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02 octubre 2018

Del automovilismo a la ciencia del comportamiento

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“En qué situación han aprendido más los fabricantes acerca de coches seguros y eficientes? En las carreras de coches. Cualquier teoría, cualquier experimento de laboratorio necesita un soporte práctico y solo una carrera puede ofrecerlo, ya que durante la misma el piloto somete al coche y a sus respectivas piezas a una comprobación intensa, impredecible e impensable.”

Como ha explicado Enzo Ferrari, él tenía una imagen mental de la máquina, pero las carreras de coches constituían la prueba final para calibrar el comportamiento humano. En una carrera no solo los pilotos van al límite, sino que se pone a prueba a todo el equipo, lo que incluye por ejemplo a los mecánicos y al modo de comando.

Todas las personas implicadas bombean adrenalina al máximo y solo disponen de un tiempo limitado para tomar las decisiones necesarias: una combinación peligrosa. El estrés del día de la carrera hace que tengan que abandonar sus respectivas zonas de confort. La adrenalina es un neurotransmisor que alerta a todas las células comunicando que el individuo está viviendo una situación extraordinaria, lo que requiere la máxima participación de todos los músculos y sentidos.

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Monza, Autodromo Nazionale, 1953. Enzo Ferrari, fundador de la Escudería Ferrari (en el centro) y su piloto, el inglés Mike Hawthorn (a la derecha), en un momento de relax en la calle de boxes. / Imagen: Ronald Startup

Cada carrera es distinta y en cada segundo puede ocurrir algo totalmente impredecible, algo a lo que el piloto y el equipo tienen que reaccionar. El psicólogo estadounidense Walter Bradford Cannon determinó en 1915 en su teoría denominada “reacción de lucha o huida” que un alto nivel de adrenalina puede bloquear la capacidad del individuo en lo que respecta al pensamiento lógico, puesto que la hormona potencia el ritmo cardíaco para incrementar la presión sanguínea, expandir el paso de aire a través de los pulmones, dilatar las pupilas, redistribuir la sangre a los músculos y alterar el metabolismo del cuerpo, así como maximizar los niveles de glucosa en sangre.[1] Gracias a la evolución, la adrenalina actúa como un elemento motivador. Producida en niveles bajos, desencadena el inicio de procesos cognitivos. En niveles elevados hace que el individuo perciba que está en una situación de supervivencia y que la tarea principal es escapar de dicha situación lo antes posible. [2] Siendo necesario en un principio para escapar de mamuts furiosos u otros animales peligrosos, los pilotos de hoy en día necesitan este estado para explorar sus propios límites.

El entrenador alemán Tom Senninger desarrolló en el año 2000 el modelo de la zona de aprendizaje, donde el individuo pasa la mayor parte del tiempo en su zona de confort personal. Para lograr el crecimiento personal resulta necesario que abandone este estado y penetre en la zona de aprendizaje en busca de nuevas experiencias. El individuo podría automotivarse por ello o bien podría reaccionar a estímulos externos. Si la automotivación o la motivación externa son demasiado elevadas, el efecto resulta contraproducente ya que el individuo alcanza la zona de pánico.

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Las distintas zonas están relacionadas con los correspondientes niveles de adrenalina (Confort > Aprendizaje > Pánico). / Imagen: autor

La carrera de un día de actividad comercial

En los negocios, la dirección puede utilizar imágenes como “carrera”, “competición” o incluso “guerra” para motivar a sus empleados, especialmente si estos están relacionados con las ventas. Basándose en esta descripción, los empleados producen mayores niveles de adrenalina, lo cual puede interferir con su capacidad en relación con el pensamiento lógico. Incluso si tienen sólidos valores personales, un alto nivel de estrés puede conducir a procesos inadecuados de toma de decisiones, donde el último comportamiento resulta incompatible con los valores de los individuos.

Las decisiones individuales pueden ser percibidas como elementos fundamentales, como victorias en carreras individuales o que garantizan un proyecto en el que “hay que triunfar”. Especialmente cuando se percibe la existencia de una repentina oportunidad de superar a un oponente, los pilotos intentan aprovecharla, sin que a veces exista un proceso de toma de decisiones adecuado. Esto puede implicar que haya un accidente y que ambos coches tengan que retirarse de la carrera, o incluso que se produzcan maniobras injustas que hagan que un vehículo eche a otro de la carrera. Otras posibilidades son el uso de atajos ilegales. En este caso, ganar una única carrera puede poner en peligro la meta global de garantizar la conquista del campeonato.

Habitualmente, conducir detrás de un competidor e ir acortando distancias lentamente no implica la existencia de errores de conducción, ya que el piloto tiene un plan y es capaz de estudiar al competidor desde una distancia segura (la zona de aprendizaje). Pero acortar distancias y realizar un adelantamiento son dos cosas muy distintas. El competidor es consciente del riesgo e intenta bloquear al piloto perseguidor. Este comportamiento es difícil de predecir, de tal forma que el piloto perseguidor no puede elaborar un plan para adelantar con seguridad. Adelantar implica más puntos, más dinero y, lo que es más importante, mayor reconocimiento. La lucha directa junto con el límite de velocidad y tiempo produce un momento de estrés (zona de pánico). Pero incluso si la carrera es larga y un estilo de conducción más pasivo podría suponer una mejor oportunidad para conseguir el éxito, a menudo el piloto de carreras intenta aprovechar la primera oportunidad percibida para adelantar a un competidor. Incluso en estos casos el alto nivel de estrés bloquea la capacidad de llevar a cabo procesos lógicos de toma de decisiones, de tal forma que las oportunidades percibidas no suelen ser oportunidades reales. Esto conduce a accidentes en situaciones extremas, a accidentes entre dos compañeros de equipo o a descalificaciones. Los seres humanos tienden a centrarse en el presente en lugar de pensar en metas a largo plazo.

Dichas situaciones nos permiten obtener valiosos conocimientos sobre la naturaleza humana y acerca de cómo actúan las personas en situaciones límite. Una situación que no puede crearse en un experimento o en laboratorio, ya que la ética nos prohíbe hacer que las personas alcancen el límite de sus respectivas zonas de pánico.

Tener en cuenta la ciencia del comportamiento

Cuando se ha identificado tanto el riesgo como los posibles grupos de riesgo, la cuestión es: ¿qué puede se hacer para mitigar dichos riesgos? El comportamiento se basada parcialmente en la información, así que una estrategia para reducir el estrés es reducir el nivel de lo no conocido. Debe llevarse a cabo un análisis de caso o debe realizarse una dramatización acerca de los pros y los contras del comportamiento potencial que como resultado suponga que el piloto desarrolle una actitud positiva (esperemos…) para no provocar accidentes o, en pocas palabras, para que “piense antes de conducir”.  Las empresas pueden realizar talleres, en los que los empleados pueden enfrentarse a distintos escenarios en los que deben tomar una decisión. Posteriormente, los resultados se analizan para comprobar su impacto en la empresa, en el propio individuo y en otras partes interesadas, incluyendo la sociedad. Conocer el impacto potencial aumenta la empatía del empleado en relación con todas las partes afectadas y la activa incluso en situaciones estresantes para elaborar un proceso de toma de decisiones adecuado, evitando que el sujeto tenga que “tomar una decisión apresurada”.

Esta teoría fue confirmada por el estudio que Oliver Sheldon y Ayelet Fishbach realizaron para la Rutgers Business School: “si las personas desean evitar un comportamiento poco ético, puede ayudar la anticipación de situaciones en las que podrían sentir la tentación de hacerlo y analizar cómo el hecho de actuar ante dichas tentaciones se ajusta a sus metas a largo plazo o a sus creencias acerca de su propia moralidad”.[3] A modo de conclusión, un adiestramiento sobre ética y cumplimiento puede funcionar como una “vacuna ética”, ya que la actitud positiva no se activará por el momento, pero implica la existencia de una suerte de “anticuerpos” en la persona y ayudará a lograr que resulte inmune respecto a las tentaciones. Para asegurar una protección efectiva, dichas “vacunaciones” deben repetirse cada cierto tiempo, Esto resulta especialmente relevante en aquellas situaciones en las que las decisiones deban tomarse en cuestión de segundos. La persona detecta la situación de riesgo y gracias a los talleres que realizó anteriormente ya tiene una actitud adecuada (lo que puede considerarse una suerte de “guión”) y no se requiere un proceso de toma de decisiones extendido”.

En caso de que todos estos argumentos morales no funcionen, los pilotos deben ser conscientes de que se han implementado controles eficientes. Hay cámaras en todo el circuito para detectar todos los aspectos de la carrera y los comisarios de la carrera señalan penalizaciones cuando se produce un comportamiento ilegal. Nadie puede sustraerse a lo establecido en la reglamentación.

Para simplificar en la mayor medida posible el hecho de que un empleado pueda detectar una situación de riesgo potencial, los talleres tienen que tener un carácter muy específico (en la mayor medida posible) incluyendo, por ejemplo, información acerca del proyecto y la región. Especialmente en el caso de que los empleados se desplacen hasta allí por primera vez y no conozcan la cultura y el idioma local. A menudo, las situaciones que se producen en el extranjero se perciben de manera falsa y, por esa razón, conducen a un comportamiento equivocado. Esto incluye la sobre y la subestimación de los riesgos.

Basándose en este comportamiento, los fines de semana en los que hay carreras suelen incluir un recorrido de la pista y una reunión con pilotos para analizar los riesgos particulares de una determinada pista y las normas específicas que se aplican en cada caso. Actualmente, dichas valoraciones de riesgo cuentan con el soporte de la industria 4.0, que permite identificar patrones potenciales y predecir escenarios futuros. Por otro lado, gracias a Internet, los laptops y los teléfonos inteligentes las personas pueden permanecer conectadas de manera continua en la nube, pero también pueden conectarse directamente con sus compañeros de trabajo. En Fórmula 1, los pilotos y los coches están conectados con los puestos de mando del equipo, incluyendo sus ordenadores.

Un coche de Fórmula 1 moderno puede tener entre 150 y 300 sensores, pudiendo enviar dicha información al equipo. Estos datos fomentan el conocimiento y la toma de decisiones por parte de los pilotos y los equipos. / Imagen: pixabay

Un análisis de caso o una dramatización (a menudo los pilotos de Fórmula 1 utilizan videojuegos) acerca de dichos pros y contras deben hacer que el piloto desarrolle una actitud positiva para no provocar accidentes en caso de que algún día experimente una situación similar. Para este fin, la formación sobre ética y cumplimiento puede funcionar como una “vacuna ética”, ya que la actitud positiva no se activará de momento pero los “anticuerpos” permanecerán en el interior de la persona y ayudarán a lograr que se “inmunice” ante posibles tentaciones. Para asegurar una protección efectiva, dichas “vacunaciones” deben repetirse cada cierto tiempo,

Debe quedar claro que, gracias a estas medidas, el riesgo de un comportamiento inadecuado se reduce, pero no se elimina por completo. Según afirma la profesora asociada Morela Hernandez, las personas no pueden concentrarse en tareas de valor a corto y a largo plazo al mismo tiempo ya que nuestro cerebro no está programado para ello. [4] Como conclusión, resulta más importante que la actitud de los directivos en la empresa o en el equipo de carrera garantice que las personas centren su atención en el campeonato y no en una sola vuelta o en una sola carrera.

Patrick Henz

References

[1] Iván Becrzi: “Respuesta de lucha o huida” de Walter Cannon  – “Respuesta al estrés agudo” https://home.cc.umanitoba.ca/~berczii/hans-selye/walter-cannon-fight-or-flight-response.html

[3] Sheldon, Oliver J. / Fishbarch, Ayelet (2017): “Tentación poco ética”: https://faculty.chicagobooth.edu/ayelet.fishbach/research/Sheldon%20&%20Fishbach%20in%20Oettingen%20et%20al.pdf

[4] Hernández, Morela (2018): “La imposibilidad de centrarse en dos cosas al mismo tiempo”: https://sloanreview.mit.edu/article/the-impossibility-of-focusing-on-two-things-at-once/

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