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04 mayo 2020

Arquitectura bioclimática: mirar al pasado para construir el futuro

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¿Y si algunas viviendas cuyo origen se remonta a hace siglos tuvieran una mejor eficiencia energética que las edificaciones modernas? Hace unos años esta pregunta recibió respuesta: en 2014, la certificación de eficiencia energética de dos casas-cueva en Guadalajara y Valencia logró casi una A, muy por encima de la puntuación media del resto de viviendas en ese momento. La certificación de eficiencia energética, obligatoria desde el año 2013 para la venta o alquiler de un piso en España, identifica a una vivienda con una letra, siendo la A la mejor puntuación y la G la nota más baja, en función de diversos factores que influyen en su gasto energético y su emisión de dióxido de carbono a la atmósfera. 

La arquitectura vernácula, es decir, la arquitectura tradicional que surge en las distintas regiones como respuesta a las necesidades de hábitat y de adaptación al medio, estableció hace mucho tiempo, en algunos casos siglos, varias claves para lograr unas construcciones bien integradas con su entorno para mejorar su habitabilidad y su eficiencia. Un claro ejemplo podría ser el caso de las casas-cueva, construcciones históricas repartidas por varias regiones de España, como son las casas-cueva de Granada del siglo XV, que destacan por una característica principal: mantienen una temperatura agradable y constante en su interior a lo largo de todo el año. Otro ejemplo son las pallozas, construcciones de origen prerromano muy características de algunas zonas de Lugo, León y Asturias, que presentan algunas peculiaridades, como su compacidad o el empleo de paja en cubierta, que podrían aplicarse a las viviendas actuales de esas zonas para cumplir los nuevos estándares de eficiencia energética. ¿Por qué nos hemos olvidado de estas enseñanzas centenarias a la hora de construir nuestros hogares?

La palloza es un ejemplo de arquitectura vernácula en España. Crédito: Wikimedia Commons
La palloza es un ejemplo de arquitectura vernácula en España. Crédito: Wikimedia Commons

“La arquitectura del siglo XX a menudo ha abordado el problema del diseño de los edificios como objetos independientes del contexto en el que se encuentran, por lo que incluso en las escuelas de arquitectura no se ha incidido lo suficiente en la importancia que tiene esta cuestión y además se ha menospreciado el valor de la arquitectura vernácula”, afirma Laura de la Plaza Hidalgo, arquitecta urbanista y co-autora del libro “Elements of Sustainable Architecture”. “El resultado es que muchos arquitectos hemos sido formados en la creencia de que no es relevante que un edificio se comporte adecuadamente según las condiciones climáticas que ha de soportar y además, cuando nos hacemos conscientes de esta situación, nos damos cuenta de que no tenemos los conocimientos adecuados para ello.”

La importancia del clima para proyectar

La arquitectura bioclimática es aquella que tiene en cuenta las condiciones climáticas en el diseño de edificios, aprovechando los recursos naturales disponibles para reducir el consumo energético. 

El conocimiento del clima permite diseñar edificios optimizados y adaptados a su entorno, en el que las instalaciones aprovechan al máximo los propios recursos que ofrece el medio. Un análisis del clima es imprescindible para proyectar un edificio sostenible. “Por ejemplo, en los climas muy fríos se tiende a abrir grandes ventanales que sean capaces de captar una mayor radiación solar, y en los cálidos la arquitectura suele procurar que esta radiación sea menor y más indirecta. En los climas húmedos y fríos, a menudo la arquitectura se levanta sobre el terreno y no lo toca para evitar el contacto con él, y sin embargo es frecuente en los climas muy cálidos y secos que las casas incluso se hundan en él para defenderse del calor”, afirma Laura de la Plaza. 

La arquitecta aboga porque se cambie el enfoque a la hora de abordar proyectos en las escuelas de arquitectura y se incida lo suficiente en el análisis del contexto: “Otra cuestión que me parece fundamental es dejar de entender que un edificio sostenible es aquel que tiene una forma cualquiera y luego es sostenible porque se le añaden “cosas” como paneles solares, depuradoras de agua o persianas automáticas. En mi opinión, un edificio sostenible es aquel cuya forma, materiales o composición responden mejor al contexto en el que se encuentra. Dicho esto, las soluciones que tienen que ver con añadir tecnología a las construcciones por supuesto son adecuadas para mejorar su respuesta allí donde el diseño del edificio no puede hacerlo.”

Hacia una popularización de la vivienda sostenible

Aunque por parte de de los especialistas parece que el camino está claro, la evolución hacia una viviendas más sostenibles pasa necesariamente también por la transformación de los consumidores que las compran. Sin embargo, parece las nuevas medidas para mejorar la sostenibilidad de los edificios y las ciudades todavía no son populares. “En mi opinión, los expertos llevan muchos años insistiendo en lo importante que es que nos concienciemos sobre estas cuestiones, pero no creo que exista un esfuerzo significativo real para desarrollar e implantar nuevas tecnologías que ayuden a mejorar la sostenibilidad de los edificios y las ciudades.”, comenta Laura de la Plaza. “Creo que esta mejora empezará a llegar cuando nos obliguen a aplicar las Directivas Europeas emitidas en este sentido. En cuanto al aspecto económico, puede se un obstáculo pero pienso que el problema fundamental es que el sector de la construcción es muy poco permeable a ninguna modificación de su “producto” tanto por parte de las promotoras como de los compradores. Dicho esto, es cierto también que después de la crisis hay promotoras que, conscientes de que las personas preocupadas por la sostenibilidad es un mercado creciente, ofrecen viviendas eficientes como forma de diferenciarse del resto del mercado.”

Para que estas opciones de viviendas eficientes y, por tanto, más sostenibles, comiencen a volverse más habituales, los potenciales compradores también tendrán un papel fundamental. “Que un edificio sea sostenible es una cuestión técnica que debe resolver el proyectista y cuyo diseño será mejor, en mi opinión, en la medida en que las personas que las habitan no necesiten hacer nada para que el edificio funcione adecuadamente. Creo que lo que falta es que los posibles compradores de una vivienda, valoren esta cualidad en ella, la demanden y entiendan el valor que este esfuerzo en el diseño supone.”

 

Sara González para OpenMind

 

 

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