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23 febrero 2015

Acertando erróneamente: La trampa de Gump

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Tanto en nuestra vida profesional como en el ámbito personal y familiar, nos esforzamos por identificar y medir los riesgos a los que estamos expuestos, valoramos alternativas, adoptamos la mejor decisión, nos aseguramos de que se implanta correctamente y posteriormente comprobamos si la decisión fue exitosa o no. Si desean más información sobre el proceso de la toma de decisiones, recomiendo El Error de Descartes, de Antonio Damasio.

Y, en la complejidad del proceso de toma de decisiones, y en las innumerables mejoras que podemos ir desarrollando, se nos suele escapar que la evaluación del resultado de la decisión no siempre es trivial.

Si hemos acertado con nuestra decisión, es decir, se ha mitigado el riesgo al que estábamos expuestos, o hemos obtenido la rentabilidad que esperábamos obtener, se produce un refuerzo positivo. Dicho refuerzo actúa sobre nosotros mismos (refuerzo de nuestra personalidad, como veíamos en el último post) y sobre la calidad del proceso de toma de decisiones que hemos empleado.

Pero este refuerzo positivo no tiene porqué ser siempre beneficioso.

Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994) se llevó seis oscars por mostrar la vida novelada de una persona simple, pero de gran corazón, que ve cómo la suerte (buena o mala) le guía a través de los grandes acontecimientos de su generación.

En un momento de la película, Forrest Gump, en su ingenuidad, afirma haber invertido en una compañía frutera, o algo así, con una manzana. Claro, se está refiriendo a Apple Inc. La gracia del asunto es que da a entender que Forrest Gump se ha hecho inmensamente rico invirtiendo en una de las compañías más rentables del mundo sin saberlo, muy en línea con las vicisitudes que le suceden.

Forrest Gump tomó una decisión de inversión basada en información inadecuada o no bien interpretada. En la película se da a entender que la suerte sonrió al personaje, y se hizo millonario pese a que su decisión fue tomada con bases erróneas.

Un inversor como Forrest Gump podría, entonces, asumir que su decisión fue correcta y su proceso de toma de decisiones, el adecuado. He aquí la trampa de Gump, la falacia de creer pericia lo que es mera suerte.

Esta trampa es muy habitual en gestores empresariales y en inversores financieros. La Trampa de Gump implica pensar que éxitos pasados son atribuibles en exclusiva a nosotros mismos, mientras que nuestros errores tienen múltiples culpables. El clásico “He aprobado el examen” frente al “el profesor me ha suspendido”.

Debemos ser conscientes de que el azar, lo que en riesgos denominamos como “componente estocástico”, existe, y en mayor medida de lo que estamos dispuestos a reconocer, tanto en sentido positivo como en sentido negativo.

Ahora pasemos a analizar qué ha sucedido realmente con la cotización de Apple.

El libro se publicó en 1986, de modo que podemos asumir que se escribió a lo largo de 1985, que,  paradójicamente, fue un mal año para Apple. Posiblemente esta referencia a Apple fue añadida en el guión de la película (no he leído el libro de Winston Groom)  pues a lo largo de 1985 las acciones de Apple estuvieron por debajo de su precio de salida (diciembre de 1980).

La película fue todo un éxito en la fecha de su emisión en cines, en el año 1994. En 2004, en un artículo aparecido en el New York Times se hacían chanzas de esta paradoja, aunque limitada a la cotización del año 1994, que si bien ya reflejaba una revalorización respecto de la cotización en 1981 del 100%, tampoco era para tirar cohetes, con alternativas de inversión mucho más rentables.

El autor del artículo del NYT expuso lo contrario: Forrest Gump tomó una decisión equivocada, y la rentabilidad de su inversión no resultó estar  la altura de las expectativas.

Pero claro, estamos hablando de un artículo del año 2004.  Justo antes de que el iPod resultara ser el walkman del siglo XXI.

Hoy en día Apple cotiza a 112 dólares desde los 3,6 dólares iniciales (por cierto, 112 dólares tras realizar un Split 1:7 – siete acciones nuevas por cada acción existente – en junio de 2014, cuando la acción cotizaba en 700 dólares…). En Google Finance se puede ver la evolución comparada con el Dow Jones y el NASDAQ (Aquí), es decir, una revalorización del 21.842% (sí, es un punto de miles, no una coma decimal).

Por tanto…sí, Forrest Gump acertó de pleno invirtiendo en Apple, si quería invertir a largo plazo. Con premisas equivocadas, un proceso de toma de decisiones deficiente, y acertó.

Nuestro cerebro está diseñado para encontrar relaciones causa – efecto. Esto nos puede llevar a creer en la existencia de determinadas relaciones que no son reales. Aunque tengamos éxito en nuestra actividad empresarial o inversora, debemos siempre plantearnos si el acierto es 100% éxito nuestro o bien ha sido mera casualidad. Y éste es uno de los ejercicios más complicados que podemos llevar a cabo. Asumir que en los errores la culpa es nuestra, es muy complicado. Pero reconocer que en nuestros éxitos no hemos tenido nada que ver, es más complicado aún. Nuestro cerebro no suele ser proclive a tales dosis de humildad, como veíamos en el post anterior.

No seamos como Forrest Gump. Cuando nos equivoquemos, estudiemos qué falló.  Y cuando acertemos, no nos olvidemos que el azar, a veces, nos ayuda, pero no nos hace mejores.

Pedro Agudo

Economista

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