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14 agosto 2019

5 razones para traer muestras de Marte a la Tierra (y una para no hacerlo)

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Hace más de 50 años que la sonda estadounidense Mariner 4 llegó a la órbita de Marte en 1964, marcando así el inicio de la exploración robótica del planeta vecino. Medio centenar de misiones se han enviado desde entonces, y apenas la mitad han tenido éxito. Gracias a ese puñado de orbitadores, landers y rovers, sabemos que Marte es un pedregal helado con una atmósfera muy tenue; que hay agua en sus polos; y que es posible que haya albergado vida en el pasado (o lo siga haciendo bajo la superficie). Todo esto plantea nuevas preguntas a los científicos, que requieren traer a la Tierra muestras del suelo y el aire marcianos.

En esta compleja misión ya trabajan las principales agencias espaciales. En 2020, la NASA lanzará un rover para recoger y almacenar muestras. Un segundo rover las recogerá y un vehículo especial las lanzará a la órbita marciana, donde serán capturadas y devueltas a la Tierra por un tercer vehículo. Los detalles del plan están aún en diseño y los escenarios más optimistas hablan de una fecha de regreso posterior a 2030. Parece difícil, pero estas son las principales razones por las que valdría la pena intentarlo:

En la Tierra hay mejores instrumentos

Las muestras marcianas podrían analizarse aquí con la mejor tecnología posible y hacer experimentos hasta ahora vedados. Además, se podrían manipular las muestras y prepararlas para hacer análisis mucho más precisos, algo muy complicado para un robot.

Planes para una misión conjunta NASA-ESA para traer muestras de Marte a la Tierra. Crédito: ESA

Los instrumentos científicos que se usan en las misiones espaciales robóticas deben miniaturizarse para reducir el peso de cara al lanzamiento y deben ser extremadamente resistentes para superar el viaje y las duras condiciones marcianas. Esto implica que los instrumentos disponibles en Marte son mucho menos sensibles que sus homólogos terrestres. Y hay muchísimos que no han podido enviarse por su tamaño, consumo energético u otras particularidades.

Poner las muestras en contexto

En realidad en la Tierra tenemos ya más de 100 meteoritos procedentes del planeta rojo. Se cree que estas rocas fueron arrancadas de Marte y puestas en órbita por impactos de grandes asteroides. Luego habrían viajado por el espacio durante un tiempo indeterminado hasta caer finalmente en nuestro planeta.

Estos meteoritos han revelado mucho acerca de la composición de Marte pero ya han sido estudiados hasta el límite. Los científicos no pueden aprender nada más de ellos, pues carecen de información para ponerlos en contexto: por ejemplo, no saben de qué parte del planeta proceden. Además, han sufrido alteraciones debido a la fuerza del impacto que los envió al espacio y muchos han sido contaminados por materiales terrestres. Por eso los científicos quieren muestras frescas que puedan ubicar en un contexto geológico marciano.

Búsqueda de vida

La búsqueda de vida es y ha sido el principal motor de la exploración de Marte. Sin embargo, desde que las sondas Viking 1 y Viking 2 llegaran a la superficie marciana en 1976 no se han vuelto a realizar experimentos con el fin explícito de buscar vida microbiana. Las pruebas realizadas parecían confirmar la ausencia de vida en la superficie, pero sus experimentos han sido muy cuestionados por ser demasiado geocéntricos; es decir, buscaban vida tal y como la conocemos en la superficie terrestre.

Desde entonces, muchos descubrimientos han redefinido nuestra concepción de qué es la vida y qué define un ambiente habitable. Algunos ejemplos son los microbios hallados a gran presión y temperatura en el subsuelo terrestre o en el interior de fuentes geotermales en las profundidades del océano.

Uno de los meteoritos procedentes de Marte. Crédito: NASA

Por otra parte, si la vida existió alguna vez en Marte —hace miles de millones de años— es muy difícil que los instrumentos de un vehículo robótico puedan hallar pruebas. Los microbios no forman fósiles fáciles de detectar y encontrar restos de materia orgánica de miles de millones de años de antigüedad requeriría de instrumentos extremadamente sensibles y una preparación muy compleja de las muestras. Lo que nos lleva de nuevo a la primera razón: solo analizando ese material marciano en la Tierra se podrá responder definitivamente a la pregunta de si hubo — o aún hay — vida en Marte.

Un paso necesario para misiones tripuladas

Desde un punto de vista tecnológico, una misión para devolver muestras marcianas a la Tierra sería una versión a escala reducida de lo necesario para una misión tripulada de ida y vuelta. Sería más fácil confiar en el éxito de esa misión si se han podido recuperar rocas antes de intentarlo con personas.

Obtener muestras de Marte también aportaría un mayor conocimiento sobre el suelo marciano y su atmósfera. Muchos de los planes para enviar humanos a Marte cuentan con poder aprovechar los recursos presentes en el entorno durante la estancia; por ejemplo, extrayendo oxígeno del aire o agua del subsuelo, pero no se sabe cómo pueden funcionar allí los equipos de filtrado de aire o de obtención de agua. Igualmente, se ha planteado la posibilidad de cultivar alimentos en suelo marciano, lo que reduciría mucho la cantidad de provisiones que habría que llevar. Estudiar muestras del suelo marciano permitiría saber si estos planes son o no viables.

Es técnicamente posible

Uno de los principales motivos para llevar a cabo esta misión es porque por fin es técnicamente viable. NASA lleva haciendo planes para una misión similar desde los años 70. Sin embargo, en los últimos años las capacidades de las agencias espaciales y compañías privadas dedicadas al espacio han avanzado mucho. Hace años que vehículos no tripulados pueden encontrarse en el espacio y acoplarse de forma autónoma y la tecnología de lanzamiento ya permitiría crear un vehículo capaz de despegar desde Marte.

IIlustración del vehículo de lanzamiento que enviaría las muestras desde la superficie a la órbita de Marte. Crédito: NASA/JPL

Además, ha habido muchos logros a la hora de tomar muestras de otros cuerpos del sistema solar. La sonda Hayabusa, de la Agencia Espacial Japonesa, logró obtener muestras de un asteroide y traerlas de vuelta a la Tierra en 2010.  Y su heredera, Hayabusa2, está ahora mismo orbitando el asteroide Ryugu, donde ha recogido muestras y pronto emprenderá el camino de vuelta. Marte sería tan solo el siguiente paso.

Una razón en contra: el coste

A pesar de todos los beneficios científicos que aportaría traer muestras marcianas a la Tierra, un aspecto a tener en cuenta es el coste de la misión. Aún no hay cifras oficiales, pero teniendo en cuenta que la misión implicaría dos o tres lanzamientos desde la Tierra y uno desde la Marte, multiplicando los costes. Como referencia, la misión Mars 2020, que llevará el próximo rover a Marte, costará unos 2.500 millones de dólares, prácticamente lo mismo que su antecesor, Curiosity, lanzado en 2012.

Este dinero se podría dedicar a una variedad de misiones más pequeñas para estudiar Marte o para otros fines. Aún así, los defensores apuntan que esta misión sería tan revolucionaria como lo fue Programa Apolo para la ciencia lunar. Casi todo lo que sabemos hoy en día sobre el origen de la Luna deriva de las muestras obtenidas durante las misiones tripuladas a La Luna y los experimentos que se llevaron a cabo. Traer muestras de Marte a la Tierra podría suponer una revolución científica similar.

Javier Barbuzano

@javibarbuzano

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