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20 abril 2021

La leyenda de Jabir ibn Hayyan, el gran alquimista árabe

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¿Quién fue realmente Jabir ibn Hayyan? Conocido en Europa como Geber, este sabio árabe de la Edad Media es considerado el padre de la alquimia y uno de los fundadores o pioneros de la farmacología y de la química moderna. Su figura e incluso su nombre están rodeados de brumas e incertidumbres que alimentan su mito. La leyenda le atribuye la autoría de entre 300 y más de 1000 obras sobre filosofía, alquimia y química. Sin embargo, las dudas y la controversia al respecto surgen desde las dos primeras referencias biográficas (conocidas) dedicadas a su figura y datadas en una época tan temprana como el siglo X.

De acuerdo a la tradición, Abu Musa Jabir Ibn Hayyan Al-Azdi nació en lo que hoy es Irán en el 721 d.C. y residió la mayor parte de su vida en la ciudad de Kufa (Iraq). Hijo de un farmacéutico, habría estudiado primero en Yemen, tutelado por el sabio Harbi Al-Himyari; y posteriormente en Kufa, como discípulo del imán Jafar Al Sadiq, donde aprendió alquimia, farmacia, filosofía, medicina y astronomía. Se convirtió en el alquimista y médico de la corte durante el reinado del Califa Haroun Al-Rashid. Y falleció en Kufa en el año 815 a la venerable edad de 94 años. El resto es un misterio.

¿Un maestro inspirador o simplemente un nombre?

Es posible que la obra Kitab-al-Fihrist de Ibn al-Nadim —un catálogo datado en torno al 987 que recoge todos los libros escritos en árabe— contribuyese al mito al atribuirle una ingente lista de escritos. Por el contrario, otra biografía escrita en la misma época, las Notas de Abu Suaiman al-Mantiqui al Sijistani, pone en cuestión que fuese el autor de semejante volumen de textos, e incluso plantea dudas sobre la existencia real de Jabir. En la actualidad, la hipótesis más extendida apunta a que Jabir no pudo escribir todo el cuerpo de la obra que se le adjudica, sino una parte muy limitada: tanto por la titánica tarea que supondría para un individuo escribir más de un millar de obras, como también por las evidentes y notables diferencias estilísticas y temáticas entre los textos de la supuesta obra jabiriana.

BBVA-OpenMind-Miguel Barral-Jabir ibn Hayyan-2-Retrato de Abu Barkr al-Razi. Crédito: Wellcome Images
Retrato de Abu Barkr al-Razi. Crédito: Wellcome Images

Y del mismo modo, dicha hipótesis plantea asimismo que el denominado Corpus Jabirianum es en realidad la obra conjunta escrita por algunos de sus discípulos y seguidores de la llamada Hermandad de la Pureza —un grupo cuyas enseñanzas filosófico-religiosas gozaron de amplia influencia y aceptación. La existencia de un colectivo reconocido, al que se podría asignar la autoría de los textos, y entre los que destaca Abu Barkr al-Razi (ca.865-ca. 925), es el principal argumento para llegar a cuestionar si Jabir fue el maestro e inspirador de esa hermandad o si por el contrario se trata simplemente del nombre escogido para divinizar el origen de esas enseñanzas y con ello conferirles una autoridad superior (casi sobrenatural).

El método experimental en el mundo islámico

Entre las más importantes contribuciones presentes en los escritos arábicos adjudicados a Jabir destaca la importancia del conocimiento práctico adquirido a través de la experiencia y la experimentación, esto es: la adopción del método experimental en el mundo islámico, mucho antes que en Europa. También el estudio de la materia y  su clasificación en mineral, animal y vegetal; la introducción de propiedades intrínsecas a las distintas sustancias como la calidez, humedad o aridez; y la posibilidad de reproducir artificialmente muchos fenómenos y materiales naturales.

 

BBVA-OpenMind-Miguel Barral-Jabir ibn Hayyan-3-Dibujo y descripción del alambique, por Jabir Ibn Hayyan en el siglo VIII. Fuente: Wikimedia.
Dibujo y descripción del alambique, por Jabir Ibn Hayyan en el siglo VIII. Fuente: Wikimedia.

Más trascendentes resultan aún los conocimientos presentes en los textos latinos de Geber (también conocido como el Corpus de Pseudo-Gerber),  ya que incluyen la descripción sistemática de numerosos procesos y reacciones químicos, desde la síntesis de ácidos como el nítrico y el sulfúrico a la de aqua regia, pasando por la de óxidos y sales. Además, detalla muchas técnicas químicas como la precipitación, la cristalización y la destilación, aportando además las instrucciones para fabricar los aparatos y equipo necesarios para efectuarlas. Y también introduce métodos para mejorar la calidad de multitud de productos manufacturados como la obtención de acero y otros metales (y la pasivación de su oxidación); el tintado e impermeabilización del algodón y la piel; el análisis químico de pigmentos y otras sustancias naturales; la purificación del oro y la obtención de mercurio puro, a partir del cinabrio. Toda una referencia para los científicos de los siglos siguientes, como para los artesanos de distintos oficios: sus escritos describen aplicaciones prácticas como el empleo de óxido de manganeso en la producción de cristal, para evitar el tono verdoso producido por el hierro y obtener un material traslúcido; la producción de vapor inflamable por ebullición del vino. En definitiva, una imprescindible e inigualable fuente de conocimiento de química experimental para los alquimistas de occidente —al menos hasta la aparición de los nuevos tratados del siglo XVI, como el De re metallica (Sobre los metales; Georg Bauer, 1556).  

La reaparición de su obra en la Edad Media en Europa

Por si la enigmática figura de Jabir y el misterio de la autoría de la obra no fueran suficientes, aún existen bastantes más dudas en lo que respecta a la reaparición de su obra hacia el final de la Edad Media en Europa bajo el nombre de Geber, mencionado anteriormente. Según la versión tradicional, durante el siglo XV, la obra de Jabir habría sido recuperada y difundida tras ser redescubierta y traducida al latín. Un proceso en el que también se habría traducido el nombre del autor, del Jabir original a su versión latinizada de Geber. No obstante, de nuevo la hipótesis que genera más consenso actualmente es que Geber y Jabir no son la misma persona, sino que el primero probablemente fuese un monje o alquimista español árabe asentado en la península, quien tras traducir parte de la obra jabiriana original, e influido por ella, habría escrito sus propias obras firmándolas bajo el nombre de Geber, probablemente para conferirles de una mayor autoridad. 

BBVA-OpenMind-Miguel Barral-Jabir ibn Hayyan-4-El alquimista Jabir ibn Hayyan en un retrato europeo de Geber del siglo XV, Codici Ashburnhamian. Fuente: Wikimedia
El alquimista Jabir ibn Hayyan en un retrato europeo de Geber del siglo XV, Codici Ashburnhamian. Fuente: Wikimedia

Una suposición basada de nuevo en las evidentes divergencias entre los escritos originales y los medievales, ya que éstas últimas reflejan un grado de conocimiento muy superior de los procesos químicos; y una aproximación mucho más sistemática a esos fenómenos: más acorde con la comprensión de los fenómenos naturales alcanzada en el siglo XVI que con la vigente medio milenio antes. 

Pero más allá de la cuestión de si Jabir existió y escribió toda su obra y si la obra rubricada por Geber es la traducción de aquella o la de un anónimo alquimista del medievo, lo que está fuera de toda duda es la enorme influencia que tuvieron tanto la original como la versión latinizada en el desarrollo de la alquimia —y su transmutación final en una ciencia moderna: la química, primero en el mundo islámico y, siglos después, en Europa.

Miguel Barral

@migbarral

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