El futuro de las relaciones internacionales: una teoría del realismo simbiótico

por Nayef Al-Rodhan

Autor del artículo destacado

Hans Morgenthau escribió: “Las relaciones internacionales son algo que no debe darse por sentado, sino más bien algo que debe entenderse y modificarse y, más concretamente, modificarse más allá de los límites actuales de su estructura política y organización. Y es aquí, de hecho, donde radica la máxima justificación teórica y práctica de nuestro interés por una teoría de las relaciones internacionales”.

En el ámbito actual de las relaciones internacionales existen varios marcos generales que intentan explicar su funcionamiento y, en distinto grado, contribuir a los esfuerzos para avanzar más allá de los límites aparentes del sistema vigente. Estos enfoques proporcionan una serie de visiones del mundo, entre las cuales la más conocida es la visión realista.

El realismo ha establecido los límites de la disciplina, lo que ha supuesto que las relaciones internacionales se hayan ocupado tradicionalmente del estudio de las relaciones entre Estados. El concepto del mundo que presentan los realistas es fácil de entender. Los Estados racionales, calculadores y egoístas son los agentes más importantes en un sistema internacional no jerárquico.

Las estrategias de super vivencia de los Estados se basan en acumular poder y formar alianzas contra cualquier Estado que amenace con alterar el equilibrio de poder establecido. El juego se llama política de poder, y es un juego de suma cero. Es decir, la ganancia de un Estado significa la pérdida de otro. Además, en condiciones de escasez y anarquía internacional, la moral se considera la locura de un estadista.

No abrigo ninguna ilusión de que la moral y la paz sean posibles sin una autoridad central global justa o una hegemonía benévola. Dados los poderosos e innatos instintos de supervivencia y los estímulos de conducta, a lo largo de los siglos los filósofos han reconocido que es necesario algún tipo de autoridad central para prevenir/arbitrar los conflictos y garantizar la justicia, la seguridad, la paz y la prosperidad. Los estudiosos de las relaciones internacionales se encuentran entre los agentes más recientes que intentan lidiar con estos problemas y ofrecer consejo a los Estados en sus relaciones mutuas.

Sin embargo, como paradigma dominante de la disciplina, el realismo solo hace hincapié en algunos de los aspectos de la naturaleza humana que podrían motivar la conducta estatal. La mayoría de los realistas asumen que el miedo, la reputación y los propios intereses constituyen los principales factores motivadores detrás de las maniobras de los Estados. Y se considera que estos impulsos existen a priori.

En otras palabras, no se espera que la interacción con otros Estados modifique significativamente las preferencias, intereses o postura de un Estado hacia sus homólogos. Es más, otros posibles factores motivadores, tales como el deseo de justicia, la compasión o la responsabilidad legal, son considerados impulsores menos importantes de la conducta del Estado. Por lo tanto, la visión realista del mundo está respaldada por una concepción muy estrecha de la naturaleza humana.

Lo que se echa claramente en falta en el paradigma realista son los sustratos de naturaleza humana que requieren algún concepto de los marcos preceptivos y normas que impregnan las relaciones entre los agentes. Yo sostengo que la percepción de la neurobiología proporciona una comprensión más completa tanto de los seres humanos como de los Estados y sus relaciones.

Las concepciones neurobiológicas de la naturaleza humana son mucho más amplias que las del realismo. El ego de una persona, por ejemplo, no se entiende simplemente como el motor de la dominación y la búsqueda del poder, sino también como el motor de otra serie de características, como la necesidad de una identidad positiva y el sentimiento de pertenencia. Si se tienen en cuenta estos factores, nuestra comprensión de la conducta humana, así como la conducta de los Estados, se modifica sustancialmente.

El estadocentrismo del realismo también conduce a una concepción del sistema global demasiado estrecha, lo que resulta en dejar a un lado numerosos agentes no estatales que ayudan a explicar la dinámica y las relaciones dentro del sistema global. Por otra parte, limitar el estudio de las relaciones internacionales a la distribución de las capacidades materiales entre los Estados pasa por alto otros tipos de poder y motivadores de acción que constituyen identidades distintas a la del Estado soberano racional y egoísta, como son las identidades étnicas y de género. Bajo mi punto de vista, se debe ampliar la concepción del sistema global y, además, se debe añadir una dimensión idealista a su ontología (es decir, lo que existe).

Los problemas del realismo

En una visión realista del mundo, la naturaleza humana está gobernada por el miedo, la reputación y el interés personal, con muy poco espacio asignado al libre albedrío y, por lo tanto, a la capacidad de cambiar la propia naturaleza. Se piensa que cualquier conducta moral que pueda exhibirse es resultado del interés personal, no del altruismo. Dado que el Estado se considera la unidad política más importante, estas características se transponen a nivel del Estado. Se piensa que los Estados se preocupan, ante todo, por su propia supervivencia, que pretenden asegurar a través del acopio de poder.

Sin embargo, cuando un Estado acumula energía, provoca la inseguridad de los otros y les anima a hacer lo mismo. A falta de una estructura de autoridad global capaz de garantizar la seguridad de los Estados, la creencia es que existe un dilema de seguridad permanente, y la competición por la seguridad pasa a formar parte del orden natural de las cosas.

Las estrategias de supervivencia de los Estados se basan en acumular poder y formar alianzas contra cualquier Estado que amenace con alterar el equilibrio de poder establecido. El juego se llama política de poder, y es un juego de suma cero.

Los realistas creen que el dilema de seguridad puede ser limitado por un equilibrio de fuerzas. El estudioso neorrealista Kenneth Waltz, por ejemplo, sostiene que cuando existen dos o más grandes potencias, prevalece un equilibrio de poder. En su opinión, los Estados tienden a equilibrar un poder creciente con el fin de evitar alterar el statu quo. De hecho, según Waltz, para examinar las relaciones internacionales es fundamental estudiar el equilibrio de poder en condiciones de anarquía internacional y, por lo tanto, las “políticas de alto nivel” como la guerra, las alianzas militares, etcétera. Se supone que la distribución del poder militar determina el cambio y la transformación en el sistema internacional.

Puesto que los Estados se consideran los principales agentes de la política internacional, y se supone que son egoístas racionales, se piensa que los valores morales pertenecen exclusivamente a la esfera doméstica. Los intereses propios de los Estados niegan el acuerdo sobre los principios morales universales.

Del mismo modo, se cree que los acuerdos de cooperación entre los Estados solo sobreviven mientras los Estados los perciben como algo que favorece sus propios intereses, y que las instituciones multilaterales existen dependiendo del capricho de los intereses de las grandes potencias.

Sin embargo, la naturaleza humana está compuesta por un número mayor de facetas que las que subraya el realismo. Como se señala en el realismo simbiótico, la concepción realista de la naturaleza humana deja de lado aquellos elementos que requieren una habilidad para captar la forma en que las percepciones y las normas pueden alterar la conducta y pueden ser, al menos en parte, integrantes del propio ser. Esto indica que los cambios en la distribución del poder militar pueden constituir una única explicación para el cambio y la transformación dentro del sistema internacional. También es probable que las normas y percepciones justifiquen el cambio y la transformación.

Por otra parte, los Estados ya no pueden garantizar su seguridad de forma autosuficiente. Muchas de las amenazas a las que se enfrentan no proceden de otros Estados, sino de agentes no estatales, muchos de los cuales pueden actuar a escala transnacional. La creciente atención dedicada a la cultura, por ejemplo, refleja la importancia de las grandes identidades colectivas en la política mundial. No podemos permitirnos negar la relevancia de los aspectos culturales en un mundo marcado por la creciente movilidad humana y las comunicaciones. Cuando pueden difundirse imágenes simultáneamente a varias zonas del mundo, el trato o las actividades de un grupo pueden afectar a uno o varios miembros de ese grupo en otros países.

Además, los peligros planteados por los agentes no estatales no son militares por naturaleza en muchos casos. Hoy en día, los analistas de seguridad nacional incluyen como posibles amenazas a la seguridad las consecuencias del calentamiento global, como son el clima extremo y la escasez de agua, la propagación de enfermedades infecciosas, los ataques cibernéticos a la infraestructura crítica, etcétera.

Por tanto, la política de alto nivel no es necesariamente el enfoque más eficaz de la política mundial. Es más, los acontecimientos en una región del mundo pueden tener un impacto casi inmediato en otra debido a la rapidez y disponibilidad de los flujos de información. Hacer frente a los peligros planteados por los agentes no estatales requiere la cooperación con otros Estados y una gama diferente de “herramientas de seguridad” –no solo los medios militares.

Dado que la seguridad y prosperidad dependen en gran medida de las relaciones de cooperación con otros Estados, no podemos dar por sentado que las relaciones entre los Estados se rigen necesaria y principalmente por la competencia. La creciente interdependencia significa que las ganancias absolutas son posibles y que la política mundial no debería ser a priori de suma cero, como sugiere el realismo. Esto implica que aunque un Estado posea un grado de poder desproporcionado, es posible que otros Estados no formen alianzas contra él. De hecho, en el mundo actual, es mucho más probable que se aliaran con el Estado más poderoso si ese poder consistiera principalmente en otras capacidades distintas al poder militar.

Los realistas también dan por sentado que el poder del Estado procede del control de los recursos. La necesidad de controlar los recursos proviene de la suposición de que los recursos son escasos y de que no existe una autoridad suprema para regular su distribución. Así, la competencia por los recursos se supone omnipresente. Sin embargo, se debe reevaluar la validez de esta hipótesis, ya que los adelantos tecnológicos pueden proporcionar alternativas a los recursos que escasean actualmente.

Si bien los recursos naturales, como el petróleo, siguen siendo muy significativos para la situación de un Estado en el entorno mundial, también son importantes otras “capacidades”, tal como explico en Al-Rodhan (2009a). La meta-geopolítica, como la denomino, debe considerar una serie de facetas del poder del Estado, incluyendo los aspectos sociales, sanitarios, la política nacional, la economía, el medio ambiente, la ciencia y el potencial humano, los asuntos militares y de seguridad, y la diplomacia internacional.

El realismo simbiótico y las dimensiones entrelazadas de un mundo interconectado

El realismo simbiótico deja claro que la percepción realista de las relaciones estatales competitivas, en las que los Estados se preocupan principalmente por las ganancias relativas en un sistema autosuficiente, no resiste el escrutinio. Mi concepción de la naturaleza humana nos dice que las percepciones son tan importantes como las capacidades materiales como motivadores de la conducta del Estado. Es más, dada la creciente interdependencia, los Estados pueden participar en las relaciones simbióticas, es decir, pueden tomar parte en una relación de dependencia mutua que permita a un Estado ganar más que otro sin que eso les perjudique.

Esto tiene varias implicaciones para los realistas. En primer lugar, significa que las ganancias absolutas son posibles y que el “juego” de las relaciones internacionales no es necesariamente de suma cero. En segundo lugar implica que, incluso cuando un Estado esté acumulando una cantidad desproporcionada de poder (capacidades materiales), no hay ninguna razón para suponer que otros Estados formarán alianzas para intentar inclinar la balanza en su contra. En tercer lugar, implica que una hegemonía responsable debería cuidar los intereses de otros Estados y evitar la conducta amenazadora o, como una serie de eruditos neorrealistas han sugerido recientemente, participar en un tipo de “equilibrio extraterritorial”.

Por otra parte, algunos aspectos del poder de un Estado pueden proceder de su capacidad para liderar a través del consentimiento en lugar de la coacción, lo que implica necesariamente esquemas cognitivos y normativos, así como fenómenos materiales. Esto implica un tipo de hegemonía. La sensibilidad del realismo simbiótico hacia los esquemas de percepción y las normas permite explicar, a diferencia de los realismos tradicionales, por qué los Estados Unidos son capaces de liderar sin tener que hacer frente a las alianzas de los Estados europeos que contrapesan su poder. También sugiere maneras de evitar la resistencia a su posición abrumadoramente superior en el sistema global.

Una ontología dual permite también al realismo simbiótico captar el sentido en el que las grandes identidades colectivas, ya sean subestatales o supraestatales, son entidades fluidas, y no fijas, que continuamente están adaptándose a los cambios del entorno. La globalización es una dimensión clave que está ayudando a cambiar rápidamente el entorno de las personas. Como resultado de los adelantos tecnológicos podemos conectar inmediatamente unos con otros y las imágenes pueden difundirse en un instante por todo el mundo, a menudo con consecuencias graves. La movilidad humana también se ha intensificado a medida que las personas emigran para buscar trabajo en otros países y viajan con mayor facilidad de un lugar a otro.

Lo que esto significa es que las grandes identidades colectivas se rozan con otras identidades colectivas en un grado mucho mayor que antes. Esto puede hacer que los miembros de estas entidades se sientan amenazados, desorientados, o marginados. Las grandes identidades colectivas son, por lo tanto, significativas para la dinámica del sistema global.

Las preferencias neurobiológicas de la naturaleza humana indican que el bienestar de los seres humanos depende en parte de poseer una identidad positiva y un sentimiento de pertenencia. También nos dicen que son igualmente posibles la arrogancia cultural y la excepcionalidad que, conjuntamente, pueden aumentar la inseguridad y la posibilidad de conflicto.

En un mundo en el que la movilidad humana es cada vez mayor y las comunicaciones han permitido que las imágenes aparezcan simultáneamente en múltiples zonas del planeta, es esencial que los seres humanos se sientan respetados y valorados y que se eviten excesos como la arrogancia cultural. Hoy en día, nos enfrentamos al reto colectivo de gestionar con éxito las relaciones entre los grupos culturales dentro de las sociedades y fomentar, cuando menos, la convivencia pacífica entre las civilizaciones. El realismo simbiótico argumenta que la sinergia debe ser el principio que rija la búsqueda de mejores formas de gestionar las sociedades multiculturales y las relaciones entre las culturas.

Se entiende por sinergia transcultural una situación en la que una pluralidad de culturas y civilizaciones tiene un efecto neto mayor que el previsto basándose en el conocimiento de los probables efectos de las culturas y civilizaciones individuales. En efecto, es posible que cada identidad colectiva de gran tamaño pueda estimular a otras identidades colectivas que se enfrentan a retos similares planteados por las mismas tendencias de la naturaleza humana y los mismos contextos de anarquía mundial y globalización.

El realismo simbiótico atribuye un papel importante a la naturaleza humana. Adopta una concepción más amplia de la naturaleza humana impregnada de la percepción profunda de la neurobiología. Dentro de esta visión, los individuos pueden obedecer a los instintos básicos o a aspiraciones superiores. Cuando la supervivencia está en juego, los instintos básicos tienen prioridad. Sin embargo, una vez que las necesidades básicas están cubiertas, la humanidad es capaz de actuar moralmente. No obstante, es importante recordar que me estoy refiriendo a la mayoría de las personas, y que las capacidades morales del individuo dependen también de la crianza, la educación y la experiencia personal.

Es evidente que los mecanismos de gobernanza hacen más probable que exista una conducta moral bajo la anarquía internacional. De hecho, si la gente solo es capaz de actuar de acuerdo con las normas morales cuando sus necesidades básicas están cubiertas, son necesarias buenas estructuras de gobernanza mundial.

A mi juicio, los Estados siguen siendo los agentes centrales del sistema global. Sin embargo, no doy por sentado que son agentes unitarios que basan sus acciones en intereses calculados racionalmente. Algunas partes del Estado pueden participar en redes transnacionales, formando una estructura de gobernanza que va más allá de las fronteras del Estado, pero, al mismo tiempo, no constituyen un Estado mundial. Los intereses y preferencias del Estado también pueden modificarse mediante la interacción repetida con otros Estados. Ambos factores sugieren que puede existir un orden incluso en ausencia de un Estado soberano mundial.

Además, la capacidad militar por sí sola puede no ser suficiente para indicar una amenaza. También debe existir la percepción de que el hecho de que un Estado tenga capacidad militar representa una amenaza. Así, el dilema de seguridad existente –según se cree– en un orden mundial anárquico no es automático, y es probable que dependa tanto de la percepción de la amenaza como de una capacidad militar real.

Sin embargo, centrarse en los Estados no es suficiente, y se buscó una concepción más exhaustiva del sistema mundial para mi teoría. Considero que las grandes identidades colectivas, ya sean subnacionales, transnacionales o supranacionales, son agentes importantes. No deben concebirse de manera estática, sino como entidades fluidas. Es más, no son homogéneas, es probable que contengan contradicciones.

Asimismo, la falta de atención a los intercambios y los casos de préstamos entre ámbitos geoculturales pueden conducir a la arrogancia cultural y a la creencia de que cada ámbito geocultural es autosuficiente y que los encuentros con los demás implican conflictos. Sin embargo, si examinamos la historia de la civilización humana, es evidente que las culturas y los ámbitos geoculturales siempre se han solapado y cruzado en formas que han cimentado acumulativamente la civilización humana. Ser conscientes de esta interconectividad y deuda mutua es esencial para desarmar argumentos, como la tesis del choque de civilizaciones de Huntington, que corren el riesgo de autoperpetrarse. También es un método muy útil para “desmitificar” las identidades civilizacionales excluyentes sobre las que tanto se ha escrito.

En un mundo cada vez más interconectado, las instituciones multilaterales son agentes importantes. Si bien son –con demasiada frecuencia– prisioneros de los caprichos de los Estados más poderosos, a menudo esto se debe a la forma en que los mecanismos y acuerdos institucionales reflejan las relaciones de poder dentro del sistema político mundial. Como se señaló anteriormente, las instituciones de Bretton Woods y las Naciones Unidas fueron establecidas por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, y reflejan claramente este hecho.

Sin embargo, estas instituciones tienen un papel vital en la mediación de las relaciones entre los Estados y en proporcionar los medios con los que hacer frente a una serie de problemas que no pueden ser solucionados por un Estado individual o mediante paradigmas centrados en el Estado (por ejemplo, la salud, el deterioro medioambiental, la migración). Estas instituciones continúan siendo los elementos públicos centrales de la gobernanza mundial y, como tales, hay mayor posibilidad de exigirles que rindan cuentas, por lo menos a sus miembros. El multilateralismo también es crucial para el reparto de la carga entre los Estados y la necesidad de encontrar soluciones conjuntas a los desafíos políticos. Además, estas instituciones han jugado un papel clave en la difusión de normas y principios.

Las ONG también contribuyen a la gobernanza mundial, y su papel debe captarse dentro de un marco teórico. Sus miembros son agentes transnacionales en lugar de Estados. Eso significa que no están sujetos a las mismas restricciones que las instituciones multinacionales y, de hecho, pueden afirmar que son más capaces de representar a personas o causas dejadas de lado por la política convencional. Sin embargo, las ONG no fueron creadas únicamente para representar a los menos afortunados de la sociedad. Se han unido empresas para ayudar a establecer normas comunes y una serie de organismos profesionales han desarrollado conexiones transnacionales formando cuerpos organizativos para ayudarlas a lograr sus objetivos.

Por lo general, se entiende por “empresa multinacional” una firma que tiene su sede en un país y trabaja en otro. Sin embargo, también se consideran empresas que poseen filiales en el extranjero. A pesar de existir desde el siglo XIX, su espectacular crecimiento comenzó a finales del siglo XX, y guarda relación con la reestructuración de la economía política mundial.

La desregulación de los mercados y los avances tecnológicos han creado nuevas posibilidades para las empresas que desean practicar el arbitraje regulador. Una de las consecuencias es que las normas de salud y seguridad y los salarios sufren presiones a la baja, lo que contribuye a la disminución de los valores y el bienestar. Esto puede ser especialmente cierto para aquellos que trabajan en sectores que dependen de una fuerte presencia de empresas extranjeras.

En una visión realista del mundo, la naturaleza humana está gobernada por el miedo, la reputación y el interés personal. Se piensa que cualquier conducta moral que pueda exhibirse es resultado del interés personal, no del altruismo. Dado que el Estado se considera la unidad política más importante, estas características se transponen a nivel del Estado.

El realismo simbiótico también clasifica a las mujeres como agentes en sí, con el fin de hacerlas más visibles. Las mujeres se ven afectadas por el sistema global y, al mismo tiempo, ayudan a configurarlo en formas que pueden ser bastante distintas a las de los hombres. Al nivel más básico, tienen un acceso distinto a la atención sanitaria y a la educación. Un informe reciente del Geneva Centre for the Democratic Control of Armed Forces documenta que el índice de mortalidad de la mujer es más alto debido a la falta de acceso a la atención sanitaria, por ejemplo. Las escasas oportunidades de educación también pueden afectar a su esperanza de vida. La falta de educación, por ejemplo, puede aumentar el riesgo de muerte durante el parto, así como el de desnutrición. En resumen, las mujeres son un tipo específico de agente que suele estar oculto con demasiada frecuencia gracias a lo que el paradigma tradicional de las relaciones internacionales ha permitido “ver”. El realismo simbiótico identifica al medio ambiente como un “agente reactivo”, ya que responde, aunque de una manera inconsciente e irracional, a las actividades humanas. Aunque los seres humanos han afectado al medio ambiente desde el momento de su aparición, el siglo pasado fue contundente en términos de su impacto. Este nivel de actividad humana, en particular la actividad económica, junto al aumento de la población, está llevando al medio ambiente a reaccionar en formas específicas que tienen un efecto actual y que probablemente ayudarán a configurar el futuro orden mundial. Por tanto, es esencial reconocer el papel que juega el medio ambiente en el ámbito internacional.

De hecho, el medio ambiente reacciona de maneras que pueden afectar a la sustentabilidad del nivel actual de la civilización humana. Es probable que el cambio climático global originado, según la opinión mayoritaria de la comunidad científica, por la emisión de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono, resulte en un aumento de la temperatura de 2 a 9 ºC durante los próximos cincuenta años. Esto acelerará el deshielo de los casquetes polares, haciendo que aumente el nivel del mar. Como resultado, comunidades enteras podrían ser desplazadas y Estados insulares podrían desaparecer por completo.

Una de las dificultades para reducir el daño ambiental es el carácter transnacional de su impacto. Además, el daño al medio ambiente está relacionado con prácticas enraizadas en la economía política mundial. Muchos agentes que contribuyen al deterioro del medio ambiente son agentes no estatales, más difíciles de regular, principalmente las empresas. Una regulación fructífera del medio ambiente requerirá mecanismos de gobernanza que deben ser acordados multilateralmente, y en algunos casos transnacionalmente, así como mecanismos de aplicación adecuados.

La adopción de una ontología dual nos ayuda a captar los sustratos de la naturaleza humana en una forma más apropiada. Reconozco que los seres humanos están, en efecto, motivados por la satisfacción de las necesidades humanas, el ego y el miedo. Sin embargo, también hay formas en que los significados intersubjetivos estructuran las facetas del ego que requieren una ontología idealista. Hemos de ser sensibles a la forma en que las identidades específicas culturales, de género y de clase, por ejemplo, determinan la manera en que las personas experimentan la misma cosa o, en otras palabras, ser capaces de reconocer que existen muchas “verdades”.

Como un subconjunto de la tecnología, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) también son consideradas como “agente reactivo” por el realismo simbiótico. Las TIC han modificado la rapidez con que pueden difundirse la información y las imágenes en todo el mundo. Las consecuencias de los avances en este campo han repercutido en las actividades globales del mercado económico y financiero, en los viajes y el transporte, en la importancia creciente de los medios y la diplomacia pública y en el crecimiento y los riesgos relacionados con el ciberespacio y la “blogosfera”, por nombrar unos cuantos. Regular las TIC es difícil debido a su accesibilidad generalizada y al carácter descentralizado y el anonimato potencial de sus usuarios.

La dinámica del sistema global

De acuerdo con el realismo simbiótico, la dinámica del sistema global es el resultado de cuatro dinámicas entrelazadas: los sustratos neurobiológicos de la naturaleza humana, la anarquía global, la interdependencia y la conectividad instantánea. Así, existen agentes en condiciones particulares determinadas por el “estado de naturaleza”.

Individuos

Los seres humanos están motivados, en primer lugar, por la satisfacción de sus necesidades básicas: alimentos, vivienda, seguridad física, pertenencia y una identidad propia positiva, es decir, por su propio interés emocional. Es poco probable que se dejen llevar por marcos morales conscientes hasta que sus necesidades básicas estén cubiertas. En el estado de naturaleza es probable que existan inseguridad humana y explotación. Como se mencionó anteriormente, las mujeres afectan y se ven afectadas por la dinámica del sistema global en formas relacionadas específicamente con el género, determinadas por su estatus reducido o inexistente en muchas esferas de la vida.

Estados

En un estado de naturaleza, los Estados tienden a perseguir su propio interés, percibido como una forma de asegurar su propia supervivencia en condiciones de anarquía internacional. Sin embargo, el interés nacional puede ser definido no solo por el ambiente exterior, sino también por los agentes internos o la “penetración” de otros Estados. Stephen Walt (2005) argumenta que “la penetración política interna” de otros Estados ayuda a configurar la política exterior de Estados Unidos empeorándola. Las TIC también pueden penetrar en la política interna de los Estados y ayudar a determinar las posturas políticas. El equilibrio de la conducta como resultado de la percepción de amenazas también puede formar parte de la conducta del Estado en un estado de naturaleza.

Organizaciones internacionales

En un estado de naturaleza, la cooperación entre los Estados dentro de las instituciones multilaterales es limitada. Además, es probable que los Estados sean rehenes de poderes superiores que tienen una representación mayor y disfrutan de posiciones privilegiadas en las instituciones multilaterales. La cooperación prevalecerá cuando redunde en beneficio de esos poderes. Las ONG tienen mayor capacidad para actuar con imparcialidad, ayudando a veces a llenar el vacío dejado por las instituciones multilaterales. También juegan un papel importante en cuanto al aumento de la sensibilización y el establecimiento de la agenda.

Grandes identidades colectivas

La necesidad básica de los seres humanos de una identidad positiva y un sentimiento de pertenencia puede, si no se satisface, conducir al excepcionalismo, la exclusión y la marginación. La historia del imperialismo, la arrogancia cultural y el excepcionalismo, que lamentablemente persiste hoy en día, puede conducir a una sensación de injusticia y a la falta de reconocimiento de aquellos que se sienten empujados a los márgenes de la historia mundial. El aumento de la interdependencia y la conectividad instantánea puede añadir otra dimensión. La migración en el contexto de la división global del trabajo puede llevar a la gente a tener un estrecho contacto con “desconocidos” en un panorama de desigualdades socioeconómicas. Sin suficiente conocimiento de las diferentes tradiciones y valores culturales, esto puede derivar en tensión, especialmente cuando son explotados por aquellos que desean crear la desconfianza y el miedo para sus propios fines personales.

Empresas transnacionales

Sin normas y reglamentos que especifiquen lo contrario, las empresas transnacionales practican el arbitraje regulador. Reubicándose o estableciendo alianzas estratégicas con otras empresas, pueden trasladarse de un país a otro donde las condiciones se consideren más favorables. Esta capacidad puede resultar en una disminución constante de las condiciones de trabajo, ya que los gobiernos tratan de atraer o mantener a las empresas transnacionales en sus territorios. Así, en un estado de naturaleza, las empresas transnacionales pueden contribuir a una mayor explotación y a la búsqueda del beneficio a toda costa.

Medio ambiente y recursos naturales

En un estado de naturaleza, es muy difícil negociar un marco legal que regule las actividades que afectan al medio ambiente en una base multilateral. Estas actividades están integradas en las estructuras socioeconómicas y políticas de los Estados. Garantizar la prosperidad económica forma parte de las consideraciones de seguridad nacional del Estado, que lo lleva a actuar sobre la base de consideraciones a largo plazo que pueden implicar costos a corto plazo por parte de las empresas especialmente problemáticas para los Estados. La escasez de recursos naturales también puede verse agravada por las estrategias de gestión inadecuadas de los Estados.

TIC

La regulación sólida de las TIC es particularmente difícil debido al acceso masivo e instantáneo. Los delitos informáticos se desarrollan a tal velocidad que los organismos encargados de hacer cumplir la ley no disponen de capacidad para combatirlos. Como se observa en Al-Rodhan (2007b), si el ciberespacio no está suficientemente regulado, puede convertirse en un vehículo para los ataques personales, así como para la inseguridad e intolerancia estatal.

Desafíos de la politica exterior

Gran parte de los desafíos de la política exterior que deben encarar los Estados en la actualidad son resultado de la aparición de normas que desafían las estrechas concepciones tradicionales de la soberanía del Estado, como por ejemplo las que se centran en el individuo como asunto de seguridad. Además, el poder relativo sigue siendo una preocupación para los Estados, pero el contexto en el que actúan requiere cooperación y un considerable grado de distribución de la carga. Por último, en el contexto actual, encontrar el equilibrio adecuado entre la unidad pacífica y el respeto por las diferencias culturales es un gran desafío para los Estados.

Individuos

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 amplió los derechos políticos y civiles incluyendo los económicos y culturales. Este documento goza de un amplio apoyo, pero los derechos humanos de las personas todavía no se respetan universalmente. Los desafíos surgen por el conflictivo principio de la soberanía del Estado. Los derechos humanos están concebidos como derechos universales que pertenecen a todos los individuos, aunque la persistencia de las identidades nacionales particularistas sigue poniendo en peligro estos derechos debido a la falta de apertura a la presión internacional por los derechos humanos.

Las normas internacionales de soberanía y no intervención están respaldadas con más fuerza que las de los derechos humanos. Sin embargo, existen diferentes interpretaciones sobre el alcance e implicaciones de la soberanía y no intervención, y es probable que este sea el hecho que determine el grado en que los líderes de un Estado en particular perciben una contradicción entre las normas de la soberanía y de los derechos humanos internacionales.

Otro asunto mencionado anteriormente es la afirmación de que los derechos humanos no son compatibles con algunas culturas no occidentales. En algunos casos, la gente puede no ser plenamente consciente de las sensibilidades culturales; qué es factible y cuándo, y qué agentes pueden estar en mejores condiciones para lograr progresos en determinados derechos, por ejemplo los de las mujeres.

Estados

Tal como se ha explicado anteriormente, el paradigma realista presupone que los Estados persiguen sus propios intereses materiales dentro de un sistema internacional anárquico. Además, se considera que su preocupación son las ganancias relativas y las absolutas. Por tanto, los Estados tienen tendencia a involucrarse en cálculos de interés nacional a corto plazo. Se supone que puede llegarse a estos cálculos mediante la evaluación racional de los costos y beneficios de las diversas opciones. Sin embargo, los intereses nacionales pueden lograrse a través de otros mecanismos.

Walt (2005) propone una ligera modificación al punto de vista realista. Destaca la capacidad de otros Estados para penetrar en Estados Unidos e influir en las decisiones de política exterior. Walt argumenta que esto ayuda a explicar las decisiones de política exterior que no contribuyen a los intereses a largo plazo de Estados Unidos.

La idea de la penetración nacional también pone de relieve la forma en que las grandes empresas, por ejemplo, pueden influir en las decisiones políticas nacionales, y por lo tanto refuerza la importancia de adoptar medidas para reducir al mínimo el papel del dinero en la política. Los agentes transnacionales también pueden lograr influir en las políticas de los gobiernos nacionales. Las empresas transnacionales son el ejemplo más claro. Lo que implican estos ejemplos es que la frontera entre lo que tradicionalmente se consideraba “nacional” e “internacional” es artificial, y que ya no es útil pensar en esos términos.

Walt sostiene que, históricamente, los Estados tendían a intentar nivelar la balanza en contra de los Estados que amenazaban con romper el equilibrio existente de poder. Sin embargo, los escasos intentos de los Estados europeos por compensar la balanza contra Estados Unidos durante la época posterior a la guerra fría indican que este supuesto no puede sostenerse en todas las circunstancias y que no tiene necesariamente una naturaleza sistemática. La respuesta de Walt es que en lugar de enfocarse en los cambios en el poder –concebidos principalmente en términos militares– los teóricos del equilibro de poder deberían centrar la atención de su análisis en las amenazas. Concebido así, no hay razón para esperar que los Estados europeos participen en equilibrar la balanza en relación a Estados Unidos.

En su opinión, la evidencia sugiere que los Estados no muestran una tendencia a equilibrar la balanza en contra de las potencias emergentes que no se consideran una amenaza. La importancia de esto no debe pasarse por alto, pues implica que si las relaciones interestatales están marcadas por las buenas relaciones, la acumulación de poder por parte de un Estado no conlleva necesariamente la inestabilidad. Por otra parte, también destaca la importancia de las medidas destinadas a fomentar la confianza y el compromiso en las relaciones internacionales. Al no equiparar el poder con la amenaza, Walt contempla un retorno a la estrategia de Estados Unidos de “equilibrio extraterritorial”, que consiste en convencer a otros de la legitimidad de las propias políticas.

El argumento de Walt es útil en la medida en que pone en tela de juicio la suposición realista de que los cambios y transformaciones del sistema internacional derivan de los cambios en la distribución del poder militar. Por otra parte, también cuestiona la idea realista de que las ganancias son relativas y que, por tanto, la política internacional es un “juego de suma cero”. Además, una mayor interdependencia tendería a reforzar este argumento, dado que los Estados solo pueden obtener ganancias en algunos casos coordinando sus respuestas.

Los teóricos liberales de las relaciones internacionales sostienen que el supuesto realista de que los Estados están más preocupados por las ganancias relativas se basa en la premisa de que un “juego” se juega una sola vez. Ellos hacen hincapié en que, cuando un juego se juega repetidas veces, pueden ser preferibles las relaciones de cooperación. Esto implica que se da preferencia a las ganancias absolutas a largo plazo respecto a las ganancias relativas a corto plazo. Las relaciones iterativas permiten a los líderes de los Estados percibir las ganancias absolutas a largo plazo basadas en las relaciones de cooperación como algo bastante seguro.

La prioridad de las ganancias absolutas sobre las ganancias relativas en la perspectiva liberal se basa en la existencia de relaciones reiteradas. Cuando los Estados no están integrados adecuadamente en los acuerdos multilaterales que podrían proporcionar los medios con los que influir en los resultados que les afectan, podemos esperar que se dé prioridad a las ganancias relativas.

Cuando un Estado utiliza sus recursos para participar en la negociación en lugar de asegurar a largo plazo la cooperación con otros Estados, es probable que haga hincapié en las ganancias relativas. En estos casos, las ganancias a corto plazo priman sobre las ganancias a largo plazo. Esto puede estar motivado por la situación política interna. Si un régimen o los dirigentes de un país pretenden afirmar su legitimidad mediante las ganancias a corto plazo, es poco probable que las ganancias se difieran.

También existe la variable de la responsabilidad de los dirigentes hacia sus poblaciones. Si los líderes buscan una victoria electoral, las ganancias inmediatas pueden tener un impacto en sus cálculos. También es posible que las ganancias a largo plazo sean mínimas o inciertas. Si un Estado considera que tiene poca capacidad para lograr beneficios a largo plazo, puede optar por un máximo de ganancias a corto plazo.

Nos enfrentamos al reto colectivo de gestionar con éxito las relaciones entre los grupos culturales dentro de las sociedades y fomentar, cuando menos, la convivencia pacífica entre las civilizaciones. El realismo simbiótico argumenta que la sinergia debe ser el principio que rija la búsqueda de mejores formas de gestionar las sociedades multiculturales y las relaciones entre las culturas.

Organizaciones internacionales

Es importante que se favorezcan las soluciones multilaterales sobre las soluciones unilaterales. Para la mayoría de los Estados es probable que este sea el caso, dado el carácter transnacional de muchos asuntos políticos y la futilidad de tratar de resolverlos por sí mismos. Sin embargo, puede no ser el caso para Estados que no están adecuadamente integrados en el sistema multilateral y que mantienen un concepto muy particularista de los intereses nacionales. Las respuestas unilaterales a los problemas son todavía más perjudiciales para la credibilidad de las instituciones multilaterales. La falta de representatividad de las instituciones multilaterales añade un problema adicional. Por tanto, estas instituciones pueden ser consideradas por muchos como carentes de legitimidad y como un reflejo de las preferencias de los Estados dominantes.

Grandes identidades colectivas

Las decisiones sobre política exterior pueden afectar negativamente a las relaciones transculturales, alimentando las quejas de los miembros de las grandes identidades colectivas. Es poco probable que las políticas que crean o mantienen injusticias experimentadas por un grupo permanezcan entre los intereses a largo plazo de un Estado. Esto se debe a que la necesidad de una identidad estable y un sentido de comunidad es vital para la dignidad humana. Si las personas o miembros de la propia comunidad sufren una humillación constante, es probable que la atracción que ejerce el extremismo sea mayor. Hasta los ciudadanos ordinarios pueden justificar el terrorismo, por ejemplo, como una forma de castigar a aquellos agentes que perciben como responsables de mantener el statu quo. La dificultad para el Estado es lograr el equilibrio adecuado entre la cohesión y solidaridad social, y la preservación de las identidades culturales.

Medio ambiente y recursos naturales

El deterioro ambiental no solo afecta al crecimiento económico de un país, también afecta a su seguridad. El deterioro ambiental puede contribuir a los conflictos por los recursos, al desplazamiento de las personas, a la destrucción del medio de vida y a los daños a la salud. La interconexión entre el medio ambiente, la economía política y la seguridad implica que la protección del medio ambiente debería formar parte de las consideraciones políticas de un país, no solo en el ámbito del desarrollo, sino también en el de la seguridad. El manejo fructífero de los recursos naturales en los que se basa la estabilidad política de un país es un elemento clave de la política exterior.

TIC

Gracias a las nuevas tecnologías, las noticias pueden transmitirse a un ritmo mucho más rápido que antes –ya sea a través de los canales de noticias 24 horas o mediante el uso de internet–. Esto ha propiciado que los políticos utilicen a menudo los medios de comunicación para difundir mensajes. Sin embargo, en algunos casos, esto puede provocar que los responsables políticos respondan precipitadamente a los acontecimientos. El público también puede confiar en fuentes de noticias de internet sin intervención de los periodistas, que pueden al menos hacer un esfuerzo por corroborar sus historias. Los responsables políticos deben ser conscientes de esas fuentes.

El acceso generalizado, el anonimato y la velocidad con que puede difundirse la información a través de internet también plantean desafíos a los esfuerzos para evitar que se empleen para medios nefastos, como sembrar el odio e incitar a la violencia. Los esfuerzos por regular las TIC deben conjugarse con la necesidad de permitir la libertad de expresión. Las autoridades públicas deben encontrar el equilibrio entre prevenir la violencia, el odio y la intolerancia, y permitir la libertad de expresión.

El camino a seguir

El realismo simbiótico proporciona un marco normativo para ayudar a guiar a los responsables políticos en un mundo impulsado por la dinámica creada por los sustratos de la naturaleza humana, la anarquía formal, la interdependencia y conectividad instantánea.

Los individuos

La promoción y protección de los derechos humanos debe formar parte de la promoción de la seguridad. Sin embargo, esto debe hacerse de una manera culturalmente sensible y enriquecedora. Una concepción de la seguridad centrada en los individuos proporcionaría un marco para la promoción y protección coherente de los derechos humanos en el más amplio sentido. La seguridad humana definida como la libertad para vivir sin necesidades y sin miedo es lo suficientemente amplia para incluir los derechos políticos, civiles, económicos y socioculturales. Sin embargo, la seguridad humana debería incluir también la promoción de una imagen positiva de sí mismo.

Aunque los derechos humanos constituyen un medio eficaz para promover el bienestar de los individuos, los esfuerzos por promover los derechos humanos pueden ser vistos con recelo. Por tanto, es importante recordar que “la humildad, la comprensión, la paciencia, el diálogo y el tiempo son aspectos cruciales para favorecer la aparición de convicciones, participantes y procesos endógenos que tengan en cuenta las características históricas y culturales”. Poner el acento en la dignidad humana puede ser un medio de promover los principios fundamentales que sustentan los derechos humanos de una manera compatible con todos los léxicos morales.

El Estado

La anarquía internacional no tiene por qué entrañar inseguridad perpetua, relaciones de competencia y ganancias relativas en lugar de absolutas. A pesar de la ausencia de una estructura de autoridad global, existen mecanismos de gobernanza que regulan las relaciones del Estado, por ejemplo, en forma de ley internacional y no vinculante que incluye las buenas prácticas y el establecimiento de normas. Así pues, existe gobernanza sin un gobierno mundial, por imperfecta que sea. Por otra parte, una mayor interdependencia entre los Estados significa que es más probable que se reconozcan las ganancias absolutas.

En efecto, una mayor interdependencia posibilita las relaciones simbióticas entre los Estados. Utilizada en el marco de las relaciones entre los Estados, la simbiosis puede entenderse como una relación interestatal en la que una parte se beneficia más que la otra, pero no tiene por qué implicar una seria desventaja para el Estado menos afortunado, y menos una pérdida absoluta.

Si no existe una “lógica” dentro del sistema internacional que implique un dilema de seguridad perpetua, no hay razón para suponer que la moral no tiene cabida en la política mundial. A menudo los Estados cumplen con las normas humanitarias y han reaccionado para hacer cumplir las normas antigenocidio, incluso a falta de mecanismos de aplicación. Además, tal como se ha sugerido anteriormente, la interacción entre los Estados se repite, lo que implica que una mayor confianza y unas normas compartidas pueden ayudar a reducir la inseguridad en un sistema internacional anárquico.

Sin embargo, las relaciones simbióticas dependen de un grado previo de integración. En términos de integración política, los dirigentes de los Estados necesitan calcular que las ganancias absolutas a largo plazo aportarán más que las ganancias relativas a corto plazo, y que pueden influir en las decisiones que les afectan. Esto significa que los Estados han de estar bien representados en las instituciones y acuerdos multilaterales. También es probable que la responsabilidad de los dirigentes hacia su población reduzca los cálculos a corto plazo. Es necesario promover una buena gobernanza, que implica la rendición de cuentas, pero de una manera que sea sensible a las estructuras políticas y culturales locales.

Grandes identidades colectivas

Hay que redoblar los esfuerzos por crear una conciencia compartida basada en la compatibilidad de los principios morales fundamentales. Se propone la sinergia como un principio rector para los Estados que se enfrentan al reto de gestionar con éxito las sociedades multiculturales. El objetivo es la sinergia intercivilizacional. La sinergia tiene lugar cuando el efecto de dos entidades, influencias o agentes es mayor que el que podría haberse previsto a partir de los efectos conocidos de cada una.

La sinergia se basa en la existencia de cierto grado de entendimiento transcultural. El diálogo y el compromiso son parte esencial de la política exterior. También deben tomarse medidas activas para promover la difusión de conocimientos destinados a fomentar las relaciones transculturales pacíficas.

Se están produciendo rápidos cambios que están alterando las estructuras tradicionales y los puntos de referencia. Sin embargo, el enfoque occidental, particularmente en relación al islam, es a menudo el extremismo. No obstante, no debe confundirse la mayoría pacífica y moderada con los grupos extremistas. La lucha contra el extremismo debe basarse en abordar sus causas profundas y reducir la pobreza y la marginación. Hay que socavar el atractivo extremista. Las soluciones a los problemas de extremismo concebidas localmente están abocadas a tener más éxito que las impuestas desde el exterior. Por tanto, debería hacerse un esfuerzo constructivo para apoyar y ayudar a financiar iniciativas locales destinadas a reducir el atractivo del extremismo.

La promoción de la justicia también debe ser parte importante de la política exterior. La injusticia puede hacer que las personas se sientan alejadas de la sociedad. Los que tratan de propagar ideologías extremistas tienen más probabilidades de triunfar en los lugares donde existe injusticia y no hay mecanismos evidentes para ponerle remedio. Es necesario promover la justicia.

Organizaciones internacionales

Las instituciones multilaterales deben ser más representativas para que todos los Estados miembros sientan que constituyen un foro eficaz en el que pueden actuar en pro de sus intereses dentro de un ambiente de cooperación. Del mismo modo, hay que eliminar los privilegios especiales atribuidos a los grandes poderes para que no se perciba a las instituciones multilaterales como meros instrumentos del poder. También es importante que los miembros menos poderosos de una institución participen en el proceso de diseño de cualquier reforma. Con el fin de alentar a esos Estados a optar por las relaciones de cooperación, los responsables políticos deben apoyar medidas que garanticen que todos los miembros de las instituciones multilaterales están representados.

El medio ambiente y los recursos naturales

Para proteger el medio ambiente y promover el desarrollo sostenible es necesaria la cooperación y ayuda mutua de los Estados, las instituciones multinacionales, las ONG, los movimientos sociales y la comunidad científica. La comunidad científica jugará un papel clave presentando la información sobre el impacto del deterioro medioambiental en forma clara y científica a los responsables políticos y al público en general. Los Estados deben financiar, con fondos públicos, estudios sobre el medio ambiente para que los científicos y la población puedan elegir con conocimiento de causa y pedir cuentas a los políticos. Sin embargo, la capacidad de los políticos para frenar el deterioro medioambiental está limitada a veces por el papel que desempeña el dinero en los sistemas electorales y políticos. Es necesario reducir la influencia de los grupos de presión industriales.

Hay que invertir desde ahora en sustitutos para los recursos naturales que puedan agotarse en un futuro próximo. La reducción del agotamiento de los recursos naturales también requiere un cambio en el estilo de vida, principalmente en los países desarrollados.

TIC

El Protocolo Adicional de 2003 al Convenio del Consejo de Europa sobre Delincuencia Cibernética proporciona un modelo para la creación de un marco legal adecuado que considere delito la propagación del odio y la incitación a la violencia a través de internet. Los esfuerzos regionales para regular las TIC deben ser coordinados con los esfuerzos globales. También es necesario entablar un diálogo sobre la base normativa para la regulación, así como sobre el “equilibrio adecuado” entre los esfuerzos por regular el uso nocivo de internet y el derecho a la libertad de expresión. También es necesario desarrollar herramientas con las que estudiar y promover una mayor responsabilidad por parte de los usuarios de internet, como es el caso de los bloggers. Por ejemplo, podría obligarse a los bloggers a revelar su nombre real cuando se registran, aunque utilicen un seudónimo para escribir.

Conclusión

Basándome en mi concepción de la naturaleza humana y de la globalización en un sistema global no jerárquico, propongo una visión más exhaustiva de las dimensiones y la dinámica de nuestro mundo interconectado que denomino realismo simbiótico. En este enfoque, se considera que los agentes principales son: 1) el individuo; 2) el Estado; 3) las grandes identidades colectivas; 4) las organizaciones internacionales (instituciones multilaterales y organizaciones no gubernamentales); 5) las empresas transnacionales; 6) el medio ambiente; 7) los recursos naturales; 8) las mujeres, y 9) la información y las comunicaciones.

El realismo simbiótico busca ir más allá del estadocentrismo del realismo para enfocarse en las inclinaciones de la naturaleza humana, la anarquía global, la interdependencia y la conectividad instantánea. Se ha identificado una serie de agentes no estatales, como las grandes identidades colectivas, las organizaciones internacionales y las empresas transnacionales, como elementos clave para ayudar a configurar el sistema global. Entre los desafíos de la política exterior se incluye superar la tensión entre los estrechos conceptos de la soberanía del Estado y las normas internacionales que cambian el enfoque a la seguridad de la persona.

También podemos imaginar la aparición de una creciente tensión entre el principio de la soberanía del Estado y la preocupación por la protección de la biosfera. Las relaciones desiguales de poder entre los Estados y un continuo acento en las ganancias relativas también plantean desafíos considerables a la necesidad de respuestas cooperativas y coordinadas a los problemas actuales, que requieren un énfasis en el reparto de la carga y los beneficios absolutos. Además, existe la necesidad de lograr un equilibrio adecuado entre el respeto por las características culturales y la identificación de los valores fundamentales comunes.

El enfoque del realismo simbiótico en las cuatro dimensiones mencionadas ofrece un paradigma con el que superar estos retos. Sugiere que debería hacerse hincapié en la promoción de la dignidad humana, las relaciones simbióticas entre los Estados basadas en las ganancias absolutas y la promoción de la justicia y la sinergia transcultural.

El realismo simbiótico reconoce la dificultad de adoptar una conducta moral en ausencia de una autoridad global justa o una hegemonía responsable. Los instintos innatos de supervivencia y los motivadores de comportamiento han llevado a los estudiosos de las relaciones internacionales a lidiar con estos problemas en un esfuerzo por orientar a los Estados en sus relaciones mutuas. Señalo, sin embargo, que el realismo solo ha identificado algunos de los motivadores importantes de la naturaleza humana y de los Estados.

Los sustratos de la naturaleza humana que requieren el reconocimiento de la importancia de normas y marcos perceptuales son insuficientes. Sostengo que las apreciaciones neurobiológicas proporcionan una imagen más completa de las inclinaciones de la naturaleza humana y tienen importantes repercusiones no solo en la forma en que yo concibo a los individuos y los Estados, sino también en la forma en que identifico a los agentes relevantes y la importancia de la anarquía internacional. Asimismo argumento que la interdependencia y la conectividad instantánea vinculadas a la globalización son fundamentales para profundizar en las implicaciones de la naturaleza humana y la anarquía global. En concreto, el realismo simbiótico ayuda a explicar por qué los Estados Unidos, por ejemplo, pueden liderar sin tener que hacer frente a las alianzas de otras grandes potencias. También indica que una hegemonía basada en el consentimiento puede proporcionar los mejores medios actuales para mitigar las consecuencias de las dimensiones entrelazadas de la naturaleza humana, la globalización y la anarquía global.

Una ontología dual también permite al realismo simbiótico captar que las grandes identidades colectivas, ya sean subestatales o supraestatales, son entidades fluidas que están adaptándose continuamente a los cambios del entorno, parte de lo cual conlleva rozarse con otras identidades colectivas como resultado de la interconexión instantánea y la creciente movilidad humana. Las identidades colectivas son importantes para la dinámica del sistema mundial, porque los seres humanos sienten el deseo de una identidad positiva y un sentido de pertenencia, pero también pueden tener una arrogancia cultural y un excepcionalismo que, conjuntamente, pueden aumentar la inseguridad y la probabilidad de conflicto.

El realismo simbiótico esboza una estructura de gobernanza que toma en consideración las inclinaciones de la naturaleza humana tal como yo las defino, la anarquía global, la mayor interdependencia y la interconexión instantánea. A nivel individual, propone una estructura de gobernanza nacional que incluya –aunque va más allá– los derechos liberales tradicionales e incorpore la dignidad, la inclusión y la libertad para vivir sin miedo y sin necesidades.

A nivel interestatal, propone una simbiosis que hace referencia a las situaciones en las que una relación de dependencia mutua puede permitir a un Estado ganar más que otro sin que ello provoque inseguridad. Esto implica, en primer lugar, que las ganancias absolutas son posibles y que el “juego” de las relaciones internacionales no es necesariamente un juego de suma cero. En segundo lugar sugiere que en condiciones de interdependencia es poco probable que los Estados tengan una conducta equilibrada. En tercer lugar entraña que una hegemonía que fuera responsable debería satisfacer los intereses de otros Estados y evitar la conducta amenazadora.

A nivel mundial, sugiero que los Estados deben trabajar juntos multilateralmente –con organizaciones internacionales– a fin de fomentar un orden global más justo y ambientalmente sostenible. A nivel transcultural, argumento que las relaciones entre las diversas culturas deben guiarse por el principio de sinergia, lo que implica que una pluralidad de culturas y subculturas tendrá un efecto neto mayor que cualquier esfera geocultural por sí sola.

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