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09 septiembre 2013

¿Podrá la tecnología abordar el problema del cambio climático?

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¿Cómo puede la tecnología ayudarnos a abordar el problema del cambio climático? Es algo que llevamos preguntándonos durante algún tiempo y se volvió a plantear durante las conversaciones estratégicas entre Estados Unidos y China celebradas en el mes de julio. En sus comentarios iniciales, el Secretario de Estado de EE. UU., John Kerry, resumió la cuestión de la siguiente manera: “¿Cómo podemos desarrollar una nueva tecnología energética que se convierta en la solución al problema del cambio climático?”

Hay razones para albergar esperanzas: los avances en el área de la nanotecnología nos permiten construir baterías más rápidas y de alta densidad energética, así como materiales más ligeros y resistentes que permitan un transporte con menor consumo de energía. Desde células solares basadas en grafeno hasta nanomateriales para la producción de hidrógeno, nuevas y apasionantes tecnologías nos están ayudando a producir más energía y más limpia. Gracias a estos avances, tenemos razones para ser optimistas.

Sin embargo, estas tecnologías tardarán bastante tiempo en poder implantarse a gran escala. Siguen existiendo importantes retos, desde costes de producción prohibitivos a las nuevas infraestructuras necesarias para llevar estas tecnologías a cada hogar. Además todavía existen importantes dificultades en el transporte y almacenamiento eficientes de la energía. Asimismo, si las nuevas tecnologías energéticas requieren del de minerales estratégicos y otros materiales no renovables no harán sino sustituir nuestra actual adicción al petróleo por una nueva dependencia de otros recursos naturales.

Y aunque se resuelvan los problemas tecnológicos, debemos hacer frente a otros retos importantes. Para que las nuevas tecnologías puedan pasar del laboratorio al mercado se necesita y una cultura emprendedora que haga posible su desarrollo. En muchos casos, los descubrimientos más fascinantes en el área de las energías limpias están teniendo lugar en el mundo académico, donde las oportunidades de comercialización son limitadas. Aunque los inventores quisieran comercializar sus tecnologías, los inversores de capital riesgo no se sienten atraídos por inversiones a gran escala y largo plazo que tienen pocas probabilidades de éxito, especialmente tras hacerse públicos algunos sonados fracasos recientes en el sector de las energías limpias. Los cambios constantes en la regulación y los incentivos gubernamentales no han ayudado, provocando el fracaso de numerosas empresas y creando barreras que impiden el acceso de nuevas compañías al mercado.

Los problemas globales requieren una colaboración internacional para pasar de la retórica a los hechos. La guerra comercial entre China y Europa por el dominio del sector fotovoltaico es un buen ejemplo de la manera en que las políticas cortas de miras están poniendo en peligro el futuro de la energía limpia. La UE acusa a China de devaluar el mercado con la venta de miles de millones de euros en paneles solares por debajo de su precio de producción, mientras que China acusa a Europa de aplicar aranceles innecesarios. El reciente acuerdo de último momento pone de manifiesto que un mal acuerdo es mejor que una nueva batalla comercial entre dos gigantes económicos.

Sin embargo, hay algunos indicios más alentadores. Recientemente, EE. UU. y China, los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo, acordaron establecer el “Solar Decathlon China”, una colaboración entre el Departamento de Energía de EE. UU. y el gobierno chino destinada a promover el desarrollo económico y social sostenible. Hace un mes, durante la visita del primer mandatario chino a EE. UU., el Presidente Obama y el Presidente Xi acordaron reducir el consumo y la producción de hidrofluorocarburos (HFC), un potente gas de efecto invernadero.

Para lograr verdaderos avances, necesitamos más indicios alentadores, como el acuerdo de colaboración anteriormente citado. Hoy, más que nunca, la cooperación internacional y un liderazgo fuerte y con visión de futuro son claves para avanzar hacia un desarrollo más sostenible. Y en este sentido, la tecnología tiene un papel fundamental. Debemos apoyar la I+D en tecnologías que permitan desarrollar una energía más limpia, evitar los atajos como el dúmping o las barreras artificiales como los aranceles y crear las condiciones adecuadas para permitir el establecimiento y crecimiento de nuevas empresas energéticas.  Así podrán aplicarse medidas creativas y eficaces para reducir las emisiones de CO2 .

Post publicado inicialmente en el World Economic Forum

Javier García

Fundador de Rive Technology y Director del Laboratorio de Nanotecnología Molecular de la Universidad de Alicante (España).

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