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18 diciembre 2018

‘Gadgets’ con mucho gusto

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“¿Sabes? Sé que este filete no existe. Sé que cuando me lo meto en la boca es Matrix la que le está diciendo a mi cerebro: es bueno…” Muchos reconocerán esta frase de la icónica película Matrix; es una idea de la ciencia ficción que cada vez está más cerca de convertirse en realidad. Aunque no es gracias a Matrix, sino al empleo combinado de una serie de gadgets y dispositivos de reciente creación que son capaces de estimular y engañar a nuestros sentidos: desde copas y cubiertos inteligentes hasta cascos de realidad virtual y alimentos que no son lo que parecen.

Unlimited electric gum: el pseudochicle eléctrico

Bajo su apariencia de chicle, el que ha sido bautizado como Unlimited Electric Gum (chicle eléctrico ilimitado) es en realidad una lámina de un material piezoeléctrico con electrodos, envuelta en una fina cubierta de plástico.

La piezoelectricidad es una propiedad de ciertos materiales que se cargan eléctricamente al ser sometidos a un esfuerzo mecánico. En el caso de esta goma de mascar eléctrica, al masticarla libera pequeñas corrientes o descargas que estimulan los receptores gustativos de la lengua. Gracias a ello, se pretende que mimetice o simule una gran variedad de sabores. De momento solo se ha conseguido que imite el sabor salado y el amargo, pero los investigadores de la Universidad de Meiji (Japón) que lo han creado no dudan que, más pronto que tarde, podrán modularlo para replicar muchos más gustos. Y tiene la ventaja añadida de que —al contrario que los auténticos chicles— no pierde el sabor cuando se mastica.

Es fácil intuir algunos posibles usos para este dispositivo; por ejemplo, como herramienta para probar y descubrir nuevos sabores. Pero sobre todo, se le adivinan interesantes aplicaciones médicas y nutricionales, como alternativa a las golosinas azucaradas para prevenir las caries o como mecanismo de control del apetito para las personas que siguen una dieta.

Vocktail

Vocktail es una copa de cóctel inteligente que promete convertir un simple trago de agua en cualquier bebida que el usuario desee a través de una experiencia multisensorial; y con la ventaja añadida de ser 0,0 (0% de alcohol y 0 calorías). Para ello dispone de una serie de dispositivos capaces de actuar sobre los principales sentidos implicados en la degustación de la bebida: la vista, el olfato y el gusto. Una luz LED ubicada en la base de la copa modifica su color y un pequeño tubo en el lateral libera diferentes aromas y (si se desea una bebida espumosa) corrientes de burbujas. Finalmente, los electrodos situados en el borde estimulan los receptores gustativos de la lengua a fin de que percibamos diferentes sabores: dulce, ácido, amargo…

Inventado por un equipo de la Universidad Nacional de Singapur bajo la dirección de Nimesha Ranasinghe (actualmente en la Universidad de Maine en EEUU), el Vocktail se puede manejar a través del smartphone, gracias a una aplicación que permite al consumidor personalizar la bebida.

Palillos chinos y cuencos electroestimulantes

El mismo equipo de la Universidad Nacional de Singapur que ha creado Vocktail ha inventado también unos futuristas palillos chinos y un cuenco para sopa que prometen convertir el más insulso bocado en algo tan bueno como el filete de Matrix. El efecto se produce gracias a unos diminutos electrodos en el extremo de los palillos y en el borde del cuenco que estimulan los receptores gustativos de la lengua con pequeñas descargas eléctricas. De momento, el sabor solo dura el tiempo que el artilugio permanece en contacto con la lengua; una vez que se retira, el bocado recupera su insipidez original. Los investigadores aseguran que esta limitación es provisional y ya trabajan para subsanarla.

Palillos y cuencos electroestimulantes. Crédito: Universidad Nacional de Singapur

De nuevo, la principal aplicación que se vislumbra es facilitar una dieta más saludable, ya que, por ejemplo, se elimina la necesidad de añadir sal o azúcar a los alimentos. Con el tiempo, quizá estos aparatos logren hacernos creer que disfrutamos de una irresistible loncha de grasiento beicon cuando en realidad mordisqueamos un trozo de saludable pero insípido tofu.

Palillos chinos inteligentes

Los anteriores no son los primeros palillos inteligentes. Este honor corresponde a los que presentó en 2014 la compañía china Baidu, aunque en este caso su función no es simular, aumentar o estimular los sabores. En lugar de esto, lo que hacen es aportar información nutricional y, sobre todo, detectar posibles fuentes de intoxicación y contaminación en el alimento, iluminándose para advertir sobre ello.

El prototipo inicial estaba diseñado específicamente para detectar si el alimento había sido cocinado usando aceite reutilizado de forma excesiva, que puede contener subproductos tóxicos por la degradación térmica de los ácidos grasos. La compañía tiene previsto que posteriores versiones puedan medir los niveles de sal y otros nutrientes, así como estimar las calorías y detectar la presencia de más contaminantes y compuestos tóxicos.

Los primeros palillos inteligentes fueron los de la compañía china Baidu. Crédito: Baidu

Lo curioso es que la idea original era crear un gadget destinado al April Fools’ Day –el equivalente anglosajón del Día de los Inocentes– con la intención de alarmar al inocente de turno cuando los palillos se encendiesen anunciando una supuesta toxicidad; una broma cuyo fundamento resultaba tan trascendente que acabó por convertirse en un proyecto de lo más serio.

Cascos de realidad virtual

“Cuando comemos no solo percibimos el sabor y el olor de la comida, sino que también recibimos otros estímulos del entorno a través de los ojos, los oídos e incluso los recuerdos”. Esta es, en palabras de uno de sus responsables, la premisa de partida de una experiencia piloto puesta en marcha en 2018 por investigadores de la Universidad de Cornell (EEUU), consistente en comprobar cómo el empleo de un casco de realidad virtual capaz de trasladarnos a diferentes escenarios ficticios afecta a nuestra percepción de la comida.

Investigadores de la Universidad de Cornell comprobaron con un casco de realidad virtual como el entorno afecta a nuestra percepción de la comida. Crédito: Bruce Mars

En el experimento original, un grupo de voluntarios equipados con estos cascos tenía que catar y valorar trozos de queso (todos cortados de la misma cuña) en tres escenarios virtuales: un laboratorio, un banco en un parque y un establo. Los resultados no ofrecieron lugar a dudas: hubo coincidencia en que el queso catado en el establo presentaba un sabor más potente e intenso.

Biorreactores para agricultura celular

Comer, hay que comer. Pero, ¿qué? Es más que posible que la comida del futuro sea el fruto de la denominada agricultura celular; esto es, el cultivo in vitro de células musculares —junto con células grasas para mejorar la textura y la palatabilidad— a partir de células madre extraídas de animales jóvenes. Estas células se introducen en un biorreactor lleno de un medio de cultivo con azúcares y aminoácidos que mimetiza las condiciones del organismo.

La presentación de la primera hamburguesa cultivada del mundo se hizo en una conferencia de prensa en Londres el 5 de agosto de 2013. Crédito: World Economic Forum

El objetivo es estimular el proceso de división y fusión celular por el que se fabrican las fibras musculares. Cada una de estas células madre puede dar lugar a 75 generaciones de células en tres meses, lo que en teoría produciría suficiente tejido muscular para elaborar millones de hamburguesas de carne cultivada. La máquina FLDSMDFR, que atiborraba a los personajes de la película Lluvia de albóndigas, ya no resulta tan increíble.

Miguel Barral

@migbarral

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