanzado por el Gobierno de Alemania en 2011. Tal y como explica la web del proyecto, el desafío responde al problema urgente de degradación de más del 30% de las tierras cultivables en nuestro planeta, una situación que afecta directamente a la salud y alimentación de más de 3.000 millones de personas.

En paralelo, la Iniciativa 20×20 persigue restaurar 50 millones de hectáreas de tierras degradadas en América Latina y el Caribe para 2030. Más del 40% de los bosques de América Latina y el Caribe (650 millones de hectáreas) han sido ya  completamente deforestados o degradados, un hecho de especial gravedad si tenemos en cuenta que la región contiene algunos de los ecosistemas forestales de mayor valor ecológico del mundo. 

Dory Gascueña para OpenMind

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