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19 diciembre 2019

¿Está nuestra orientación sexual condicionada por la biología?

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Desde que Charles Darwin nos enseñó que somos una especie más del orden natural, la ciencia ha tratado de desentrañar qué nos hace específicamente humanos, lo que todos tenemos en común. Pero al mismo tiempo, los científicos indagan en lo que nos hace diversos, desde los rasgos físicos o la personalidad a nuestra orientación sexual. Y aunque sobre esto último aún es mucho lo que queda por saber, la ciencia actual sugiere que es una compleja interacción de factores biológicos la que condiciona si nos sentimos atraídos por las personas de nuestro propio sexo, del opuesto o de ambos.

En 1993, Science publicó un estudio de los Institutos Nacionales de la Salud de EEUU que descubría en 40 pares de hermanos una relación entre la homosexualidad masculina y cierta región del cromosoma sexual X. La propia revista publicó un comentario con el título “Pruebas de un gen de la homosexualidad”, y de inmediato los medios se hicieron eco de lo que se dio en llamar el “gen gay”. Sin embargo, investigaciones posteriores no lograron confirmar este presunto hallazgo. En 1999, otro estudio en la misma revista concluía: “Estos resultados no apoyan un gen ligado al X subyacente a la homosexualidad masculina”. En esta ocasión, Science publicaba un nuevo comentario: “Cuestionado el descubrimiento del gen gay”.

Los gemelos comparten más a menudo que los mellizos una misma orientación sexual. Crédito: Daniell Bohnhof / HOCH ZWEI

La hipótesis de uno o varios genes específicos de la homosexualidad ha sido ampliamente abandonada, y hoy se considera un mito infundado. Pero al mismo tiempo, esto no implica que la orientación sexual carezca por completo de factores genéticos. De hecho, los estudios con gemelos y mellizos revelan que los primeros comparten más a menudo una misma orientación sexual que los segundos, lo que indica un cierto componente genético, si bien para profundizar en esta influencia aparentemente sutil no basta con analizar los genes de unas cuantas decenas de personas; se requieren poblaciones de cientos de miles.

El vínculo con la genética

Con esta idea en mente, un equipo internacional de investigadores dirigido por Brendan Zietsch, de la Universidad de Queensland (Australia), reunió casi medio millón de perfiles genéticos procedentes del UK Biobank y de la empresa californiana 23andMe, y los sometió a un estudio de asociación del genoma completo (GWAS, según sus siglas en inglés) para tratar de identificar variantes genéticas que pudieran relacionarse con el comportamiento homosexual, tanto en hombres como en mujeres.

El estudio, publicado en 2019 en Science, descubre que “el comportamiento sexual con personas del mismo sexo está influido no por uno o unos pocos genes, sino por muchos”. El trabajo identifica cinco regiones cromosómicas cuyas variantes aparecen con una frecuencia más significativa en los sujetos de la muestra que dijeron haber mantenido relaciones con personas de su mismo sexo. Los investigadores advierten de que el vínculo entre genética y comportamiento homosexual continúa siendo muy complejo, ya que las variantes difieren entre hombres y mujeres, sin que además se detecte una asociación entre la presencia de más o menos de estos genes y una mayor o menor proporción de relaciones homosexuales.

El vínculo no solo es complejo, sino también débil: según Zietsch y sus colaboradores, la influencia de los genes descubiertos se cifra entre un 8 y un 25%; lo cual, confirma el investigador a OpenMind, significa que entre el 75 y el 92% del comportamiento homosexual no depende de componentes genéticos. No obstante, esto no implica que no haya otros factores biológicos involucrados. Zietsch alude a una idea manejada hoy por numerosos expertos: “La hipótesis es que las concentraciones hormonales en el útero en la etapa prenatal influyen en la orientación sexual”. Por el contrario, no existe absolutamente ningún indicio que apunte a una influencia de la educación.

Pero si algo subrayan los autores del estudio, es que las variantes genéticas identificadas “no permiten una predicción significativa del comportamiento sexual de un individuo”. Y a pesar de ello, poco después de la publicación del trabajo, una compañía llamada Insolent AI lanzó una app llamada How gay are you?, que aseguraba predecir el grado de homosexualidad de una persona según su perfil genético de acuerdo a los datos del estudio. La app provocó una repulsa generalizada, y fue retirada después de que el genetista Joseph Vitti del Instituto Broad de Harvard —una de las instituciones que participaron en el estudio— promoviera una petición para su eliminación en change.org.

Un arma de doble filo

Vitti, activista de la comunidad LGBTQIA+, escribía en el blog del Instituto Broad: “Todavía tengo que ver un argumento convincente de que los beneficios potenciales de este estudio superan a sus daños potenciales”. Lo cierto es que estas investigaciones despiertan recelos, a pesar de que la existencia de una biología de la orientación sexual es algo cada vez más respaldado por la ciencia. “En mi conocimiento, no hay datos que apoyen la idea de que la orientación sexual y la identidad de género estén determinadas por factores del ambiente psicosocial, por lo que pienso que hay una influencia sustancial de mecanismos biológicos y genéticos”, dice a OpenMind la neuropsicóloga de la Universidad de Colonia (Alemania) Elke Smith, que estudia el rastro cerebral de las diferencias sexuales.

Manifestación a favor de los derechos del colectivo LGTBI. Fuente: Pxhere

Es más, y dado que los sectores de moral más conservadora se han basado en el prejuicio de que las orientaciones distintas a la heterosexual eran producto de modas u opciones, la existencia de un fundamento biológico debería ser un argumento a favor de la tolerancia. Sin embargo, los expertos reconocen que es un arma de doble filo. Según escribía en la revista Science la socióloga de la Universidad de Oxford Melinda Mills, en un comentario al estudio de Zietsch y sus colaboradores, “atribuir la orientación hacia el propio sexo a la genética podría favorecer los derechos civiles o reducir el estigma. En cambio, hay miedo de que proporcione una herramienta para una intervención o cura”.

La ambivalencia se manifiesta también en los efectos que estos hallazgos científicos producen en el público. Existen estudios que documentan una mejora de la actitud hacia la homosexualidad en las personas que reciben información sobre esta influencia de la biología. Pero curiosamente, también hay estudios que muestran justo lo contrario.

Mientras, Zietsch y sus colaboradores son tan conscientes de la preocupación en torno a estas investigaciones que han participado en charlas y talleres con la comunidad LGBTQIA+, e incluso han creado una web dedicada a explicar sus resultados. Para el científico, es fundamental separar el conocimiento de las cuestiones morales. “Si evitáramos estudiar la preferencia sexual o temas similares debido a sensibilidades políticas, estaríamos dejando a oscuras aspectos importantes de la diversidad humana, y no creo que eso fuera bueno para nadie”, defiende. Para el investigador, lo que debería primar sobre todo ello es que “como sociedad, hemos decidido que ningún individuo debería sufrir discriminación o estigma por su preferencia por personas del mismo sexo, del opuesto o de ambos”.

Javier Yanes

@yanes68

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