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15 diciembre 2021

Alberto Magno, el santo de la ciencia

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Debido a que las relaciones entre ciencia y religión no siempre han sido fluidas, suele pensarse en estos dos ámbitos como disjuntos, incluso enfrentados. Y sin embargo, no faltan los ejemplos de personajes históricos que han combinado ambas vocaciones, sobre todo en épocas en que los límites entre ciencia y fe eran difusos y la Iglesia era una vía de acceso al conocimiento académico más completo y avanzado del momento. Unos pocos han sido merecedores de los más altos honores religiosos, al ser canonizados e incorporarse al santoral cristiano. Entre ellos destaca la figura de san Alberto Magno, elevado a los altares un 16 de diciembre de 1931 por el papa Pío XI, cuya festividad se celebra el 15 de noviembre y cuya contribución científica en tiempos que pueden considerarse la prehistoria de la ciencia le valió el título de santo patrón de las ciencias naturales.

BBVA-OpenMind-Alberto Magno- santo de la ciencia 1-Alberto Magno acercó el mundo de la ciencia a la Iglesia medieval. Imagen: Wikimedia
Alberto Magno acercó el mundo de la ciencia a la Iglesia medieval. Imagen: Wikimedia

Es poco lo que se sabe con certeza sobre la biograf√≠a temprana de quien ha pasado a la historia solo con su nombre de pila, Albert o Albertus, acompa√Īado por el sobrenombre de Magno o el Grande que recibi√≥ en sus √ļltimos a√Īos. Suele citarse el a√Īo 1193 como el de su nacimiento, aunque lo √ļnico que puede afirmarse es que naci√≥ antes de 1200, probablemente en Lauingen, hoy en la regi√≥n alemana de Baviera. Estudi√≥ en Padua y Bolonia; y cuenta el relato de su vida que fue una aparici√≥n de la Virgen Mar√≠a la que le indujo a ingresar en la orden de los dominicos, lo que le llev√≥ a ejercer la docencia en varios lugares.¬†

Un influencer para llevar la ciencia a la Iglesia

En Par√≠s conoci√≥ al que se convertir√≠a en su disc√≠pulo m√°s famoso y tambi√©n santo, Tom√°s de Aquino. Desde 1248 fue destinado a Colonia, la ciudad a la que ha quedado asociado su nombre y donde pas√≥ el resto de su vida, siendo obispo de Regensburg durante tres a√Īos, hasta que dimiti√≥ del cargo. Siguiendo la regla de su orden, llevaba una vida austera; se negaba a desplazarse a caballo y recorr√≠a su di√≥cesis a pie. Falleci√≥ en Colonia el 15 de noviembre de 1280, despu√©s de una vida en la que compagin√≥ la teolog√≠a y su labor religiosa con una curiosidad enciclop√©dica por la ciencia.

Como visión general de su pensamiento y obra, sus aportaciones más importantes pueden resumirse en dos líneas muy relacionadas entre sí. Por un lado, fue el gran valedor de Aristóteles, hasta el punto de que una gran parte de la doctrina del pensador griego ha llegado hasta nosotros gracias a él. Curiosamente, y aunque hoy conocemos la filosofía científica de la Iglesia católica como tradicionalmente aristotélica, no era así antes de san Alberto Magno; de hecho, por entonces los textos de Aristóteles estaban incluso prohibidos por instituciones católicas. 

BBVA-OpenMind-Alberto Magno- santo de la ciencia 2- En su obra De Animalibus, San Alberto hizo un estudio zoológico detallado en el que refutaba la mitología animal fruto de la cultura popular. Imagen: Wikimedia
En su obra De Animalibus, San Alberto hizo un estudio zoológico detallado en el que refutaba la mitología animal fruto de la cultura popular. Imagen: Wikimedia

En segundo lugar, y al convencer a sus contempor√°neos de que el pensamiento del fil√≥sofo cl√°sico explicaba el mundo de forma compatible con la doctrina cristiana, hizo algo m√°s: seg√ļn publicaba la revista Nature en 1932 con motivo de la canonizaci√≥n, ‚ÄúAlberto el Grande rompi√≥ las cadenas que manten√≠an la ciencia natural en las manos de los no creyentes‚ÄĚ; as√≠, puede decirse que su papel fue crucial para abrir la Iglesia a la ciencia, lo que entonces equival√≠a a llevar la ciencia a la sociedad. Fue, en t√©rminos actuales, un gran influencer de su tiempo, lo que inmortaliz√≥ su nombre en las p√°ginas de La divina comedia de Dante, un honor reservado a pocos.

A trav√©s de Arist√≥teles, Alberto se introdujo en todo el espectro m√°s amplio de las ciencias naturales, que comenz√≥ a recopilar en sus escritos: astronom√≠a, geograf√≠a, f√≠sica, qu√≠mica, mec√°nica, √≥ptica, mineralog√≠a, zoolog√≠a, bot√°nica, antropolog√≠a, fisiolog√≠a o medicina, adem√°s de sus trabajos en otras √°reas como teolog√≠a, matem√°ticas, metaf√≠sica, m√ļsica, arquitectura, leyes o incluso el amor y la amistad. Discuti√≥ la estructura del universo y de la materia, el movimiento de los astros y de los cuerpos, el funcionamiento de la luz y el calor, clasific√≥ un centenar de minerales y m√ļltiples especies vegetales, realiz√≥ un minucioso trabajo como naturalista y reuni√≥ el conocimiento sobre las propiedades terap√©uticas de las plantas, entre otros muchos empe√Īos. Sus obras hoy ocupan 38 vol√ļmenes gruesos que cubren pr√°cticamente todo el conocimiento de su √©poca.

Fundador y patrón de la química

Merece un especial comentario su trabajo en alquimia, ya que la ciencia qu√≠mica tiene al personaje como uno de sus padres fundadores. Y sin embargo, muchas de las obras sobre alquimia que en su momento se le adjudicaron se descubrieron posteriormente como pertenecientes a otros autores. La leyenda incluso le atribuye el hallazgo de la piedra filosofal ‚ÄĒcapaz de convertir metales en oro‚ÄĒ, que habr√≠a entregado a su pupilo Tom√°s. Lo cierto es que los estudiosos actuales cuestionan que realmente llevara a cabo extensos experimentos alqu√≠micos, y m√°s bien restringen sus aportaciones en la materia a sus comentarios sobre Arist√≥teles. Con todo, en su haber permanecen el descubrimiento del ars√©nico y de la capacidad fotosensible del nitrato de plata que siglos despu√©s dar√≠a origen a la fotograf√≠a.

Pero, naturalmente, y si Arist√≥teles estaba equivocado en muchos aspectos de su interpretaci√≥n de la naturaleza, tambi√©n lo estuvo Alberto. Su cosmolog√≠a geoc√©ntrica compuesta por esferas anidadas era del todo err√≥nea, no existen la influencia de los astros en las personas ni las propiedades de las piedras en las que √©l cre√≠a, sus observaciones sobre las plantas y su modo de reproducci√≥n eran confusas y equivocadas, los unicornios no existen‚Ķ Es cierto que no existe ninguna contribuci√≥n singular, √ļnica y significativa que le conceda a san Alberto Magno un nicho particular en la historia cronol√≥gica de los grandes avances cient√≠ficos; en ocasiones su figura est√° rodeada de leyendas, como la que tambi√©n le atribuye la construcci√≥n de un aut√≥mata capaz de moverse y hablar que su pupilo Tom√°s, horrorizado al encontr√°rselo, habr√≠a destrozado a estacazos.¬†

Sepultura de San Alberto en la cripta de la Iglesia de San Andrés, en Colonia, Alemania. Imagen: Wikimedia

Sin embargo, su trabajo verificado tampoco se limit√≥ al de un enciclopedista erudito, sino que tambi√©n emprendi√≥ sus propias investigaciones, las cuales le llevaron por la senda de numerosos peque√Īos avances, como la primera observaci√≥n de √≥rganos en los embriones, la sistematizaci√≥n de los minerales o la idea de que la velocidad de la luz era finita. En definitiva, quiz√° el estatus de san Alberto Magno como un gran descubridor cient√≠fico pueda discutirse, pero no su vocaci√≥n como hombre de ciencia. Tal fue su avidez de conocimiento que de √©l escribi√≥ P√≠o XI: ‚ÄúTodo lo que pod√≠a saberse, √©l lo sab√≠a‚ÄĚ. Se ha dicho que fue el √ļltimo hombre que lo sab√≠a todo, y su t√≠tulo de Doctor Universalis ‚ÄĒes uno de los 36 Doctores de la Iglesia‚ÄĒ refleja perfectamente su condici√≥n.¬†

Pero una constante de los cient√≠ficos ha sido c√≥mo las respuestas han dejado al descubierto nuevas preguntas que incitan a seguir indagando. Y esta cualidad estaba muy presente en Alberto el Grande. Por ello, tal vez la mayor deuda de gratitud que la ciencia pueda tener hacia √©l sea por haber actuado como impulsor del conocimiento en una √©poca cient√≠ficamente inmovilista, la Edad Media, en la que pr√°cticamente todo a√ļn estaba por saber. Como patrocinador de la ciencia en tiempos en que todav√≠a no se comprend√≠a bien su necesidad, merece sobradamente el patronazgo que se le concedi√≥. Y que se resume en una frase que hoy puede parecernos elemental, pero que para el siglo XIII era enormemente atrevida, incluso subversiva: ‚ÄúLa ciencia no consiste simplemente en creer lo que nos cuentan, sino en indagar en la naturaleza de las cosas‚ÄĚ.

Javier Yanes

@yanes68

 

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