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20 octubre 2022

Por qué hay criaturas tan extrañas en las grandes islas

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En el Mioceno Superior, hace unos 8 millones de años, vivió en Australia un ave con la que nadie habría querido cruzar sus pasos. El Dromornis stirtoni, conocido también como Stirton’s thunderbird (literalmente, pájaro del trueno de Stirton), perteneciente al extinto género de los dramáticamente denominados como Demon Duck of Doom (algo así como el pato demonio del destino fatal), podía alcanzar tres metros de altura y media tonelada de peso. Esta bestia plumífera emparentada con los patos y los pollos, y obviamente no voladora, tenía un robusto pico de medio metro con el que hubiese podido triturar casi a cualquier criatura, aunque se cree que era preferentemente herbívoro. El paleontólogo Trevor Worthy lo ha descrito como “un experimento evolutivo extremo”, lo que atribuye a las condiciones de Australia. De hecho, tanto esta como otras grandes islas han sido escenarios de curiosos experimentos de la evolución que nunca existieron o se truncaron en los grandes continentes. Pero ¿por qué en las grandes islas? ¿Hay algún motivo para que estos lugares hayan sido laboratorios evolutivos naturales?

BBVA-OpenMind-Yanes-fauna grandes islas_1 Las grandes islas han sido escenarios de curiosos experimentos de la evolución que nunca existieron o se truncaron en los grandes continentes, como el Dromoris stirtoni. Crédito: Wikimedia Commons
Las grandes islas han sido escenarios de curiosos experimentos de la evolución que nunca existieron o se truncaron en los grandes continentes, como el Dromoris stirtoni. Crédito: Wikimedia Commons

Desde la Universidad Nacional de Australia, el científico planetario Charley Lineweaver se ha dedicado a cuestionar la idea tan extendida de que en cualquier planeta habitado la evolución biológica habrá producido un equivalente del ser humano, una especie tecnológica desarrollada. Suele ilustrarlo con lo que llama la falacia del planeta de los simios, en alusión al clásico del cine donde la destrucción de los humanos dejaba un hueco libre que era aprovechado por los simios para evolucionar hasta tomar su lugar. Lineweaver esgrime una prueba de que la evolución no entiende de estos caminos marcados: Australia.

El fenómeno de la fauna australiana

La gran isla-continente separó sus destinos del resto de las tierras cuando la masa continental de Pangea comenzó a desgajarse, durante la época de los dinosaurios. Australia ha permanecido aislada desde hace 55-100 millones de años, sin interferencias en la evolución de sus organismos terrestres; a estos efectos, como un mundo separado. Y sin embargo, no dio origen a nada parecido a un ser humano; ni siquiera primates en general. Si Australia hubiese sido la única tierra emergida de nuestro planeta, no estaríamos aquí, defiende Lineweaver; de hecho, los seres humanos solo surgieron en un lugar, África.

Y sin embargo, en lugar de eso se diría que la naturaleza ha aprovechado Australia y las islas que forman parte de su mismo continente para experimentar con opciones que en otros continentes no existen o son residuales, como los mamíferos marsupiales, los que ponen huevos e incluso los que tienen pico de pato. Estas peculiaridades asombraron al propio Charles Darwin, quien en 1836 escribió en su diario, después de ver ornitorrincos nadando: “Un incrédulo en todo excepto en su propia razón podría exclamar, ‘seguramente han actuado dos Creadores distintos: sin embargo su objeto ha sido el mismo, y ciertamente en cada caso el fin está completado”. Por entonces, el padre de la selección natural aún estaba lejos de comprender y explicar al mundo cuáles eran los mecanismos biológicos que habían originado una fauna tan singular.

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Pero el científico de mente aguda que tan oportunamente supo interrogar y entender la naturaleza no podía quedarse en el simple asombro. En su obra fundacional de 1859, El origen de las especies, indagó sobre el fenómeno de la fauna australiana. Darwin propuso que la divergencia adaptativa en las especies de un territorio es ventajosa, ya que reduce la competencia por los recursos. En las islas la inmigración de otras especies foráneas está limitada, por lo que queda un campo abierto para que las nativas del lugar exploren caminos evolutivos más diversos que de otro modo rellenarían especies de regiones próximas. Pero el tamaño de la isla es importante: si es demasiado pequeña, escribía Darwin, “el número total de individuos que puede sostener será necesariamente muy pequeño; y el bajo número de individuos retrasará grandemente la producción de nuevas especies por selección natural, reduciendo las oportunidades de aparición de variaciones favorables”.

El tamaño de las islas y los experimentos evolutivos

En otras palabras, y como en el caso del Dromornis, las islas dan ocasión a la evolución de explorar una mayor diversidad, siempre que el tamaño sea suficiente para albergar grandes poblaciones que permitan la aparición de numerosas variaciones; experimentos evolutivos. De hecho, Darwin intuía que el tamaño de la región era más importante que su aislamiento para la producción de nuevas especies, pero la condición de isla permite buscar esas rutas alternativas de la evolución con una diversificación posiblemente mayor de la que ocurre en los continentes, donde la competencia de la migración es mayor. En las islas más pequeñas, por otra parte, las poblaciones corren un mayor riesgo de extinción. 

BBVA-OpenMind-Yanes-fauna grandes islas_2 La mayoría de los mamíferos de la fauna australiana son marsupiales, dan a luz crías poco desarrolladas que terminan su maduración en una bolsa materna. Crédito: Wikimedia Commons.
La mayoría de los mamíferos de la fauna australiana son marsupiales, dan a luz crías poco desarrolladas que terminan su maduración en una bolsa materna. Crédito: Wikimedia Commons

Así, Darwin encajó perfectamente la singularidad de la fauna australiana en su gran teoría de la selección natural. En tiempos posteriores los estudios han ido confirmando que las islas son laboratorios naturales de la evolución, que esta ocurre a paso acelerado respecto a los continentes —hasta tres veces más rápido—, y que marca sus propias tendencias; por ejemplo, los animales grandes tienden a reducir su tamaño (enanismo insular), mientras que por el contrario los pequeños son propensos a crecer (gigantismo insular). En 1967 Robert MacArthur y Edward O. Wilson publicaron The Theory of Island Biogeography, una obra que sentó las bases de la moderna biogeografía insular y sus peculiaridades evolutivas.

El resultado de esta evolución en acción es intenso en el caso de Australia: cerca de 300 especies de mamíferos, de las cuales casi el 90% solo se encuentran allí, lo mismo que el 70% de las aves y casi el 90% de los reptiles. Los mamíferos más característicos de la fauna australiana son bien conocidos, como los canguros o los koalas; la mayoría de ellos comparten un rasgo: son marsupiales, dan a luz crías poco desarrolladas que terminan su maduración en una bolsa materna. 

Los marsupiales no se originaron en Australia, sino en América, donde hoy todavía se encuentran. Pero el 70% de los actuales, y los de mayor tamaño, viven en el continente australiano, unas 250 especies. Esto llamó la atención del otro padre de la selección natural, Alfred Russel Wallace, quien en 1859 trazó una línea en el mapa a través del archipiélago indonesio separando dos grandes dominios distintos de fauna, incluyendo mamíferos placentarios a un lado, marsupiales y monotremas —los que ponen huevos— al otro.

Diferencias entre grandes islas

Todo ello se aplica también a Nueva Guinea, que estuvo unida por un puente de tierra a Australia hasta hace solo 12.000 años, al final de la última era glacial. Tanto esta gran isla como otras menores de la región, todas ellas situadas en la misma placa tectónica, comparten una fauna similar; no es el caso de Nueva Zelanda, perteneciente a otra masa continental sumergida en su mayoría. Otra gran isla desgajada de los antiguos supercontinentes, Madagascar, eligió también su propia exploración evolutiva: es el reino de los lémures, de los que existe un centenar de especies. Pero en este caso el menor tamaño de la isla ha limitado su diversidad: según los científicos, esto impidió la aparición de grandes herbívoros o carnívoros. Antiguamente existían hipopótamos en Madagascar, hoy extintos, si bien evolucionaron en el continente y llegaron a la isla cruzando el mar.

El menor tamaño de la isla de Madagascar ha limitado su diversidad: según los científicos, esto impidió la aparición de grandes herbívoros o carnívoros. Crédito: Wikimedia Commons

Pero más allá del interés científico de esta peculiar evolución en las grandes islas, o de la curiosidad de su fauna, hay un mensaje que actualmente preocupa a los expertos. La fragmentación de los hábitats a lo largo y ancho del mundo está convirtiendo nuestros continentes en conjuntos funcionales de islas de fauna. Ciertos estudios han mostrado que en los dos últimos siglos decenas de mamíferos europeos han experimentado cambios de tamaño corporal similares a los del efecto isleño. La emergencia climática añade un factor adicional de presión. A lo largo de millones de años, la biodiversidad ha sobrevivido a los más extravagantes experimentos naturales de la evolución. Hoy se enfrenta al experimento artificial de la rápida destrucción a manos del ser humano, quizá demasiado para superarlo con éxito.

Javier Yanes

@yanes68 

 

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