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11 febrero 2022

Reinventar las ciudades del futuro

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Actualmente el 56% de la población mundial vive en ciudades, una proporción que crecerá al 68% en 2050, según Naciones Unidas. En palabras de Kent Larson, investigador principal del grupo City Science del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), “vivimos un período de extrema urbanización y se estima que el 90% del crecimiento de la población tendrá lugar en ciudades”. Este desarrollo imparable de las grandes urbes, que en las próximas décadas va a concentrarse sobre todo en India, China y Nigeria, plantea enormes retos para hacer de las ciudades lugares más habitables y sostenibles. De la intersección entre urbanismo y tecnología nace el concepto de las Smart Cities para encontrar soluciones que mejoren la gestión de las ciudades, pero aún hay mucho por avanzar en múltiples campos, desde la utilización de espacios a las nuevas formas de transporte y movilidad o a la reducción de la contaminación, ya sea atmosférica, acústica o lumínica.

Espacios más versátiles

Uno de los proyectos desarrollados por el grupo City Science en los últimos años ha estudiado cómo hacer que los espacios sean más eficientes, ya sea en un entorno privado o de trabajo. Tal y como contaba entonces a OpenMind Hasier Larrea, antiguo investigador del grupo, el objetivo del proyecto era “aumentar la funcionalidad” de un espacio de trabajo o de uso privado. “Lo importante no son los metros cuadrados, sino la funcionalidad que te den los que tienes”, comentaba.

En las instalaciones del Media Lab del MIT se construyó un espacio de 20 metros cuadrados con una pared móvil –robowall– accionada por unos raíles en el suelo para dividir la habitación en dos ambientes, con la posibilidad de ampliarlos o reducirlos según las necesidades del residente: en cuestión de segundos y con apenas un par de gestos, la habitación de estudiante se convertía automáticamente en una zona de fiesta a lo grande, sin faltar las luces de discoteca.

Esta movilidad también puede ser vertical; del techo puede bajar una cama o una mesa para improvisar una cena de hasta seis invitados. Así, y con sólo un click, en los mismos metros cuadrados se dispone de un espacio óptimo, ya sea para trabajar, dormir, cocinar o divertirse.

Una de las claves del proyecto es el ‘Internet de las Cosas’, ya que la mayoría de los muebles o elementos físicos de la habitación tienen integrados sensores que permiten su movilidad previa señal humana. “Hoy en día, el internet de las cosas en las casas se resume en luces o termostatos. Nosotros queremos que las paredes, camas y mesas también sean capaces de hablar y escuchar y puedan desarrollar nuevas funcionalidades”, describía Larrea. Así, los elementos de la habitación podrían moverse en función de la radiación solar, temperatura u hora del día sin necesidad de una activación humana previa.

El proyecto de Larrea se ha hecho realidad en su startup Ori (de origami), donde este ingeniero vasco ha puesto en práctica lo aprendido en el MIT para diseñar espacios móviles donde los muebles robotizados permiten, según la compañía, “vivir a lo grande con una huella pequeña”. La iniciativa ha atraído la inversión y la colaboración de grandes socios como Ikea y Google, y actualmente está implantando ya sus soluciones que buscan también facilitar espacios adaptados al teletrabajo en tiempos de pandemia.

Transporte: movilidad on demand

La movilidad en las ciudades está inmersa en un proceso de transformación, tanto a causa de las normativas —cada vez más estrictas con la contaminación— como por la entrada de nuevos vehículos y servicios, que en muchos casos buscan satisfacer las necesidades a demanda. Un ejemplo es el triciclo PEV (Persuasive Electric Vehicle), creado por el grupo City Science del MIT como medio de transporte ideal para ir del trabajo a casa y otros trayectos cortos. Funciona a pedales o con un motor eléctrico adicional que hace más fácil el desplazamiento. Destaca también por ser convertible para el transporte de paquetes. A primera vista puede parecer una opción similar a las bicicletas eléctricas compartidas que ya funcionan en muchas ciudades, pero posee una diferencia esencial: funciona también en modo autónomo. Así, el usuario podrá solicitar el servicio desde una app en su smartphone, y el PEV acudirá al lugar donde se encuentre, adaptándose al tráfico de vehículos y peatones gracias a su sistema de sensores. Además, por si se quiere utilizar solo para el transporte de carga, cuenta con un modo Follow que sigue al usuario a la velocidad de su paso. Según el MIT y la compañía de partes de automoción Denso, que ha desarrollado el PEV para su comercialización, con cada recarga puede recorrer hasta 40 kilómetros con una velocidad máxima de 32 km/h.   

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PEV para desplazamiento de personas (derecha) y reparto de paquetería (izquierda) / Crédito: MIT Media Lab

El PEV es un ejemplo más de la tendencia en este campo que va hacia una movilidad on demand, en la que se conciben los desplazamientos asimétricos: que el ciudadano vaya a pie a hacer la compra al supermercado, por ejemplo, y desde un móvil pueda solicitar el servicio de un coche, scooter o bicicleta para tomar el camino de vuelta. O incluso de un vehículo aéreo; esta es la apuesta más arriesgada, pero en la que hay numerosas compañías implicadas en una carrera por lanzar el primer vehículo eléctrico volador y autónomo. Al menos 14 modelos se encuentran ahora en desarrollo, incluyendo el de Uber en colaboración con Joby Aviation; aunque sobre este sueño del coche volador planean eternamente las dudas no solo sobre su viabilidad, sino también sobre la confianza de los usuarios y las trabas de un marco regulador.  

Ciudades más silenciosas

Uno de los grandes retos de las ciudades del futuro es reducir la contaminación acústica. Aunque en los últimos años se ha investigado extensamente sobre los perjuicios de la polución atmosférica, que Naciones Unidas califica como el mayor riesgo ambiental para la salud, también la contaminación acústica tiene efectos negativos sobre la salud física —sobre todo la cardiovascular—, mental y emocional, y dificulta el aprendizaje en los niños. Algunos estudios han mostrado, además, que los barrios más ruidosos suelen ser los más pobres, lo que introduce un factor más de segregación en las ciudades.

BBVA-OpenMind-sostenibilidad-Reinventar las ciudades del futuro 3-Las aplicaciones móviles colaborativas permiten trazar mapas urbanos de contaminación acústica. Imagen: Noise pollution monitor
Las aplicaciones móviles colaborativas permiten trazar mapas urbanos de contaminación acústica. Imagen: Noise pollution monitor

Muchas de las medidas ambientales que hoy cobran fuerza en las ciudades disminuyen el ruido al mismo tiempo que la contaminación del aire, como la peatonalización o el fomento de los vehículos eléctricos. La regulación de las actividades ruidosas y la instalación de barreras contra el ruido contribuyen a moderar este tipo de polución. Algunas ciudades están instalando sensores de ruido acoplados a cámaras, y han surgido también apps para smartphones que permiten a los usuarios medir el nivel de decibelios en su zona, y que se están empleando para crear mapas de ruido en las ciudades.

Pero al mismo tiempo, surgen nuevos desafíos. Por ejemplo, en aquellos lugares donde han comenzado a utilizarse drones para el reparto de paquetería se ha constatado que la contaminación acústica puede igualar o superar la de aparatos como una aspiradora o una cortacésped, y ciertos estudios han mostrado que el zumbido resulta más molesto para las personas que el ruido del tráfico o incluso el de aviones comerciales a igual volumen. Según el ingeniero acústico Antonio Torija, de la Universidad de Salford, incorporar la acústica en el diseño de los drones puede ayudar a paliar esta nueva fuente de ruido, que amenaza con convertirse en un serio problema si los vehículos voladores urbanos acaban despegando.

La luz también contamina

La contaminación lumínica ha sido tradicionalmente una gran ignorada, ya que la luz en las ciudades no solo se ha considerado un elemento disuasorio contra la delincuencia, sino que además se ha utilizado ampliamente con fines estéticos. Sin embargo, en los últimos años ha crecido la preocupación por lo que una revisión resumía como “impactos negativos en la fauna, la salud, la astronomía y el derroche de energía”.

En 2016 un equipo internacional de investigadores dirigido por Fabio Falchi, del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Contaminación Lumínica de Italia, publicó en la revista Science Advances un atlas mundial del brillo del cielo nocturno. Las conclusiones llamaban a la reflexión: más del 80% de la población mundial, y más del 99% en EEUU y Europa, vive bajo cielos con alta contaminación lumínica. El 60% de los europeos y el 80% de los norteamericanos no pueden ver la Vía Láctea en el cielo.

BBVA-OpenMind-sostenibilidad-Reinventar las ciudades del futuro 4 - Las luces LED son más eficientes energéticamente pero empeoran el problema por su componente de luz azul. Imagen: Unsplash
Las luces LED son más eficientes energéticamente pero empeoran el problema por su componente de luz azul. Imagen: Unsplash

Y a veces, la introducción de nuevas tecnologías está agravando el problema. Según Falchi, las luces LED blancas que generalmente se han introducido para reducir el consumo energético empeoran el problema por su componente de luz azul, que además interfiere con los ritmos circadianos humanos. Los expertos aconsejan emplear luces LED de color ámbar y controlar su dirección e intensidad.

Una de las soluciones tecnológicas más obvias contra la polución lumínica pasa por reducir la intensidad de la iluminación al mínimo imprescindible en cada caso —ciertos experimentos han mostrado que puede reducirse este brillo sin que la población lo aprecie—, e incluso apagar las luces cuando nadie las necesita. En 2006 Oslo fue la primera ciudad europea en instalar un sistema inteligente de sensores y de luz y tráfico que adapta la iluminación de forma dinámica según se requiere. Los sistemas introducidos en los últimos años permiten que las luminarias de las calles se comuniquen entre sí, de modo que un transeúnte siempre esté rodeado por un círculo de luz que se extiende más en el sentido de su marcha que detrás. 

En resumen y recuperando el discurso de Kent Larson, del MIT, la idea que tienen en común todos estos proyectos es responder al crecimiento en las grandes ciudades con innovación tecnológica. Pero con un matiz importante. “Que las ciudades sean un espacio para la gente, no para las máquinas, en el que se haga uso de la tecnología sólo cuando sea útil”, dice Larson.

Carlos Betriu/Javier Yanes / Javier Yanes

para Ventana al Conocimiento

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