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05 abril 2021

Tecnología subcutánea: 3 retos que plantean los microchips implantables

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Móviles en la palma de nuestras manos, relojes inteligentes en nuestras muñecas, auriculares a medida que avanza, la tecnología va estrechando un vínculo cada vez más íntimo con el cuerpo humano. El siguiente paso parece ser la implantación de microchips subcutáneos. Un microchip implantable es, en términos generales, un dispositivo de circuito integrado de identificación (transpondedores de identificación por radiofrecuencia) encapsulado en un receptáculo de vidrio de silicato, apto para su inserción en el cuerpo humano. Estos implantes hipodérmicos suelen llevar almacenado un código de identificación único vinculado a determinado tipo de información, por ejemplo  datos de identificación personal, antecedentes penales, historial médico, medicamentos, alergias o información de contacto almacenada en una base de datos externa. [6]

En Suecia, ya son miles de personas las que han dado el paso y portan microchips implantados en sus manos. Se trata de chips que permiten agilizar tareas diarias para hacer el día a día de sus portadores más cómodo, facilitando tareas como acceder a hogares, oficinas y gimnasios con sólo acercar la mano a un lector digital. Los chips también pueden utilizarse para almacenar información sobre contactos en caso de emergencia, perfiles de redes sociales, entradas electrónicas y billetes de tren. [2

Jowan Osterlund holds a microchip implant in Stockholm in 2017. His company, Biohax International, is a leading provider of the devices in Sweden. James Brooks/AP
Jowan Osterlund muestra un implante de microchip en Estocolmo en 2017. Su empresa, Biohax International, es uno de los principales proveedores de este tipo de dispositivos en Suecia. Fuente: James Brooks/AP

Los partidarios de los chips implantables aseguran que son seguros y muy difíciles de hackear. No obstante, para algunos científicos su uso plantea dudas en materia de privacidad, por el tipo de datos personales y médicos que estos dispositivos son capaces de almacenar. De tamaño similar al de un grano de arroz, se insertan normalmente en torno a la base del pulgar utilizando una jeringuilla parecida a la que se usa para administrar vacunas. El uso de este tipo de chips en humanos plantea dudas en materia de privacidad y seguridad que van mucho más allá de las suscitadas por el uso de cámaras en lugares públicos, el reconocimiento facial, o el almacenamiento de datos sobre nuestra ubicación, hábitos de conducción o historiales de gastos. Además, añade una nueva dimensión al debate en torno a la titularidad de los datos personales. Y esto supone un gran obstáculo para la adopción de esta tecnología. [1][2

Para entender el contexto en el que se enmarcan los chips implantables, conviene tener en cuenta que su adopción a gran escala ampliará de manera sustancial el concepto del Internet de las cosas o IoT, un universo de dispositivos conectados en constante expansión. Se calcula que a finales de 2020 ya existían más de 30 mil millones de dispositivos conectados, que para 2025 esta cifra rondará los 75 mil millones. [1][5][7]

Como ocurre con cualquier nueva tendencia, su aceptación y adopción generalizadas depende de su capacidad para superar tres retos: El tecnológico, el empresarial y el social (normativa y leyes).

BBVA-OpenMind-Chips bajo la piel-banafa

En cuanto al primer reto, la tecnología mejora día a día, con chips cada vez más pequeños e inteligentes. En el mundo del IoT los chips formarían parte del primero de los cuatro elementos que componen cualquier sistema estándar de IoT; esto es: Sensores, Redes, la Nube y Aplicaciones . Los chips, por lo tanto, serían sensores directamente conectados a nuestras manos, corazones, cerebros o cualquier otra parte del cuerpo en el que se implanten. Se trata de un nuevo avance que va a cambiar radicalmente el concepto de biohacking (esto es, la ampliación de las capacidades humanas mediante el uso de tecnologías y otros avances). La protección de infraestructuras críticas o la mitigación de riesgos de seguridad con potencial para causar daños económicos o humanos a gran escala, siguen siendo temas de máxima prioridad para los expertos en ciberseguridad. Los chips implantados, además de por sus posibles efectos nocivos para la salud, añaden una nueva dimensión a los riesgos y amenazas derivados del hackeo de los sensores, considerados generalmente como el eslabón más débil en los sistemas de IoT. [1]

El segundo desafío es el negocio:  ya son muchas las empresas que desarrollan su actividad en este campo para aprovechar las oportunidades que plantea la posibilidad de reemplazar sistemas de identificación en tiendas, oficinas, aeropuertos, hospitales, así como en muchos otros ámbitos de actividad. Además, en el futuro irán surgiendo chips capaces de registrar datos clave sobre el estado físico y la salud de sus portadores, para su posterior procesamiento en la nube y tratamiento con diversos fines empresariales, de desarrollo de nuevos tratamientos y mejores servicios. Estas nuevas capacidades abrirán un abanico de oportunidades para multitud de empresas y actores, tanto del sector público como del privado. [5]

El tercer desafío, es el Social: En la actualidad seguimos tratando de comprender en su totalidad las consecuencias a nivel de privacidad y seguridad derivadas de avances tecnológicos como el internet de las cosas o el big data, de los robos de datos en el sector público y privado, de la información que compartimos en redes sociales o de la nueva directiva europea sobre protección de datos (GDPR), la nueva ley de protección de datos de California (CCPA) y los debates sobre la titularidad de los datos y el “derecho al olvido”. La llegada de esta nueva generación de tecnologías con capacidad para interactuar a una escala mucho más íntima con el ser humano que cualquier tecnología actual, con los chips implantables como punta de lanza, plantea nuevos riesgos y amenazas. [1]

Se trata de un reto de doble vertiente: Por un lado, existe la posibilidad de que normas gubernamentales, como la directiva GDPR en la UE y otras recientemente aprobadas en EE. UU. prohíban el uso obligado del chip, por ejemplo. Por otro, afecta a la confianza del consumidor, que se asienta sobre tres pilares: la seguridad, la protección y la privacidad.

La seguridad es una de las grandes dudas que plantea el uso de chips implantables, por la posibilidad de que generen infecciones, la falta de compatibilidad con dispositivos de resonancia magnética y el impacto de sus distintos componentes sobre la salud en caso de que se degraden.

En cuanto a la protección y la privacidad, las dudas que suscitan están íntimamente relacionadas con un mayor riesgo de robo de identidades, y su impacto sobre la libertad y la autonomía humanas, entre otros. [6]

A pesar del indudable potencial de esta tecnología para facilitar y simplificar la vida diaria de miles de millones de personas en todo el mundo, si el uso de los chips implantables no viene acompañado de sólidas medidas de seguridad, protección y privacidad, podríamos terminar enfrentándonos a una pesadilla de ciberseguridad con consecuencias de muy amplio alcance. Además, su adopción plantearía un dilema ético en cuanto al trato que se dispense a aquellos que se nieguen a utilizarlos, puesto que muy probablemente se verán marginados a diferentes niveles, como a la hora de optar a diferentes puestos de trabajo. Según una reciente encuesta a empleados en los Estados Unidos y Europa, dos tercios de los encuestados creen que para 2035 los candidatos con chips implantados en sus cuerpos disfrutarán de una ventaja injusta en el mercado laboral. Pero uno de los escenarios que más preocupa desde el punto de vista de la privacidad, es el del eventual desarrollo de estructuras de hipervigilancia nacionales, capaces de rastrear la actividad de todos aquellos que utilicen esta tecnología. [3]

BBVA-OpenMind-Banafa-Technology Under Your Skin-tim-gouw-two-thirds of employees believe that in 2035, humans with chips implanted in their bodies will have an unfair advantage in the labor market.-Dos tercios de los empleados creen que para 2035 los candidatos con chips implantados disfrutarán de una ventaja injusta en el mercado laboral
Dos tercios de los empleados creen que para 2035 los candidatos con chips implantados disfrutarán de una ventaja injusta en el mercado laboral

Son muchos los temas que quedan por tratar. Y hasta que no seamos capaces de resolverlos todos, mucha gente va a ver en su promoción otro intento por parte de estados y empresas de obtener acceso a una nueva fuente de datos personales, que vendrá a añadirse al arsenal de canales del que ya disponen para recopilar información. Pero a la hora de evaluar todas estas consideraciones, merece la pena recordar que en 2030 habrá, de media, 15 dispositivos IoT por cada persona en los EEUU. [7]

Ahmed Banafa: autor de los libros

Secure and Smart Internet of Things (IoT) Using Blockchain and AI

Blockchain Technology and Applications

Referencias

[1] https://www.govtech.com/blogs/lohrmann-on-cybersecurity/chip-implants-the-next-big-privacy-debate.html

[2] https://www.npr.org/2018/10/22/658808705/thousands-of-swedes-are-inserting-microchips-under-their-skin

[3] https://www.cnn.com/2020/09/18/business/jobs-robots-microchips-cyborg/index.html

[4] https://www.thomasnet.com/insights/the-future-of-microchip-implants-in-humans/

[5] https://www.linkedin.com/pulse/three-major-challenges-facing-iot-ahmed-banafa/

[6] https://en.wikipedia.org/wiki/Microchip_implant_(human)

[7] https://www.linkedin.com/pulse/8-key-tech-trends-post-covid-19-world-ahmed-banafa/

 

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