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26 febrero 2019

¿Debe limitarse el tiempo que los niños dedican a las pantallas?

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En los años 80 comenzó a discutirse si era conveniente limitar el acceso de los niños a la televisión, a raíz de ciertos estudios que parecían relacionar un excesivo tiempo frente a la pantalla con una mayor incidencia de obesidad y dificultades en la lectura. Era un problema nuevo con el que padres y madres debían enfrentarse. Tres décadas después se han introducido nuevas variables en el problema: ordenadores, internet, smartphones, redes sociales, videojuegos online… Hoy más que nunca, tener hijos obliga a encontrar la respuesta a una espinosa pregunta: ¿Debo limitarles el tiempo que pasan frente a las pantallas?

La misma internet, a la que muchos niños y adolescentes dedican largas horas desde sus tablets o smartphones, es la que a menudo sirve también a los padres para buscar respuestas. Obviamente son ellos mismos quienes entregan a sus hijos su primer teléfono móvil a una edad media de 10,3 años —uno de cada cuatro lo recibe antes de los seis años—, pero a continuación les acucia la necesidad de saber si su decisión podría perjudicar el desarrollo emocional o intelectual de sus pequeños.

Y sí, en internet encuentran respuestas. La web de la Academia de Pediatría de EEUU (AAP) establece ciertas reglas: hasta los dos años, solo un uso ocasional de pantallas en compañía de los padres; de dos a cinco años, un máximo de una hora al día. Para los niños de mayor edad y adolescentes, la AAP no fija límites concretos, si bien recomienda que existan. “La mayoría de las directrices que se han elaborado sobre el uso de los medios digitales son en realidad bastante similares”, resume a OpenMind Jenny Radesky, pediatra del desarrollo del comportamiento de la Universidad de Michigan (EEUU) y autora principal de las directrices de la AAP.

Dos horas diarias en edad escolar

Pero en una postura más tajante, otros expertos defienden un máximo de dos horas al día hasta el fin de la edad escolar, como aconsejan las directrices del Canadian 24-Hour Movement —una iniciativa de la Sociedad Canadiense de Fisiología del Ejercicio—. Este límite viene avalado por los resultados preliminares del Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD), el mayor estudio a largo plazo emprendido en EEUU sobre el desarrollo cerebral y su impacto en la salud de los niños.

A medida que crece el tiempo de uso de los dispositivos se observan cambios en la estructura cerebral. Crédito: zeitfaenger.at

Los escaneos cerebrales y los exámenes practicados a más de 4.000 menores muestran que un límite de tiempo de pantalla de dos horas al día se relaciona con una mejor atención, memoria y capacidad lingüística, sobre todo si se duerme lo suficiente. “Estos hallazgos destacan la importancia de limitar el tiempo recreativo de pantalla”, escribían los autores del estudio.

Datos más inquietantes aparecen a medida que crece el tiempo de uso de los dispositivos: a partir de las siete horas diarias se observan cambios en la estructura cerebral. Según explica a OpenMind la coautora de este estudio Florence Breslin, del Laureate Institute for Brain Research, estos cambios consisten en “una disminución del grosor de la corteza y del volumen de sustancia gris, lo que indicaría un cerebro ligeramente más maduro”.

Otros estudios recientes apuntan en la misma dirección. El análisis de una muestra poblacional de más de 40.000 niños y adolescentes en EEUU concluyó que más de una hora de pantalla al día se correlaciona con un deterioro del bienestar emocional, sobre todo en los adolescentes, en los que se observa una mayor incidencia de depresión o ansiedad. Un mayor tiempo de pantalla se ha vinculado con daños a la salud mental y con un aumento de las tasas de suicidios en los adolescentes, mientras que distintas investigaciones han asociado este uso excesivo de los dispositivos con la soledad, la depresión, la obesidad y una peor calidad del sueño.

Por si fuera poco, añádanse las voces de algunos padres de Silicon Valley que dicen haber restringido el acceso de sus hijos a la tecnología porque conocen el esfuerzo que sus compañías invierten en crear productos adictivos, según publicaba Business Insider. Ya existen casos de adolescentes en rehabilitación por una presunta adicción al popular videojuego online Fortnite.

Existen casos de adolescentes en rehabilitación por adicción a juegos online. Crédito: Selengkapnya

“El problema aquí es el diseño de los entornos digitales, que se hizo orientado a mentes adultas y valores de mercado, sin entender cómo los niños podrían interactuar con él”, dice Radesky. La pediatra habla de “patrones oscuros” en el diseño de juegos, “cuya ética cuestionan los desarrolladores, pero cuyo uso es bastante común para tratar de influir en el comportamiento del usuario y que haga compras o proporcione datos”.

Polémicas recomendaciones en Reino Unido

Con todo lo anterior, podría parecer que la regla de las dos horas es una cuestión cerrada. Salvo que muchos expertos no están convencidos: en enero de 2019, el Real Colegio de Pediatría y Salud Infantil de Reino Unido (RCPCH) provocó un terremoto con la publicación de sus recomendaciones. “Las pruebas sobre un efecto tóxico directo del tiempo de pantalla son cuestionables, y las pruebas de daños a menudo se sobrestiman”, escribían los pediatras británicos, para concluir: “Somos incapaces de recomendar un límite general para el tiempo de pantalla de los niños”.

El principal argumento se resume en palabras de Max Davie, responsable de promoción de salud del RCPCH: “Demasiado tiempo de pantalla puede estar asociado a diversos problemas de salud; sin embargo, hay pocas pruebas de que esto sea causal”. Breslin confirma la misma idea: “Ahora mismo no sabemos si el tiempo de pantalla causa estos cambios o si los niños con estas diferencias pasan más tiempo frente a la pantalla, pero haremos un seguimiento a este grupo para tratar de averiguarlo”. De hecho, añade que no todas las diferencias observadas son negativas: el uso intenso de videojuegos “tiene una correlación ligeramente positiva con la inteligencia fluida”.

Según los pediatras ingleses, las familias deben negociar los tiempos de pantalla con sus hijos. Crédito: 3dman_eu

Para el RCPCH, el secreto de estas correlaciones podría no ser el uso de los dispositivos, sino “las oportunidades que se pierden de actividades positivas (socializar, hacer ejercicio, dormir) que quedan desplazadas por el tiempo de pantalla”. Por ello, su recomendación básica es “que las familias negocien los límites de tiempo de pantalla con sus hijos, basándose en las necesidades de cada niño individual”, de modo que no interfiera con otras actividades y evitando la hora anterior al sueño.

El cómo frente al cuánto

Esta postura ha recibido críticas de los partidarios del límite de dos horas, como algunos de los investigadores que han contribuido al desarrollo de las directrices canadienses. “Al menos hasta que nuevas y robustas pruebas demuestren que no existe daño”, dicen, “la opción más prudente sería la precaución, intentando seguir las recientes directrices basadas en pruebas de que el tiempo recreativo de pantalla debe restringirse”.

Es entonces cuando ese padre que busca su respuesta en internet ya no sabe a qué atenerse. Pero Radesky tiene la solución: “El mensaje más importante de esta situación es que no se trata de un toma y daca sobre quién escribe mejores directrices, sino de reconocer las áreas de consenso”. Y para la pediatra, ese territorio de concordia se encuentra más allá del debate sobre el tiempo de pantalla: no se trata de cuánto, sino de qué, para qué y cómo.

Algunos expertos opinan que la duración es menos relevante que cómo se usan los medios. Crédito: Thijs Knaap

“La duración es mucho menos relevante que cómo se usan los medios, a qué horas del día, en qué contextos interpersonales y cómo la psicología del usuario interactúa con el diseño persuasivo”, dice. En lugar de obsesionarse con el tiempo, Radesky recomienda a las familias “hablar sobre el contenido, la desinformación, la ciudadanía digital y las interacciones sociales en los medios digitales”.

Y es que quizá, en el fondo, la respuesta que buscan los padres no esté tanto online como offline, en una buena comunicación familiar.

Javier Yanes

@yanes68

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