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12 febrero 2021

La vuelta al mundo de la vacuna

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Hace 225 años, Edward Jenner administró la que se considera la primera vacuna científica. El método perfeccionado por el británico traía la salvación contra la viruela, una amenaza que llegaba a matar a casi uno de cada tres infectados. Médicos como el suizo Jean de Carro se ocuparon de llevarla por Europa y hacia Oriente, mientras que la mayor expansión de la vacuna por el mundo fue obra de la primera expedición sanitaria internacional de la historia, promovida por la Corona de España. Una gesta audaz y monumental que el propio Jenner calificó como el ejemplo de filantropía más noble jamás emprendido, y que estuvo bajo el mando del médico militar Francisco Xavier Balmis y Berenguer.

Como a otros países europeos, la vacuna llegó prontamente a España tras los experimentos de Jenner. Entre quienes la abrazaron de inmediato se encontraba el propio rey, Carlos IV. Como el resto de la población, había padecido varios casos de viruela en su familia, lo que atrajo su interés hacia la vacunación de Jenner tan pronto como supo de ella. En 1800 la vacuna ya estaba ampliamente disponible en España. Movido por el espíritu de la Ilustración, el monarca decidió llevar la vacuna a las posesiones españolas de ultramar, tratando en cierto modo de compensar una culpa histórica: tres siglos antes, la colonización española había sembrado la viruela en América, con resultados tan catastróficos que esta enfermedad facilitó el declive de las civilizaciones inca y azteca. En 1803 el rey firmaba la orden de extender la vacuna al Nuevo Mundo, coincidiendo con un brote de la enfermedad en Santa Fe de Bogotá.

21 niños gallegos huérfanos e Isabel Zendal

Para dirigir la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna se seleccionó al alicantino Balmis (2 de diciembre de 1753 – 12 de febrero de 1819), un experto en vacunología que ya había ejercido en los territorios de ultramar. Bajo su mando se eligió como segundo al cirujano catalán José Salvany y Lleopart. Completaban la expedición tres cirujanos ayudantes, dos practicantes, dos enfermeros y, sobre todo, 21 niños gallegos huérfanos de entre 3 y 9 años al cuidado de la rectora de la Casa de Expósitos de la Coruña, la enfermera Isabel Zendal Gómez, única mujer de la expedición, que añadió a su propio hijo. La expedición zarpó de la Coruña a bordo de la corbeta María Pita el 30 de noviembre de 1803.

BBVA-OpenMind-Materia-La vuelta al mundo de la vacuna-2-La corbeta María Pita zarpó de la Coruña el 30 de noviembre de 1803. Autor: Francisco Pérez
La corbeta María Pita zarpó de la Coruña el 30 de noviembre de 1803. Autor: Francisco Pérez

La presencia de los 22 niños vacuníferos venía obligada por el procedimiento ideado por Jenner. Si bien el inglés no fue realmente quien primero utilizó la viruela bovina para inmunizar contra la humana, sí fueron suyas las contribuciones científicas iniciales, incluyendo el método “de brazo a brazo” que permitía prescindir de las vacas, empleando en su lugar material recogido de personas previamente vacunadas. Jenner estudió la conservación de la llamada “linfa” de la vacuna, el fluido de las pústulas que aparecían tras la vacunación, sellándolo entre placas de vidrio o secándolo en hilos de seda. De este segundo modo, la vacuna de Jenner cruzó por primera vez el Atlántico a Terranova en 1800. Sin embargo, según la inmunóloga Catherine Mark y el médico José G. Rigau-Pérez, “estos métodos de conservación eran poco fiables en viajes y climas cálidos”. Para una empresa como la concebida por Balmis, el método de brazo a brazo de Jenner era una mejor opción: los niños no expuestos previamente a la viruela bovina o humana actuarían como reservorios de la vacuna.

Así, la linfa se transportó en los brazos de los pequeños mediante una carrera vírica de relevos: dos niños fueron vacunados antes del viaje; a los nueve o diez días, se extraía la linfa de sus pústulas para vacunar a otros dos, y así sucesivamente. Los niños fueron “bien tratados, mantenidos y educados”, tal como rezaban las normas de la expedición; según Mark y Rigau-Pérez, “la cadena de vacunación dependía de su salud, y su apariencia tenía que impresionar favorablemente a los padres de los que iban a ser vacunados”.

BBVA-OpenMind-Materia-La vuelta al mundo de la vacuna-3-Monumento a Isabel Zendal en A Coruña. Crédito: Jglamela
Monumento a Isabel Zendal en A Coruña. Crédito: Jglamela

Tras una etapa de un mes en Canarias, la María Pita cruzó el Atlántico para encontrarse con unos comienzos poco prometedores: en Puerto Rico, la primera escala americana en febrero de 1804, la expedición se encontró con que allí ya se había emprendido una campaña de vacunación, lo que llevó a una confrontación entre Balmis y las autoridades locales. Por causa de este contratiempo, cuando por fin al mes siguiente la nave prosiguió viaje a la actual Venezuela, solo uno de los niños aún presentaba una única pústula de la que extraer la linfa. Afortunadamente, bastó para reiniciar la cadena en América y administrar 12.000 vacunas.

Las dos ramas de la expedición

La expedición se dividió entonces en dos ramas: Balmis continuó hacia el norte, a La Habana (Cuba), donde descubrió que también la vacuna ya había llegado, y al actual México, donde vacunó a unas 100.000 personas antes de zarpar a bordo del navío Magallanes en una nueva travesía a través del Pacífico con destino a Filipinas, previo reclutamiento de 26 niños mexicanos. “Los padres confiaron a sus hijos a la expedición por una compensación monetaria y la promesa de que serían devueltos”, escriben Mark y Rigau-Pérez. “Las condiciones a bordo eran deplorables, con camarotes sucios y atestados y raciones míseras; solo la generosidad de otros pasajeros y una travesía rápida permitieron a la expedición evitar el desastre”. Por su parte, Salvany emprendió un penoso periplo por selvas y montañas hacia las actuales Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, donde administró la vacuna a más de 200.000 personas.

BBVA-OpenMind-Materia-La vuelta al mundo de la vacuna-4-Grabado de Balmís por Elías Corona. Fuente: balmis.org
Grabado de Balmís por Elías Corona. Fuente: balmis.org

Ante el éxito rotundo de la expedición, que en Filipinas puso otras 20.000 vacunas, Balmis decidió después recalar en China, extendiendo la vacunación en Macao y Cantón, para luego entregarla a las autoridades británicas de la isla de Santa Elena y regresar finalmente a Lisboa el 14 de agosto de 1806. Salvany continuaría su labor en el entonces Virreinato del Perú, hasta su muerte por enfermedad en Cochabamba (Bolivia) en 1810, si bien la campaña por él iniciada prosiguió hasta 1812, llegando hasta la Patagonia. Zendal y su hijo se establecieron en Puebla, México, país en el que también quedaron los demás “galleguitos” supervivientes.

Para Mark y Rigau-Pérez, la expedición Balmis no solo fue un extraordinario éxito sanitario, sino también de gestión y administrativo, algo que la diferenció de otras campañas masivas de vacunación de su época; “hizo uso de mecanismos que, con el tiempo, se considerarían componentes esenciales de una campaña de vacunación efectiva”. Y todo ello atravesando inmensas dificultades, incluyendo la resistencia de algunas autoridades locales, los intereses económicos de sanadores que negociaban con sus tratamientos y una versión temprana del movimiento antivacunas: en un pueblo de Perú llegaron a acusar a Salvany de ser el Anticristo.

BBVA-OpenMind-Materia-La vuelta al mundo de la vacuna-5-Balmis continuó hacia el norte, Cuba y el actual México, antes de zarpar en una nueva travesía con destino a Filipinas. Crédito: balmis.org
Balmis continuó hacia el norte, Cuba y el actual México, antes de zarpar en una nueva travesía con destino a Filipinas. Crédito: balmis.org

Cerca de 170 años debieron transcurrir desde el fin de la expedición Balmis hasta que en 1980 la Organización Mundial de la Salud declaró erradicada la viruela en todo el mundo, tras una campaña global de vacunación que curiosamente ya no empleó el virus de la viruela bovina de Jenner, sino el virus vaccinia, un pariente cercano. Si suele decirse que la ciencia avanza a hombros de gigantes, este logro histórico de la humanidad no solo se ha apoyado en los de Balmis, Salvany, Zendal y el resto del equipo médico, sino también en los de un total de 62 pequeños gigantes, cuatro de los cuales dejaron sus vidas en el viaje, cuya humilde contribución involuntaria salvó a millones de la mayor plaga de su época. 

Javier Yanes

@yanes68

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