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08 agosto 2019

La ciencia desvela los secretos de los guerreros de terracota

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El 29 de marzo de 1974, un equipo de trabajadores que cavaba un pozo cerca de la ciudad china de Xian se topó con un hallazgo singular, un guerrero de terracota de tamaño natural. Posteriores excavaciones desenterraron uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de la historia. En tres grandes fosas junto a la tumba de Qin Shi Huang, el primer emperador de la China unificada, yacía un tesoro que había permanecido oculto al mundo durante casi 2.200 años: todo un ejército de terracota con más de 8.000 soldados, una caballería de 150 animales, 130 carros tirados por otros 520 caballos y hasta 40.000 puntas de flecha, junto con docenas de espadas, lanzas, ballestas y otras armas de bronce. Durante décadas, los guerreros de terracota han dado trabajo a generaciones de arqueólogos. Pero aún hoy, la ciencia continúa revelando secretos que el silencioso ejército ha custodiado durante milenios.

El primer emperador de la dinastía Qin fue enterrado en torno al año 210 a. C. con un esplendor solo comparable al de los mausoleos faraónicos del antiguo Egipto. Según relataba el historiador Sima Qian un siglo después, hasta 700.000 hombres participaron durante varias décadas en la construcción de una tumba cuyo interior simulaba un país con torres y palacios, entre los cuales corrían cien ríos simulados con mercurio, algo que los altos niveles de este metal en el terreno se han encargado de atestiguar.

Las caras de los guerreros se personalizaron para que cada rostro fuera diferente. Crédito: Joe Hunt

Sin embargo, ni siquiera las referencias históricas permitieron anticipar el descubrimiento del mayor y más grandioso conjunto de figuras de cerámica jamás conocido. Según revelaron los análisis, los guerreros fueron fabricados por piezas separadas que después se unían. Se utilizaron diez moldes distintos para las caras, las cuales después se personalizaban añadiéndoles detalles de arcilla para que cada rostro fuera diferente a los demás. Las figuras se esmaltaban y se pintaban con pigmentos de distintos colores, hoy casi desaparecidos, para conseguir un acabado final de un sorprendente realismo.

Armas listas para entrar en batalla

Los análisis químicos revelaron que el esmalte aplicado a las figuras contenía dióxido de cromo. Cuando inicialmente se estudiaron las armas de bronce para desentrañar cómo se habían mantenido durante dos milenios listas para entrar de nuevo en batalla, brillantes, libres de corrosión e incluso aún afiladas, se encontraron restos de cromo también en estas piezas. Esto llevó a sugerir que los artesanos chinos del siglo III antes de nuestra era ya habían desarrollado un proceso de cromado del metal que en Occidente no se patentó hasta comienzos del siglo pasado.

En los últimos años, los misterios de las armas de Xian han comenzado a conocerse en detalle gracias a un proyecto de investigación multidisciplinar coordinado por el University College London y el Museo del Ejército de Terracota en Xian, bajo la dirección del arqueólogo español Marcos Martinón-Torres, actualmente en la Universidad de Cambridge (Reino Unido). Los científicos aplican un amplio conjunto de métodos de análisis para conocer qué técnicas de fabricación emplearon los herreros chinos e incluso cómo organizaban sus equipos de trabajo.

Las armas de bronce encontradas en Xian están libres de corrosión e incluso afiladas. Fuente: Scientific Reports

Así, Martinón-Torres y sus colaboradores han podido determinar que los artesanos de las armas de Xian trabajaban en paralelo en grupos autónomos de organización similar al método de fabricación llamado just-in-time, que la compañía automovilística japonesa Toyota introdujo en el siglo XX, en contraste con la producción en cadena que popularizó la empresa Ford en EEUU. Pero más recientemente, las investigaciones de estos científicos han llegado a una conclusión que derriba una idea sobre la manufactura de las armas instalada en las mentes de los expertos durante cuatro décadas.

El suelo de Xián, un eficaz conservante

El equipo dirigido por Martinón-Torres ha descubierto que las trazas de cromo halladas en las armas no son en realidad los restos de un proceso de cromado, sino una simple contaminación procedente del esmalte aplicado a las figuras y a los componentes de madera hoy desaparecidos.

“Encontramos un contenido sustancial de cromo en el esmalte, pero solo trazas en los pigmentos cercanos y en el suelo, posiblemente una contaminación”, dice Martinón-Torres. “Los niveles más altos de cromo encontrados en el bronce siempre están en las partes de las armas directamente asociadas a los elementos orgánicos hoy destruidos, como las astas de las lanzas y los mangos de las espadas hechos de madera y bambú, que también habrían tenido una capa de esmalte”. “Claramente, el esmalte es la fuente inintencionada del cromo en los bronces, y no un antiguo tratamiento contra el óxido”, concluye el arqueólogo.

En su lugar, y según explican los investigadores en su estudio, publicado en la revista Scientific Reports, el perfecto estado de conservación de las piezas de bronce no es el resultado de un acabado final destinado a evitar la corrosión, sino el producto de la composición del metal y las características del suelo de Xian, que actuaron como un conservante más eficaz que cualquier tratamiento químico. Así, la tierra moderadamente alcalina, de grano fino, escasamente aireada y con poca materia orgánica, junto con el alto contenido en estaño del bronce, se aliaron para preservar las armas en un perfecto estado de revista que ha resistido el transcurso de 22 siglos, mientras en el mundo se alzaban y caían imperios.

El ejército de terracota tenía más de 8.000 soldados. Crédito: Christels

Para llegar a sus conclusiones, los investigadores han analizado una extensa muestra de 464 armas de bronce, junto con muestras de tierra de Xian. Una clave esencial de la investigación ha sido un experimento de envejecimiento acelerado del bronce en dos cámaras que simulaban respectivamente el suelo del enclave chino y el de un lugar como Gran Bretaña, sometiendo las piezas a una temperatura de 60 °C y a una humedad relativa del 90% durante cuatro meses. En el suelo británico el deterioro del metal era notable, lo que explica por qué las armas antiguas halladas en los yacimientos de aquel país están fuertemente corroídas.

“Por lo tanto, la teoría del tratamiento antióxido con cromo debería abandonarse”, escriben los investigadores en su estudio. “Debería hacerse un esfuerzo para actualizar con esta nueva información los carteles de los museos y otra literatura popular sobre el yacimiento”.

Sin embargo, todo ello no excluye que los herreros y artesanos chinos emplearan otras técnicas de conservación para asegurar que su legado perdurara a través de la existencia inmortal de su emperador. Según la coautora del estudio Xiuzhen Li, “aún es posible que la dinastía Qin desarrollara algún misterioso proceso tecnológico, y esto es algo que deberá seguir investigándose”.

Javier Yanes

@yanes68

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