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08 febrero 2021

El hombre que inventó la aspirina y la heroína

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Aunque los libros y enciclopedias del siglo XX señalaban al farmacéutico alemán Felix Hoffmann como inventor de la aspirina, en las últimas dos décadas han vuelto las disputas sobre la paternidad del primer medicamento milagro y por eso la Wikipedia la deja en el aire, atribuyéndola a “científicos de Bayer”. La versión oficial, la de la propia compañía farmacéutica, sigue concediendo el mérito único a Hoffmann en el desarrollo del ácido acetilsalicílico y deja fuera de esa historia a otros importantes personajes y detalles. Las otras versiones son más suculentas, y nos cuentan que el controvertido padre de la aspirina fue además quien descubrió la heroína, la adictiva droga cuyo invento nadie se atribuye.

BBVA-OpenMind-Fuco-Felix Hoffman-Retrato de Felix Hoffman, el descubridor del mecanismo para producir ácido acetilsalicílico en su forma más pura y estable. Fuente: Wikimedia Commons
Retrato de Felix Hoffman, el descubridor del mecanismo para producir ácido acetilsalicílico en su forma más pura y estable. Fuente: Wikimedia Commons

En la ciencia, como en muchas otras disciplinas humanas, la historia la escriben los ganadores. Así, en 1934, Felix Hoffmann (21 enero 1868 – 8 febrero 1946) contaba su versión en una nota al pie de una enciclopedia alemana. En los años 1890 su padre sufría reumatismo y padecía también los efectos secundarios del tratamiento de aquella época para aliviar esos dolores: las sales de ácido salicílico, que tenían un sabor tremendamente amargo y, en las elevadas dosis recetadas a los pacientes (6 a 8 gramos diarios), producían fuertes irritaciones en sus estómagos. La cura era una penitencia diaria para Herr Hoffmann y le pidió una alternativa a su hijo Felix, que en 1897 era un joven investigador de la compañía farmacéutica Friedrich Bayer & Co.

Al margen de ese idealizado relato, los hechos probados son que Felix Hoffmann se graduó como farmacéutico en la Universidad de Munich con honores en 1891 y que, tras un igualmente exitoso doctorado, comenzó a trabajar en 1894 en Bayer, una empresa química que hasta entonces había destacado en la producción de tintes sintéticos. Hoffmann se incorporó al recién creado laboratorio de farmacología, para investigar nuevos medicamentos bajo la dirección de Heinrich Dreser (1 octubre 1860 – 21 diciembre 1924), un metódico investigador que está considerado el primero que usó tests a gran escala con animales para probar la seguridad de los fármacos.

DEL EXTRACTO VEGETAL A LOS JUEGOS CON LAS MOLÉCULAS

También en es un hecho que ya en 1853 el químico francés Charles Frédéric Gerhardt añadió anhídrido acético a la salicina, para sintetizar por primera vez el ácido acetilsalicílico. Gerhardt buscaba una forma menos irritante de la salicina, esa amarillenta, cristalina y muy amarga sustancia que otros químicos habían aislado en la década de 1820 —a partir del extracto de las hojas y la corteza de varios tipos de sauces, que se usaba desde la antigüedad para aliviar el dolor y la fiebre. Gerhardt había obtenido el compuesto que acabó protagonizando esta historia, pero en una forma muy inestable e impura. Así que no despertó mayor interés y todo se centró en el ácido salicílico, que en 1859 Herman Kolbe identificó como el verdadero principio activo de la salicina. Kolbe logró un método para sintetizarlo con extrema pureza y a escala industrial; algo que fue aprovechado por uno de sus discípulos, Friedrich von Heyden, quien en 1874 empezó a fabricar y vender el ácido salicílico a un precio mucho más barato que los tradicionales extractos de sauce. El problema eran los severos efectos secundarios que producía, esos mismos que amargaban a Herr Hoffmann.

Muestra de ácido salicílico. Crédito: Adam001d

Algunas fuentes aseguran que la compañía Heyden había empezado fabricar ácido acetilsalicílico como alternativa, pero sin un nombre comercial, siguiendo el método desarrollado por Schröder, Prinzhorn y Kraut en 1869. El gran mérito de Felix Hoffmann en esta historia es que el 10 de agosto de 1897 —tal y como dejó registrado en su libreta de laboratorio—, finalmente encontró un método mucho mejor para producir ácido acetilsalicílico, en una forma más pura y estable.

Hoffmann era entonces un investigador novato que había recibido el encargo de sus jefes de pasarse el verano acetilando moléculas. Es decir, añadiendo el grupo químico acetilo (CH3CO) a todo tipo de compuestos farmacológicamente activos, con la esperanza de poder mejorar su potencia o disminuir sus efectos secundarios. No era una estrategia nueva para Bayer, que así había logrado producir en 1887 la fenatecina, su primer medicamento. Así que el logro de Hoffmann no llamó mucho la atención al principio. De hecho, Heinrich Dreser, el responsable de todos los ensayos previos al lanzamiento de los fármacos, no tenía demasiado interés en la acetilación del ácido salicílico debido a su mala reputación.

EL ÉXITO PREVIO DE LA HEROÍNA

Lo que de verdad le interesaba a Dreser era producir codeína, y para ello pidió a Hoffmann que acetilara la morfina. Así que el joven investigador siguió con su tarea de verano, pasó a la siguiente molécula y —apenas diez días después haber descubierto (sin saberlo aún) la aspirina— con la morfina logró un resultado muy sorprendente que esta vez sí entusiasmó a sus jefes.

En lugar de la esperada codeína, el 21 de agosto de 1897, Felix Hoffmann obtuvo diamorfina, una sustancia que en las pruebas dirigidas por Dreser demostró ser mucho más efectiva que la morfina. Maravillados por su heroico logro, los farmacólogos de Bayer llamaron heroína a este nuevo medicamento, y en 1898 dieron vía libre a su comercialización como “un sustituto no adictivo de la morfina”, indicado para aliviar la severa tos de los tuberculosos o los agudos dolores de las parturientas. La heroína, que se vendía sin necesidad de prescripción médica, fue un gran éxito para Bayer y para otros fabricantes farmacéuticos hasta que se demostró que era mucho más adictiva que la morfina, y fue prohibida en 1925 por la Sociedad de las Naciones.

BBVA-OpenMind-Fuco-Felix Hoffman-heroina-Botella de heroína comercializada por Bayer en los años 1920, que contenía 5 gramos de la sustancia. Fuente: Wikimedia Commons
Botella de heroína comercializada por Bayer en los años 1920, que contenía 5 gramos de la sustancia. Fuente: Wikimedia Commons

Tras el éxito inicial de la heroína, que Bayer omite al contar la versión oficial de esta historia, Heinrich Dreser sí accedió a investigar el potencial del ácido acetilsalicílico. Los ensayos con animales demostraron sus efectivas propiedades para combatir la inflamación, el dolor y la fiebre, y los propios investigadores de la compañía probaron ellos mismos que no producía las intolerables molestias del del ácido salicílico. Dreser publicó en 1899 el primer informe científico sobre el nuevo medicamento, que inmediatamente decidió comercializar bajo el nombre de aspirina.

LA POLÉMICA SOBRE EL INVENTO, 50 AÑOS DESPUÉS

En su artículo de investigación, Heinrich Dreser no mencionó ni a Hoffmann a Arthur Eichengrün (13 agosto 1867 – 23 diciembre 1949), otro empleado de Bayer que meses antes de morir (en 1949) se reivindicó como el verdadero inventor de la aspirina, coincidiendo con su 50 aniversario. Eichengrün alegó que él fue quien dirigió las pruebas de laboratorio (que Hoffmann simplemente habría ejecutado) y quien impulsó los ensayos clínicos del ácido acetilsalicílico, venciendo las reticencias de Dreser y logrando que finalmente la aspirina fuera comercializada. Esta versión alternativa de la historia fue ignorada hasta que en 1999 el científico Walter Sneader la defendió en una conferencia de la Royal Society celebrada con motivo del centenario de la aspirina, sosteniendo la posibilidad de que Eichengrün hubiera sido borrado de esta historia, durante el régimen nazi, por ser judío.

Continúan apareciendo estudios que sugieren nuevos usos para la aspirina. Crédito: Roger Mulligan

La farmacéutica Bayer negó estas reclamaciones en un comunicado de prensa, alegando que Eichengrün no era el superior de Hoffmann y aportando su libreta de laboratorio y la patente de la aspirina en EEUU (concedida el 27 de febrero de 1900) como pruebas de que Felix Hoffmann debe seguir figurando en la historia como el hombre que culminó el descubrimiento de la aspirina. Lo cierto es que ni él ni Eichengrün —ni todos los científicos que antes contribuyeron a esta carrera científica— llegaron a recibir parte de los beneficios cosechados por el enorme éxito comercial de la aspirina. El único que sí lo hizo fue Heinrich Dreser, quien amasó una fortuna gracias a los royalties que cobró por los ensayos de la aspirina y la heroína. Al margen de las disputas sobre quién fue el descubridor, las diferentes versiones nos revelan que Dreser fue el hombre detrás del medicamento más apreciado y de la droga más temida del siglo XX.

Francisco Doménech
@fucolin

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