Butler Act, la ley que prohibió la evolución

Hace medio siglo, el 18 de mayo de 1967, el gobernador de Tennessee firmaba la abolición de una ley que había permanecido en vigor durante 42 años. El proceso de derogación fue de una rapidez pasmosa: el 15 de mayo se presentaba una demanda contra la ley, y al día siguiente el Senado estatal votaba su anulación tras menos de tres minutos de debate. El fin de la llamada Butler Act, la ley contra la enseñanza de la evolución en las escuelas de Tennessee, fue tan curioso como lo había sido su comienzo, y como lo fue el famoso Juicio del Mono de Scopes que inspiró.

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La liga antievolución durante el juicio contra Scopes en Dayton, Tennessee. Crédito: Literary Digest

En 1925, el granjero y miembro de la Cámara de Representantes de Tennessee John Butler, feligrés de la Iglesia Baptista Primitiva, redactó un proyecto de ley “prohibiendo la enseñanza de la Teoría de la Evolución en todas las Universidades, Escuelas Normales y todas las demás escuelas públicas de Tennessee, que están sostenidas en todo o en parte por los fondos públicos escolares del Estado, y dictando castigos para sus infracciones”. El texto precisaba que sería ilegal “enseñar cualquier teoría que niegue la historia de la Creación Divina del hombre como enseña la Biblia, y enseñar en su lugar que el hombre desciende de un orden inferior de animales”, estableciendo multas de entre 100 y 500 dólares para los infractores.

La idea de Butler no fue algo sobrevenido; ya en 1922 prometió en su campaña electoral que trabajaría para proteger a los escolares de las ideas evolucionistas publicadas por Charles Darwin más de medio siglo antes. El texto de Butler fue aprobado por amplia mayoría por ambas cámaras de la Asamblea de Tennessee. El 21 de marzo de 1925, la ley quedaba ratificada con la firma del gobernador Austin Peay. Butler se ufanaba de que 99 personas de cada 100 en su distrito pensaban como él, y de que no conocía “a uno solo en todo el distrito que piense que la evolución, es decir, del hombre, pueda ser de la manera como la cuentan los científicos”. Sin embargo, para muchos fue una sorpresa que la ley recibiera el visto bueno del gobernador Peay, también cristiano devoto, pero de tendencia progresista.

La ciencia irrumpe en la América rural

La explicación reside en que la Butler Act fue más que un conflicto entre creacionismo y evolucionismo, cuenta Adam Shapiro a OpenMind, historiador de la ciencia de la Universidad Birkbeck de Londres y autor del libro Trying Biology: The Scopes Trial, Textbooks, and the Antievolution Movement in American Schools (University of Chicago Press, 2013). Según explica Shapiro, en los años 20 la evolución darwiniana no era algo nuevo; en cambio, sí lo eran la expansión de la escolarización obligatoria en la América rural y la irrupción de la ciencia en el orden social, tradicionalmente dominado por la religión.

La Butler Act fue “en parte una protesta y en parte una conciliación política”, resume Shapiro; el gobernador Peay respaldaba la enseñanza de la religión, pero confiaba en que la ley pasara inadvertida. Al mismo tiempo, esperaba que le ayudara a impulsar la construcción de nuevas escuelas y la formación de profesores sin el recelo de las comunidades rurales conservadoras.

Lo que no imaginaba Peay es lo que sucedería a continuación. Al difundirse la noticia de la ley aprobada en Tennessee, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) se ofreció para defender a cualquiera que fuera acusado de violar la Butler Act. El anuncio de la ACLU llegó al conocimiento de George Rappleyea, ingeniero y director de la Cumberland Coal and Iron Company en la pequeña localidad de Dayton, en Tennessee. Inspirado por su rechazo del fundamentalismo religioso y por el deseo de mostrar al mundo sus consecuencias, logró convencer a los líderes locales de que un juicio sonado situaría a Dayton en el mapa y revitalizaría su economía. Para actuar como acusado, Rappleyea persuadió a un profesor sustituto de biología de 24 años llamado John Scopes, que ni siquiera estaba seguro de haber enseñado evolución en sus clases.

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Uno de los abogados defensores de Scopes habla durante el juicio. Crédito: Smithsonian Institution

El juicio contra Scopes se celebró en Dayton en julio de 1925, con un enorme despliegue de prensa y radio que lo dio a conocer en todo el mundo. El proceso contó con un intenso dramatismo gracias a los letrados encargados respectivamente de la acusación y la defensa, el excandidato presidencial demócrata, antiguo Secretario de Estado y cristiano ferviente William Jennings Bryan, y el agnóstico y miembro de ACLU Clarence Darrow. La historia del juicio inspiraría la obra de teatro Inherit the Wind, estrenada en 1955 y que sería llevada al cine en 1960.

La “ley muerta” que seguía vigente

El jurado emitió un veredicto de culpabilidad para Scopes, que fue condenado a pagar una multa de 100 dólares. Sin embargo, la sanción fue revocada por un tecnicismo. Después del juicio de Scopes, ningún otro docente fue arrestado por violar la Butler Act. Según Shapiro, la ACLU pugnó por su derogación en 1955, con ocasión del estreno de Inherit the Wind; sin embargo, “la oficina del gobernador les dijo que era de hecho una ley muerta, pero que no deseaban iniciar una lucha política tratando de derogarla”.

Así, la ley continuó vigente, pero en hibernación, hasta que en 1967 el profesor Gary Scott fue despedido por infringirla. La reacción de Scott llevó a su readmisión para evitar una publicidad negativa, pero el docente presentó una demanda contra la ley, y la Asamblea de Tennessee aprovechó la ocasión para votar finalmente su anulación.

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George Washington Rappleyea y John Thomas Scopes, un mes antes del juicio. Crédito: Smithsonian Institution

El caso de la Butler Act no ha sido el único. Y según Shapiro, “incluso en estados sin leyes antievolución, no enseñar evolución era a menudo simplemente la práctica común; para la mayoría de las escuelas era más importante evitar la controversia”. El historiador añade que hoy la pugna continúa, aunque la enseñanza del Génesis como relato histórico ha tenido que reinventarse sucesivamente en la llamada “ciencia de la creación” y el Diseño Inteligente para sortear los cambios legales.

Mientras, el municipio de Dayton permanece aferrado a sus tradiciones, a las cuales se ha añadido un festival anual que cada julio conmemora sus días de fama. Para la edición de este año se ha anunciado la colocación de una estatua de Clarence Darrow, el abogado de Scopes, frente a la de su rival Bryan que se erigió en 2005. Pero la iniciativa no ha recibido el aplauso general de la localidad e incluso una líder religiosa ha llegado a sugerir el recurso a las armas para impedirlo.

Por Javier Yanes para Ventana al Conocimiento

@yanes68