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03 julio 2019

El hombre que no quería que el Everest llevara su nombre

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“Everest” es una palabra reconocible para una gran parte de la humanidad. Es fácil de recordar y tiene una pronunciación sencilla y común en las principales lenguas, lo cual parecería expresamente elegido para un hito geográfico tan prominente en todos los sentidos. Sin embargo, hubo alguien que no estaba de acuerdo en que el monte más alto de la Tierra llevara este nombre. Y no era otro que el británico Sir George Everest, precisamente aquel cuyo apellido fue elegido para designar el techo del mundo.

BBVA-OpenMind-Materia-Everest 2-George Everest fue un dedicado agrimensor en India. Fuente: Wikimedia
George Everest fue un dedicado agrimensor en India. Fuente: Wikimedia

Aunque en la edad dorada de la exploración era frecuente que los expedicionarios dejaran sus propios nombres en alguno de los lugares que visitaban, este no es uno de esos casos; de hecho, George Everest (4 de julio de 1790 – 1 de diciembre de 1866) nunca llegó a ver con sus propios ojos el monte que llevaría su nombre. Aunque sin duda no le faltaron méritos para dejar huella en la historia de la geografía, la suya no fue la historia romántica del explorador, sino la más técnica y callada del agrimensor.

De familia arraigada en el barrio londinense de Greenwich, Everest se alejó de sus raíces a los 16 años para ejercer su carrera militar en India. Su facilidad para las matemáticas y la astronomía pronto le llevaron a asumir funciones de agrimensura, hasta que en 1818 fue requerido como ayudante principal por William Lambton, el director del Gran Proyecto de Topografía Trigonométrica. 

Un dedicado agrimensor con múltiples dolencias

Desde 1802 esta iniciativa tenía por objeto ejecutar una medición precisa de todo el subcontinente indio, y Everest fue asignado a una tarea prolija: continuar la medición de un arco de meridiano desde la punta meridional de la península hasta Nepal, a lo largo de unos 2.400 kilómetros. La dedicación de Everest fue recompensada con el nombramiento como superintendente del proyecto a la muerte de Lambton en 1823 y desde 1830 con el cargo de Agrimensor General de India, que desempeñó hasta su retiro en 1843. 

Quizá lo más notorio de sus años de trabajo de campo fueron las múltiples enfermedades que contrajo. La malaria era casi ineludible, pero a ella se unía otra lista de dolencias que un estudio de 2013 trató de identificar y enumerar: fiebre tifoidea, hepatitis, enfermedad del bosque de Kyasanur (una fiebre hemorrágica vírica transmitida por garrapatas), una neuropatía periférica y problemas de visión que invitan a sospechar esclerosis múltiple, radiculopatía cervical (un nervio pinzado en el cuello), síndrome de Guillain-Barré (un trastorno autoinmune del sistema nervioso) y posible neurosífilis, a lo que se unían episodios de síntomas mentales identificados con la llamada enfermedad del Sombrerero Loco, causada por la ingesta de mercurio, que Everest tomaba en grandes dosis para tratar sus dolencias.

Pese a su más que delicada salud, Everest fue un trabajador infatigable y concienzudo, lo que le abrió las puertas de varias instituciones científicas, incluyendo la prestigiosa Royal Society. Tras su jubilación y su regreso a Inglaterra, su puesto en India lo ocupó su pupilo, Andrew Scott Waugh, quien en 1841 había completado la medición del meridiano en el norte y posado sus ojos en el que entonces era uno más de los picos nevados del Himalaya. No fue hasta 1852 cuando el matemático indio bengalí Radhanath Sikdar, el jefe del equipo de “computadores”, informó a Waugh de que el llamado Pico XV era el más alto del mundo, con una elevación calculada de exactamente 29.000 pies, 8.839,2 metros (hoy corregida a 8.848 metros).

BBVA-OpenMind-Materia-Everest 3-Andrew Scott Waugh fue pupilo de Everest y completó sus mediciones. Fuente: Wikimedia
Andrew Scott Waugh fue pupilo de Everest y completó sus mediciones. Fuente: Wikimedia

El debate del Everest

Waugh se tomó unos años para confirmar los cálculos, y en 1856 anunció sus resultados a la Royal Geographical Society, proponiendo para la más alta de las cimas terrestres el nombre de su predecesor: monte Everest. Tanto Waugh como antes su mentor solían adoptar los nombres locales para los accidentes geográficos que describían. Pero en este caso la propia montaña quedaba fuera de los límites del dominio británico y los pueblos de más al sur, argumentaba Waugh, no se referían a aquella cumbre por un único nombre.

Tras un largo debate, por fin en 1865 se adoptó oficialmente la designación propuesta por Waugh. Pero la idea contó con una inesperada resistencia: la del propio Everest, quien objetaba que su apellido no podía escribirse en lengua hindi y que era difícil de pronunciar para los nativos. Anecdóticamente, en cierto modo podría decirse que la oposición de Everest dio sus frutos: mientras que el nombre de la montaña tiende a pronunciarse según su escritura literal, en cambio el apellido de Sir George se pronunciaba “if-rest”.

BBVA-OpenMind-Materia-Everest 4-Carta de Waugh a la Royal Geographical Society en la que proponía el nombre Everest para el monte. Fuente: Wikimedia
Carta de Waugh a la Royal Geographical Society en la que proponía el nombre Everest para el monte. Fuente: Wikimedia

Javier Yanes

@yanes68

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