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28 febrero 2020

Francesco Redi, el primer cazador de mitos

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En esta época de fake news y bulos en internet, por suerte no faltan quienes dedican su tiempo a contrastar estas supuestas informaciones para destapar los camelos. Hoy los llamamos debunkers, o desmontadores de bulos y mitos. Pero así como las falsas noticias no son un fenómeno exclusivamente actual, tampoco lo es el oficio de desmentirlas: los debunkers tuvieron un precedente ilustre en el siglo XVII, el médico italiano Francesco Redi. Sin embargo, como las mejores historias, la de Redi tiene también un final sorpresa.

Al toscano Redi (18 de febrero de 1626 – 1 de marzo de 1697), médico jefe de la corte de los Medici, no le faltan paternidades académicas: en distintas referencias se le designa como el padre de la biología experimental, la parasitología, la toxicología experimental y la helmintología —el estudio de los gusanos helmintos. Estudió y describió más de un centenar de parásitos, y en este campo hizo uno de sus hallazgos clave, que estos intrusos no surgían del propio cuerpo, sino que nacían a partir de huevos.

Estatua de Francesco Redi. Crédito: Riccardo Speziari

Generación espontánea y víboras que bebían vino

Esta observación seguía la línea de la que suele considerarse su mayor contribución a la ciencia, la primera refutación de la generación espontánea. En 1668 publicó sus experimentos en los que demostraba que los gusanos de la carne no eran producto de la putrefacción, sino las crías de las moscas que depositaban sus huevos en ella. La introducción de la condición de control en sus experimentos los convierte en un ejemplo pionero de la metodología que hoy se aplica en los laboratorios.

Con su hallazgo de que omne vivum ex vivo, o que toda vida proviene de la vida, Redi desmontaba un mito extendido en su época, cuyos orígenes se remontaban al menos hasta Aristóteles. Pero la ambición racionalista del toscano no se conformó con esto, sino que se dedicó también a derribar otros bulos populares, algunos de los cuales hoy nos sorprenden por su ingenuidad.

Ilustración de Esperienze intorno alla Generazione degli Insetti de Francesco Redi. Fuente: Wikimedia

Varios de estos mitos se referían a las víboras, animales a los que Redi dedicó una voluminosa obra. Así, en su tiempo era creencia común que estas serpientes bebían vino y rompían las copas. También se creía que el veneno procedía de la vesícula biliar y que era tóxico si se tragaba. Analizando animales a los que inoculaba el veneno con la cerda afilada de una escoba, el toscano observó que su sangre se coagulaba, y que el jugo ponzoñoso solo era dañino si entraba en el torrente sanguíneo, no si se ingería. Aplicando un torniquete próximo a la mordedura, podía reducirse el flujo del veneno hacia el corazón.

Pero incluso aquel cazador de mitos se dejó embaucar por alguno: no pudo encontrar otra explicación a los insectos que surgían de las agallas de las plantas sino que eran estas las que los producían. Pese a refutar la generación espontánea en la carne muerta, creía que un organismo vivo, una planta, podía crear otro diferente, un insecto.

El falso inventor de las gafas

Sin embargo, no es este el aspecto más llamativo de la trayectoria de Redi, como tampoco lo son sus valiosos versos en los que elogiaba los vinos de su Toscana natal. En realidad, el final más inesperado para la semblanza del primer cazador de mitos es que también fue un hábil creador de fake news; tan hábil, de hecho, que ni siquiera la era de internet, con su facilidad para exponer bulos, ha conseguido aún borrar las huellas de su travesura.

Deseoso de cantar las glorias de su tierra, Redi quiso atribuir a un toscano la invención de las gafas. Para ello urdió la patraña de encontrarse en posesión de la referencia escrita más antigua a este objeto, redactada en 1299 por el florentino Sandro di Pippozzo. Que nunca existió. Redi señalaba además a un toscano, el monje Alessandro di Spina, como el reinventor de las gafas a partir de una idea anterior. El florentino Ferdinando Leopoldo del Migliore completó la farsa proponiendo el nombre del autor de esa supuesta idea anterior: Salvino degli Armati. Naturalmente, también florentino. Y tan ficticio como Pippozzo.

El falso busto del falso Armeti. Crédito: Internet Archive Book Image

Migliore fue más lejos al asegurar que en tiempos había existido en la iglesia de Santa María la Mayor de Florencia una tumba del tal Armati cuya inscripción le identificaba como el inventor de las gafas. En 1841 se enmendó esta presunta pérdida histórica restaurando la inscripción, bajo un busto que en realidad retrata al historiador Herodoto. Hoy el falso monumento persiste, como también las numerosas referencias que atribuyen la invención de las gafas a Spina o Armati; fake news que han sobrevivido al paso de los siglos.

Javier Yanes

@yanes68

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