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22 septiembre 2022

El maravilloso mundo de los hongos

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Durante mucho tiempo se los consideró los hermanos pobres de las plantas; como estas, inmóviles pero ubicuos, formando parte del paisaje, aunque de forma mucho más sutil y oculta que sus parientes más vistosas. A sus costumbres discretas se une eso que los postula como la ruleta rusa del supermercado de la naturaleza; algunos son deliciosos, pero otros pueden llevarnos a la tumba. Todo ello ha convertido a los hongos en el territorio casi exclusivo de una casta selecta, los micólogos, en quienes admiramos ese don de distinguir los comestibles de los letales, incluso cuando a ojos profanos parecen similares.

Los análisis genéticos nos han revelado que los hongos forman un reino aparte en la naturaleza, en realidad más próximo evolutivamente a los animales que a las plantas, pero que hace miles de millones de años optó por seguir su propio camino: especializarse en descomponer todo aquello que muere —y a veces también lo vivo—. Por ello, los hongos son el mayor sistema de reciclaje de la naturaleza. Lo cual plantea interesantes posibilidades para nosotros. Repasamos aquí algunos de los hongos más sorprendentes que conocemos, algunos de los cuales pueden ser nuestros aliados en la búsqueda de soluciones de sostenibilidad.

Hongos creadores de zombis

Aunque el Ophiocordyceps unilateralis fue descubierto para la ciencia por el naturalista Alfred Russel Wallace en un lejano 1859, el conocido como hongo de las hormigas zombis se ha popularizado de tal modo a través de reportajes y documentales que ya incluso ha protagonizado alguna ficción de terror, en novela llevada al cine.

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Las cigarras tienen un hongo zombi que les infecta y les pudre parte del abdomen para sustituirlo por una masa blanca repleta de esporas. Crédito: Wikimedia Commons

 Pero dejando de lado su carácter gore, lo cierto es que se trata de todo un prodigio de la evolución, un ejemplo de cómo una especie puede desarrollar mecanismos para aprovecharse de otras a su conveniencia. En este caso, las esporas del hongo se adosan a las hormigas Camponotus leonardi, residentes habituales en las copas arbóreas. Al colonizar su cuerpo alteran su conducta, obligándolas a descender al suelo, el nicho ideal para el hongo. Allí las hormigas infectadas se aferran con sus mandíbulas al nervio de una hoja, para después morir. Finalmente, el hongo fructifica y lanza nuevas esporas.

Pero el Ophiocordyceps no es único en su clase. Las cigarras cuentan con su propio hongo zombi, Massospora cicadina. Una vez ha infectado al insecto, le pudre la parte posterior del abdomen, sustituyéndola por una masa blanca repleta de esporas. Al mismo tiempo el hongo inyecta a sus víctimas un tipo de anfetamina llamado catinona que sume a los insectos en un frenesí con un solo objetivo: sexo. Los infortunados zombis no saben que han perdido también sus genitales, pero sus infructuosos intentos sirven al hongo para infectar nuevas víctimas.

Campeones de la extravagancia

Aunque estamos acostumbrados a pensar en los hongos como setas, en realidad la mayoría de ellos no forman estas estructuras, llamadas propiamente cuerpo fructífero o esporocarpo y que sirven para la dispersión de las esporas. Generalmente los hongos crecen discretamente, ocultos a la vista, extendiendo sus hifas —su cuerpo, en forma de filamentos— que suelen formar un micelio, una red interconectada.

Los hongos que forman setas adoptan una gran variedad de formas y colores, como el Clathrus archeri, conocido como dedos del diablo. Crédito: Wikimedia Commons

Pero más allá de los champiñones, las trufas o los boletus, los reyes de la popularidad por su uso culinario, los hongos que forman setas lo hacen en una increíble variedad de formas y colores. Algunos de ellos parecen diseñados a capricho, en una gama que va desde lo hermoso a lo terrorífico. Entre los segundos, en toda lista de setas llamativas nunca falta Hydnellum peckii, adecuadamente llamado diente sangrante, o Clathrus archeri, conocido como dedos del diablo y que apesta a carne podrida. En el extremo opuesto, Phallus indusiatus o velo de novia cautiva la mirada por su delicada falda de encaje, Hericium erinaceus o melena de león parece una falsa barba, y existen unas 80 especies de setas que brillan en la oscuridad por contener una molécula bioluminiscente llamada luciferina.

El ser vivo más grande del planeta…

En 1998 científicos de EEUU descubrieron que los hongos de la especie Armillaria ostoyae —u hongo miel— que crecen en un bosque de las Blue Mountains de Oregón son en realidad un solo organismo clónico que se extiende en red ocupando más de 900 hectáreas. Con un peso estimado de hasta 35.000 toneladas, ha pasado a los registros como el ser vivo más grande del planeta. La edad estimada de este humongous fungus, como se le conoce en inglés (“hongo descomunal”) se cifra entre los 2.400 años y más de 8.000.

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Los hongos de la especie Armillaria ostoyae pueden llegar a ocupar más de 900 hectáreas y vivir más de 8.000 años. Crédito: Wikimedia Commons

Armillaria ostoyae es un hongo parásito; ataca a las coníferas y es difícil de erradicar, no solo por su costumbre de extenderse. El de Oregón no es el único ejemplar que ha crecido a inmensas proporciones: también en EEUU, en el estado de Michigan se encuentra otro individuo de una especie emparentada, A. gallica, que ocupa 37 hectáreas y al que se le ha calculado una edad de 2.500 años.

…Y el más rápido

El organismo capaz del movimiento más rápido entre los seres vivos no es un insecto, ni mucho menos el guepardo, a quien corresponde la corona de la velocidad entre los mamíferos; curiosamente es un hongo, a pesar de que en el lenguaje habitual llamemos seta a una persona con tendencia a no moverse. Tal honor corresponde al humilde Pilobolus crystallinus, cuyo hábitat preferido son las heces de los herbívoros, los cuales ingieren sus esporas depositadas en la hierba.

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Para dispersarse, el Pilobolus crystallinus usa un sistema de vesículas turgentes a presión que expulsan sus esporas hasta a 2 metros de distancia. Crédito: Wikimedia Commons

Para dispersarse, este hongo ha ingeniado un sistema de vesículas turgentes a presión que expulsan sus esporas hasta a 2 metros de distancia. Pero aunque el viaje no sea largo, su velocidad es increíble: en 2008 un estudio con cámaras de alta velocidad estimó su aceleración entre 20.000 y 180.000 g —la de la gravedad—; en 2 millonésimas de segundo aceleran de 0 a 20 km/h, alcanzando después una velocidad máxima de 300 km/h. La hazaña le ha valido a este hongo el sobrenombre de dung cannon, “cañón de estiércol”.

Levadura nuclear

Desde que en los años 50 comenzaron a funcionar las primeras centrales nucleares, se ha acumulado en el mundo en torno a un cuarto de millón de toneladas de combustible nuclear gastado, descontando otra mitad de esta cantidad que se ha reprocesado. A lo largo de los años esta basura radiactiva ha contaminado suelos y acuíferos, sin que aún se haya encontrado una solución infalible y definitiva a su almacenamiento permanente.

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Hay hongos como la levadura Rhodotorula taiwanensis capaces de crecer en ambientes radiactivos y absorber metales pesados. Crédito: Wikimedia Commons

¿Qué hacer con estos residuos? Buscando ayuda en la naturaleza, científicos estadounidenses descubrieron que una levadura llamada Rhodotorula taiwanensis es capaz de crecer en ambientes altamente radiactivos, además de absorber metales pesados. A diferencia de la bacteria Deinococcus radiodurans, que durante años ha sido la campeona de la resistencia a la radiación, este hongo se encuentra muy a gusto en ambientes ácidos y es capaz de formar biofilms, por lo que se presenta como una opción prometedora para la biorremediación de suelos contaminados por material radiactivo y para mantener a raya las posibles fugas de los cementerios nucleares. En Chernóbil se han encontrado también hongos radiorresistentes.

Comedores de plástico…

En el campo de la biorremediación, los científicos buscan una solución al urgente problema de la contaminación plástica que no solo ensucia nuestras tierras y aguas, llegando a formar grandes parches en el océano, sino que además perdura a largo plazo en forma de microplásticos que han invadido hasta el último rincón del planeta, incluyendo nuestra comida y nuestros propios organismos.

Muchos tipos de bacterias y hongos comen plásticos, como el Pestalotiopsis microspora, capaz de degradar el poliuretano. Crédito: Wikimedia Commons

En 2011 investigadores de la Universidad de Yale descubrieron en la selva amazónica de Ecuador ciertas cepas del hongo Pestalotiopsis microspora capaces de degradar el poliuretano, un plástico que conocemos sobre todo en forma de espuma, pero que está presente en nuestra vida en infinidad de aplicaciones. P. microspora crece a gusto sobre este plástico incluso en ausencia de aire y de luz, lo que lo convierte en un candidato ideal para la biorremediación en vertederos. No es el único caso; multitud de tipos de bacterias y hongos comen plásticos, y en los últimos años el elenco de nuestros posibles aliados fúngicos en la lucha contra la contaminación plástica ha aumentado de forma espectacular.

…Y de petróleo

Siendo el petróleo un resto fósil de los seres vivos que poblaron la Tierra hace millones de años, y siendo los hongos los grandes descomponedores de la naturaleza, parecería raro que estos organismos no hubiesen encontrado el modo de aprovechar tan suculenta fuente de carbono. Y en efecto, lo han hecho. En 2015 investigadores del Haverford College recogieron muestras de arena del golfo de México empapada por el crudo vertido por la plataforma Deepwater Horizon, y encontraron allí varias especies de hongos marinos que degradan tanto las cadenas líneas de hidrocarburos como los aromáticos policíclicos, contaminantes del petróleo con efectos tóxicos en el ser humano y en la naturaleza.

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Ciertas plantas capaces de crecer en suelos contaminados por el petróleo lo logran gracias al hongo Trichoderma harzianum que vive en sus raíces. Crédito: Wikimedia Commons

No son los primeros hongos comedores de petróleo que se conocen. De hecho la seta de ostra (Pleurotus ostreatus), cultivada como alimento en muchas zonas del mundo, también produce enzimas que digieren los hidrocarburos, además de absorber metales pesados como el mercurio. En Canadá, los científicos descubrieron que ciertas plantas capaces de crecer en suelos contaminados por el petróleo lo lograban gracias a un hongo simbiótico llamado Trichoderma harzianum que vive en sus raíces.

Los hongos más temibles

Aunque en el apartado de los hongos más temibles cualquiera pensaría en las setas venenosas, en realidad estas no deberían representar el menor riesgo, siempre que dejemos la recolección en manos de quienes realmente saben distinguirlas. En cambio, la amenaza real de los hongos es mucho más invisible e imprevisible; son aquellos con los que podemos entrar en contacto sin saberlo ni poder evitarlo, y que pueden hacernos enfermar.

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La esporotricosis o enfermedad del jardinero de rosas, está causada por el hongo Sporothrix schenckii, presente en la materia vegetal. Crédito: Wikimedia Commons

 No solemos pensar en las infecciones fúngicas como un gran peligro; las más comunes, como la candidiasis o el pie de atleta, se tratan fácilmente, e incluso la aspergilosis es infrecuente en personas sanas. Pero puede ser peor: por ejemplo, Pythium insidiosum es un hongo presente en las aguas estancadas y en el suelo que infecta a los mamíferos, incluyendo a los humanos, causando graves lesiones ulcerosas en la piel. La esporotricosis, llamada enfermedad del jardinero de rosas, está causada por el hongo Sporothrix schenckii, presente en la materia vegetal, y puede afectar a la piel y diseminarse por el organismo. El mayor riesgo lo corren las personas inmunodeprimidas, para las cuales cualquier infección fúngica puede ser letal.

No obstante, este lado oscuro de los hongos queda empequeñecido ante sus muchos beneficios. De ellos obtuvimos la penicilina y otros antibióticos, los medicamentos que más vidas han salvado en la historia. Dejando de lado los célebres usos recreativos de las llamadas “setas mágicas”, hoy los hongos son una inmensa fuente de nuevos compuestos que los científicos investigan con posibles aplicaciones terapéuticas contra múltiples enfermedades.

Javier Yanes

@yanes68   

 

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