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14 octubre 2014

“Utilizar hidrocarburos fósiles es comprar tiempo para desarrollar las energías alternativas del futuro”

Entrevista | Medio ambiente | Química | Recursos Naturales | Sostenibilidad y ecología
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Por su contribución al desarrollo de los catalizadores en la industria química, compuestos para acelerar las reacciones entre moléculas, el químico español Avelino Corma (Moncofa, Castellón, 1951) recibirá el próximo 24 de octubre el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, galardón que comparte con los estadounidenses Mark E. Davis y Galen D. Stucky. Miembro de la prestigiosa Royal Society de Londres y fundador del Instituto de Tecnología Química (ITQ), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universitat Politècnica de Valencia, Corma es el científico español más citado en su disciplina, gracias a sus más de 900 publicaciones en revistas internacionales y 150 patentes. Creador de las zeolitas, estructuras microporosas de utilidad en procesos de refino y de aplicaciones en el campo de las energías renovables, sus investigaciones se enmarcan en la química verde, a la busca de la mayor eficiencia reduciendo el gasto energético y la producción de residuos.

Pregunta. En mayo se anunció su elección para el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica. ¿Cómo acogió la noticia?

Respuesta. Me produjo sorpresa y al mismo tiempo emoción. Hay muchas personas que lo merecen y, por tanto, las probabilidades de que me lo concediesen tampoco eran tan altas. No solo es un reconocimiento para mí, sino para todo el equipo de investigación y el trabajo que hemos realizado y en lo que hemos creído durante todos estos años. El jurado ha considerado que hemos contribuido de una manera significativa al desarrollo de la ciencia y al mismo tiempo hemos mostrado la capacidad de transferir conocimiento a procesos industriales que hoy funcionan y compiten con los mejores del mundo.

P. Su trayectoria científica puede calificarse de transición por sus investigaciones dedicadas a los campos de las fuentes de energía convencionales y las renovables.

R. Trabajo en ambos campos por convencimiento, porque trato de ser realista. En un período de tiempo, entre diez y veinte años o más, vamos a seguir dependiendo de los hidrocarburos fósiles aunque espero que cada vez en menor medida. Debemos pues conseguir la mayor eficiencia en su uso para que duren más y para que se pueda producir la misma cantidad de energía emitiendo el mínimo de CO2. Utilizando los hidrocarburos fósiles compramos tiempo para llegar a desarrollar las fuentes alternativas y sostenibles de energía que marcarán nuestro futuro. Por tanto, estoy obligado a hacer lo mejor que puedo con lo que tenemos y al mismo tiempo abrirme a nuevas fuentes de energía.

P. El galardón reconoce su contribución al desarrollo de los catalizadores, materiales que aumentan la velocidad de una reacción molecular dirigida a la formación de un producto deseado, en los que ahora está trabajando para desarrollar su capacidad multifuncional.

R. En la mayoría de las reacciones moleculares no se genera solo el producto deseado, sino que, además, se generan otros subproductos. La gran magia del catalizador, por decirlo así, es dirigir la reacción al producto que queremos con el objetivo final de conseguirlo al 100% de selectividad. En algunos procesos superamos el 99%. Hay procesos que se realizan en varias etapas para llegar al producto deseado teniendo que purificar cada producto intermedio y requiriendo equipos y energía. Un catalizador multifuncional es aquel que tiene la capacidad de convertir el reactivo en el producto final deseado sin necesidad de separar y reaccionar los productos intermedios. Todas las funciones se reúnen en un solo catalizador y en un solo proceso. Contamos con dos aplicaciones industriales basadas en este tipo de catalizadores, en procesos que antes generaban una cantidad de subproducto superior a la del producto final, mientras que ahora el subproducto supone la centésima parte del producto final que se quiere conseguir. Uno de ellos se ha aplicado en el campo de las fragancias para una empresa española y otro en la purificación de gas natural para disminuir la cantidad de azufre a partes por billón (ppb) con una eficiencia muy alta y que se está aplicando ya en doce plantas en todo el mundo.

P. Sus investigaciones se enmarcan en la química verde. ¿Será la química del futuro?

R. El futuro será conseguir que un producto A reaccione para conseguir un producto  B y que obtengamos solo ese producto B, consumiendo la menor cantidad de energía posible. Esta es la química del futuro. La palabra clave es selectividad, para dirigirnos al producto deseado con el objetivo último de conseguirlo al 100%, es decir, con cero subproductos. En estos momentos muchos de los subproductos se transforman para ser aprovechados y otros se descomponen de modo que el producto final no tenga ninguna repercusión medioambiental. La química no es más que una manera de generar nuevas moléculas y lo que pretendemos es que cada vez genere menos subproductos. No podemos prescindir de la química. Sin ella no estaríamos donde estamos ni tendríamos la esperanza y la calidad de vida que tenemos.

P. Otros proyectos de su equipo de investigadores se dedican a la aplicación de los catalizadores en el campo de las fuentes renovables a partir de la biomasa y la energía fotovoltaica, además de contribuir a tratamientos médicos para enfermedades como el cáncer.

R. Para su aplicación médica, estudiamos los materiales obtenidos con el fin de explorar sus posibilidades. Por ejemplo, si pueden servir como vehículo para distribuir en el organismo moléculas –en este caso productos farmacéuticos — que ya existen o han sido descubiertas. Respecto a las fuentes renovables, en el caso de la energía solar trabajamos en dos líneas de investigación: la rotura de moléculas de agua para producir hidrógeno y la de transformar el CO2 para obtener hidrocarburos regenerables. También estudiamos la transformación de la biomasa, para producir combustibles líquidos y para formar “bloques de construcción”, es decir, moléculas, para que puedan ser utilizados en procesos químicos.

P. En los inicios de su carrera científica, España empezaba a experimentar el auge de la industria química. ¿Cómo ha evolucionado el sector hasta hoy?

R. Es muy diferente. Europa decidió en algún momento que empresas que pudieran ser “contaminantes” debían instalar sus producciones fuera. En estos momentos se han dado cuenta de que no podemos vivir solo del turismo, trading y banking, sino que también tenemos que producir  y se empieza a considerar que habrá que montar empresas químicas aquí también para poder trabajar. El nivel de mejora de la industria química ha sido increíble desde los primeros tiempos hasta ahora, con más controles y regulaciones. Debemos superar la hipocresía europea de que al no fabricar aunque importemos no emitimos CO2, pudiendo alcanzar  los objetivos para 2020. Claro está que, desde el punto de vista global, no habremos disminuido las emisiones  globales de CO2. Simplemente serán los países productores los que emitirán.

P. Un informe reciente del Panel Intergubernamental del Cambio Climático alarma sobre las emisiones de CO2 al señalar que, lejos de disminuir, el gas de efecto invernadero es todavía mayor. ¿Qué está fallando?

R. Lo que falla en cierto modo es nuestro modelo de producción energética. No hemos conseguido utilizar masivamente energías renovables competitivas y tenemos que continuar utilizando de manera mayoritaria el carbón, el petróleo y el gas natural. Es destacable que el país que va a cumplir el Protocolo de Kioto, sin haberlo firmado, será Estados Unidos, no porque vaya a consumir menos energía, sino porque una parte de la producción que utilizaba carbón va a pasar a emplear el gas natural de fracking para generar energía. El gas natural tiene una relación de carbono a hidrógeno bastante más baja que el carbón, por lo que se producirá menos CO2 para producir la misma cantidad de energía. Si existe una gran demanda de gas difícilmente se va a poder impedir explotar esos recursos, a no ser que se adopten medidas políticas. Así pues, si al final se utilizan que se haga de manera que su impacto sobre las personas y el medio ambiente sea mínimo o cero.  Lo importante es dedicar esfuerzo y trabajo para desarrollar fuentes alternativas de energía competitivas que son la clave del futuro. Estas no serán gratis y tenemos que estar dispuestos  a pagarlas si queremos transmitir a  nuestros hijos y nietos un mundo mejor.

P. Su etapa formativa se desarrolló entre Valencia, Madrid y Canadá, pero decidió quedarse en España. ¿En algún momento ha tenido la tentación de investigar fuera?

R. Cuando estaba en Canadá recibí tres ofertas de la Universidad McGill en Monreal, de Queen’s y de una empresa importante de Akron, en Ohio, pero quería regresar e intentar devolver al país lo que me había dado. El principio fue muy duro porque no tenía más que una mesa, una silla, papel, lápiz y la biblioteca. Mis primeros trabajos no fueron de experimentación, sino de reinterpretar datos ya publicados en la literatura, abriendo  una nueva línea de pensamiento en los mecanismos del craqueo catalítico. Después he tenido oportunidades de irme, pero estaba formando mi equipo, y eso me dio muchos ánimos para seguir aquí.

P. Fruto de aquel trabajo fue la creación del Instituto de Tecnología Química.

R. Empezamos 12 investigadores y ahora somos 180, 80 de ellos contratados gracias a los recursos que generamos fuera. Colaboran con nosotros una veintena empresas líderes en el sector, tanto nacionales como de Europa y Estados Unidos, que contratan, además, a gente formada en nuestro centro. Hay que romper la dicotomía entre trabajo aplicado y trabajo fundamental, porque las empresas competitivas y con elevado desarrollo tecnológico cuentan con centros que desarrollan una investigación fundamental de primera línea para generar conocimiento.

P. Es autor de más de 150 patentes, muchas de ellas en colaboración con empresas. ¿Cuál es el nivel de creación de patentes en España?

R. Curiosamente, en el caso de España el nivel de generación de patentes es mayor en las universidades que en las empresas, sin contar las extensiones de patentes originadas fuera. Otra cuestión es el valor práctico de esas patentes, si realmente tienen sentido profundo para su aplicación o protección. Lo primero es el descubrimiento. Después el escribir y planificar las patentes requiere de expertos. Estos expertos, a través de la construcción y escritura de la patente intentan minimizar los riesgos asociados a ataques por otras compañías.

Ventana al Conocimiento

Kristin Suleng para OpenMind

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