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29 abril 2016

Jenner y el descubrimiento de la vacuna

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Hubo una vez un programa de televisión sobre ciencia y salud que se mantuvo en antena durante casi toda la década de los años 1980 en España y, además, consiguió otra hazaña: que muchos españoles se tomasen en serio la salud y se cuidasen un poco más. Esa idea venía de la antigua medicina oriental pero el primero que usó la ciencia para prevenir una enfermedad, en lugar de curarla, fue el médico inglés Edward Jenner (17 mayo 1749–26 enero 1823), que en 1796 desarrolló la primera vacuna de la historia. Demostró su éxito con un polémico experimento en el que inyectó a James Phipps —un niño de ocho años, el hijo de su jardinero— pus de un enfermo de viruela.

Entonces la viruela arrasaba Europa y mataba cada año a 400.000 personas. Se cebaba sobre todo con los niños, pero no respetaba a nadie. Uno de cada tres afectados moría —como el rey de Francia Luis XV— y muchos supervivientes quedaban ciegos o con la cara llena de cicatrices —como George Washington, el primer presidente de EEUU—, que dejaban tras secarse multitud de protuberancias con pus. Pero la tradición popular decía que las lecheras eran inmunes a la enfermedad, igual que las personas que ya la habían padecido. En esos tiempos en que había pánico a quedar desfigurado por la viruela, el rostro liso y terso de las lecheras las convirtió en un mito erótico. Eran los personajes protagonistas de las piezas teatrales de moda.

Del truco del cuco al misterio de las lecheras

Desde niño, a Jenner le apasionaba observar la naturaleza. Su primer logro científico fue descubrir cómo el cuco consigue que sus polluelos los críen pájaros de otras especies. También fue uno de los primeros en estudiar la migración de las aves y en viajar en un globo, que construyó él mismo. Además, era poeta, músico y cazador de fósiles de dinosaurios. Con semejante currículum, el capitán Cook no dudó en ofrecerle ser el naturalista en su segunda expedición; pero, afortunadamente para la humanidad, Jenner rechazó el trabajo, se centró en sus estudios y regresó a su pueblo como médico de familia. Entonces se enfrentó al caso de las lecheras.

Retrato de Edward Jenner realizado por John Raphael Smith en 1800. Fuente: Wellcome Images
Retrato de Edward Jenner realizado por John Raphael Smith en 1800. Fuente: Wellcome Images

Observó que quienes ordeñaban vacas contraían la viruela vacuna, una variante mucho más suave: sólo les salían unas pocas pústulas en las manos, que sanaban en cosa de semanas. Después quedaban realmente protegidas contra la viruela humana. Jenner ató cabos y el 14 de mayo de 1796 tuvo la suficiente confianza en su teoría como para inyectarle a un niño pus sacado de la mano de una lechera. Cuando el pequeño James se recuperó de la viruela de las vacas, Jenner volvió a inyectarle, pero esta vez con viruela humana. El chaval no tuvo ningún síntoma de la terrible enfermedad: estaba inmunizado.

Un experimento irrepetible hoy en día

A pesar del éxito, Jenner quiso repetir el experimento. Tuvo que esperar dos años hasta que encontró otro caso de viruela vacuna y sólo entonces publicó los resultados de sus pruebas, equivalentes a los ensayos clínicos de hoy. El suyo es un ejemplo de constancia y método científico, pero también de una audacia que hizo que hace 220 años le tomaran por loco y que hoy le habría llevado a prisión por experimentar con un niño. Sin embargo, Jenner no fue un genio temerario que tuvo la idea de la vacunación en un ‘momento Eureka’. En su época ya se practicaba la variolización, o inoculación de costras o pus de la viruela en personas sanas para protegerlas de lo que entonces era una terrible plaga. En ocasiones la variolización funcionaba, pero en otros casos las consecuencias eran letales. 

Incluso otros médicos habían tenido antes la idea de la vacuna. Pero Jenner realizó el primer estudio extenso sobre ella, demostró que funcionaba con pruebas científicas y diseñó la primera estrategia de vacunación. Había aprendido a vencer a la viruela, anticipándose a ella, y la noticia se extendió por el mundo junto con las primeras campañas de vacunación de la historia. Las tasas de mortalidad bajaron rápidamente y él se ganó el respeto hasta de los enemigos de Inglaterra: Napoleón llegó a liberar a dos prisioneros de guerra sólo porque Jenner se lo pidió. 

En sus artículos sobre la vacuna Jenner ya usó la palabra virus, pero hasta un siglo más tarde no se empezó a comprender lo que eran los virus  y por qué al inyectar versiones inofensivas o debilitadas de estas partículas infecciosas, el cuerpo fabrica unas defensas químicas, los anticuerpos, que le protegen del virus maligno. Jenner abrió el camino de la inmunología, pues los anticuerpos son clave también en el tratamiento de las alergias y del sida, o en las vacunas de la fiebre amarilla, la gripe, la tuberculosis y quizás pronto la de la malaria. La viruela siguió matando (a más de 300 millones de personas en el siglo XX) hasta que todos los países se tomaron en serio las vacunaciones. La OMS declaró erradicada la enfermedad el 8 de mayo de 1980. Entonces, en España daba sus primeros pasos un programa en la tele: Más vale prevenir.

Francisco Doménech
@fucolin

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