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28 diciembre 2018

Top Secret: historias de científicos espías

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¿Quién no recuerda a Paul Newman, en el papel del físico Michael Armstrong, tratando de sonsacar las ecuaciones del mecanismo de un sistema antimisiles al profesor Gustav Lindt (Ludwig Donath)? En plena Guerra Fría, Alfred Hitchcock se inspiró en el caso de un diplomático inglés huido a la Unión Soviética para concebir la idea que daría lugar a su thriller de espionaje científico Cortina rasgada (1966). Lo cierto es que, si bien son una minoría en la historia del espionaje, existen casos reales de científicos que han filtrado sus hallazgos al enemigo potencial. Repasamos aquí algunos casos de ayer y hoy en los que a veces, como suele ocurrir en el mundo del espionaje, no todo es lo que parece.

Klaus Fuchs, el espía atómico

El físico alemán Klaus Fuchs (29 de diciembre de 1911 – 28 de enero de 1988) es el caso más célebre de científico espía, principal representante del grupo de “espías atómicos” que revelaron información a la URSS sobre el desarrollo de la bomba nuclear en EEUU, Reino Unido y Canadá. Su activismo comunista comenzó en la Universidad de Kiel. El Partido Nacional Socialista ya comenzaba a despuntar y en una ocasión sus compañeros nazis le arrojaron a un río. En 1933, con el ascenso de Hitler al poder, Fuchs escapó a Gran Bretaña, donde recaló en el laboratorio del físico Max Born, también refugiado alemán.

Fotografía del físico Klaus Fuchs. Crédito: The National Archives UK

En 1941, en plena guerra mundial, llamó la atención de Rudolf Peierls, otro físico germano huido a Reino Unido, pionero en proponer el concepto de una bomba atómica. Bajo el código en clave de Tube Alloys y en colaboración con Canadá, el gobierno británico emprendió el primer proyecto de desarrollo de armas nucleares, para el que Peierls quiso contar con Fuchs. Este y Born discutieron sobre el asunto: Born odiaba la idea de un ingenio que podía matar a niños y personas inocentes, pero no así Fuchs, que se unió con entusiasmo al programa.

Poco después entró en contacto con representantes de la embajada soviética, a los que comenzó a pasar información de Tube Alloys. Cuando en 1943 este programa se integró en el Proyecto Manhattan del gobierno estadounidense, Fuchs fue transferido a EEUU. Comenzó a trabajar en el laboratorio de Los Alamos, sin que se sospechara que se citaba en el puente del río Santa Fe con Harry Gold, agente de la inteligencia soviética, para entregarle los detalles de la bomba de plutonio.

Al finalizar la guerra, regresó a Reino Unido, donde continuó trabajando en el programa nuclear hasta que en 1949 su nombre surgió en el proyecto Venona de contrainteligencia de EEUU. Al año siguiente confesó voluntariamente. “Tenía completa confianza en la política rusa y creía que los aliados occidentales estaban dejando deliberadamente a Rusia y Alemania que pelearan entre ellos hasta la muerte”, dijo. Dado que la URSS era formalmente una potencia aliada, fue condenado a 14 años de prisión por revelación de secretos oficiales.

En 1959 fue liberado por buena conducta y emigró a la República Democrática Alemana, donde se casó y reemprendió su trabajo hasta su jubilación en 1979. Poco antes de morir en 1988 declaró que nunca se consideró un espía, se limitó a seguir su creencia de que compartir los secretos de aquellas armas devastadoras llevaría a un equilibrio de fuerzas que evitaría una guerra nuclear. Esta motivación fue esgrimida por otros científicos-espías atómicos como Theodore Hall, Engelbert Broda o Alan Nunn May. Ninguno de ellos aceptó dinero a cambio de su labor de espionaje.

Bruno Pontecorvo, la gran incógnita

En el grupo de los espías atómicos merece un capítulo aparte el físico italiano Bruno Pontecorvo (22 de agosto de 1913 – 24 de septiembre de 1993). Fue el más joven de los llamados “chicos de Via Panisperna”, el grupo dirigido por Enrico Fermi en Roma, que en 1934 descubrió las propiedades de los neutrones lentos que llevarían al desarrollo de la fisión nuclear. De origen judío, en 1936 escapó de la Italia fascista a París, donde trabajó con Irène Curie y Frédéric Joliot y se afilió al Partido Comunista. Con la expansión del nazismo, emigró a América para diseñar reactores nucleares en la rama canadiense de Tube Alloys.

Bruno Pontecorvo. Crédito: Mario De Biasi

La sorpresa saltó en 1950: radicado en Inglaterra tras la guerra, durante unas vacaciones en Italia tomó un avión a Estocolmo, para cruzar la frontera de Finlandia con la URSS. Allí vivió el resto de sus días, aunque con grandes restricciones en su libertad y en sus investigaciones sobre los neutrinos, su gran pasión. Nunca ha podido demostrarse, ni él llegó a confesar, que filtrara secretos durante sus años en América y Gran Bretaña.

Stewart Nozette, brillante y oscuro al tiempo

Hoy las grandes potencias aún vigilan la posible filtración de tecnologías estratégicas a terceros países, y algunos científicos pueden caer en la tentación de lucrarse con estos secretos. Es el caso del científico planetario Stewart Nozette, un brillante investigador premiado por su desarrollo de la sonda lunar Clementine, lanzada al espacio en 1994 en un proyecto de colaboración entre la NASA y el Departamento de Defensa de EEUU.

Nozette cumple una condena de 13 años en una prisión federal. Fuente: Wikimedia

En 2009 Nozette fue contactado por un agente del Mossad (la inteligencia israelí) que pretendía adquirir información sobre satélites de defensa. Nozette aceptó a cambio de dos millones de dólares, pero el espía israelí resultó ser un agente del FBI encubierto. La operación había sido orquestada tras una investigación previa por fraude: según el diario The Washington Post, de 2000 a 2006 Nozette desvió 265.000 dólares de contratos con la NASA para gastos personales (tres hipotecas, nueve tarjetas de crédito, el mantenimiento de su piscina y las cuotas del club de tenis). Actualmente cumple condena en una prisión federal.

Xiaoxing Xi, la víctima inocente de una guerra comercial

La guerra comercial entre EEUU y China ha reforzado el contraespionaje hasta un grado que ha llegado a equipararse con la caza de brujas emprendida en los años 50 por el senador Joseph McCarthy.

En los últimos años, varios ciudadanos estadounidenses nacidos en China han sido acusados de espionaje, pero con resultados desiguales: según CBS News, al menos cinco científicos chinoamericanos han sido arrestados bajo cargos erróneos, convirtiéndose en víctimas colaterales inocentes . Uno de ellos es el físico Xiaoxing Xi, investigador especialista en superconductores, detenido por intercambiar correos electrónicos con colaboradores en China. Se enfrentó a una pena de 80 años de cárcel antes de que los cargos contra él fueran retirados, pero el estigma de las acusaciones queda en el recuerdo y ha perjudicado su carrera profesional.

Javier Yanes

@yanes68

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