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Artículo del libro La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos

Enfoques feministas de la teoría de las relaciones internacionales en el período de la Post Guerra Fría

Humanidades | Igualdad | Mujer | Perplejidad | Relaciones Internacionales
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A partir de una declaración de “intenciones feministas”, se analiza la aparición, la trayectoria y el desarrollo de los planteamientos académicos feministas en el ámbito de la disciplina de las relaciones internacionales (RI), después del período de la Guerra Fría. El artículo ofrece breves panorámicas de algunos enfoques feministas clave, y se relacionan con asuntos políticos contemporáneos. Por último, reconsidera la declaración inicial de intenciones feministas, a través de cuatro mujeres de proyección mundial y aporta una visión de la relevancia y el significado contemporáneos de los enfoques académicos feministas, en la teoría y la práctica, en el contexto de la política global.

Declaración inicial

Todas estas teorías, y aun así los cadáveres se siguen acumulando.

M. ZALEWSKI (1996)

Dada la gran cantidad de estudios feministas que han sido realizados durante treinta años, hablar del de la gran diversidad de enfoques feministas en relación con la política internacional constituye toda una tarea. Pero esta declaración inicial o «pausa para pensar» no concierne tanto al desafío corriente de la síntesis y la revisión académicas, sino que más bien está relacionada específicamente con la firme constancia de las asunciones problemáticas que se hacen sobre esta provocadora corriente de pensamiento que pueden socavar su valor primordial. Por lo tanto, empiezo con la declaración de que los estudios feministas sobre la política global tienen la intención, en gran medida, de resultar fuertemente desestabilizadores. Esto sigue siendo así aun cuando la desestabilización parece difícil de concretar desde un punto de vista político y educativo. Pero un objetivo primordial de este corpus de estudios feministas es generar un cúmulo de teoría y práctica con la voluntad y el empuje suficientes para realizar importantes cambios estructurales, epistemológicos, conceptuales y políticos tanto en las formas en que se estudia la política internacional como también, y fundamentalmente, para alterar en profundidad las formas violentas en las que buena parte de la política global sigue manifestándose. Podría considerarse que este objetivo académico del feminismo suena provocador y excesivamente ambicioso, sobre todo porque se suele entender que el objetivo asumido por el feminismo consiste, simplemente, en incluir a las mujeres en los diferentes ámbitos de la alta política. Esta asunción siempre se acompaña con el supuesto de que dicha inclusión sirve meramente para apoyar las agendas teóricas y políticas de la política internacional convencional. Mi afirmación consiste en que esta rama de los estudios feministas tiene un objetivo más trascendental y que, de hecho, es muy similar a aquel en el que la propia disciplina de la política internacional se basó (y en el que ha fracasado, de forma manifiesta), en concreto el de poner freno, en la medida de lo posible, a la atroz e incesante violencia que sigue deteriorando el panorama de la política global contemporánea. Además, la afirmación de los estudios feministas es que tienen un potencial mucho mayor que la disciplina de las relaciones internacionales para desencadenar este tipo de cambio. Empiezo con esta afirmación un tanto provocadora porque el propósito y el trabajo serios del feminismo pueden evaporarse con facilidad. Espero captar la atención del lector en este importante texto desde el principio; los riesgos son demasiado elevados como para no tomarse en serio el trabajo desestabilizador del feminismo.

Introducción: Los estudios feministas y las relaciones internacionales

La disciplina de las relaciones internacionales (RI) está totalmente vinculada a los ritmos del panorama político global. Tras surgir como una disciplina académica en 1919, tras los horrores de la Primera Guerra Mundial, la teorización, los enfoques metodológicos y la atención política de las RI se han centrado desde entonces en aportar conocimientos útiles sobre el ámbito internacional (Brecher y Harvey, 2005). Tradicionalmente, esto ha comportado prestar atención a los aspectos políticos más obvios de los estados, los gobiernos, los políticos y las guerras importantes a escala mundial, con la atención conceptual y empírica girando constantemente en torno a la seguridad, la anarquía y la violencia. Desde el punto de vista de la teoría, durante muchas décadas la disciplina se ha visto dominada por la tríada del realismo, el pluralismo y el estructuralismo, aunque fue el realismo (una forma de Realpolitik) el que siguió siendo el enfoque teórico abrumadoramente dominante (Smith, 1994). No fue hasta la década de 1980 cuando otros enfoques políticos empezaron a cobrar algo de impulso. Ciertamente, tras la caída del Muro de Berlín y el inicio del período posterior a la Guerra Fría, hubo una cierta explosión de enfoques teóricos en las RI, una lista de ellos incluiría la teoría crítica, el posmodernismo, el postestructuralismo, el feminismo y el constructivismo (Brecher y Harvey, 2005). Esta sobreabundancia de teorías (especialmente en comparación con las seis décadas anteriores) generará abundantes artículos, libros, talleres, conferencias y nuevos programas de enseñanza, sobre todo en Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido y Australia. Junto con estos avances teóricos, ya habían empezado las críticas a los puntales filosóficos y epistemológicos de la mayoría —por no decir todas— de las teorías y los enfoques metodológicos convencionales, normalmente enmarcadas en el debate «pospositivista» (Smith, Booth y Zalewski, 1996). Así, la etapa posterior a la Guerra Fría aparece como un momento político e intelectual muy oportuno para aportar un relato de uno de estos nuevos enfoques, en concreto el feminismo. Pese a ello, dado el gran dominio del realismo a lo largo de más de seis décadas, es importante preguntarse con mayor detenimiento por qué estos cambios globales habrían tenido semejante impacto en el ámbito de la disciplina y la teoría. ¿Qué es lo que cambió exactamente en 1989?

Una respuesta consiste en que dos ejemplos claros de fracaso y sorpresa desencadenaron la avalancha de nuevos trabajos en la disciplina de las RI. La sorpresa fue la caída de la Unión Soviética y el deshielo de la Guerra Fría; el fracaso pertenecía a la disciplina de las RI. Tal y como lo expuso Christine Sylvester: «Pocos realistas de cualquier índole habrían sostenido que los estados, por voluntad propia, cesan en sus funciones y desmantelan sus autoridades territoriales; esto es lo que hizo la Unión Soviética» (2002: 7). Para los estudiosos y los practicantes de la Realpolitik, este abandono del poder y de la soberanía fue sorprendente, al tratarse de una disciplina relacionada íntegramente con el análisis político y la formulación de políticas de alto nivel, sobre todo en Estados Unidos, la falta de perspicacia y de poder de predicción de las RI se sintió de forma contundente. La rapidez de los cambios llevó a muchos a desafiar los académicos de la política internacional y a centrar su atención en las limitaciones de las RI (Brown, 1993: 2). Alimentadas aún más por muchas de las percepciones de la «filosofía continental» (que habían sido absorbidas por otras disciplinas como la sociología o la teoría política algunas décadas antes), las críticas epistemológicas a las bases teóricas de las RI experimentaron un incremento exponencial. Así pues, esta confluencia de las debilidades teóricas de las RI y de un orden mundial potencialmente turbulento preparó el camino para una intrusión teórica y empírica por parte de multitud de académicos que marcaron el inicio de la «década desestabilizadora» de 1980 (Sylvester, 2002: 9). El feminismo ocupó entonces el escenario central con conferencias y talleres para la mayor parte del público de las RI en Londres, Boston y Los Ángeles, y se produjo el nacimiento de la sección de Estudios Feministas y de Género de la International Studies Association y del Grupo de Relaciones Internacionales y de Género en la British International Studies Association. Estos acontecimientos sirvieron para colocar a las estudiosas feministas en puestos reconocidos en las instituciones. Proliferaron entonces libros y artículos,1 y los programas de estudio de las RI de la corriente dominante empezaron a incluir algunos cursos sobre el feminismo de género, por lo menos en el ámbito educativo angloamericano.

Así pues, el período inmediatamente posterior a la Guerra Fría fue testigo de cómo los estudios feministas entraban en un vigoroso clima intelectual en la disciplina de las RI. Uno de los libros pioneros publicados en esa época fue Bananas, Beaches and Bases (1989), de Cynthia Enloe, que sigue siendo hasta la fecha un texto fundamental en el estudio de la política feminista internacional.2 En 1989 destacó por su uso prolífico de las metodologías visuales, su alusión muy limitada a las teorías, los textos o los autores fundamentales de las RI convencionales y, ante todo, la gran atención que prestaba a las mujeres y los mecanismos de género, especialmente la masculinidad y la feminidad, ambos en el contexto de los comportamientos y los conceptos. Esto significó inevitablemente que Bananas, Beaches and Bases se centrara en aspectos de la política internacional durante mucho tiempo considerados irrelevantes, triviales o «sencillamente domésticos», entre ellos las esposas de los diplomáticos, la prostitución, el turismo y el servicio doméstico. Al libro de Enloe de 1989 se le atribuye acertadamente el haber iniciado una senda feminista intelectual y política que exponía lo muy en deuda que estaba el sistema político internacional con el trabajo de las mujeres y con el funcionamiento de la masculinidad y la feminidad.3 Esta obra no versaba «simplemente» sobre las mujeres, sino que se proponía demostrar que al centrarse en las mujeres y el género se podía ilustrar con mucha mayor claridad hasta qué punto el poder se dedica mucho más a la elaboración de las políticas internacionales de lo que las teorías convencionales podían comprender. Como lo expuso Enloe: «La política internacional de la deuda, las inversiones, la colonización, la seguridad nacional, la diplomacia y el comercio es mucho más compleja de lo que a la mayoría de los expertos les gustaría hacernos creer» (1989: 197).

El período posterior a 1989 en la teoría y la práctica feministas

En medio de un orden europeo fluido y la desaparición repentina de lo que se había percibido como un mundo bipolar estable (Smith, 1994), el período inmediatamente posterior a la Guerra Fría parecía un momento poco oportuno para dedicar una profunda atención a la pregunta fundamental de Cynthia Enloe sobre la política internacional, que era y, en gran medida, sigue siendo: «¿Dónde están las mujeres?». Aunque en el contexto de la (nueva) Europa, se evidenciaba claramente que a las mujeres les estaba yendo en general bastante mal, sobre todo en la antigua Europa del Este. En uno de los ámbitos más obvios de la política (la participación y la representación políticas), las mujeres habían sido anteriormente muy activas. Después de 1989, su representación empezó a descender rápidamente (Einhorn, 1992). Como apuntaron escritores contemporáneos: «Las mujeres habían estado presentes en las grandes manifestaciones, en las calles felices, pero desaparecieron de las mesas de negociación» (Kiss, 1991). También en el terreno del empleo, las mujeres se encontraban entre las mayores perdedoras, y sus derechos reproductivos se convirtieron en un objetivo principal para la gestión política, transformándose frecuentemente en el primer asunto al que prestaron atención los gobiernos poscomunistas (Kiss, 1991; Einhorn, 1993).

La distinción entre sexo y género fue una revolución en el pensamiento feminista

Sin embargo, para cultivar los análisis feministas después de 1989 se requerían claramente bases teóricas rigurosas. Las primeras formulaciones de los estudios feministas en las RI incluían el desarrollo de tipologías teóricas, en concreto liberales, socialistas-marxistas, radicales y posmodernas. Esto se vio acompañado de análisis más inspirados en la filosofía y etiquetados como empiristas, postestructurales y deudores de la teoría del punto de vista (Zalewski, 1993). Los feminismos liberales y socialmarxistas estaban, como resulta bastante obvio, alineados con el liberalismo y el socialismo-marxismo desde el punto de vista político. Así, el feminismo liberal se apoyó fuertemente en el liberalismo que prestaba atención a la santidad del «yo» humano y a todos los derechos desarrollados en relación con ese yo, especialmente tras la Declaración de los Derechos Humanos de 1948. Con aparente simplicidad, los académicos feministas querían que se ampliaran los «derechos del hombre» para incluir los «derechos de la mujer». Lo que resultó clave para este tipo de análisis fue la distinción entre sexo y género, que fue en verdad un movimiento revolucionario en los anales del pensamiento feminista, ya que desvinculó el reino supuestamente natural o biológico del «sexo» del ámbito del «género», construido cultural y socialmente.4 Si tradicionalmente había parecido que las mujeres no pertenecían al campo político o público, o que no tenían los mismos derechos que el hombre dados sus roles reproductivos privados o familiares más naturales (o que en realidad eran «un don de Dios»), el conocimiento relativamente nuevo de que las mujeres también eran «simplemente» humanas significó que podían, y ciertamente debían, ser incluidas desde los puntos de vista empírico y representativo, así como en el análisis teórico. El que las mujeres no estuvieran incluidas de esta forma en relación con el estudio y las prácticas de la política internacional era algo manifiestamente patente. De hecho, la ausencia de las mujeres en la enseñanza de las RI, o en las obras e investigaciones sobre política internacional, era palmaria. Como apuntó J. Ann Tickner sobre la disciplina de las RI en 1992:

¿Por qué hay tan pocas mujeres en mi disciplina? Si enseño sobre este campo tal y como se le define convencionalmente, ¿por qué hay tan pocas lecturas escritas por mujeres que pueda asignar a mis alumnos? ¿Por qué está mi disciplina tan alejada de las experiencias vividas por las mujeres? ¿Por qué las mujeres han brillado solo por su ausencia en los mundos de la diplomacia, el ejército y la elaboración de la política exterior? (1992: 1).

La ausencia de mujeres en en el panorama de alta política de las guerras, las relaciones entre los estados y el liderazgo político era sin duda obvia. Y la falta de interés en lo que podrían considerarse las actividades y preocupaciones más tradicionales de la mujer se vio seguramente como una omisión adecuada. ¿Qué utilidad podría tener teorizar sobre la maternidad o el trabajo doméstico para el estudio y la práctica de la política global? Quizá las mujeres fueran «a veces» visibles como líderes ocasionales o guerreras míticas, pero se comprendía con toda claridad que la alta política internacional era un «trabajo de hombres», algo que, frecuente y explícitamente, se exponía tal cual (incluso hoy en día). Así, un objetivo fundamental de las feministas inspiradas en el liberalismo fue que se les reconociera a las mujeres el mismo valor que se le concedía al hombre, para que tuvieran las mismas oportunidades políticas y públicas que este y para que, de forma crucial, el género (ese artificio cultural considerado como el responsable de tantos daños) se desvaneciera gradualmente con el objetivo final de un futuro sin género. Un futuro justo sería uno sin género. En sus estructuras y prácticas sociales, el sexo de alguien no tendría más relevancia que el color de sus ojos o la longitud de los dedos de sus pies (Okin, 1989: 171).

¿Cómo le ha ido al feminismo liberal en la política global? En la actualidad hay muchas mujeres que son líderes políticos, todavía una minoría, aunque quizá decreciente. Gran cantidad de mujeres sirven en los ejércitos de todo el mundo, y las prohibiciones de que luchen en combates cuerpo a cuerpo están desapareciendo casi a diario.5 El género como concepto ha sido integrado en el pensamiento y la práctica de muchos gobiernos nacionales y organizaciones internacionales. La Organización de las Naciones Unidas es en este sentido un actor clave, en particular desde la revolucionaria resolución 1325 del Consejo de Seguridad promulgada en el año 2000, que fue el primer documento formal y jurídico de dicho consejo que exigía a las partes implicadas en un conflicto que evitaran las violaciones de los derechos de las mujeres, que respaldaran su participación en las negociaciones de paz y en la reconstrucción tras los conflictos, y que protegieran a las mujeres y las niñas de la violencia sexual y la basada en el género.6 Entre las resoluciones relevantes más recientes tenemos la SCR 2106 y la SCR 2122, ambas de 2013.7

En varios sentidos, el éxito del feminismo liberal parece claro. Pese a ello, para muchos académicos feministas especializados en las relaciones internacionales, este éxito es dudoso. Resulta que la mayoría de los académicos feministas dan la bienvenida a las prácticas inclusivas en favor de las mujeres, pero el asunto problemático está relacionado con la aceptación tácita de agendas y prácticas políticas y teóricas de índole convencional (a menudo señaladas como predominantes desde el punto de vista masculino). Además, está la aceptación del concepto estándar de «humano», que es, históricamente y por defecto, alguien perteneciente a la élite, blanco y hombre. En consecuencia, los trabajos feministas liberales tienden a respaldar la invisibilidad y el menor valor de la vida, los comportamientos y el trabajo tradicional de las mujeres, por lo que acostumbran a ignorar los desequilibrios, los sesgos y las discriminaciones que esto causa en muchas mujeres de todo el mundo. Y en el orden geopolítico actual, muchos argumentan que el feminismo liberal ha acabado al servicio de las agendas y prácticas neoliberales. Retomaremos esta idea más adelante.

Tal y como cabría esperarse, los puntales filosóficos y los compromisos políticos de los feminismos socialistas-marxistas8 están relacionados íntegramente con los análisis del ámbito económico y del sistema de clases. La conjunción del análisis marxista sobre la economía, las clases y el capitalismo con la agitación cotidiana de las vidas vividas, junto con el énfasis del feminismo socialista en la distinción uso/valor y la explotación característicos de las mujeres en el sistema global, ha dado lugar a multitud de estudios profundos acerca de las economías políticas mundiales de género. Las primeras obras incluían el seguimiento efectuado por Maria Mies del trabajo de la «esposa-consumidora» como un ejemplo de la «mano de obra óptima» (1986), tanto en los «países subdesarrollados como en los excesivamente desarrollados» (1986: 126), así como las investigaciones de Cynthia Enloe sobre la política «del plátano», condicionada por el género, a través de la figura y la vida de la cantante Carmen Miranda (1989/2014). Enloe también inauguró un complejo campo de investigación rastreando el uso internacional del concepto «trabajadoras domésticas» y sus vínculos con las políticas de deuda internacional (1989/2014). Los importantes trabajos teóricos en el campo del género y de la economía política han demostrado que las percepciones sobre los roles adecuados para los hombres y las mujeres (y las dimensiones complementarias de la raza y la clase social) impregnaron y estructuraron muchos de estos tipos de decisiones y actividades personales. Las creencias relativas al romance y el amor, además de las asociadas a la reproducción y el honor familiar, abonaron un terreno fértil para la existencia de grandes reservas de mano de obra barata o gratuita. Sin embargo, por regla general se siguió considerando que eran eran cuestiones domésticas y/o culturales, y ciertamente no un asunto de los analistas políticos internacionales.

Las improntas de ese trabajo se ilustran actualmente muy bien, desde el punto de vista teórico y práctico con las ambiciones empresariales del hemisferio norte para con las mujeres y las niñas del hemisferio sur. Un ejemplo de ello podemos encontrarlo en las agendas de responsabilidad social corporativa de las grandes empresas y las finanzas internacionales. El Banco Mundial, por ejemplo, se ha embarcado en colaboraciones importantes con dos actores del sector privado, el Foro de Líderes del Sector Privado Global y la campaña The Girl Effect (véanse Calkin, 2016, así como Calkin, 2015). Esta última también es conocida por el respaldo que recibe por parte del mundo del deporte y las celebridades. Pese a las intenciones filantrópicas, Sydney Calkin argumenta que la combinación del género y de las grandes empresas y las finanzas saca el máximo partido al poder empresarial y a los recursos potenciales de las mujeres y las niñas en una economía global al servicio de las agendas del hemisferio norte. El uso político del género para promover las agendas humanitarias y otros proyectos del hemisferio norte no es algo nuevo. Un momento importante que marcó el período inmediatamente posterior al 11-S fue el discurso radiofónico de la entonces primera dama, Laura Bush, sobre las dificultades de las mujeres de Afganistán, que aportó más razones para la posterior invasión de este país por parte de Estados Unidos. Siguen en el aire preguntas serias acerca del panorama político internacional actual sobre el siempre creciente foco de lo económico y del desarrollo en las mujeres y las niñas, entre otros Girl Effect, Girl Up, Girl Rising, G(irls)20 Summit, Because I Am a Girl, Let Girls Learn y Girl Declaration.9 ¿Qué podemos hacer con la utilización actual del género como herramienta de valor de uso económico y político en favor del hemisferio norte?

La última oleada dual de trabajos teóricos feministas en el ámbito de las relaciones internacionales incluye a los feminismos radical y posmoderno, que están relacionados de forma menos obvia con los compromisos políticos conocidos o con el espectro político convencional. Aun así, el afluente radical del trabajo feminista está muy íntimamente relacionado con los movimientos revolucionarios, de resistencia política y sociales en muchas sociedades occidentales de las décadas de 1960 y 1970, incluidos los derechos de las mujeres y los movimientos por los derechos civiles y del black power («poder negro»). Un objetivo fundamental de este tipo de trabajo fue situar a las mujeres en el centro de la atención política y analítica y plantear interrogantes que tradicionalmente preocupaban más a las mujeres, ubicándolos en un lugar destacado de las agendas políticas, educativas y culturales. «¿Dónde están las mujeres?»; he aquí una pregunta aparentemente importante, planteada por muchos trabajos feministas radicales, que parece benigna a un cierto nivel, o simplemente una pregunta empírica o temática. Pese a ello, plantea cuestiones epistemológicas profundas sobre las bases y los sistemas de conocimiento remontándose a los supuestos padres del pensamiento moderno, entre ellos Platón y Aristóteles, y a otros más recientes como JeanJacques Rousseau, John Stuart Mill e Immanuel Kant, por nombrar solo a algunos. La crítica a los conocimientos fundacionales también es un sello distintivo de los feminismos posmodernos y/o postestructurales. Volveré más adelante a estas ideas. En las tres décadas posteriores al final de la Guerra Fría, se han llevado a cabo muchos estudios feministas y el género se ha convertido en un asunto central para las políticas y el discurso de la Organización de las Naciones Unidas. Parece que las mujeres y el género disponen de un lugar seguro en la teoría y la práctica de la política internacional. Actualmente, en los estudios feministas de las RI, la tipología de cuatro enfoques de la teoría feminista que he presentado está desplegada de forma menos visible, pero formó parte en gran medida del desarrollo de este campo. El trabajo académico posterior representa más bien una amalgama de enfoques, quizá con cierta tendencia a los métodos postestructurales y se hace mucho más trabajo usando la teoría poscolonial y la teoría queer, así como enfoques metodológicos alternativos creativos que incluyen análisis de imágenes, de la cultura popular y de «lo cotidiano». Y ahora es el momento de añadir algún matiz argumental, tomando un pequeño desvío para reflexionar sobre cuatro mujeres de gran relevancia política internacional, dos contemporáneas y dos de la Antigüedad.

Cuatro mujeres

Las cuatro mujeres importantes a escala mundial son Aung San Suu Kyi, Malala Yousafzai, Atenea y Medusa. En primer lugar haremos las debidas presentaciones y luego examinaremos algunas razones por las que podemos considerar que es importante reflexionar sobre ellas, como si se tratara de un interludio en este artículo, en lo que constituye un análisis de la política internacional y de la teorización feminista.

Aung San Suu Kyi y Malala Yousafzai son dos mujeres que aparecen con frecuencia en los medios de comunicación sobre la política internacional y que están en el primer plano de la actualidad. Aung San Suu Kyi, conocida coloquialmente como «la señora» o «la dama»,10 es muy conocida por su larga lucha por la democracia en Birmania. Es una mujer presentada habitualmente en los medios occidentales como una figura enigmática e incluso romántica, descrita por un comentarista como «fragante». Se le concedió el Premio Nobel de la Paz en 1991. Más recientemente, ha aparecido en las noticias por, supuestamente, hacer la vista gorda ante lo que se ha descrito como la limpieza étnica de la comunidad minoritaria musulmana de los rohinyás en Birmania. En una carta abierta al Consejo de Seguridad de la ONU, más de una docena de galardonados con el Premio Nobel han criticado a Aung San Suu Kyi por las «sangrientas medidas militares contra el pueblo minoritario de los rohinyá», y han advertido de una tragedia que alcanza el nivel de una limpieza étnica y de crímenes contra la humanidad.11

BBVA-OpenMind-Libro 2018-Perplejidad-zalewski-Atenea-Atenea, en el centro de la pintura, la diosa de la sabiduría y las artes, coronada con un casco y portando un manto donde lleva atada la cabeza de Medusa, que cortó Perseo. Atenea es un icono de la feminidad a lo largo de los siglos que se ha proyectado intensamente en el imaginario político y social contemporáneo.
Atenea, en el centro de la pintura, la diosa de la sabiduría y las artes, coronada con un casco y portando un manto donde lleva atada la cabeza de Medusa, que cortó Perseo. Atenea es un icono de la feminidad a lo largo de los siglos que se ha proyectado intensamente en el imaginario político y social contemporáneo.

La joven pakistaní Malala Yousafzai era muy activa y franca (incluso escribía en blogs) con respecto al derecho de las niñas a recibir educación. Fue tiroteada por los talibanes en 2012, con quince años de edad, cuando iba al colegio, por sus opiniones y su activismo. Malala (conocida mundialmente por su nombre de pila, sobre todo tras la publicación de su biografía en 2013) se trasladó a Inglaterra para recibir tratamiento médico, y se recuperó lo suficiente de sus heridas como para comenzar a ir al instituto en Birmingham. Siguió diciendo lo que pensaba sobre el derecho de las niñas a recibir educación, y en 2014 Malala se convirtió en la persona más joven en ser galardonada con un Premio Nobel de la Paz.12 En 2017 fue nombrada embajadora por la paz de la Organización de las Naciones Unidas, y obtuvo una plaza para estudiar una carrera en la Universidad de Oxford. También fue uno de los premios Nobel que firmó la carta abierta dirigida al Consejo de Seguridad de la ONU para reprender a Aung San Suu Kyi. Son dos mujeres importantes en la escena política internacional actual. ¿Cómo nos ayudan sus historias y sus vidas a comprender mejor el trabajo y la importancia de los estudios feministas sobre las relaciones internacionales?

Atenea y Medusa no son mujeres contemporáneas, pero han tenido una presencia intensa y prolongada en la imaginación política, social y cultural. Atenea era la diosa de la sabiduría, la guerra, el heroísmo y las artes de la mitología griega, y de ella toma y conserva su nombre la capital de Grecia. En la cultura del Reino Unido, su emblema, su espíritu y su nombre han sido adoptados por la Equality Challenge Unit (Unidad por el Desafío de la Igualdad), que encabeza y dirige iniciativas por la igualdad de género en algunas de las mejores instituciones educativas y de investigación del país (el Athena Swan Charter, o «estatuto del cisne de Atenea»).13 Una de las hazañas memorables de Atenea fue transformar la cabeza de Medusa en una visión terrorífica, con multitud de serpientes que se retorcían y siseaban, y con la capacidad de convertir a los hombres en piedra si la miraban a los ojos. La cabeza la acabó cortando Perseo a petición de Atenea. Las estatuas de Perseo luciendo la cabeza de Medusa son algo habitual en los museos de todo el mundo.

BBVA-OpenMind-Libro 2018-Perplejidad-zalewski-Malala-yousafzai-La joven Malala Yousafzai presenta su libro I am Malala, en el Instrituto Francés de Nueva York, en agosto de 2014.
La joven Malala Yousafzai presenta su libro I am Malala, en el Instrituto Francés de Nueva York, en agosto de 2014.

La historia de Medusa ha llegado siglo XXI; en la reencarnación mediatizada más reciente de dicho relato, Donald Trump ocupa el lugar de Perseo y Hillary Clinton aparece como la cabeza cortada de Medusa (Beard, 2017). Y aunque existen muchas variantes antiguas del relato, persiste una versión concreta. Medusa era la única de tres hermanas conocidas como las gorgonas que nació siendo mortal. La historia nos explica que Medusa había sido hermosa pero fue maldecida por Atenea, que le dio serpientes por cabello. El delito de Medusa había consistido en violar la santidad de uno de los templos de Atenea por haber yacido con Poseidón. Este relato del castigo y la eventual decapitación de Medusa por parte de Perseo tiene una importante repercusión en la actualidad. Sin embargo, como señalan Mary Beard (2017) y Susan Bowers (1990), una historia distinta podría haber captado la imaginación y haber tenido una ulterior importancia filosófica y epistemológica; a saber, que Poseidón habría violado a Medusa y el «castigo» de Atenea habría tenido más bien el propósito de evitar que Medusa volviera a ser violada nunca más.

Estas cuatro mujeres son icónicas, y todas ellas tienen que ver de una forma u otra con la política global. Se erigen como figuras emblemáticas de la feminidad, y son referentes emblemáticos en nuestro pensamiento sobre la política internacional, aunque de formas diferentes. La cuestión sobre la postura aparentemente vacilante de Aung San Suu Kyi como heraldo de la paz no es relevante aquí, y los lectores tendrán opiniones dispares sobre esto. Mejor, podemos pensar en su estatus icónico en relación con las visiones feministas liberales sobre la inclusión de la mujer, en particular como líderes políticos globales. Está muy claro que no podemos (nunca) contar con que las mujeres actúen de formas «pacíficas», aunque parece que las lideresas rara vez pueden evitar ser identificadas por su género, generalmente como iconos en un extremo u otro del espectro de la mujer buena-mujer mala; como guerreras, pacifistas, heroínas o simples malvadas. Las mujeres permanecen marcadas por su género, y de hecho este tiende a rechazar más de un estatus icónico a la vez. La posición de Malala con respecto al género en el relato del paisaje geopolítico contemporáneo se ha vuelto especialmente atractiva para el público occidental, en particular porque encaja muy bien en el ámbito colonialista que Gaytri Spivak (1985) explicó de forma tan poderosa y sucinta: «Hombres blancos salvando a mujeres morenas de hombres morenos». Al mismo tiempo que la historia de Malala respalda las políticas masculinas de protección, tradicionales y encorsetadas, también se le ha dado el aire de un relato feminista neoliberal de éxito, de un triunfo femenino individual sobre las fuerzas oscuras del tradicionalismo relacionado con el género. Es significativa la figura de una mujer extraordinaria surgiendo intrépidamente de entre una masa de mujeres «corrientes» (y piénsese en la forma en que los medios representan a las mujeres de la región del «Gran Oriente Medio»), y requerida con tanto entusiasmo por poderosas instituciones políticas occidentales. Y es sorprendente que las figuras icónicas de la feminidad, Atenea y Medusa, sigan atrayendo la imaginación popular y filosófica actual. Que una de las formas más impactantes de representar la «batalla» entre Donald Trump y Hillary Clinton en la época de la campaña presidencial estadounidense y las elecciones de 2016-2017 (pese a su intención humorística) hiciera uso de la reencarnación brutal e hiperrelacionada con el género de la narrativa convencional y antigua de Perseo, Atenea y Medusa, revela mucho sobre cómo funcionan los sistemas de conocimientos actuales.

El siglo XXI

Hombres de mi edad dictan esta guerra.

El señor Dawson en Dunkerque 14

¿Qué sale a la superficie mediatizada de los paisajes políticos globales actuales? ¿Qué bombardea a diario a nuestra visión y nuestra mente? Algo que a todas luces ha cambiado de forma radical desde el final de la Guerra Fría es la amplia difusión del uso de internet y de las redes sociales. Un ejemplo actual de relevancia a escala mundial es el hábito del presidente estadounidense, Donald Trump, de usar Twitter. Mientras estoy escribiendo, las probabilidades de una guerra nuclear con (o causada por) Corea del Norte están ocupando el escenario central de Twitter. Otros focos de atención en mis fuentes de noticias diarias incluyen los sufrimientos de los musulmanes rohinyá en Birmania y el Brexit, por supuesto, sobre todo desde la atalaya privilegiada de alguien que vive en el Reino Unido. ¿Y culturalmente? Una de las últimas grandes películas es Dunkerque (estrenada, quizá casualmente, en medio de una cierta agitación en torno a las negociaciones del Brexit). Es un filme lleno de hombres, sin apenas hombres de color, y tal vez con una o dos mujeres (es difícil atisbarlas). ¿Importa esto? ¿Es la rigurosa «masculinidad blanca» de una película popular algo a lo que deberíamos prestar atención como especialistas en las RI cuando nos enfrentamos a la amenaza del presidente de Estados Unidos de aniquilar a otro país, tal y como hizo en su primer discurso en la Organización de las Naciones Unidas en septiembre de 2017? ¿O a un mundo en el que el presidente ruso y el líder norcoreano muestran, incesantemente, niveles variables de lo que podría llamarse «masculinidades irritantes»? ¿Y qué decir del montón de huracanes que están provocando el caos en el golfo de México o el Caribe? Las preguntas sobre el cambio climático y la degradación medioambiental ocupan, con toda seguridad, un lugar preferente en nuestras agendas políticas internacionales, si bien intermitentemente, aunque es, por supuesto, la gente más pobre la que más sufre; en eso no hay cambios. Hoy la principal diferencia es que las celebridades acuden al rescate de formas mucho más visibles y de autopromoción de lo que nunca había sido posible antes de las redes sociales.

Es sorprendente que las figuras icónicas de la femenidad, Atenea y Medusa, sigan atrayendo la imaginación popular y filosófica actual.

Existe un cierto grado de obsesión con la idea de los cambios dramáticos en nuestros panoramas políticos, que a menudo se da por sentado que son aquellos a los que prestar también especial atención; el final de la Guerra Fría, por ejemplo. Pero podemos centrarnos por un momento en la película Dunkerque, un gran drama del pasado, por supuesto, pero que en su forma de cultura popular no parece tener, a bote pronto, gran importancia en el contexto de las preocupaciones de este texto. Mi hija se pregunta por qué hay tan pocas mujeres en ella; ¿no se podría haber dado a una mujer el papel en el timón de la pequeña barca situada en el centro del relato de la película? ¿O no se podría haber colado, pasando desapercibida, una hija adolescente, en lugar de un hijo, en la barca, de modo que pudiera unirse a su padre y a su hermano mayor en la misión de rescate? Por supuesto, se trata de un suceso de la Segunda Guerra Mundial, así que es un filme de su época, y es una asunción común que la historia no puede, sencillamente, reescribirse para satisfacer la moral ni, mucho menos aún, las agendas relativas al género a principios del siglo XXI. Sin embargo, ha habido mucha «cháchara en las redes sociales» sobre el «blanqueamiento» de la película.15 Y sin duda el cuestionable «espíritu del Blitz», surgido durante los bombardeos alemanes sobre Londres, encajaba de perlas con el resurgimiento actual del espíritu de «protección de la patria» predominante tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos. Pero qué fácil ha resultado pasar por alto la violencia, en particular las violaciones y las agresiones sexuales que se dieron de forma tan regular durante los bombardeos aéreos en la Segunda Guerra Mundial.

Los especialistas en las relaciones internacionales feministas preguntan con insistencia qué historias (de las muchas disponibles) conservan el escenario central o regresan para ocuparlo, ya versen sobre la guerra, la economía global o un trabajo adecuado para los hombres y las mujeres: ¿cuáles de estas historias salen persistentemente a la superficie y retienen la atención política y teórica? Yo le insinúo a mi hija que Dunkerque es una película que tiene mucho que ver con el heroísmo masculino, y aunque cualquier director podría decidir modificar un poco los «hechos» para contar y vender una historia, el heroísmo femenino no tiene el mismo impacto ni la misma facilidad para contar su historia. El caso es que en muchos filmes recientes muy populares, como Espías desde el cielo y La noche más oscura (éxitos de taquilla que captan la atención de millones de personas en todo el mundo), aparecen líderes femeninos en papeles de militares de alta graduación. Pese a ello, las investigaciones recientes sugieren que estos liderazgos femeninos (siempre mujeres blancas) sirven para promocionar un tipo de «blancura ética» (Charania, 2017) que respalda, una vez más, las agendas políticas internacionales convencionales.

El artículo arrancaba con una frase un tanto provocadora sobre la intención de los estudios feministas. Podría percibirse que «exagero» para atraer la atención. Pese a ello, mantengo que la crítica feminista de las estructuras de conocimientos subyacentes en las que se basan los estudios de política internacional, y que se fundamentan en bases filosóficas, políticas e incluso mitológicas, supone un desafío relevante. Empezando por el reconocimiento de que las mujeres y lo tradicionalmente «femenino» se han convertido en algo ausente o irrelevante en el campo de la política internacional, parece que el remedio no consiste simplemente en «añadir mujeres» como si se tratara de hombres. El reto del estudio y de la práctica de la política internacional requiere de un trabajo mucho más riguroso y eficaz tanto en la teoría como en la práctica. Ha habido algunos cambios notables en el panorama político global desde 1989, pero un vistazo rápido confirmará, como mucho, una ligera merma en la violencia global o quizá, un incremento. Por supuesto, los estudios feministas no pueden resolver todas estas violencias, pero el amplio corpus de conocimiento generado desde 1989, un conocimiento que surge de cuestiones procedentes del trabajo y las actividades sumergidas de más de la mitad de la población del mundo, recibe una atención mucho más seria y prolongada.

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— (2013), Feminist International Relations. Exquisite Corpse, Londres y Nueva York, Routledge.

Notas

1 Existen en la actualidad abundantes obras. Véanse https://genderandsecurity.org/projects-resources/syllabus-collection, para obtener ejemplos de programas de enseñanza actuales, y el International Feminist Journal of Politics, http://www.tandfonline.com/loi/rfjp20. Véanse también Shepherd (2014); Gentry, Shepherd y Sjoberg (2018 [en prensa]); Zalewski (2013); Bleiker, ed. (2018 [en prensa]); Steans (2013).

2 Ahora en su 4.ª edición (2014).

3 Hubo textos anteriores, en especial Women and War (1987), de Jean Bethke Elshtain, aunque fue Bananas el que alcanzó un papel central y captó la atención en esa época.

4 La relación jerárquica tradicional y persistente entre la masculinidad y la feminidad es clave para los análisis de género. Al margen de cuánto variaron, culturalmente y a lo largo del tiempo, las expectativas en torno a estas características y comportamientos, su carácter rebelde y jerárquico permaneció constante. Se ha llevado a cabo muchos estudios sobre las masculinidades en este campo (por ejemplo, Parpart y Zalewski, 2008).

5 http://www.bbc.co.uk/news/uk-36746917.

6 http://www.un.org/womenwatch/osagi/wps/.

7 http://www.un.org/press/en/2013/sc11149.doc.htm; http://www.un.org/en/peacekeeping/issues/women/wps.shtml.

8 Si más «socialista» o «marxista» o «sistema dual» fue objeto de mucho debate; véase Hartmann.

9 http://www.huffingtonpost.com/shenila-khojamoolji/girls-of-the-global-south_b_11353958.html.

10 Quizá relacionado con la película homónima sobre Aung San Suu Kyi (2011).

11 https://www.theguardian.com/world/2016/dec/30/nobel-laureates-aung-san-suu-kyi-ethnic-cleansingrohingya.

12 http://www.bbc.co.uk/news/world-asia-23241937.

13 http://www.ecu.ac.uk/equality-charters/athenaswan/.

14 El señor Dawson, interpretado por Mark Rylance (que es el hombre sentado al timón de la pequeña barca de «rescate»), hace este comentario en respuesta al joven piloto que ha sacado del mar y que ha sugerido que él (Dawson) es demasiado viejo para estar haciendo eso (embarcarse en una misión de rescate).

15 http://timesofindia.indiatimes.com/india/how-nolan-forgot-the-desis-at-dunkirk/articleshow/59717595.cms?from=mdr.

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