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13 noviembre 2018

Una nueva ciencia ficción para entender lo que viene

Cine | Futuro | Lecturas recomendadas
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Sorprendentemente, el “Ciberpunk” ha sido la mejor imagen para describir el futuro durante mucho tiempo. La historia corta de Bruce Bethke con ese título tiene 35 años, y Blade Runner de Ridley Scott se estrenó en 1982. Necesitamos nuevas visiones que reflejen básicamente hacia dónde cree la gente que se dirige el mundo. ¿Qué microgéneros están apareciendo, y qué tendencias y qué temas describen mejor cómo se imaginan el futuro los creadores? Aquí tenemos nueve sugerencias.

1. La ciencia ficción china y el chaohuan, el “ultra-irreal”  

En los últimos cinco años más o menos, una ola de literatura china nos ha llegado —la mayor parte de ella a través del destacado trabajo de traducción de Ken Liu — y ha ganado muchos de los premios importantes del género de ciencia-ficción.

Pero ¿por qué los autores chinos y taiwaneses están escribiendo tanta ciencia ficción, y por qué está calando hasta este punto? “La literatura realista a menudo no puede mantener el ritmo del cambio que se está produciendo en China”, afirma Alec Ash, un escritor que vive en Pekín, en The New York Review of Books. En un artículo de 2016 para The New England Review, el escritor Ning Ken explicaba: “Es como si el tiempo en China se hubiese comprimido”.

Ning acuña el término chaohuan, o “ultra-irreal,” en el mismo artículo (disponible en Lithub con el titular “La China actual está tan loca que necesita un nuevo género literario”. Describe el chaohuan como una aceleración del realismo mágico latinoamericano: el chaohuan pretende reflejar una realidad china que, con frecuencia, es más extraña que la ficción y en la que “no hay nada que no puedas lograr si tienes poder”.

Sai Ge Guang Chang, Shenzhen Shi, China / Imagen: Unsplash

El chaohuan tiene cuatro características:

  • Capta el presente y “los temas sociales más candentes del debate popular del momento”.
  • “Es filosóficamente especulativo” y evita la crítica directa de la situación actual en China, cambiándola por paradojas e incertidumbre.
  • “Tiene las cualidades de una fábula o una alegoría”, porque “una manera de dar libertad a la ficción es mantener su ‘cualidad’ de fabulosa”.
  • Corre riesgos con la forma: lo ultra-irreal es un “punto de vista complejo”, y eso se tiene que reflejar en el tipo de escritura que produce.

Es posible que el lector occidental y anglófono aprecie en estos principios un cierto carácter indirecto. Esto es políticamente necesario. Como señala Isaac Stone Fish en un  artículo de Foreign Policy sobre la ficción apocalíptica, “en China, criticar al Partido Comunista, aunque sea implícitamente, es demasiado delicado”. Esto no significa que el chaohuan tenga miedo de ser provocador, como indica Ash en The New York Review of Books.

Qué leer:

  • Han Song, 2066: Red Star Over America (2000)
    Han Song, un periodista de la agencia de noticias Xinhua, es conocido por haber dicho que los artículos de información que escribe durante el día son más de “ciencia ficción” que la ciencia ficción que escribe por la noche, una actitud muy chaohuan. En 2066, en un mundo sinocéntrico, una delegación de jugadores de Go visita unos EEUU caóticos que se hunden tras un atentado terrorista contra las Torres Gemelas. Cualquier paralelismo con la Revolución Cultural que tuvo lugar 100 años antes es lo bastante sutil como para poder negarlo.
  • Liu Cixin, El problema de los tres cuerpos (2008, primera edición en castellano 2016)
    Realmente excepcional: el expresidente de EE UU Barack Obama ha dicho que es “divertida de leer, en parte porque mis problemas cotidianos con el Congreso parecen bastante insignificantes”. El libro, ambientado durante la Revolución Cultural, sigue al astrofísico Ye Wenjie que, desesperado por la situación del mundo, invita a los alienígenas a la Tierra para solucionar el caos en el que está sumida la humanidad. Y esto sale todo lo bien que cabría esperar.
  • Hao Jingfang, Entre los pliegues de Pekín (2012, edición en inglés 2015)
    Jingfang ganó el Premio Hugo a la Mejor Novela Corta en 2016 describiendo una ciudad tan superpoblada que la gente está estratificada en tres clases, que está prohibido mezclar.

2. El afrofuturismo

Al igual que la ciencia ficción china mencionada anteriormente, el afrofuturismo proporciona un centro de gravedad totalmente nuevo para la ficción especulativa alejada del anglocentrismo blanco de la ciencia ficción tradicional y de gran parte del ciberpunk. Hay connotaciones concretas de que este futuro está construido sobre un terreno cultural diferente del actual. Son mundos centrados en la historia, la cultura y las cosmologías de África y de la diáspora. Muchos escritores (en particular la creadora del género, Octavia Butler) exploran contra-historias y mezclan la ciencia ficción con la fantasía para crear nuevos futuros imaginarios, no solo para la vida negra actual, sino para las vidas de todo el mundo.

En 2013, Alondra Nelson y Reynaldo Anderson trataron de ampliar la definición del género y crearon el “afrofuturismo 2.0”, que va mucho más lejos de la ficción y se convierte en una forma de analizar la ciencia y los estudios científicos, como en el estudio más importante de Nelson sobre la industria de las pruebas genéticas, The Social Life of DNA: Race, Reparations, and Reconciliation After the Genome. También es una manera de estudiar las humanidades, la teoría crítica y la estética digitales. El afrofuturismo y sus manifestaciones africanistas “se superponen en torno a lo especulativo y lo planeado, e interactúan en torno al nexo de la tecnología y la ética”.

Qué leer:

  • N. K. Jemisin, La quinta estación (2015)
    Jemisin ha ganado tres Premios Hugo y ha cambiado de paso la ciencia ficción establecida. Empiecen por La quinta estación, ambientada en un supercontinente llamado LaqQuietud, que sufre una “estación” de cambio climático catastrófico. En el discurso de aceptación del Premio Hugo de 2018, Jemisin señaló: “Para algunos de nosotros, las cosas siempre han sido difíciles, y he escrito la trilogía de La Tierra fragmentada para hablar de esas dificultades y de lo que cuesta vivir, por no hablar de prosperar, en un mundo que parece decidido a destruirnos”.
  • Nisi Shawl, Filter House (2008)
    Una colección de 14 relatos cortos que son una mezcla de futuro y de fábula, de dioses africanos embusteros y de extraccionismo colonial, de dragones y de viajes espaciales. Ursula K. Le Guin ha alabado la variedad de la colección, que abarca desde “las complejidades exóticas y barrocas de At the Huts of Ajala hasta la pureza absoluta de la fábula de The Beads of Ku.
  • Nnedi Okorafor, Who Fears Death (2010)
    Onyesonwu es una joven de la tribu oprimida de los Okeke en un mundo sahariano africano. Ha sido rechazada por su pueblo por ser fruto de una violación, pero el desarrollo de sus poderes de hechicera y de viajera de los espíritus, en su lucha contra la naturaleza, la tradición, la historia y el amor, no solo salvará su vida, sino también la de su pueblo. Okorafor obtuvo el Premio Mundial de Fantasía con esta novela, y George R. R. Martin le ha propuesto hacer una serie para HBO.

3. El futurismo del Golfo

Se trata de un concepto fresco y polémico que se refiere tanto al “hiperdesarrollo” estético de la arquitectura en la región como a su crítica. Son “las fantasías a lo Blade Runner de los príncipes del petróleo”, como Natalie Olah decía en un artículo de Vice de 2014).       

Kota Garut, Indonesia. Imagen: Dikaseva // Unsplash

Las artistas Sophia Al-Maria y Fatima Al Qadiri describieron en Dazed en 2012 cómo “surgen los temas y las ideas del futurismo del Golfo: el aislamiento de las personas a través de la tecnología, la riqueza y el islam reaccionario, los elementos corrosivos del consumismo en el alma y de la industria en la Tierra, la historia que se borra de nuestras memorias y de lo que nos rodea y, por último, nuestra vertiginosa llegada colectiva a un futuro para el que nadie estaba preparado”. En las obras de Al-Maria y Al Qadiri se arremolinan las imágenes de centros comerciales, televisión por satélite y videojuegos, que son elementos de la vida adolescente. Un mundo visto a través de una pantalla, siempre con un intermediario.

Al igual que el vaporwave, el género musical de mediados de la década actual con el que se asocia a Al Qadiri, el futurismo del Golfo mantiene una relación ambivalente con el hipercapitalismo y, hasta cierto punto, lo parodia, pero, al final, es pura fascinación.

Qué consumir:

El futurismo del Golfo no ha producido realmente novelas como tales. En cambio, fíjense en:

  • Sophia Al-Maria, The Gaze of Sci-Fi Wahabi (2008)
    Era un libro de edición limitada, pero todavía se pueden ver los vídeos y los ensayos en scifiwahabi.blogspot.com, y son el mejor recurso para adentrarse en el proyecto.
  • Fatima Al Qadiri, Desert Strike EP (2012)
    En 1991, Irak invadió Kuwait, y una coalición dirigida por EE UU contraatacó con la Operación Tormenta del Desierto. Un año después, Al Qadiri compró una copia del juego para consola Desert Strike: Return to the Gulf, basado en la misma guerra que acababa de vivir. El tiempo desaparecía, la realidad se difuminaba, y 20 años más tarde, hizo un maxi-single frío y electrónico en el que se sintetizaba el terror, la infancia, la guerra y los juegos, inspirado en el futurismo militarista del grime inicial.
  • Reza Negarestani, Cyclonopedia: Complicity with Anonymous Materials (2008)
    Irán no es un “Estado del Golfo”, pero Al Qadiri y Al-Maria describen la historia especulativa (o ficción teórica) del filósofo iraní Negarestani que revolucionó el género como un prisma relacionado sobre el horror del petróleo, las máquinas de guerra y el desierto. Extraordinario y brillante.

4. La ficción climática

“Todas las novelas que se escriben ahora deberían ser novelas sobre el cambio climático, a no ser que, en cierta manera, sea una fantasía. Las novelas realistas que no incluyen el cambio climático como una parte del paisaje contemporáneo son fantasías, novelas de género”, afirma la escritora Jane Rawson.

Algunas de las mejores opciones:

  • Margaret Atwood, la trilogía MaddAddam (empieza con Oryx y Crake, publicada en 2003)
    La pandemia de la “Inundación sin agua” ha acabado con la población humana, y el último superviviente, conocido como Snowman, tiene que realizar un viaje con la ayuda de los Hijos de Crake, la nueva y dócil especie genéticamente diseñada que ha heredado esta Tierra neosalvaje.
  • Cormac McCarthy, La carretera (2006)
    En esta novela no se menciona realmente el cambio climático. Es simplemente apocalíptica: algo ha reducido el planeta Tierra a una roca muerta en el espacio, y los seres humanos – y su humanidad – han sido terriblemente destruidos. Es un libro sobre la supervivencia, el salvajismo y el sufrimiento, y la terrible fragilidad de la apariencia de civilización. El escritor Andrew O’Hagan la llamó “la primera gran obra maestra de la generación del calentamiento global”. La adaptación cinematográfica de 2009 me disgustó más que ninguna otra cosa que había visto en mi vida, y jamás quiero volver a verla.
  • Barbara Kingsolver, Flight Behavior (2012)
    “¿Cómo vivimos, se pregunta Kingsolver, y con qué consecuencias, mientras nos precipitamos hacia el abismo en esta época de épicas transformaciones mundiales?”, escribe Dominique Browning en su reseña para The New York Times. Dellarobia Turnbow, una inquieta ama de casa de Tennessee, descubre que el valle que se encuentra detrás de su casa está lleno de mariposas monarca desplazadas de sus lugares predilectos para pasar el invierno en México. ¿Sobrevivirán al frío invierno de Tennessee?

Los dos siguientes movimientos de ficción especulativa son subgéneros de la ficción climática, pero son lo bastante fascinantes y característicos por sí solos como para considerar que están a la altura de la ficción climática e incluirlos en esta guía. Empecemos por lo inesperadamente optimista.

5. El solarpunk

¿Cómo sería la “buena vida” en una sociedad en un estado estacionario, sin crecimiento y totalmente sostenible?

Un fotograma de  Mad Max: Fury Road (2016). Imagen: Warner Brothers

Según “On The Need for New Futures”, un artículo de 2012 publicado en Solarpunk.net, esa es la pregunta que este movimiento – que mezcla la ficción especulativa, el arte, la moda y el ecoactivismo – trata de responder. En la misma entrada, los fundadores anónimos del  solarpunk avisan: “Escasean visiones del futuro que nos sostengan y que nos den alguna esperanza”. Sin embargo, ¿qué pasaría si soñásemos de manera diferente? ¿Qué pasaría si intentásemos responder a otra pregunta: ¿Cómo es una civilización sostenible y cómo podemos conseguirla?

El solarpunk es lo contrario del nihilismo del ciberpunk, que ofrece historias, según explican los fundadores, sobre “la ingenuidad, la creación positiva, la independencia y la comunidad”.

Qué leer:

  • Kim Stanley Robinson, la trilogía Marte (empieza con Marte rojo, 1992)
    “Siempre he escrito ciencia ficción utópica”, asegura Robinson. Es uno de los mejores constructores de mundos de la ciencia ficción contemporánea, y estas historias de terraformación de Marte están muy trabajadas, tanto técnica como sociopolíticamente. Describen un futuro en el que los seres humanos podrían ser capaces de lograr un equilibrio del ecosistema.
  • Cory Doctorow, Walkaway (2018)
    Es mucho menos utópica que la obra de Robinson, pero quizás, de una manera discreta, igual de esperanzadora. En un mundo atormentado por el cambio climático y totalmente dominado por el poder empresarial, la mayoría de la gente lleva una vida miserable y sobrevive a duras penas en ciudades “estándar”.  
  • Lean Sunvault: Stories of Solarpunk and Eco-Speculation (2017, eds. Phoebe Wagner and Brontë Christopher Wieland), la primera colección en inglés de ficción de solarpunk. Y Solarpunk: Ecological and Fantastical Stories in a Sustainable World (2014 / inglés 2018, ed. Gerson Lodi-Ribeiro) para historias de Brasil y de Portugal.
  • En medium.com/solarpunks también hay más ensayos y entrevistas.

 

6. Los thrillers de las crisis de agua

Si te quedas sin agua, solo te quedan 100 horas de vida, afirma Claude Piantadosi de la Universidad de Duke. Esto dota de una tensión especial a las novelas sobre sequías y crisis de agua.

El escenario que exploran no es ningún “futuro” en absoluto. A principios de este año, Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, evitó por poco el “Día Cero”, el punto en el que las reservas de agua de la ciudad alcanzarían un nivel crítico y las autoridades tendrían  que cortar el suministro para cuatro millones de personas. ONU Agua informa de que un tercio de los sistemas de aguas subterráneas más grandes del mundo ya están en peligro, y que de aquí a 2030, la escasez de agua en lugares áridos y semiáridos provocará el desplazamiento de hasta 700 millones de personas.

Un puñado de escritores y de películas de ciencia ficción están explorando esta inminente realidad.

Qué leer

  • Claire Vaye Watkins, Gold Fame Citrus (2015)

Hace años que no llueve en Los Ángeles. Luz, Ray y un extraño niño llamado Ig huyen de los vigilantes y se adentran profundamente en las extensas y siempre cambiantes arenas del Mar de Dunas de Amargosa, siguiendo los rumores que existen sobre una ciudad imposible y un “profeta” que descubre manantiales subterráneos. En esta historia aparecen extraños ecos del culto a Manson, ya que los padres de Watkins se dejaron arrastrar por él en la década de 1970.

  • Paolo Bacigalupi, Cuchillo de agua (2015)
    Arizona se ha convertido en el nuevo Cuenco de Polvo, y los estados del suroeste, asolados por la sequía, han formado milicias y cerrado sus fronteras. Ángel Velázquez es un antiguo miembro de una banda que se ha convertido en un cuchillo de agua que realiza operaciones encubiertas para la corrupta Autoridad del Agua de Nevada del Sur, atrapado entre los intereses empresariales que construyen enormes complejos hoteleros de lujo y los traficantes de personas que trasladan a la gente a la segura California.
  • Benjamin Warner, Thirst (2016)
    En un día de verano de un calor sofocante en los suburbios de Washington, D.C., Eddie Chapman abre el grifo, pero no sale agua. El agua se ha agotado en todas partes, y las comunicaciones y la electricidad tampoco funcionan. ¿Qué harían ustedes? ¿Cómo sobrevivirían? Nadie en esta novela lo sabe realmente, y los personajes oscilan entre el deseo común de prestarse ayuda mutuamente y el impulso de supervivencia instintivo provocado por el pánico.

Otros clásicos de este microgénero son la novela El mundo en llamas de J. G. Ballard (1964, titulada más tarde La sequía), y también las películas Tank Girl (1995) y Mad Max: Furia en la carretera (2015).

7. La distopía del fregadero

Piensen en este microgénero como un “futuro mínimamente especulativo”, una manera de narrar historias que parece totalmente mundana y normal hasta que algo sale un poco mal. El escritor de ficción Brendan C. Byrne lo llama el “deterioro diario del capitalismo supertardío”.

Qué leer:

  • Madeline Ashby, Domestic Violence (2018)
    “No podía salir de la casa”, dice un personaje. “La casa, bueno, quiero decir el piso, no me dejaba salir fuera. La puerta no se abría”. El relato corto de Ashby sobre la tecnología inteligente para las casas que unos agresores convierten en armas fue publicada por Slate tres meses antes de que The New York Times escribiese sobre este tema como una realidad objetiva.
  • Tim Maughan, Flyover Country (2016)
    La historia de Maughan para Vice describe un mundo con una renta básica universal y iPhones fabricados en Estados Unidos. En la Foxconn-CCA Joint Correctional and Manufacturing Facility, Miguel sustituye los chips en los aparatos defectuosos. Es una historia elegante y tensa que Jeff Bezos podría leer para sus notas de optimización de las líneas de montaje.
  • Chris McCrudden, Battlestar Suburbia (2018)
    En la primera novela de McCrudden, una opinión agradablemente ridícula sobre la “distopía del fregadero”, las máquinas gobiernan, pero no como Inteligencias Artificiales superpoderosas, sino como panificadoras dotadas de sentidos, smartphones maquiavélicos y una peluquería móvil. Los seres humanos son ahora los sirvientes de los aparatos domésticos, que sirven para poco más que fregar el suelo y coquetear un poco por teléfono.

8. La opera espacial con conciencia social

Es un nombre ligeramente descarado sugerido por Tim Maughan, el autor de Flyover Country y la novela Infinite Detail (2019), de próxima publicación. En este microgénero, que se encuentra en el extremo puesto a las distopías del fregadero, aparecen los elementos familiares de la clásica ciencia ficción – viajes espaciales más rápidos que la luz, futuros lejanos (como dentro de 20.000 años), y, por supuesto, alienígenas – con un toque sociopolítico contemporáneo.

Tres más para leer:

  • Ann Leckie, Justicia auxiliar (2013)
    El personaje principal es un barco de guerra, que antes formaba parte de una mente colmena de IA, en busca de venganza, de modo que la etiqueta de “ciencia ficción dura” podría encajar. Sin embargo, también es un libro feminista, ambientado en un universo sin género (con pronombres femeninos por defecto), y está repleto de preguntas sobre la identidad, la individualidad y la libertad de elegir, lo que también le da bastante conciencia social. Leckie ganó los premios Hugo, Nebula y Arthur C. Clarke en 2014, convirtiéndose en el primer escritor en recibir los tres por el mismo libro.
  • James Tiptree Jr., (seudónimo de Alice Sheldon), En la cima del mundo (1978) y Brightness Falls from the Air (1985)
    Las dos únicas novelas de Tiptree/Sheldon tratan de la telepatía humana y las especies alienígenas a punto de extinguirse, y los temas del cuidado entre las especies, las atrocidades en el espacio colonial contra habitantes indígenas y las consecuencias trágicas de los sistemas socioeconómicos injustos.
  • China Miéville, Embassytown: La ciudad embajada (2011)
    En el planeta Arieka, una colonia de seres humanos vive junto a los hosts, una especie tan alienígena que su lenguaje no tiene capacidad de abstracción o de mentir. Desgraciadamente, el contacto hace que esto cambie, y los hosts recurren a la humanidad con la esperanza de eliminar la fuente de su corrupción. Es una novela sobre la hipótesis de Sapir-Whorf, la naturaleza de la alteridad y las guerras del opio.

9. El New Weird (lo nuevo raro)

Imagen: Unsplash

En realidad no es nuevo – el nombre existe desde más o menos 2002 – pero, sin duda, es raro. A diferencia de otros subgéneros de la ficción especulativa de los que se ha hablado aquí, el New Weird se inspira en el horror supernatural y en los tropos de fantasía y ciencia ficción. Los cuerpos no llegan a ser a menudo totalmente humanos: uno de los personajes principales puede ser un oso mutado o puede tener un escarabajo por cabeza. Las plantas y los hongos suelen poder hacer muchas más cosas de las que se supone que pueden hacer. El talante es inquietante e incómodo.

Textos definitivos:

  • China Miéville, La cicatriz (2002)
    Es posible que La estación de la calle Perdido de Miéville (2000) haya iniciado todo este género, pero La cicatriz es una lectura mejor. Está ambientada en la enorme ciudad pirata flotante de Armada, entre personas-mosquito, cactus andantes, delincuentes castigados con una “reconstrucción” quirúrgica y un magnífico y desconcertante elenco de monstruos (desde los sanguinarios grindylow a los incomprensibles avanc).
  • John Langan, The Wide, Carnivorous Sky and Other Monstrous Geographies (2013)
    Langan es conocido como escritor de terror, pero, una vez más, la ficción especulativa no es solo ciencia ficción. Esta colección de siete relatos cortos y una novela corta, Mother of Stone, coge algunos tropos clásicos de vampiros, hombres lobo y zombis, y los revoluciona de una forma ingeniosa y extremadamente desconcertante.
  • Jeff VanderMeer, Aniquilación (2014)
    El organismo científico del Gobierno envía expediciones al Área X, pero tienden a desaparecer desagradablemente. Aniquilación juega con los temores de la zona de exclusión real de Chernóbil y la alteridad radical de la propia naturaleza.
Adaptación de un texto originalmente publicado en How We Get to Next con el título 

Exploring the Future Beyond Cyberpunk’s Neon and Noir, bajo una licencia Creative Commons que también se aplica a este artículo. 

Jay Owens
@hautepop

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