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07 septiembre 2016

Fetiches científicos: ¿alguien da más?

Ciencia | Cultura | Grandes Personajes | Historia
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La ciencia cotiza al alza en el mundo de las subastas, tras la reciente venta de varias piezas relacionadas con Einstein. Revisamos aquí los objetos y documentos más codiciados de la historia de la ciencia y la tecnología.

La cazadora de Einstein

El pasado 10 de julio la prestigiosa casa Christie’s sacó a subasta una colección de objetos y documentos que pertenecieron a Albert Einstein. Entre ellos, la pieza estrella era la perenne cazadora de cuero marrón Levis modelo “Cossack” que el físico había adquirido en los años 30, cuando adoptó la nacionalidad estadounidense. Con ella apareció en la portada de la revista Time en 1938 y también en muchas otras fotografías; tal y como recoge en sus memorias su discípulo Leopold Infeld “Einstein la llevaba puesta todo el tiempo”. Tanto es así que la prenda, según la casa de subastas, todavía conservaba el olor al tabaco de pipa que fumaba el científico. La cazadora alcanzó un precio de 110.000 libras y fue adquirida por Levi Strauss & Co. para su museo.

Portada de la revista Time y foto del anuario de Princeton de Albert Einstein con la cazadora subastada. Crédito: Time/Universidad de Princeton

Un reloj relativista

No obstante, la chaqueta no fue la pieza más cotizada de esta subasta. Honor que, por un precio de venta de 266.500 libras, recayó en un reloj de bolsillo suizo de principios de siglo, cuando el joven Einstein aún era un completo desconocido. En el que posiblemente consultase la hora en la oficina de patentes de Berna. Y que más allá de su valor material tiene un indudable plus simbólico pues era el reloj que llevaba cuando formuló su teoría de la relatividad especial en la que postulaba que el tiempo no era absoluto sino que varía con la velocidad del sistema de referencia. Es decir, con la velocidad a la que viaje el portador del reloj. Tal y como plasma la famosa paradoja de los gemelos astronautas.

En realidad, nada que no se esperase. Subastar sus pertenencias es apostar sobre seguro, pues Einstein lleva años instalado en el top ten de la lista elaborada por la revista Forbes de las celebridades fallecidas que más dinero generan, sólo superado por personajes como Michael Jackson, Marilyn Monroe o John Lennon.

Un manuscrito para la Guerra

Irónicamente, el valor más elevado alcanzado en una subasta por una posesión de Einstein se alcanzó en vida del físico. Fue en 1944, cuando una copia manuscrita del artículo original de 1905 de la teoría de la relatividad especial fue adquirido por 6,5 millones de dólares en una subasta organizada para recaudar fondos con motivo de la II Guerra Mundial.

Más de 40 años después, en 1987, otro de sus documentos, el primer manuscrito en el que Einstein exponía algunas de las ideas de la futura teoría de la relatividad general fue adquirido por 1.1 millones de dólares. Redactado en 1912, nunca llegó a ser publicado, siendo uno de los escasos papeles de la primera época de Einstein que perduran ya que el físico tenía por costumbre destruir los originales una vez publicado el artículo.

El libro más valioso del mundo

Ambos documentos fueron los dos manuscritos científicos más caros del mundo hasta 1994, cuando Bill Gates pagó 30,8 millones de dólares para hacerse con el “Códice Leicester”, en el que Leonardo da Vinci exponía algunas de sus ideas, intuiciones y teorías más geniales. Debido a su extensión y relevancia, el “Códice Leicester” es también considerado como el libro (científico o no) más valioso.

Página del Códice Leicester vendido a Bill Gates en una de las subastas más caras de la historia. Crédito: Wikimedia Commons

Aunque si consideramos libros impresos (y no manuscritos), este título recae en la obra “Birds of America”, de James Audubon, una exquisitez de la que sólo existen 118 copias. Se trata de una compilación de láminas de gran tamaño en las que el naturalista pintó a tamaño real las aves del continente que había observado en sus expediciones en los años 1820. El libro estaba impreso en blanco y negro y posteriormente coloreado a mano. En 2010 una de las limitadas copias alcanzó un valor de 10 millones de dólares.

Chatarra espacial soviética

La tecnología astronáutica también cotiza alto. Así, en 2011, la cápsula espacial soviética Vostok 3KA-2 fue vendida por 2.882.500 dólares a un magnate ruso. La cápsula fue lanzada al espacio en marzo de 1961 y su exitosa reentrada en la atmósfera terrestre dio luz verde al lanzamiento del primer hombre al espacio, Yuri Gagarin.

La Vostok 3KA-2 desbancó en la carrera espacial paralela del mundo de las subastas a la cápsula Soyuz adquirida por 1.652.500 dólares por el multimillonario estadounidense Ross Perot en 1993 en la primera subasta de artefactos espaciales soviéticos.

Un ordenador de garaje

El 21 de octubre de 2014, y en el marco de la “First History of Science Custom” de la casa Bonhams, un ordenador Apple I se convirtió en la computadora más valiosa del mundo al venderse por 905.000 dólares.

Página del Códice Leicester vendido a Bill Gates en una de las subastas más caras de la historia. Crédito: Wikimedia Commons

El Apple I fue el primer ordenador personal creado por Steve Jobs y Steve Wozniak, los fundadores de la compañía, en 1976, en el garaje donde los montaban a mano. Carecía de pantalla y teclado y en total se fabricaron sólo 200 unidades. 150 para vender directamente a familiares, amigos, conocidos y contactos y otros 50 para la tienda Byte Shop, que constituyeron su primera venta al por mayor. El subastado es uno de los 15 existentes que todavía funcionan.

Enigma M4: Tocado y hundido

Un año más tarde y en una nueva subasta de Historia de la Ciencia de Bonhams, una máquina de cifrado Enigma alcanzaba una puja de 365.000 dólares, lo que la convertía en el ingenio tecnológico militar y de espionaje más caro de la historia. En concreto se trataba de un modelo Enigma M4, de la que se produjeron 1.500 unidades y se estima que solo perduran unas 150.

Soldados nazis utilizando la máquina de cifrado Enigma en 1940. Crédito: Erich Borchert

La M4 fue destinada exclusivamente para los submarinos U-Boot de la Kriegsmarine y desempeñó un papel fundamental en la Batalla del Atlántico. Fabricada en el más absoluto secreto, entró en servicio el 2 de febrero de 1942 provocando un apagón de información en Bletchley Park que duró 9 meses y que confirmó a los nazis que la inteligencia británica llevaba tiempo descifrando sus comunicaciones.

Miguel Barral para Ventana al Conocimiento

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