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Artículo del libro La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos

El mundo arabomusulmán y la geopolítica mundial: factores endógenos frente a factores exógenos

Cooperación | Democracia | Perplejidad | Política Exterior | Relaciones Internacionales
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Este artículo se involucra, de forma crítica, en la historia y la geopolítica del mundo arabomusulmán. Analiza las políticas y los conocimientos neurocientíficos sobre el liderazgo en el sí del proceso histórico y transmite un conocimiento más integral de los factores endógenos y exógenosque han modelado y siguen dando forma a la región. Explora un camino a seguir para establecer unos paradigmas de gobierno sostenibles, seguros y prósperos en cada área de la zona y globalmente defiende la necesidad de un reconocimiento más exhaustivo de las contribuciones del mundo arabomusulmán a la civilización humana. Aboga para dar más relevancia al «modelo de civilización humana oceánica», en el que las culturas están interconectadas, son acumulativas y donde no surgen culturas «ex nihilo», desde la nada.

Antecedentes

En los primeros años del siglo XX se hacía referencia frecuentemente a la región de los Balcanes como «el polvorín de Europa». Las hostilidades en la región, los sentimientos nacionalistas emergentes en los estados recién independizados y la injerencia de las grandes potencias implicaron que en la región bullera la discordia. Estas tensiones alcanzaron un punto álgido que al final desembocó en una conflagración; la Primera Guerra Mundial empezó tras el asesinato del archiduque austrohúngaro Francisco Fernando por parte de Gavrilo Princip, un nacionalista bosnio.

Ningún conflicto en el mundo arabomusulmán ha iniciado nunca una contienda mundial de la magnitud de la primera o la segunda guerras mundiales, pero la región ha estado en el centro de la política mundial y ha sido un hervidero de demostraciones de poder desde los primeros años del siglo XX hasta el XXI.

De hecho, pocos de los conflictos del mundo arabomusulmán de las últimas seis décadas han sido locales, a pesar de no intensificarse hasta convertirse en una conflagración «mundial» en toda regla. Sin embargo, han involucrado a actores internos y externos y han tenido unos costes humanos y materiales inmensos, con efectos colaterales en todo el planeta. El número de víctimas y la gravedad de las heridas y la destrucción fruto de las guerras e invasiones sucesivas en la región son de tal magnitud que resultan prácticamente imposibles de cuantificar. Hay algo cierto, y es el hecho de que el mundo arabomusulmán no ha ocupado más que una posición marginal en la política internacional, cuando la geopolítica de dicho mundo está profundamente ligada a la política mundial y tiene implicaciones mucho más allá de las fronteras de la región.

Ya he analizado anteriormente la historia de la región en el pasado siglo y el proceso por el cual el mundo arabomusulmán ha sido debilitado, mediante la identificación de «puntos de inflexión» críticos. He encontrado seis de ellos a lo largo del último siglo: 1) 1915-1922, cuando el mundo árabe fue dividido por las potencias coloniales; 2) la retirada británica de Palestina y el surgimiento de la cuestión palestina; 3) la guerra de 1967 y la derrota árabe; 4) la revolución iraní de 1979 y sus efectos posteriores en la política de la región; 5) 1987-1991, un intervalo crítico en el que comenzaron la intifada palestina y la primera guerra del Golfo, y 6) el 11 de septiembre de 2001, los ataques contra Estados Unidos y la invasión, por parte de este último país, de Afganistán y después de Irak.1 La serie de manifestaciones y revueltas políticas conocidas como la Primavera Árabe, que empezaron a finales de 2010 y acabaron por conducir a una de las mayores (y más negativas) transformaciones de la región tras su descolonización, podrían ser consideradas un séptimo punto de inflexión crítico. Al intentar comprender qué ha moldeado la geopolítica de la región, es crucial examinar su historia y el tipo de déficits de dignidad que persisten en grados diversos en la zona.

El mundo arabomusulman no es homogéneo, son estados soberanos diferentes, con iderazgos distintos y. a veces, con enfoques y objetivos divergentes.

En el punto álgido de la crisis de Suez de 1956, el historiador Albert Hourani escribió que «quien gobierna Oriente Próximo gobierna el mundo, y quien tiene intereses en el mundo está obligado a preocuparse de Oriente Próximo».2

Esto recuerda a la regla geopolítica formulada previamente por Harold Mackinder en su famosa «teoría de la Región Cardial» al referirse a los pivotes geopolíticos.3 En 1919, tras la Primera Guerra Mundial, había escrito que «quien gobierne Europa del Este gobernará la Región Cardial [Eurasia], y quien gobierne la Región Cardial gobernará la Isla Mundial [toda Europa y Asia] y el mundo».

En la actualidad cabría parafrasear este enunciado y establecer un tipo distinto de máxima: «Un actor con un interés particular en el conflicto sirio tiene un interés en la geopolítica global, y quienquiera que desee conservar un liderazgo regional o global debe implicarse en la resolución del conflicto sirio». Sin embargo, basarse en máximas como esta puede dar lugar a falacias o a puntos de vista deterministas sobre la política mundial. La validez de las fórmulas geopolíticas rara vez dura más de algunas décadas antes de que surjan nuevos actores y se produzcan cambios en el poder. Por lo tanto, podría decirse que el ascendiente de China desplazó la zona de interés más al este, pero con eso no queremos decir que la geopolítica de la región arabomusulmana se convirtiera en un mero problema regional. Al igual que en el pasado, el mundo arabomusulmán tiene una enorme importancia para la política mundial.

El objetivo de este ensayo es destacar algunas de las tendencias clave en la región y echar un vistazo a los factores endógenos y exógenos que han moldeado este territorio en los últimos años y que siguen haciéndolo en la actualidad, a fin de reflexionar sobre el rumbo general en el presente y con vistas a los próximos años.

Una nota sobre terminología: se prefiere aquí el término «arabomusulmán» a «Oriente Medio», ya que incluye una región más amplia, y no solo el grupo de países de esa zona geográfica.

El mundo arabomusulmán no es, en modo alguno, una entidad homogénea. Túnez, Irak, Jordania y Arabia Saudí son estados soberanos diferentes, con estructuras de liderazgo distintas y, a veces, con objetivos y enfoques divergentes en materia de política exterior. La región está, no obstante, muy fuertemente unida debido a vínculos históricos, culturales y políticos, además de por una historia de movimientos y tendencias panárabes y panislámicos.

Una idea controvertida

En un ensayo publicado en la revista Foreign Affairs en julio de 1960, el historiador Roderic H. Davison preguntaba: «¿Dónde está Oriente Medio?», y respondía así a su pregunta: «El hecho sigue siendo que nadie sabe dónde está Oriente Medio, aunque muchos afirman saberlo». De hecho, tras la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos se involucró rápidamente en una serie de crisis en Suez, Bagdad, Argelia y Líbano, todos ellos territorios agrupados bajo la etiqueta «Oriente Medio».4

La definición inequívoca de «Oriente Medio» ha resultado polémica y divisoria, y la selección de países que forman parte de él ha sido bastante arbitraria. El imperialismo europeo materializó en primer lugar una idea geográfica de «Oriente Próximo», pero los primeros años del siglo XX condujeron a la aparición de una nueva región geopolítica, «Oriente Medio», término acuñado por un oficial de la marina estadounidense, el capitán Alfred Thayer Mahan. Desde su punto de vista, no obstante, esta región tenía unas fronteras vagamente definidas, incluida, de modo indeterminado, el área entre Suez y Singapur.5 Más adelante, «Oriente» fue dividido en «Próximo», «Medio» y «Lejano», principalmente como resultado de la estrategia británica. Tras la Primera Guerra Mundial se estableció un trazado algo más claro en virtud del cual Oriente Próximo solo incluía a los Balcanes, una decisión tomada por la Comisión Permanente de Topónimos de la Real Sociedad Geográfica británica. La porción de tierra que iba desde el Bósforo hasta el este de la India recibiría el nombre de «Oriente Medio». Winston Churchill, que se convirtió en secretario de Estado de las Colonias en 1921, creó un Departamento para Oriente Medio en el Colonial Office y desempeñó un papel crucial en cómo se dividió la región y en el futuro de Palestina, Transjordania e Irak. En cualquier caso, el nuevo replanteamiento de Oriente Medio generó algo de confusión a los estadounidenses, que durante un tiempo siguieron usando el concepto tal y como había sido definido antes. Incluso en el caso de Gran Bretaña, la nueva interpretación sobre dónde empezaba y acababa Oriente Medio fue una definición ampliamente aceptada en la Real Fuerza Aérea británica.

Un siglo turbulento

Para comprender la geopolítica del mundo arabomusulmán es necesario realizar una incursión en su turbulenta historia en el siglo XX.

Durante la Primera Guerra Mundial, el mayor punto de desacuerdo entre Francia y Gran Bretaña obedeció a las reclamaciones de los franceses sobre la Siria otomana. Aun así, concentrada en la guerra de trincheras en el frente occidental, Francia encontró muy difícil asegurarse el control sobre sus esferas de influencia en Oriente Medio, y observaba con aprensión la creciente implicación de Gran Bretaña en la región.

En mayo de 1916, un acto de profunda importancia histórica y simbólica fue la conclusión de un acuerdo secreto que dividió la mayor parte de Oriente Medio entre las dos potencias, el Tratado de Sykes-Picot. Este documento de guerra extremadamente controvertido era una ilustración perfecta de la intromisión en la región de potencias extranjeras, que se repartieron zonas de control e influencia. Francia obtuvo el derecho a controlar Siria como zona de «control directo», una región que se extendía a lo largo de la costa siria, desde el sur de Líbano hasta Anatolia. Además, también se le concedió el derecho al control indirecto del interior de Siria. Gran Bretaña afianzó su posición en Irak y obtuvo el derecho al control directo de la zona sur de Mesopotamia, además de una enorme porción de control indirecto desde Gaza hasta Kirkuk (en el actual Irak).6

Este tratado infame es considerado un acto de traición de proporciones históricas. Constituyó una violación especialmente importante de la promesa hecha en un principio a Sharif Husayn ibn Ali, el emir de La Meca, que había planeado crear un Estado árabe independiente una vez que la guerra hubiera acabado. En los intercambios de notas con Henry McMahon, el alto comisionado británico en Egipto, se le dijo a Husayn que la zona al oeste de Damasco, Homs, Hama y Alepo no podía ser incluida en su propuesta porque los habitantes de esas áreas no eran «puramente árabes», una afirmación que Husayn rechazó con vehemencia.7

Otro momento de importancia histórica fue la Declaración Balfour de 1917, uno de los documentos más controvertidos que moldearon las relaciones entre las potencias occidentales y el mundo arabomusulmán. En un sucinto texto de 67 palabras, la declaración proclamaba que «el Gobierno de Su Majestad considera favorablemente el establecimiento, en Palestina, de un hogar nacional para el pueblo judío, y hará lo necesario para facilitar la consecución de este objetivo». En una estrambótica muestra de poderío colonial y doble juego, «una nación estaba prometiendo a otra nación la tierra de una tercera nación».8

Tras la Primera Guerra Mundial, Oriente Medio se convirtió en una región caracterizada por una complejidad enorme también debido al hecho de que el núcleo de un orden social y político de cuatrocientos años de antigüedad, el Imperio otomano, fue fragmentado de la noche a la mañana: en Turquía y otros cinco estados árabes (Siria, Líbano, Palestina, Irak y Transjordania). Sin embargo, el control extranjero en la región era desenfrenado y, por lo tanto, de las diez naciones de esta zona, solo Turquía, Irán, Arabia Saudí y Yemen ejercieron una soberanía plena durante los años de entreguerras.9 Como resultado de ello, no solo no se satisfizo la promesa de un Estado árabe, sino que la región se vio dividida y sujeta a la influencia externa. El control imperialista sobre la región fue breve en comparación con la experiencia colonial en Asia, África o Latinoamérica. Al cabo de una década o dos, los antiguos territorios otomanos obtuvieron la independencia: Irak en 1932, Egipto en 1936 (tras el Tratado Angloegipcio), Siria y Líbano en 1943 y 1946, y Jordania en 1946. Con todo, los efectos fueron profundos y duraderos. Tras ello tuvo lugar un proceso masivo de cambios sociales y políticos.10

A partir de 1914, en el Golfo, el petróleo se hizo cada vez más importante.

Para empezar, las potencias coloniales empezaron a interesarse más por el petróleo. Antes de la Primera Guerra Mundial, las prospecciones se habían limitado a Irán y a lo que hoy es el norte de Irak, pero a medida que la marina británica emprendió la transición del carbón al petróleo a partir de 1914 y la disponibilidad de crudo en el Golfo se hizo evidente (además del hecho de que su transporte era relativamente seguro), el petróleo se volvió cada vez más importante. En esta época, además del dominio británico en la región, Francia ejercía un firme control de Siria y Líbano (junto con la zona que controlaba en el norte de África), e Italia también se estaba interesando en esta amplia región; ocupó Etiopía en 1935 como parte de sus ambiciones imperialistas («África Italiana»).11 Por entonces, el interés de la Unión Soviética y Estados Unidos en la región de Oriente Medio seguía siendo bastante limitado.

La Unión Soviética, recientemente creada en 1922, mostró su apoyo a lo que parecían ser revoluciones de inspiración bolchevique en el norte de Irán y a algunos movimientos radicales en Turquía. Sin embargo, en líneas generales, la URSS se encontraba en los márgenes del mundo arabomusulmán y mostraba una mayor inclinación por buscar la paz con los regímenes nacionalistas a lo largo de su frontera sur (Turquía, Irán y Afganistán) y por impermeabilizar Oriente Medio, una situación que prosiguió hasta finales de la década de 1980. Por otro lado, Estados Unidos tenía unos intereses militares y políticos muy limitados por el mundo arabomusulmán en esa época, aunque cabe destacar que bajo el mandato del presidente Wilson desempeñó un papel clave en la fundación de la Sociedad de Naciones y, con ella, del sistema de fideicomiso que permitió a Francia y Gran Bretaña asumir el control de grandes franjas de la región.12

Sin embargo, no se puede culpar a estas maquinaciones extranjeras de todos los males de la región, y resulta fundamental destacar algunos otros acontecimientos de naturaleza endógena, o que afectan a la política regional, en lugar de a la implicación directa de las potencias extranjeras. Los años de entreguerras fueron testigo sobre todo de cambios profundos en el interior de los estados. La más importante de estas transiciones fue la creación de instituciones propias de estados modernos, dirigidas por gobiernos nacionalistas, y de sectores públicos muy expansivos que dieron empleo a un gran número de personas, incluidas las fuerzas armadas. Un acontecimiento análogo fue el proceso de construcción de naciones y la forja de identidades nacionales, pero esta tarea fue inmensamente complicada a causa de las fronteras torpemente dibujadas, que no tenían en cuenta a los grupos étnicos o las relaciones socioeconómicas anteriores y la geopolítica regional.

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Mujeres egipcias protestan cerca de la plaza Tahrir en 2013 contra la violencia.

Irak, por ejemplo, fue uno de los experimentos británicos más desafortunados, ya que las fronteras del nuevo Estado fueron las más arbitrarias de todos los territorios en el mundo árabe posterior al Imperio otomano. Este caso histórico es relevante no solo para ejemplificar el nivel de la interferencia británica en Oriente Medio, sino también para explicar algunos de los desafíos recientes del país a la hora de alcanzar la estabilidad social y política. En tiempos de los otomanos, Mesopotamia había sido administrada en forma de tres provincias distintas. La parte norte de Mosul estaba vinculada con Anatolia y con la Gran Siria, mientras que la región sur de Bagdad tenía fuertes vínculos comerciales con Irán y el sudoeste. Basora, en el sur, mantenía más lazos con el golfo Pérsico y relaciones comerciales con regiones tan remotas como India. Cuando en 1920 se convirtieron en el Estado de Irak, bajo mandato británico, estas regiones no podían considerarse una comunidad política «en ningún sentido del término».13 Además, aunque la población estaba integrada por una amplia mayoría árabe (alrededor de un 80 por ciento de árabes y un 20 por ciento de kurdos), los árabes estaban divididos en facciones religiosas; más de la mitad de ellos eran chiíes y el resto, suníes.

Otro acontecimiento importante en varios países en esos años fue el proceso de secularización, que se enfrentó a una gran resistencia y a contramedidas dirigidas a un retorno a valores más tradicionales. La manifestación más potente de este movimiento fue la Sociedad de los Hermanos Musulmanes, fundada en Egipto en 1928, como reacción a las tendencias secularizadoras en Turquía y el mundo árabe. La Sociedad de los Hermanos Musulmanes fue pacífica en sus orígenes, pero más adelante recurrió a tácticas más violentas.

Los numerosos problemas sociales y políticos de todo el mundo arabomusulmán en los años de entreguerras y después, durante la Segunda Guerra Mundial, indicaban simplemente que, aunque estaban dando pasos hacia la condición de nación y la plena independencia, la influencia extranjera y los juegos de poder difícilmente eran cosa del pasado.

La mala gestión interna tampoco debería ser minimizada. Además, algunos de los países de la región tenían algunas ambiciones políticas propias, lo que se añadía a la complicada situación geopolítica del mundo arabomusulmán. Egipto, por ejemplo, tenía puesto el ojo en Sudán (en virtud de una antigua reclamación sobre la unidad del valle del Nilo), e Irak estaba especialmente interesado en el conjunto de la zona del «Fértil Creciente». Empezó a surgir, no obstante, un objetivo político común en forma de apoyo a Palestina, lo que más adelante, en marzo de 1945, dio lugar a la formación de la Liga de Estados Árabes, cuyo cuartel general estaba en El Cairo. Juntos, los países de la Liga Árabe se opusieron vehementemente a la partición de Palestina y al masivo desarraigo de la población palestina árabe como resultado de la creación del Estado de Israel.

Un sentido de solidaridad y de destino compartido unió al mundo árabe a pesar del fracaso a la hora de evitar el surgimiento de Israel. La Guerra Fría trajo consigo nuevos retos y una cantidad creciente de nuevos actores en el mundo arabomusulmán. También conllevó oleadas de turbulencias políticas, crisis militares y golpes de Estado que involucraron de diversas formas a potencias extranjeras. Estados Unidos estaba principalmente interesado en Oriente Medio a través del prisma de su conflicto con la URSS, pero, aun así, sus intereses políticos y económicos no se superpusieron por completo. Estaban especialmente interesados en Israel debido a intereses políticos y estratégicos, y en la península Arábiga por intereses económicos (es decir, el petróleo). La Unión Soviética, por otro lado, estableció alianzas con algunos regímenes árabes, pero, en general, estuvo menos interesada en la región. En particular, la URSS era el mayor productor de petróleo en la década de 1970 (se estima que 12 millones de barriles al día).14

Antes de su colapso en 1988, estaba produciendo la cantidad récord de 12,5 millones de barriles diarios.15

Con esto no quiero restarle importancia a la implicación y los intereses de actores extranjeros en el mundo arabomusulmán durante la Guerra Fría. Tras la Segunda Guerra Mundial, varios países de la región obtuvieron la independencia, pero a otros les llevó más décadas conseguirla; Túnez y Marruecos la obtuvieron de Francia en 1956, y Argelia les siguió en 1962.

En 1952 la revolución en Egipto, dirigida por un grupo de oficiales del ejército (los llamados «Oficiales Libres») comandados por Gamal Abdel Nasser, derrocó el gobierno del rey y proclamó la república. La crisis de Suez de 1956 fue un punto de inflexión; ese año Nasser nacionalizó el canal de Suez, construido con mano de obra egipcia, dirigido por una compañía francesa y utilizado por el Imperio británico. Este suceso dio lugar a una crisis mundial, a una acción militar por parte de los franceses, los británicos y los israelíes y, por último, a un alto el fuego respaldado por Naciones Unidas.

Sin embargo, y de lejos, la mayor y más visible de la serie de crisis en el mundo arabomusulmán durante la Guerra Fría, y que sigue teniendo relevancia en la política actual, fue el conflicto árabe-israelí. En 1967, en un ataque preventivo, Israel derrotó la ofensiva militar conjunta de Egipto, Siria y Jordania, lo cual dejó recuerdos duraderos en la región. Asestó un fuerte golpe al nacionalismo árabe y a su prestigio (y, en cierto grado, provocó el deterioro de las relaciones entre los estados árabes y la URSS; por ejemplo, Egipto canceló más adelante su Tratado de Amistad con los soviéticos), avivó el nacionalismo palestino e Israel continuó con sus acciones ofensivas para afianzar su posición en la región. Como estaba quedando claro que Israel tenía un fuerte aliado en Estados Unidos, invadió Líbano en junio de 1982 con el visto bueno tácito de Reagan, que aprobaba firmemente las acciones para «ir a por» los aliados de la Unión Soviética, como Siria y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP16). Siria mantuvo, no obstante, unas relaciones más cercanas con la URSS hasta el final de la Guerra Fría (y también después).

Un sentido de solidaridad y de destino compartido unió al mundo árabe a pesar  del fracaso a la hora de evitar el surgimiento de Israel.

Se dieron diversas desavenencias regionales tras los acuerdos de Camp David de 1978. Una parte de dicho acuerdo era un tratado de paz entre Egipto e Israel que le costó a Egipto las relaciones con sus aliados árabes. Fue expulsado al poco tiempo de la Liga Árabe, cuyo cuartel general fue trasladado a Túnez. Además, Egipto dejó de recibir subsidios por parte de sus vecinos productores de petróleo y ello hizo que dependiera de Occidente. El presidente egipcio Sadat fue volviéndose cada vez más impopular. A medida que las tensiones sociales crecían en el país, los Hermanos Musulmanes, a los que se había permitido reanudar sus actividades, obtuvieron un éxito considerable en sus campañas de reclutamiento. Otras organizaciones militantes también se mostraban cada vez más activas, lo cual dio lugar a que Sadat tuviera que emprender acciones y ordenar encarcelamientos en masa en septiembre de 1981.17 Poco después, en octubre, fue asesinado por miembros de los Hermanos Musulmanes y le sucedió Hosni Mubarak, que gobernó Egipto hasta 2011.

Las políticas nacionales fueron turbulentas en la mayoría de los estados arabomusulmanes durante los años de la Guerra Fría. Líbano sufrió una guerra civil entre 1975 y 1990 a la que contribuyeron factores endógenos y exógenos. Los cambios demográficos y una estructura social muy fragmentada y sectaria frustraron a muchos libaneses musulmanes, que se quejaban de la brecha en la representación entre cristianos y musulmanes a pesar de que estos últimos eran más numerosos. Entonces se añadieron factores exógenos a la dramática destrucción fruto de la guerra. Israel invadió Líbano en 1982 y exacerbó la crisis política durante más de una década. Siria e Irak experimentaron unos años de inestabilidad y consolidaron unos regímenes brutalmente autoritarios.

Los excesos de los gobiernos se manifestaron de muchas formas. El partido Baaz de Siria nacionalizó más de cien compañías en 1965 y empezó a expropiar y redistribuir tierra privada. En 1970, cuando Háfez al-Ásad tomó el poder por la fuerza, el principal producto exportado era el algodón, y la economía tenía un fuerte componente agrícola. El régimen pronto empezó a nacionalizar empresas, plantas industriales e infraestructuras. Durante algún tiempo, la economía registró un auge que no pudo mantenerse durante mucho tiempo, y al cabo de poco el país tuvo que importar enormes cantidades de alimentos. El sistema era profundamente corrupto y el clientelismo y el nepotismo campaban a sus anchas, dando lugar a un sector público poco profesional. Por ejemplo, a los miembros del partido Baaz que tenían que ser recompensados por su lealtad se les ofrecieron puestos en el sector agrícola y se les otorgó poder para tomar decisiones sobre aspectos técnicos, como por ejemplo la rotación de cultivos, algo en lo que no tenían competencia. En materia de política exterior, el régimen de Al-Ásad se enfrentó a multitud de problemas. Después de intentar posicionarse, inicialmente, como un líder regional potencial e impulsor de la unidad panárabe, Al-Ásad se convirtió en algo así como un paria después de la implicación de Siria en la guerra civil libanesa, en la que intervino en apoyo de los cristianos maronitas en 1976.18

Irak también se enfrentó a un largo período de inestabilidad. Un golpe de Estado derrocó a la monarquía en 1958 y acentuó la agitación social y política preexistente. En 1968, otro golpe de Estado llevó al poder al partido Baaz y a una nueva figura política, Sadam Husein. En 1979 sucedió al anterior presidente, Ahmed Hasan alBakr, e inició una oleada de purgas políticas. El país ya era un mosaico de grupos étnicos, y el nuevo partido en el poder tuvo grandes dificultades para contener las tensiones políticas, especialmente en relación con la población kurda, concentrada en el norte del país, rico en petróleo. Con el telón de fondo del régimen cada vez más hostil de Sadam Husein, Irán intentó socavarlo proporcionando armas a los kurdos con vistas a debilitar al gobierno de Bagdad. Sin embargo, Irán e Irak alcanzaron un acuerdo en 1975 (el Tratado de Argel). Los kurdos firmaron un pacto con el gobierno de Bagdad y se les ofreció una modesta autonomía cultural y política, pero más tarde Bagdad desplazó a 25.000 kurdos y les reubicó en el centro y el sur del país para prevenir futuras rebeliones. La esperanza y la lucha de los kurdos se vieron, no obstante, reavivadas a lo largo de las siguientes décadas, y recibieron un nuevo impulso tras la guerra del Golfo en 1991.19

Las relaciones entre Irak e Irán volvieron a tensarse después de que el sha fuera depuesto y ascendiera al poder el ayatolá Jomeini, que urgió abiertamente a los chiíes iraquíes a que derrocaran a Sadam Husein. El Tratado de Argel fue derogado oficialmente por Jomeini en 1980, lo que poco después dio lugar a la invasión de Irán por Irak y al inicio de la guerra convencional más larga del siglo XX. Los costes humanos y materiales fueron enormes. La guerra modificó inevitablemente la situación geopolítica en el mundo arabomusulmán. Las potencias extranjeras se implicaron a fondo, sobre todo como suministradoras de armas. Las exportaciones de petróleo y los ingresos derivados de estas se vieron gravemente limitados, y Kuwait y Arabia Saudí ayudaron económicamente a Irak. Bajo estas nuevas circunstancias, Irak también modificó su postura frente a Israel y restableció las relaciones con Egipto, que empezó a suministrarle municiones y apoyo militar.

Restos de blindado iraquí en la carretera hacia Kuwait, después del fracasado intento de ocupación por parte de Sadam Hussein.

Otros aliados fueron la URSS y Francia y, a partir de 1974, Estados Unidos, que recuperaron los lazos diplomáticos con Irak después de haberlos cortado en 1967. Estados Unidos presionó a sus aliados para que dejaran de vender armas a Irán e incrementaron visiblemente su presencia en el Golfo.

Desde el período posterior a la Guerra Fría hasta la década de 2000

La guerra terminó en 1988 con un alto el fuego propuesto por Naciones Unidas. Irak quedó gravemente afectado, con buena parte de sus infraestructuras destruidas y una abultada deuda que debía pagarse a los estados del Golfo. Otro efecto de la guerra fue el auge del espíritu nacionalista en un país profundamente dividido, además de una mayor consideración por el ejército iraquí, cuyo tamaño y fuerza de combate fueron incrementados.20 En agosto de 1990 Irak lanzó una invasión, abocada al fracaso, de Kuwait, al que culpaba de los bajos precios del petróleo, iniciando así la primera guerra del Golfo. Esto congregó a una gran coalición internacional contra Irak y llevó al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a imponer una serie de sanciones al país, algo que perjudicó todavía más a su economía. Desde 1990 hasta 2003, la economía iraquí se vio golpeada por la hiperinflación, que afectó sobre todo a los iraquíes de a pie, incluidos casos generalizados de malnutrición.

La invasión de Irán por Irak en 1980 representó la guerra convencional más larga del Siglo XX.

Sin embargo, es importante apuntar que las cifras exactas del número de víctimas fruto de las sanciones y de la mortalidad infantil han sido objeto de grandes disputas en artículos recientes. Una conclusión común en los círculos occidentales es que alrededor de cincuenta mil niños murieron en Irak como resultado de las sanciones. Justificando la invasión de Irak en 2003, que derrocó a Sadam, el primer ministro británico Tony Blair insistió en que esa había sido la decisión «correcta» porque había beneficiado al pueblo iraquí, y argumentó que de una tasa de mortalidad infantil de 130 niños menores de cinco años por cada mil en 2000-2002 se pasó a una de 40. Pese a ello, esas cifras se basaban en afirmaciones hechas en un controvertido estudio organizado en 1995 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en colaboración con el gobierno iraquí, en el que los entrevistadores fueron proporcionados por el ministerio iraquí. Por lo tanto no era un estudio independiente, y se llevó a cabo en un clima de miedo para el pueblo iraquí en el que el gobierno quería informar de que había sufrido muchas más muertes infantiles que las ocurridas realmente.21

Otros países no envueltos en un conflicto bélico o que estaban recuperándose de uno recientemente finalizado estaban pasando por períodos tensos de cambios sociales y crisis políticas. Además de todo esto, el antiguo conflicto entre Israel y Palestina dio un nuevo giro. Al igual que lo sucedido en la Primavera Árabe en 2011, unos incidentes aparentemente menores mostraron su capacidad de desencadenar revoluciones mayores. En 2011 fue un incidente entre las fuerzas de seguridad y un vendedor callejero en Túnez. En 1987, un accidente de tráfico en el que un vehículo militar israelí mató a cuatro palestinos e hirió a otros dio lugar a protestas a gran escala. Sin mucha previsión, el ejército israelí tomó represalias matando a manifestantes, lo que desencadenó un levantamiento en toda regla en Cisjordania. Esto supuso el inicio de la Intifada, la resistencia palestina que quería acabar con las miserables condiciones de vida y las restricciones impuestas a los palestinos. Pronto adquirió un formato más coherente y organizado bajo la coordinación del Liderazgo Nacional Unificado.

En 1988 se creó Hamas (acrónimo árabe de Movimiento de Resistencia Islámico), que tenía una agenda más intransigente y radical que la de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina). La respuesta israelí fue brutal y contundente a la hora de reprimir el levantamiento y las formas de solidaridad que lo habían respaldado en los primeros años. Bajo la iniciativa del gobierno noruego se facilitaron conversaciones secretas entre representantes israelíes y de la OLP, en lo que constituyó el inicio del Proceso de Paz de Oslo. Las perspectivas de diálogo y de una paz genuina parecieron reales durante algún tiempo, pero el legado de los años de reuniones y negociaciones acabó resultando débil.

Para los países de la península Arábiga, la situación política y militar también supuso un reto, aunque de forma distinta. Como bien se sabe, el descubrimiento de petróleo modificó la geopolítica de la región de formas profundas y planteó unas oportunidades y unos desafíos singulares. Por un lado, la gran riqueza permitió un rápido desarrollo y el uso de la ayuda económica como herramienta para la política exterior. Por otro, los países de la zona decidieron seguir siendo política y socialmente conservadores, lo que a menudo hizo aumentar las tensiones con sus vecinos, como Nasser en Egipto, que abogaba por un panarabismo secular.22

La situación en Yemen fue un motivo de tensión y preocupación en la península durante muchos años, especialmente para Arabia Saudí. En 1962, en Yemen se desencadenó una guerra civil tras un golpe de Estado fallido respaldado por Nasser. Arabia Saudí intervino para ayudar a los legitimistas a restaurar en el trono al imán gobernante. El conflicto aumentó de intensidad y se convirtió en uno de índole regional. Nasser destinó alrededor de setenta mil soldados a Yemen (algunas estimaciones señalan que fueron entre cuarenta mil y setenta mil), pero el conflicto le costó a Egipto cerca de diez mil bajas. En 1967 las fuerzas egipcias se retiraron, los saudíes dejaron de apoyar a los legitimistas y las facciones enfrentadas iniciaron negociaciones. Marruecos, Irak y Sudán supervisaron la retirada de las tropas extranjeras y el conflicto terminó con un acuerdo entre los legitimistas y las facciones republicanas en 1970.23

BBVA-OpenMind-Libro 2018-Perplejidad-Al-Rodhan-Refinerias-Kuwait-Refinerías de petróleo en Kuwait.
Refinerías de petróleo en Kuwait.

Los países del norte de África también atravesaron períodos de crisis tras la independencia o, en el caso de Argelia, de una guerra civil con todas las de la ley. Las economías dirigidas por el Estado, las nacionalizaciones y la corrupción solían ir de la mano. Sin embargo, durante muchos años la región también registró enormes aumentos del empleo (en el sector público) y una mejoría general de la esperanza de vida, un descenso de la mortalidad infantil y un incremento de la alfabetización y la escolarización.

Las convulsiones económicas de la década de 1980 y el descenso de los precios del petróleo dieron como resultado una reducción de los ingresos públicos y una mayor presión sobre los gobiernos para que pagaran los sueldos en el sector público. En toda la región, especialmente en Marruecos, Túnez y Jordania, se aprobaron reformas políticas para recortar los subsidios y reducir el gasto público. No obstante, la década de 1990 fue testigo de una tendencia descendente continua como consecuencia de la volatilidad de los precios del petróleo y del fracaso a la hora de implementar reformas económicas sólidas y reformas demográficas que ejercieran una presión intensa sobre el mercado laboral. El crecimiento de la población alcanzó un pico del 3,4 por ciento en 1985 y, aunque bajó al 2,2 por ciento en la década de 1990, estas tendencias tuvieron impactos claros que condujeron a un rápido incremento de la población en edad de trabajar.24 Estos factores, junto con unas políticas represivas y el auge de las redes sociales, contribuyeron a la oleada de las revoluciones árabes que empezaron en 2011.

La década de 2000

Los ataques del 11-S contra el World Trade Centre marcaron un punto de inflexión en la región, ya que Estados Unidos obtuvo un apoyo mundial para la invasión de Irak y Afganistán, lo que dejó unas secuelas que siguen dejándose sentir en la actualidad. La guerra en Irak afectó mucho a la región y profundizó entre los árabes la sensación de injusticia, humillación y desempoderamiento deliberado.

Sin embargo, los déficits de dignidad que afligían a la región no eran, por supuesto, solo externos.

Cuando las revoluciones ahora conocidas en conjunto como la «Primavera Árabe» empezaron a desarrollarse en 2011, se encontraron al principio con una oleada de optimismo, tanto desde el interior como desde el mundo exterior, que estaba vigilando atentamente. Visto en retrospectiva, cabe argumentar que estaban abocadas al fracaso al ser consideradas un intento de la Administración Obama de socavar el statu quo y de empoderar a los Hermanos Musulmanes y a Irán.

La economía de muchos países de la región había estado al borde del abismo durante muchos años; un desempleo creciente, una corrupción desbocada, un desarrollo dirigido por el Estado y un gasto público considerable significaban que el desarrollo económico estaba estancándose. De hecho, el modelo de desarrollo a lo largo y ancho de la región había alcanzado su fecha de caducidad. Oriente Medio y el norte de África dependen enormemente de las importaciones de alimentos, y muchos países árabes, incluso en la actualidad, siguen gastando importantes cantidades de dinero en subvencionar alimentos. En Egipto, por ejemplo, los subsidios para alimentos (sobre todo trigo) ascendieron a 3.000 millones de dólares en 2010, el año anterior a que Hosni Mubarak fuera derrocado después de casi treinta años como presidente. Además, muchos países de la región tienen una economía basada en el petróleo, algo que los vuelve vulnerables a la volatilidad de los mercados de esta materia prima.25

Este modelo económico sobrevivió durante algunas décadas, en parte debido a la generosa afluencia de remesas, pero fue construido en esencia basándose en el petróleo, fortunas dedicadas a la ayuda humanitaria y un sector público muy expansivo que acabó convirtiéndose en un lastre económico y político. Como la disponibilidad de empleo en el sector público no podía satisfacer la demanda, mucha gente joven se dio cuenta de que no solo estaban en paro sino que, de hecho, tampoco podían conseguir trabajo debido a los fracasos y la desconexión entre la economía y los sistemas educativos. Ningún análisis de la Primavera Árabe puede pasar por alto los factores económicos y la fragilidad del contrato social establecido entre estos países y su población (como tampoco puede, de hecho, ignorar la manipulación externa).

La respuesta por parte de muchos países fue reforzar este frágil contrato. Argelia, Libia, Egipto, Jordania, Marruecos, Siria, Túnez y Kuwait hicieron precisamente eso, incrementar los subsidios a los alimentos y el combustible. Otros países ricos en petróleo han aumentado los salarios en el sector público.26 Lo que la región todavía tiene que conseguir es repensar el contrato social más allá de este tipo de relaciones y permitir que surjan mercados más emprendedores, dinámicos y competitivos. Sin embargo, la economía de la Primavera Árabe apenas explica toda la historia de las revoluciones. Los que se manifestaban en las calles de muchas ciudades árabes no solo eran los jóvenes sin empleo, sino también otros ciudadanos que exigían desesperadamente el fin de los abusos y una mayor apertura. Lo que acabó por llevar a la región al límite de su aguante fue la falta de dignidad.

Los déficits de dignidad personal y colectiva fueron la causa subyacente de las revoluciones. Esto, por supuesto, no estaba disociado de los problemas derivados de la falta de oportunidades y de empleo, así como de una sensación de impotencia y de vulnerabilidad socioeconómica, sino que también obedecía a la humillación y el resentimiento que sentía tanta gente de la región por razones que no eran de naturaleza económica. Además, también existía la sensación de que había fuerzas externas interesadas en manipular la situación y redibujar la geopolítica regional.

Los déficits de dignidad colectiva fueron resultado de unos regímenes autocráticos respaldados por potencias extranjeras con unos intereses geopolíticos a corto plazo. Sin embargo, estos regímenes empezaron a perder el control del poder cuando las protestas cobraron impulso. Para sorpresa de muchos, los dictadores que habían gobernado plácidamente durante décadas se vieron violentamente enfrentados, desde el interior, a fervientes exigencias de karama, la palabra árabe que significa «dignidad».27

Los ataques del 11-S marcaron un punto de inflexión en la región, ya que Estados Unidos obtuvo apoyo mundial para la invasión de Irak y Afganistán.

El suceso que desencadenó las revoluciones fue un incidente «leve», pero que supuso un punto de inflexión para la gente que había soportado abusos por parte de las instituciones gubernamentales y que se había sentido impotente durante muchos años con respecto a su futuro.

El 17 de diciembre de 2010, Mohammed Bouazizi, un vendedor callejero de Sidi Bouzid (Túnez), vio como la policía confiscaba su carro de verduras y le pedía que pagara un soborno. Muy alterado, Bouazizi, que mantenía a los ocho miembros de su familia, fue a quejarse al cuartel general provincial, pero fue ignorado y echado de allí. Regresó al mismo lugar una hora más tarde y se inmoló a lo bonzo a modo de protesta por la humillación que había soportado y por la impotencia que sentía; pero su acción fue también un llamamiento desesperado a la dignidad. En palabras de su madre: «Mohammed hizo lo que hizo por su dignidad».28 Las revueltas y las muestras de solidaridad pronto se extendieron por todo Túnez, y días después de su muerte, el 14 de enero de 2011, el presidente Ben Ali huyó del país. Sin embargo, las protestas no cesaron y ganaron terreno en otros países árabes.

La búsqueda de la dignidad era algo básico en las exigencias de la gente para que se produjeran cambios. El déficit de dignidad tenía una dimensión individual en la medida en que los ciudadanos (y quienes no podían acceder a los beneficios reservados a los ricos y los poderosos) padecían los abusos y la corrupción, además de una dimensión colectiva que surgía de una sensación de que el mundo árabe había sufrido un asedio cultural y político durante muchas décadas.29

Tal y como he escrito en otro lugar,30 el anhelo de dignidad es una fuerza impulsora en la historia, y las revoluciones de la Primavera Árabe fueron una encarnación visible de ese objetivo. Cada uno de estos países ocupaba un puesto desolador en el índice de dignidad.

En una nota terminológica y metodológica relacionada con todo ello, ya había propuesto anteriormente un índice de dignidad como herramienta de valoración para estudiar indicadores clave de un buen gobierno. Definí la dignidad no simplemente como la ausencia de humillación, sino como un concepto más amplio que incluye nueve necesidades humanas clave, todas las cuales corresponden a los atributos clave de la naturaleza humana. Se trata del sentido común, la seguridad, los derechos humanos, la responsabilidad, la transparencia, la justicia, la oportunidad, la innovación y la integración.31

Los regímenes derrocados por la Primavera Árabe, además de los los que tambalearon por las manifestaciones callejeras o los que se vieron abocados a una guerra civil (como en el caso de Siria), no obtuvieron buenas puntuaciones en el «índice de dignidad». Su fracaso a la hora de satisfacer las necesidades de dignidad también explica por qué la estabilidad de la región se ve puesta a prueba año tras año. Túnez, que fue aclamado como la historia de éxito de la Primavera Árabe, fue testigo de una nueva oleada de protestas cinco años después de que empezaran las manifestaciones. En febrero de 2016, una serie de eventos en el país hicieron resurgir una situación familiar: un joven tunecino murió electrocutado mientras protestaba, junto con otros jóvenes, contra la pobreza, la falta de empleo y las promesas incumplidas por la revolución. Muchos también expresaron su frustración ante los excesivos obstáculos que ahogaban a los emprendedores y los inversores, que no podían acceder a préstamos a pesar de sus repetidos intentos de crear empresas.32 No tardaron en producirse nuevos disturbios, en los que más gente joven manifestó su angustia y desesperación por la incesante ineficacia en todo el sector público. Mientras los gobiernos nacionales no solucionen las causas de la frustración y la alienación que siente su pueblo, no podrá alcanzarse ninguna estabilidad política real. La satisfacción de las necesidades de dignidad es el mejor indicador de un buen gobierno e, implícitamente, de la estabilidad política y la seguridad a largo plazo.33

El empeoramiento de la situación tras la Primavera Árabe dio lugar a que muchos comentaristas hablaran del largo invierno que se avecinaba. El Índice de Estados Fallidos, elaborado anualmente por el Fondo para la Paz, evaluó esto en su edición de 2015 y apuntó que la esperanza de que se produjeran reformas se estaba desvaneciendo poco a poco, con países como Irak, Libia, Siria y Yemen viviendo declives especialmente intensos en todos los indicadores de estabilidad estatal. El año 2014 fue testigo del deterioro de la situación política en Libia, ya que grupos de activistas derrocaron la autoridad oficial y el gobierno reconocido internacionalmente se vio forzado a partir y reasentarse en la ciudad oriental de Tobruk.34

Otro acontecimiento especialmente preocupante tuvo lugar en 2014. En junio, el ejército iraquí capituló en cuestión de días frente al avance impresionantemente rápido del ISIS. Este suceso fue la culminación de varios factores que no carecían de precedentes en Oriente Medio y el norte de África. Aunque la creación y el ascenso del ISIS fueron un subproducto de la injerencia extranjera en la región (ahora se sabe que este grupo apareció tras la invasión de Irak por parte de Estados Unidos en 2003 y la prematura retirada estadounidense), tampoco se debería restar importancia a los fracasos nacionales.

De hecho, cuando la ineficacia nacional se une a la injerencia extranjera el resultado es una combustión catastrófica.

La prueba más importante para el ejército iraquí desde la invasión estadounidense acabó en un fracaso extraordinario que generó la posibilidad de una completa disolución del Estado. En 2013, el gobierno iraquí se había gastado 17.000 millones de dólares (1.300 millones de los cuales habían sido proporcionados por Estados Unidos) en sus fuerzas de seguridad, pese a lo cual treinta mil soldados iraquíes huyeron en menos de cuarenta y ocho horas cuando una banda de menos de mil terroristas del ISIS se abrió camino con gran potencia hasta Mosul.35 La caída de esta ciudad supuso un tremendo golpe para el gobierno, que acusó de traición al ejército. Al mismo tiempo, este suceso expuso algunos de los problemas más profundos de la mala gestión nacional.

La politización y las divisiones sectarias en el seno del ejército dejaron a muchos desencantados y preparados para huir en cuanto el peligro apareciera por el horizonte. El gobierno iraquí había rechazado firmar un acuerdo con Estados Unidos para prolongar la presencia estadounidense en el país y seguir entrenando a los militares. Entonces, el primer ministro, Nouri al-Maliki, que de facto era también el ministro de Defensa y de Interior, ya había comenzado a socavar al ejército profesional y no sectario, que incluía a muchos oficiales suníes y kurdos. Con el objetivo de afianzar su posición y asegurar que el ejército no supusiera una amenaza, Al-Maliki empezó a recompensar a los chiíes fieles al régimen con puestos de alto rango y la corrupción en los escalafones inferiores se extendió, una situación que acabó frustrando a todos los grupos étnicos. Finalmente, las estrategias sectarias empleadas en la creación de instituciones resultaron contraproducentes. Como consecuencia de ello, cuando Mosul estaba sitiada, las tropas chiíes no le encontraron mucho sentido a morir para defender ciudades predominantemente suníes.36 El resentimiento contra el statu quo era tan intenso que en los primeros días de la ocupación por parte del ISIS, según consta, algunas voces de Mosul manifestaron su alivio por haber sido «liberadas» de las fuerzas brutales, sectarias y divisorias de Al-Maliki. Un residente expresó lo que muchos sintieron esos días: «Creo que hemos sido liberados de una terrible pesadilla […] El ejército y la policía nunca dejaron de arrestar, detener y matar a gente, por no hablar de los sobornos que aceptaron de las familias de los detenidos».37

BBVA-OpenMind-Libro 2018-Perplejidad-Al-Rodhan-Afganistan-Vehículo militar saludado por un grupo de niños en Afganistán.
Vehículo militar saludado por un grupo de niños en Afganistán.

Los deficits de dignidad personal y colectiva fueron la causa subyacente de las revoluciones.

En julio de 2017, el gobierno declaró que Mosul había sido «liberado» de las garras del ISIS tras duros combates y con el apoyo militar de Estados Unidos. Pese a ello, expulsar al ISIS del territorio iraquí hace poco por romper el ciclo de inestabilidad y debilidad del Estado. Los kurdos iraquíes han organizado recientemente una campaña para que Estados Unidos respalde un Kurdistán independiente. Está prevista la celebración de un referéndum el 25 de septiembre de 2017, anunciada por el presidente del Kurdistán iraquí. La apuesta por la independencia se remonta a décadas atrás, y fue alimentada por episodios repetidos de alienación. De hecho, en casi todos los momentos de su historia dentro de Irak, los kurdos han luchado contra el poder central de Bagdad y han sentido que sus derechos no eran debidamente respetados. Aunque, según la Constitución, la región kurda tiene derecho al 17 por ciento del presupuesto nacional, en 2014, tras una disputa sobre las ventas de petróleo, el entonces primer ministro Al-Maliki rehusó enviar el pago necesario al Gobierno Regional de Kurdistán.38 Estados Unidos y otros actores regionales podrían acabar implicándose diplomáticamente, pese a que el problema sigue siendo en última instancia interno, al igual que la solución.

Después de la Primavera Árabe, abogué por soluciones autóctonas a los problemas de gobierno en Oriente Medio. No existe una solución que valga para todos, y las iniciativas que pueden aplicarse en algunos países norteafricanos quizá no funcionen bien en los del Golfo, y viceversa.39 Para abordar las numerosas facetas de los déficits de dignidad (personal y colectiva) que asolan a la región, los países de esta zona deben avanzar con decisión para mejorar sus modelos de gobierno y sus instituciones, además de prepararse para los desafíos tecnológicos actuales y, más importante aún, forjar economías más robustas promulgando reformas que las diversifiquen, puesto que están, con demasiada frecuencia, supeditadas al petróleo.

Historias olvidadas y persistentes

En este ensayo me he extendido ampliamente en la historia porque está obstinadamente presente en la geopolítica contemporánea del mundo arabomusulmán. Sucesos clave como las guerras de 1967 o 1973 y la consiguiente modernización geopolítica de la región no deberían pasarse por alto en cualquier análisis de la región. Hoy en día, la mayoría cree que una de las principales razones por las cuales Israel venció en 1967 fue porque se trataba de una prolongación del imperialismo y las maquinaciones occidentales mediante su respaldo militar, político y económico a los israelíes. La invasión preventiva de 1967 dejó aflicciones duraderas en el mundo árabe, pero también hizo que muchos intelectuales árabes instaran a decretar unas reformas sociales y políticas más radicales para superar la derrota. Pese a ello, el momento de maduración cultural se apagó pronto, ya que los regímenes autocráticos se aferraron más al poder.40

Existe otra faceta de la historia que supone una fuente de frustración para muchos árabes. Mucho antes de que Occidente se convirtiera en una fuerza dominante en el planeta, el mundo arabomusulmán fue un centro floreciente de ciencia, cultura y civilización. Esta dimensión olvidada de la historia no hizo sino sumarse a la sensación de irreverencia que muchos árabes sienten que procede de Occidente. Aunque la narrativa dominante sobre el ascenso de Occidente nos dice que la civilización europea se basa en unas raíces grecorromanas y que «el islam en Europa» supone una presencia reciente (y amenazadora), en realidad, los mundos europeo y arabomusulmán han estado implicados en intercambios fructíferos durante siglos. En su era dorada, el mundo arabomusulmán albergaba centros como Bagdad, El Cairo, Córdoba, Toledo, Sicilia y otros que atraían a mentes eruditas de todos los rincones del mundo. De hecho, la historia nos muestra que ninguna época ni fenómeno histórico acontece estando aislado, sino más bien basándose en los logros y las contribuciones de otros. Al igual que el mundo arabomusulmán fue construido sobre los avances de imperios anteriores, Europa incorporó más tarde elementos del mundo arabomusulmán. Las transferencias de ciencia y tecnología hacia la Europa medieval desde el mundo arabomusulmán allanaron el camino a la revolución científica europea y más adelante a la Ilustración. Se hicieron grandes contribuciones en matemáticas, astronomía, ciencias naturales y medicina.41

BBVA-OpenMind-Libro 2018-Perplejidad-Al-Rodhan-Banderas-siria-aldea-collage-izquierda: Despliege del ejército estadounidense en una aldea de Irak. Abajo derecha: Banderas en manifestaciones de apoyo al pueblo sirio en Europa.
izquierda: Despliege del ejército estadounidense en una aldea de Irak. Abajo derecha: Banderas en manifestaciones de apoyo al pueblo sirio en Europa.

No hubo, en otras palabras, grandes avances conseguidos meramente por fuerzas «autóctonas» europeas y en virtud de la superioridad inherente de Europa. La historia europea forma parte de la historia mundial, algo que puede describirse mejor de acuerdo con el «modelo de civilización oceánico». Esta analogía presenta una imagen más precisa de la historia en virtud de la cual la civilización humana es como un océano hacia el que fluyen muchos ríos y que le añaden profundidad. Existe una civilización humana que es resultado de contribuciones de otros dominios geoculturales.42

Cuando la ineficacia nacional se une a la injerencia extranjera el resltado es una combustión catastrófica.

Una forma de romper con la prevalencia de la idea eurocéntrica del ascenso de Occidente consiste en otorgar al mundo arabomusulmán un debido reconocimiento por sus contribuciones. Esto es importante, porque una narrativa incorrecta sobre el ascenso de Occidente ha dado lugar a una imagen errónea de un Occidente progresista y superior frente a un mundo árabe inferior, estancado o regresivo.43 Esto ha violado la dignidad colectiva de los árabes, y es importante corregir esta idea equivocada en aras tanto de hacer justicia a las contribuciones del mundo árabe en el ascenso de Occidente y de la civilización humana en su conjunto como de ayudar a disipar la idea de una incompatibilidad y discordia inherentes entre ambos.

El futuro y las perspectivas de cambio político

Cuando este ensayo sea publicado, el mundo arabomusulmán seguirá padeciendo conflictos sin resolver y una buena dosis de incertidumbre que todavía afectan a sus perspectivas de desarrollo, pero también es una región que avanza a distintas velocidades. Algunos países, como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, se encuentran entre las economías de la región con un crecimiento más rápido, y se están centrando en la innovación y en formas de diversificar su economía (véase, por ejemplo, Saudi Vision 2030). Aunque siguen enfrentándose a grandes retos macroeconómicos, Túnez, Jordania y Argelia también están dando algunas señales positivas de crecimiento. Luego hay países, como Siria y Yemen, en los que la supervivencia del Estado sigue siendo incierta, con guerras inconclusas y en los que prevalecen crisis humanitarias de proporciones dramáticas. Irak ha expulsado al ISIS, pero se está tambaleando debido a las tensiones y la inestabilidad heredadas. Los riesgos de violencia entre árabes suníes y chiíes son elevados debido a las brutales milicias sectarias respaldadas por Irán. Aunque las soluciones a estos problemas diferirán en función de cada caso, un requisito común en toda la región es que las respuestas políticas satisfagan las necesidades de la gente de la zona y fomenten políticas y modelos de gobierno basados en la dignidad, sin interferencias ni manipulaciones regionales ni globales.

Esto es más fácil de decir que de hacer, ya que el cambio político es lento y requiere de una transformación a escala neuroquímica. Este argumento quizá parezca sorprendente, pero se basa en las investigaciones neurocientíficas, que muestran cómo se manifiesta el poder en este ámbito. El poder se expresa, neuroquímicamente, en forma de un incremento en los niveles de dopamina, el mismo neurotransmisor que produce una sensación de placer, ayuda a aprender y está presente en el comportamiento basado en la recompensa. El poder también provoca un «subidón», que es extremadamente adictivo, y eso significa que, cuanto más poder se tiene, más se busca acumularlo. En algún sentido, todos somos adictos de un modo u otro, ya que nuestros flujos de dopamina nos animan a implicarnos repetidamente en actividades basadas en las recompensas.

Los líderes que ostentan puestos de poder, y sobre todo los gobernantes autoritarios que disfrutan de un poder extremo, encontrarán muy difícil (y de hecho doloroso) renunciar a él. Muchos preferirían morir antes que cederlo. A falta de un sistema de separación de poderes, la cruzada por el poder puede conducir a resultados más macabros.44 Este conocimiento procedente de la neurociencia no solo explica el poder desde el punto de vista de la neuroquímica, sino que también aporta pistas sobre el cambio político. Para transformar las culturas de liderazgo que tienen los líderes autocráticos y poderosos, la mejor solución consiste en proceder de forma gradual. Pero si la historia puede proporcionarnos algún indicio, el cambio se producirá antes o después, ya que la humanidad avanza inevitablemente en busca de la dignidad personal y colectiva. Es difícil prever la trayectoria futura del mundo arabomusulmán, una tarea entorpecida también por el hecho de que los países de la región no experimentan el mismo tipo de retos y de que las brechas entre ellos se están ampliando.

Aunque algunos países están desarrollando estrategias para las siguientes décadas, prestándose así a una mayor predictibilidad, otros son tan volátiles que su supervivencia no está asegurada. Además, hay factores relacionados con el clima que pondrán más a prueba la resiliencia y la adaptabilidad de estos países o que, sencillamente, se sumarán a sus vulnerabilidades. La tecnología también podría transformar el futuro del mundo arabomusulmán, aunque de formas muy diferentes. A largo plazo, la inteligencia artificial45 y la nanotecnología tendrán un impacto en la geopolítica, ya que afectarán a todas las facetas del poder del Estado (los asuntos sociales y sanitarios, la política nacional, la economía, el medio ambiente, la ciencia y el potencial humano, el ejército y el sector de defensa y la diplomacia).46

En el mundo árabe, el impacto de las nuevas tecnologías se percibirá de formas muy distintas. Un escenario probable es que las nuevas tecnologías profundicen la división en la región, con algunos países que sean más capaces que otros de asumir los costes de la integración de las nuevas tecnologías.

A largo plazo, lo que puede ayudar a reparar las fracturas en la región y entre esta y el mundo exterior es la educación. La educación es vital para la seguridad nacional y mundial, ya que puede modificar ideas erróneas mantenidas durante mucho tiempo y, de paso, desafiar el statu quo, tanto en el interior como respecto del mundo exterior. En Occidente, un currículo más inclusivo que rinda tributo a la herencia árabe en la historia de Occidente y que reconozca los siglos de colaboración y de intercambio entre el mundo arabomusulmán y Europa puede hacer mucho por crear un relato más favorable y preciso de nuestra historia compartida y nuestros puntos en común.47 El papel de la educación no debería minimizarse por considerarlo ingenuo o idealista. La educación y el conocimiento cambian la mente en un sentido prácticamente literal; a escala neuroquímica, el conocimiento está mediado por los neurotransmisores y las vías neuroquímicas.48

Nuestro cerebro es altamente maleable en la medida en que nuestra neuroquímica puede verse alterada por nueva información y nuevas revelaciones. El conocimiento y la educación son vitales para echar por tierra las fuentes de las ideas preconcebidas, los prejuicios y las tensiones. Estas iniciativas son más importantes que nunca. Una educación que enseñe más tolerancia y armonía transcultural es necesaria tanto en la región como más allá.

«UN REQUISITO COMÚN EN TODA LA REGIÓN: SATISFACER LAS NECESIDADES DE LA GENTE Y FOMENTAR POLÍTICAS Y MODELOS DE GOBIERNO BASADOS EN LA DIGNIDAD.»

Además, desde el punto de vista político ya es hora de que las potencias mundiales dejen de manipular a las naciones más débiles en busca de beneficios a corto plazo. En nuestro mundo globalizado de conectividad instantánea y una creciente interdependencia, necesitamos urgentemente un enfoque simbiótico realista. Esto requiere de situaciones en las que todas las partes ganen y de una competencia que no genere conflictos.49 Para que esto dé sus frutos, el sistema de Naciones Unidas y otras instituciones de gobernanza mundial deben reformarse para asegurar la justicia y la dignidad para todos.50 Las principales potencias también deben reconocer que el poder justo es la única forma sostenible de poder.51

En el ámbito interno es importante que los países de la región mejoren sus modelos de gobernanza y que integren las necesidades de dignidad en todos los aspectos de la política, además de tener en cuenta los rasgos emocionales, amorales y egoístas de la naturaleza humana. A lo que me refiero aquí con «dignidad» es mucho más que a la ausencia de humillación. Es un conjunto que incluye nueve necesidades que se corresponden con los tres elementos clave que definen nuestra naturaleza. Se trata de las siguientes: el sentido común, la seguridad y los derechos humanos, la responsabilidad, la transparencia, la justicia, la oportunidad, la innovación y la inclusividad. Estos son los principios centrales de mi tesis sobre la historia sostenible.52

En el mundo árabe, el impacto de las nuevas tecnologías se percibirá de formas muy disitintas.

Hace casi tres décadas, al finalizar la Guerra Fría, las predicciones de un «final de la historia» definidas por la victoria de la democracia liberal alcanzaron una amplia popularidad. Ahora sabemos que estos pronósticos resultaron ser excesivamente optimistas. Aunque las democracias liberales siguen siendo la forma más exitosa de gobierno hasta el momento, no resuelven los déficits de dignidad. Las libertades políticas permiten a la gente votar, pero no evitan la marginalización, la alienación y las muchas otras formas de discriminación, lo que significa que son necesarios muchos más esfuerzos para reformar el sistema de gobierno democrático con el objetivo de garantizar unas políticas de inclusión.53 Un sistema de gobierno responsable y transparente que incluya el propósito de situar la dignidad en el corazón de los modelos de gobernanza es el único camino a seguir, y es la fórmula más innegable para que los países arabomusulmanes tengan éxito en su avance.

Cada país debe elaborar su propia fórmula para un sistema de gobierno responsable que satisfaga sus especificidades culturales (sin un relativismo cultural) para ser sostenible, seguro y próspero.

BBVA-OpenMind-Libro 2018-Perplejidad-Al-Rodhan-tecnologia-La tecnología y la tradición se unen en el mundo árabe.
La tecnología y la tradición se unen en el mundo árabe.

Notas

1 N. Al-Rodhan et al., Critical Turning Points in the Middle East 1915-2015, Londres, Palgrave Macmillan, 2011, p. 167.

2 A. Hourani, citado en R. N. Haass, «The New Middle East», Foreign Affairs (noviembre-diciembre de 2006), www.foreignaffairs.com/articles/middle-east/2006-11-01/new-middle-east.

3 H. J. Mackinder, «The Geographical Pivot of History»,The Geographical Journal, vol. 23, núm. 4 (abril de 1904), pp. 421-437.

4 R. H. Davison, «Where is the Middle East?», Foreign Affairs (julio de 1960), www.foreignaffairs.com/articles/middle-east/1960-07-01/where-middle-east.

5 Íbid.

6 W. L. Cleveland y M. Bunton, A History of the Modern Middle East, Boulder, Westview Press, 2009, pp. 162-163.

7 Íbid, pp. 158-159.

8 A. Shlaim, Israel and Palestine. Reappraisals, Revisions, Refutations, Londres, Verso, 2009, p. 4. Shlaim atribuye esta cita a Arthur Koestler.

9 Íbid., p. 171.

10 F. Halliday, The Middle East in International Relations. Power, Politics and Ideology, Cambridge, Cambridge University Press, 2008, pp. 82-83.

11 Íbid., pp. 83-84.

12 Íbid., pp. 84-85.

13 Cleveland y Bunton, Modern Middle East, p. 204.

14 Halliday, Middle East, pp. 97-98.

15 The Brookings Foreign Policy Studies, Energy Security Series, The Russian Federation, octubre de 2006, p. 11.

16 Para un análisis más detallado de la política soviética en Oriente Medio, véase Fred Halliday, Soviet Policy in the «Arc of Crisis», Washington D.C., Institute of Policy Studies, 1981.

17 Cleveland y Bunton, Modern Middle East, pp. 381-382.

18 Íbid., pp. 402-405.

19 Íbid., pp. 408-411.

20 Íbid., pp. 418-419.

21 M. Spagat, «Truth and Death in Iraq under Sanctions», Significance (septiembre de 2010), pp. 116-118.

22 Cleveland y Bunton, Modern Middle East, pp. 451-452.

23 «North Yemen Civil War (1962-1970)», Global Security, www.globalsecurity.org/military/world/war/yemen.htm.

24 T. M. Yousef, «Development, Growth and Policy Reform in the Middle East and North Africa since 1950», Journal of Economic Perspective, vol. 18, núm. 3 (verano de 2004), pp. 97-101.

25 A. Malik y B. Awadallah, «The Economics of the Arab Spring», CSAE Working Paper, WPS 201123, Oxford y Yeda, diciembre de 2011, pp. 6-7.

26 Íbid., p. 7.

27 N. Al-Rodhan, «Dignity Deficit Fuels Uprisings in the Middle East», Yale Global Online, 10 de septiembre de 2013, http://yaleglobal.yale.edu/content/dignity-deficit-fuels-uprisings-middleeast.

28 R. Abouzeid, «Bouazizi: The Man Who Set Himself and Tunisia on Fire», Time, 21 de enero de 2011, http://content.time.com/time/magazine/article/0,9171,2044723,00.html.

29 Al-Rodhan, «Dignity Deficit…».

30 N. Al-Rodhan, Sustainable History and the Dignity. A Philosophy of History and Civilisational Triumph, Zurich, LIT, 2009.

31 N. Al-Rodhan, «Proposal of a Dignity Scale for Sustainable Governance», Journal of Public Policy (29 de noviembre de 2015), https://jpublicpolicy.com/2015/11/29/proposal-of-adignity-scale-for-sustainable-governance/.

32 C. Gall, «Tunisian Town Simmers With Unrest Over Lack of Jobs and Investment», The New York Times, 8 de febrero de 2016, www.nytimes.com/2016/02/09/world/africa/tunisiakasserine-jobs-protest.html.

33 Elaborar políticas que tengan activamente en cuenta la dignidad no se basa en el idealismo ni en aspiraciones ingenuas. Es, claramente, una preocupación propia de la seguridad nacional, ya que si no se aborda, una gobernanza ineficaz que ataque a la dignidad de las personas acabará intensificándose hasta llegar a la inestabilidad política, que puede descontrolarse fácilmente para dar lugar a un conflicto. Véase N. Al-Rodhan, «Geopolitics of Dignity», Global Policy Journal, 20 de mayo de 2014, www.globalpolicyjournal.com/blog/20/05/2014/geopolitics-dignity.

34 Fragile States Index 2015, The Fund for Peace, 2015, pp. 18-19, http://library.fundforpeace.org/library/fragilestatesindex-2015.pdf.

35 «Why Iraq’s Army Crumbled», The Economist, 19 de junio de 2014, https://www.economist.com/news/middle-east-and-africa/21604629politicisation-iraqs-security-forces-underminedtheir-fighting-ability-why.

36 Íbid.

37 M. Chulov, F. Hawramy y S. Ackerman, «Iraq Army Capitulates to Isis Militants in Four Cities», The Guardian, 12 de junio de 2014, www.theguardian.com/world/2014/jun/11/mosul-isisgunmen-middle-east-states.

38 B. Allen-Ebrahimian, «Iraqi Kurds Want America as Their Divorce Lawyer», Foreign Policy, 18 de julio de 2017, http://foreignpolicy.com/2017/07/18/iraqi-kurds-want-america-astheir-divorce-lawyer-kurdistan-referendum-independence/.

39 N. Al-Rodhan, «Freedom vs. Dignity. A Sustainable History Thesis for the Arab Spring», Georgetown Journal of International Affairs, 7 de noviembre de 2013, http://journal.georgetown.edu/freedom-vs-dignity-asustainable-history-thesis-for-the-arab-spring-bynayef-al-rodhan/.

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44 N. Al-Rodhan, «The Neurochemistry of Power. Implications for Political Change», OXPOL, 27 de febrero de 2014, https://blog.politics.ox.ac.uk/neurochemistry-power-implications-politicalchange/.

45 N. Al-Rodhan, «On Artificial Intelligence and Meta-Geopolitics», The Fletcher Forum of World Affairs, 14 de febrero de 2014, www.fletcherforum.org/home/2016/8/15/on-artificialintelligence-and-meta-geopolitics.

46 N. Al-Rodhan, «What Does Nanotechnology Mean for Geopolitics?», WEF, 23 de junio de 2015, www.weforum.org/agenda/2015/06/what-does-nanotechnology-mean-forgeopolitics/.

47 N. Al-Rodhan, «Education and Global Security», Global Policy Journal, 28 de noviembre de 2014, www.globalpolicyjournal.com/blog/28/11/2014/education-and-global-security.

48 N. Al-Rodhan, «Knowledge and Global Order», BBVA OpenMind, www.bbvaopenmind.com/en/article/knowledge-and-globalorder/?fullscreen=true.

49 N. Al-Rodhan, «China and the United States. A Symbiosis», The National Interest, 27 de septiembre de 2013, http://nationalinterest.org/commentary/china-the-united-statessymbiosis-9143.

50 N. Al-Rodhan, «Minimum Criteria for Sustainable Global Governance», The CSS Blog Network, 4 de diciembre de 2014, http://isnblog.ethz.ch/environment/minimum-criteriafor-sustainable-global-governance.

51 N. Al-Rodhan, «Sustainable Power Is Just Power», e-IR, 5 de diciembre de 2013, www.eir.info/2013/12/05/sustainable-power-is-justpower/.

52 N. Al-Rodhan, «Moving Away From the End of History to a Sustainable History», OxPol, 12 de noviembre de 2013, https://blog.politics.ox.ac.uk/moving-away-end-history-sustainablehistory/.

53 N. Al-Rodhan, «Reforming Democracy and the Future of History», The Globalist, 14 de junio de 2014, www.theglobalist.com/reformingdemocracy-and-the-future-of-history/.

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