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24 abril 2019

Grandes obras de la pintura… y de la ciencia

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Además de ser algunas de las más reconocidas obras maestras de la pintura, los cuadros que configuran esta galería han sido el objeto de estudio de sorprendentes e interesantes investigaciones científicas:

El retrato de Marten Soolmans (Rembrandt van Rijn)

El retrato de Marten Soolmans ha sido examinada para desvelar el secreto de su impasto. Autor: Rembrandt van Rijn

Es una de las obras maestras del pintor flamenco, que ha sido examinada por los investigadores de la Universidad de Delft bajo la luz del sincrotrón ESRF para desvelar el secreto de su impasto —la técnica pictórica con la que Rembrandt imprimía a sus lienzos un efecto tridimensional, mediante gruesas y voluminosas pinceladas que literalmente emergen del cuadro y que le proporcionan, además de relieve, un aspecto único por la reflexión de la luz sobre dicho relieve y el juego de sombras que arrojan.

El truco está en la composición de la pintura aplicada, que el artista siempre guardó en secreto y que ahora ha sido desvelado mediante la moderna tecnología de difracción de rayos X. Con ella se ha podido identificar el ingrediente clave: la plumbonacita, un compuesto de plomo poco habitual por entonces.

Es probable que Rembrandt, o algún otro, lo descubriese de forma casual, como impureza o producto de degradación de la hidrocerusita y la cerusita, los compuestos de plomo más empleados como pigmentos blancos. Pero parece evidente que Rembrandt aprendió a sintetizarlo para incluirlo en sus óleos como aglutinante y así conseguir dotarlos de esa particular consistencia que permite el impasto.

Los girasoles (Vincent Van Gogh)

Entre las flores pintadas por Van Gogh está una variedad mutante de girasoles, la double flower. Autor: Vincent Van Gogh

Además de ser uno de los cuadros más famosos y reproducidos de la historia, este lienzo guardó durante más de cien años la pista para descubrir la base genética de una mutación que, finalmente, fue identificada en 2012. Entre las 15 flores pintadas por Van Gogh se distinguen dos tipos de girasoles. Uno de ellos es el fenotipo más común en la naturaleza, que combina una corona de pétalos amarillos y un amplio y oscuro disco central. Pero junto a este, conviven ejemplares de la variedad mutante denominada double flower, con múltiples coronas de pétalos que casi ocultan el disco central.

Hoy sabemos que esta mutación está causada por la presencia de un único gen dominante. También que probablemente fue introducida de forma deliberada mediante hibridación, debido a la importancia del comercio de flores ornamentales en los Países Bajos en esa época.

Mujer sentada en sillón rojo (Pablo Picasso)

El análisis efectuado en este cuadro reveló que la pintura utilizada era Ripolin. Autor: Pablo Picasso

Entre los años 1920 y 1930, Pablo Picasso rompió con muchos paradigmas de la pintura al introducir una nueva forma de representar la figura humana: el cubismo, apoyado en unos trazos de brillantes y lustrosos colores, en lugar de las clásicas pinceladas. Nueve décadas más tarde, en 2013, la ciencia finalmente identificó la clave para lograr este novedoso acabado: el empleo de los por entonces recién introducidos esmaltes sintéticos de secado rápido para uso doméstico.

El pormenorizado análisis efectuado en este cuadro —recurriendo a una nanosonda de rayos X, que permitía analizar de forma individualizada las partículas de los pigmentos y por tanto determinar su exacta composición— reveló en concreto que la pintura utilizada era Ripolin, la primera marca de este tipo de pinturas comercializada para su uso en el interior de las viviendas (donde precisamente lo que se persigue es dar una apariencia uniforme sin que se noten los brochazos).

La Gioconda (Leonardo da Vinci)

Uno de los grandes enigmas de la historia del arte es saber si La Gioconda sonríe o está triste. Autor: Leonardo da Vinci

Es uno de los cuadros más famosos y, por tanto, más examinado por los investigadores. Uno de los grandes enigmas de la historia del arte es saber si su protagonista sonríe o está triste, dada la ambigua expresión de su rostro.

¿Pero es ambigua? Una investigación efectuada en 2017 concluyó que casi se puede garantizar que sonríe. Para alcanzar dicha conclusión, los responsables del estudio presentaron la Mona Lisa original y 8 replicas de la misma con las comisuras de la boca ligeramente modificadas —curvadas hacia arriba o hacia abajo, de más felices a más tristes— ante un nutrido grupo de voluntarios que tenía que indicar para cada versión si sonreía o parecía triste. La versión original fue calificada como sonriente o feliz de forma prácticamente unánime (en un porcentaje cercano al 100%).

El parlamento de Londres (Claude Monet)

La astronomía forense ha identificado las localizaciones desde la que Monet plasmó la serie del Parlamento de Londres. Autor: Claude Monet

La disciplina científica que más partido saca del estudio de los cuadros es la astronomía forense; es decir, el empleo de los registros de fenómenos y eventos astronómicos pasados para identificar la localización y la fecha donde se pintó (o el momento en el que se inspiró) una determinada obra. Y viceversa, también se puede aprovechar la información y documentación histórica existente sobre ese cuadro para situar o identificar fenómenos astronómicos desconocidos o poco documentados.

Esto ha permitido datar e identificar las distintas localizaciones desde la que Monet plasmó su serie dedicada al Parlamento de Londres. Para ello se comparó la posición del sol en cada lienzo con el registro existente sobre el movimiento del astro rey durante la estancia del genio impresionista en la City. Este método reveló que una parte fueron pintadas exactamente desde los balcones de las habitaciones 610, 611, 510 y 511 del Hotel Savoy, en el que se alojó el pintor; y otras desde una terraza cubierta del segundo piso del Hospital Saint Thomas.

Además, dada la reconocida obsesión del artista por representar con absoluta fidelidad los colores y tonalidades de la atmósfera, los cuadros de Monet son uno de los primeros registros coloreados de la famosa niebla londinense de la época victoriana. Como esos colores dependen del nivel concreto de dispersión y difracción de la radiación solar — que varía según la naturaleza de la distintas partículas que forman la niebla— los cuadros del pintor francés aportan asimismo una evidencia para determinar la composición química de la niebla de Londres.

Miguel Barral

@migbarral

 

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