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10 septiembre 2015

La contagiosa pasión por la ciencia

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La pasión por la ciencia y el deseo de contarle sus avances a todo el mundo son dos sentimientos que han ido parejos en figuras como Stephen Jay Gould, Isaac Asimov, Carl Sagan o George Gamow, algunos de los grandes divulgadores científicos de todos los tiempos.

Isaac Asimov (2 de enero 1920¬†‚Äď 16 de abril 1992)

Asimov, dibujado por la ilustradora de ciencia ficción Rowena

Ni√Īo superdotado, Asimov empez√≥ sus estudios universitarios con tan s√≥lo quince a√Īos. Lleg√≥ a ser profesor de bioqu√≠mica pero, en cuanto tuvo la oportunidad, dej√≥ la docencia e inici√≥ su productiva carrera como escritor cient√≠fico: public√≥ m√°s de 500 libros, alternando entre la ciencia ficci√≥n y la divulgaci√≥n.

¬ęLa ciencia es una sola luz, e iluminar con ella cualquier parte es iluminar con ella el mundo entero¬Ľ

¬ęYo no quer√≠a investigar, quer√≠a escribir¬Ľ, confes√≥ en su autobiograf√≠a. Escribiendo ciencia ficci√≥n concibi√≥ las tres leyes de la rob√≥tica que aparecieron por primera vez en el relato ‚ÄúRunaround‚ÄĚ (1942), publicado en la revista Astounding Science Fiction, y que luego desarroll√≥ ampliamente en ‚ÄúYo, Robot‚ÄĚ (1950).

Borroneando su primera pieza de no ficci√≥n, dedicada a la hemoglobina, descubri√≥, para su sorpresa, ¬ęque escribir un art√≠culo as√≠ me llevaba menos tiempo y era m√°s f√°cil y mucho m√°s divertido que una pieza de ciencia ficci√≥n¬Ľ. En 1954 sali√≥ a la luz su primer libro de divulgaci√≥n: ‚ÄúThe Chemicals of Life‚ÄĚ, redactado en solo seis semanas. Al principio su p√ļblico objetivo eran los adolescentes: ¬ęCreo que son los que m√°s necesitan una introducci√≥n a la ciencia. Una vez que pasan de los dieciocho es m√°s dif√≠cil influirles¬Ľ, aseguraba.

Roger Penrose (8 de agosto de 1931)

Roger Penrose, en 2011. Créditos: Biswarup Ganguly

Profesor de Matemáticas Aplicadas en la Universidad de Oxford y estudioso de los agujeros negros, Roger Penrose está considerado como uno de los científicos que más ha aportado a la Relatividad General desde Einstein. Entre sus muchas contribuciones a la geometría y a la física teórica, en 1965 probó juntó al físico Stephen Hawking que las singularidades del espacio-tiempo (como las de los agujeros negros) pueden formarse a partir del colapso de inmensas estrellas moribundas.

¬ęNo puede existir inteligencia sin comprensi√≥n¬Ľ

Penrose ha dedicado además gran parte de su ingenio a las matemáticas recreativas y las paradojas. Pero son sus trabajos acerca de la ciencia de la mente los que le han convertido en una celebridad dentro del mundo científico.

En ‚ÄúLa nueva mente del emperador‚ÄĚ (1989), Penrose defiende que hay facetas del pensamiento humano que nunca podr√°n ser emuladas por un ordenador. Y para defenderlo condensa una amplia gama de conocimientos cient√≠ficos, que van desde la m√°quina de Turing hasta la entrop√≠a o la estructura del cerebro. Todo ello con una lucidez y claridad que permiten a cualquier profano entender sus textos.

Richard Feynman (11 de mayo de 1918 ‚Äď 15 de febrero de 1988)

Richard Feynman, en 1984. Crédito: Tamiko Thiel

Feynman sol√≠a increpar a sus alumnos dici√©ndoles: ¬ęEnam√≥rate de alguna actividad y ¬°pract√≠cala!¬Ľ. Y, sin duda, √©l mismo predic√≥ con el ejemplo. Enamorado de la f√≠sica, ayud√≥ a construir la bomba at√≥mica, cre√≥ un modelo para la interacci√≥n d√©bil (una de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza), emprendi√≥ trabajos precursores de la nanotecnolog√≠a y gan√≥ en 1965 el Nobel de F√≠sica por sus trabajos en f√≠sica cu√°ntica, que ayudaron a entender el comportamiento de las part√≠culas elementales.

¬ęHay que tener la mente abierta. Pero no tanto como para que se te caiga el cerebro¬Ľ

Y no acaba ahí la cosa. Además, el físico neoyorquino fue una de los primeros en proponer la idea de las computadoras cuánticas; y dirigió la comisión que demostró que la explosión del transbordador Challenger en 1986 fue debida a un equipo defectuoso y no a un error humano.

Pero Feynman est√° en esta selecta lista porque consigui√≥ contagiar como pocos su pasi√≥n por la f√≠sica. Su capacidad pedag√≥gica y comunicativa es considerada por muchos la m√°xima demostraci√≥n de su genialidad. Sus divertidas clases y charlas, publicadas e incluso grabadas para la televisi√≥n, siguen inspirando a nuevas generaciones de cient√≠ficos y acercando al p√ļblico general la ciencia m√°s compleja.

Stephen Jay Gould (10 de septiembre de 1941-20 de mayo de 2002)

Stephen Jay Gould, en 1982. Crédito: Museum of Natural History

Considerado por muchos el mejor paleontólogo del siglo XX, este reputado profesor de la Universidad de Harvard completó las teorías de Darwin con nuevas hipótesis. Pero también simultaneó la investigación con la divulgación científica.

¬ęNo hay nada que limite m√°s la innovaci√≥n que una visi√≥n dogm√°tica del mundo¬Ľ

El libro que lo lanz√≥ a la fama fue ‚ÄúEl pulgar del panda‚ÄĚ, con el que obtuvo el premio American Book Award. En sus p√°ginas, y partiendo de esa rareza de la naturaleza (el extra√Īo falso pulgar de los osos panda) logr√≥ explicar magistralmente los mecanismos naturales de la evoluci√≥n.

La mejor estrategia de Gould fue siempre apelar a la curiosidad natural de sus lectores. As√≠, explicaba los conceptos m√°s complejos de la biolog√≠a a partir de preguntas como ¬Ņpor qu√© ning√ļn animal se desplaza sobre ruedas?, o ¬Ņc√≥mo pueden algunas moscas desarrollar patas en la boca?, o ¬Ņlas cebras son blancas con franjas negras, o negras con franjas blancas?

George Gamow (4 de marzo de 1904 ‚Äst 19 de agosto de 1968)

George Gamow, hacia 1950. Crédito: American Institute of Physics

Imaginaci√≥n sin p√©rdida de rigor eran los ingredientes que empleaba George Gamow para explicar la relatividad y la teor√≠a cu√°ntica en libros como ‚ÄúEl Sr. Tompkins en el Pa√≠s de las Maravillas‚ÄĚ (1940), cuyo protagonista es un banquero que asiste a conferencias sobre problemas de la f√≠sica moderna. Y es que la compleja f√≠sica te√≥rica parec√≠a un juego de ni√Īos cuando la contaba este cient√≠fico ruso, que adem√°s de divulgar pas√≥ buena parte de su carrera estudiando el Big Bang y la formaci√≥n de las estrellas.

¬ęAs√≠ que solo estoy sentado y esperando, escuchando, y si llega algo interesante, simplemente me incorporo¬Ľ

Gamow pretend√≠a que las ideas correctas de espacio, tiempo y movimiento, que la nueva ciencia hab√≠a alcanzado ¬ętras investigaciones tan largas como complejas¬Ľ, se convirtieran en un patrimonio com√ļn con el que cualquier persona de a pie estuviera familiarizado. Y por eso gan√≥ el premio Kainga, concedido por la UNESCO. Su texto ‚ÄúUn, dos, tres… Infinito‚ÄĚ (1947) a√ļn es popular hoy, ya que combina de un modo original y brillante conceptos de matem√°ticas, biolog√≠a, f√≠sica y astronom√≠a.

Mary Somerville (26 de diciembre¬†de¬†1780¬†–¬†28 de noviembre¬†de¬†1872)

Mary Sommerville, retratada en 1834 por Thomas Phillips. Crédito: National Gallery of Scotland

Entre las mujeres que han divulgado la ciencia, la brit√°nica Mary Somerville ocupa un lugar destacado. De hecho, se le apod√≥ la reina de la ciencia. Aunque fue una observadora nata, su inter√©s por la ciencia naci√≥ de manera casi, casi accidental. De adolescente, su profesor de pintura le explic√≥ que ‚ÄúLos Elementos‚ÄĚ de Euclides permit√≠an entender la perspectiva, pero tambi√©n la astronom√≠a. Ni corta ni perezosa, empez√≥ a estudiar a Euclides por su cuenta. Y las matem√°ticas se quedaron con ella el resto de su vida.

¬ęA veces encuentro dificultades en los problemas matem√°ticos, pero mi vieja terquedad persiste. Y si no lo consigo hoy lo abordo de nuevo al d√≠a siguiente¬Ľ

Cuando en 1831 la Sociedad para la Difusi√≥n del Conocimiento √ötil le pidi√≥ que tradujera “La Mec√°nica Celeste”, del franc√©s Laplace, Somerville no solo tradujo las palabras al ingl√©s, sino al lenguaje com√ļn. Poco despu√©s se atrevi√≥ a escribir ‚ÄúSobre la conexi√≥n de las ciencias f√≠sicas‚ÄĚ (1834) , un libro en el que hizo hincapi√© en la interdependencia creciente entre las diferentes ramas de la ciencia y sugiri√≥ la posibilidad de que existiera otro planeta m√°s alejado que Urano (poco antes de que se descubriera ese planeta: Neptuno).

Somerville trató con grandes científicos como Laplace, Poisson, John Herschel, Ada Lovelace o Charles Baggage, que por aquel tiempo inventaba las máquinas calculadoras programables. Fue miembro de la Real Sociedad Astronómica, de la Real Academia Irlandesa y de la Sociedad Americana de Geografía y Estadística.

Richard Dawkins (26 de marzo de 1941)

Richard Dawkins, en 2008. Crédito: Mike Cornwell

Si hay una obra imprescindible para entender la evoluci√≥n esa es ‚ÄúEl gen ego√≠sta‚ÄĚ (1976). El primer libro del bi√≥logo evolucionista Richard Dawkins consigue explicar el papel que juegan los genes en la evoluci√≥n, describiendo c√≥mo compiten y, a la vez, cooperan en la generaci√≥n de la diversidad biol√≥gica.

¬ęPrefiero no establecer una separaci√≥n clara entre la ciencia y su divulgaci√≥n¬Ľ

Tan claro ten√≠a que investigar y divulgar deb√≠an ir a la par que, adem√°s de convertirse en profesor del Departamento de Zoolog√≠a de Oxford, logr√≥ ser el primer titular de la c√°tedra para la Comprensi√≥n P√ļblica de la Ciencia de esa universidad. En una entrevista explic√≥ as√≠ su vocaci√≥n divulgadora: ¬ęLa comprensi√≥n cient√≠fica del mundo, del universo ‚Äďy en mi caso, especialmente de la vida‚Äď es tan inmensamente excitante, emocionante, po√©tica, maravillosa, que ser√≠a una l√°stima enorme si alguien se fuese a la tumba sin haber podido apreciarla. Por eso siento un tremendo deseo de ense√Īar a la gente lo maravillosa que es la ciencia.¬Ľ

Dawkins considera que la mezcla de asombro y admiración es lo que impulsa a los científicos a averiguar todo lo que se pueda sobre el funcionamiento del mundo. Y ha defendido a ultranza que la ciencia ofrece mejores respuestas que las religiones y creencias. De hecho, Dawkins combate activamente el creacionismo y se le considera la máxima figura actual del ateísmo militante.

Carl Sagan (9 de noviembre de 1934¬†‚Äď 20 de diciembre de 1996)

Carl Sagan en "Cosmos" -Escritor de ciencia ficción
Carl Sagan en “Cosmos” (1980). Cr√©dito: PBS

A trav√©s de la serie televisiva ‚ÄúCosmos‚ÄĚ, este astrof√≠sico logr√≥ transmitir como nadie su asombro ante el universo a 400 millones de personas de m√°s de 60 pa√≠ses. Fue un divulgador nato que hizo que el mundo entero mirara al cielo con curiosidad sobre las galaxias, las nebulosas, los sistemas solares, los planetas, etc. Adem√°s de su √©xito televisivo, Sagan gan√≥ el Premio Pulitzer de 1978 de Literatura General de No Ficci√≥n por ‚ÄúLos Dragones del Ed√©n‚ÄĚ.

¬ęDespu√©s de todo, cuando est√°s enamorado, quieres contarlo a todo el mundo. Por eso, me parece aberrante que los cient√≠ficos no hablen al p√ļblico de la ciencia¬Ľ

Sagan fue profesor de Astronomía y Ciencias Espaciales en la Universidad de Cornell e investigador en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) del Instituto de Tecnología de California. Participó en las primeras misiones del programa Mariner de la NASA a Venus, e incluso dio instrucciones a los astronautas del programa Apollo antes de partir hacia la Luna.

Defensor ac√©rrimo de la b√ļsqueda de vida alien√≠gena, Sagan prepar√≥ los mensajes (potencialmente comprensibles para cualquier inteligencia extraterrestre) lanzados al espacio exterior en la sonda espacial Pioneer 10 (1972) y en las sondas Voyager (1977). Tambi√©n fue suya la idea de que la Voyager 1, a 6.000 millones de kil√≥metros, girase su c√°mara y tomase en 1990 la famosa fotograf√≠a de la Tierra como ‚ÄúUn punto azul p√°lido‚ÄĚ. Y es que siempre quiso ponernos en nuestro lugar en el Universo: ¬ęSomos seres peque√Īos, a medio camino en tama√Īo entre un √°tomo y una estrella; somos vulnerables¬Ľ, dijo una vez en televisi√≥n.

Oliver Sacks (9 de julio de 1933 ‚Äď 30 de agosto de 2015)

Oliver Sacks en 2009. Créditos: Steve Jurvetson

Este m√©dico, neur√≥logo y profesor universitario londinense, fallecido el 30 agosto de 2015, fue un entusiasta divulgador cient√≠fico. Los libros de Sacks, el poeta de las neuronas, explican el cerebro de un modo creativo que ha cautivado a todos los p√ļblicos y que ha instruido incluso a muchos m√©dicos.

¬ęHablamos no solo para explicarles a otros lo que pensamos, sino tambi√©n para contarnos a nosotros mismos lo que pensamos¬Ľ

De sus 30 a√Īos dedicados a divulgar la neurociencia destacan tres obras, todas ellas basadas en las historias de sus pacientes, narradas con un innegable talento literario. En “Un antrop√≥logo en Marte” (1995) describi√≥ casos cl√≠nicos de autismo, p√°rkinson, alucinaci√≥n musical, epilepsia, s√≠ndrome del miembro fantasma, esquizofrenia o alzh√©imer. Otro libro suyo, “Despertares” (1973), basado en un grupo de enfermos con casos raros de encefalitis, se hizo popular cuando fue llevado al cine en una pel√≠cula protagonizada por Robin Williams y Robert De Niro en 1990.

Pero su mayor bestseller fue ‚ÄúEl hombre que confundi√≥ a su mujer con un sombrero” (1995). De este libro escribi√≥ un cr√≠tico: ¬ęOliver Sacks empieza donde muchos informes psiqui√°tricos terminan… Con la intensidad orquestal de su prosa e ideas, partiendo de una profunda compasi√≥n, Sacks juega con nuestras experiencias rutinarias para conducirnos por las maravillosas aventuras de la mente¬Ľ.

 

Elena Sanz para Ventana al Conocimiento

@ElenaSanz

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