¿Tiene futuro la ropa inteligente?

El próximo otoño será posible contestar a una llamada con solo realizar un simple gesto sobre la cazadora. Se podrán recibir indicaciones del GPS, pasar a la siguiente canción o subir el volumen de la música sin tener a mano el móvil. Este es el futuro —muy cercano— que prometen Google y Levi’s, que han diseñado una cazadora vaquera cuya manga sirve como mando para controlar un smartphone. Este es el futuro al que nos dirige la ropa inteligente. Un nuevo campo dentro de la tecnología ponible o wearable (por su término original en inglés) que promete superar al de las pulseras de actividad y accesorios. “Los smartwatches son sólo el principio. La tecnología ponible se convertirá en desaparecible a medida que el dispositivo sea la propia prenda”, sostiene la consultora  Cientifica Research.

La chaqueta vaquera de Google y Levi's con la que se puede controlar el smartphone. Crédito: Levi's

La chaqueta vaquera de Google y Levi’s con la que se puede controlar el smartphone. Crédito: Levi’s

Una de las características de esta nueva ropa inteligente es que no lo aparente. Así, la cazadora de Google no parecerá el peto de Darth Vader; no tiene botones ni pantallas. “No puede haber lucecitas en la chaqueta, nosotros no hacemos eso”, fue una condición que Levi’s impuso, según explicó en una conferencia Ivan Poupyrev, el responsable del proyecto en Google. El secreto está en 15 hilos conductores que van entretejidos en la tela y que confieren sensibilidad al tacto. A través de una app instalada en el smartphone, el usuario podrá asociar funciones con cinco gestos de la mano sobre la manga. La chaqueta se conecta con el móvil por Bluetooth mediante un dispositivo camuflado en forma de trabilla con botón, la única pieza que debe retirarse antes de meter la prenda en la lavadora.

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3. El secreto de la ropa inteligente está en los hilos conductores que van entretejidos en la tela. Crédito: Google

La ropa inteligente lleva ya unos años con nosotros, sobre todo con aplicaciones relacionadas con el ejercicio físico y la salud. Comenzaron Adidas y Nike comercializando sensores adosables a las prendas, después otras marcas les siguieron integrando el dispositivo en la ropa, y finalmente, en esta última generación, la prenda es el sensor, gracias al uso de electrodos textiles o polímeros conductores que se tejen en la tela.

Prendas que abrazan electrónicamente

El deporte no es el único objetivo. Otras firmas como CuteCircuit exploran aplicaciones interactivas más lúdicas o artísticas, como vestidos luminosos, prendas que transmiten el sonido o que abrazan electrónicamente a quienes las llevan. Los responsables de esta marca londinense, Francesca Rosella y Ryan Genz, señalan a OpenMind que sus prendas no llevan cables y emplean baterías minúsculas, del tamaño de una moneda de 50 centavos. Estos creadores afirman que la percepción relativa a esta tecnología auténticamente vestible está ganando popularidad. “Creemos que todo lo que hoy está en una caja, como cámaras, relojes, etc., estará en el futuro en prendas y tejidos inteligentes”, vaticinan. “Nuestras prendas serán una segunda piel, una interfaz con la gente y los lugares a nuestro alrededor”.

Uno de los vestidos inteligentes de la marca CuteCircuit. Crédito: CuteCircuit

Uno de los vestidos inteligentes de la marca CuteCircuit. Crédito: CuteCircuit

La ropa inteligente es la cuarta revolución industrial textil, un sector que en 2025 alcanzará un volumen de negocio superior a los 130.000 millones de dólares, según Cientifica Research. Sin embargo, los ingenieros de la Universidad de Pisa (Italia) Aurora De Acutis y Danilo De Rossi, muestran otra realidad en el libro Smart Textiles (Springer, 2017): “Han pasado más de dos décadas desde que los investigadores en este campo comenzaron a trabajar en textiles electrónicos con excelentes resultados, pero estos avances no han despegado significativamente en términos de éxito en el mercado y adopción por el consumidor”.

Para De Acutis y De Rossi, la clave para el despegue de estos productos será un cambio de enfoque, la transición desde productos inspirados por la propia tecnología a otros inspirados por el ser humano; es decir, centrar el foco en las necesidades del usuario final, y no en lo que tecnológicamente puede hacerse. Deborah Bothun, directora global de Entertainment & Media de la consultora PwC, explica a OpenMind que el ambiente es propicio para el crecimiento de la tecnología ponible, incluyendo la textil, gracias al desarrollo de la Internet de las Cosas y los dispositivos conectados, la proliferación de apps, la preferencia de los consumidores por los productos sofisticados y el interés de los usuarios en la conectividad social y en la monitorización en tiempo real.

Pulseras, cámaras y vestidos

A pesar de que el campo de la ropa inteligente todavía está despegando, la tecnología wearable sí ha entrado con fuerza en nuestras vidas. Para Bothun “la tecnología ponible es una de las mayores aplicaciones de la Internet de las Cosas”. PwC elaboró un informe sobre estas tecnologías en 2014 y desde entonces la adopción de tecnología ponible ha subido más del doble: de un 21% a un 49%, según una actualización del informe realizada en 2016.

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La percepción sobre esta tecnología vestible está ganando popularidad. Crédito: Club Designer Fashion

Actualmente la tecnología ponible aún está restringida mayoritariamente a dos tipos de formatos: los aparatos para medir parámetros de salud relacionados con la actividad física, sobre todo en forma de pulsera, y los smartwatches, o relojes inteligentes que sirven como extensión del smartphone. Sin embargo, en esta categoría también se incluyen otros accesorios como las cámaras de acción tipo GoPro o las gafas inteligentes Google Glass. Este último producto, que salió a la venta en 2013 y cuya producción fue detenida en 2015 por Google (tras una acogida tibia y numerosas críticas por razones de privacidad y seguridad en la conducción), es un ejemplo de cómo el público está todavía en proceso de asimilar estas tecnologías. Sin embargo, para Bothun estos dispositivos están abriendo el camino y el sector continuará creciendo firmemente, ya que “el mercado todavía no está sobresaturado”.

Por Javier Yanes para Ventana al Conocimiento

@yanes68