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18 abril 2018

Tecnología, productividad e igualdad no son excluyentes: Zia Qureshi

Autores | Economía Global | Perplejidad | Tecnología
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¿Por qué nuestra economía no es más productiva si somos más digitales?

La cuarta revolución industrial no ha traído el aumento de la productividad esperado tras analizar el patrón de productividad consolidado históricamente en otras revoluciones: la máquina de vapor (I), los sistemas eléctricos (II) o la automatización (III) tuvieron consecuencias positivas sobre el nivel de vida de cada época gracias al importante aumento de la productividad. Sin embargo, bajo el paraguas de la revolución digital (IV) la efectividad de las nuevas tecnologías no se ha traducido (¿todavía?) en un aumento de la productividad y por tanto, en una mejora del nivel de vida. ¿A qué se debe esta paradoja?

El escenario de la gran paradoja es el siguiente: tecnología en auge y productividad estancada. Aumenta en paralelo la desigualdad en la mayoría de las economías y el desequilibrio en la distribución de la renta entre la que proviene del trabajo y del capital.

Frenar la desigualdad: el reto de la  tecnología

El cambio tecnológico ha irrumpido en todas las esferas de nuestra vida y algunos de los sectores clave para su impulso y consolidación no están todavía preparados, según la tesis del artículo “Tecnología avanzada, pero crecimiento más lento y desigual: paradojas y políticas” de Zia Qureshi. Los fallos del mercado y la falta de políticas innovadoras tienen una incidencia transversal fundamental para que nos encontremos actualmente en una etapa de transición.

Zia Qureshi, investigador Principal de la Brookings Institution, considera que esa ralentización de la productividad, más el aumento de la desigualdad provoca un crecimiento económico más débil, que se traduce en una situación de descontento social que favorece el auge del populismo en grandes economías.

Renovarse o morir: empresa y política en la era digital

Aunque según argumenta Qureshi “existe un elemento cíclico en la desaceleración de la productividad”, hay factores estructurales profundos que han frenado el ritmo de crecimiento, a pesar de los avances tecnológicos. En las empresas, por ejemplo, el aumento de la productividad se ha reducido a excepción de un sector, el de la élite de las empresas tecnológicas. El problema, por lo tanto, puede que sea más bien una falta de penetración de la tecnología en otros sectores del ecosistema empresarial, por lo que todavía existirían barreras que impiden su difusión.

“La ralentización de la productividad parece reflejar una creciente desigualdad entre las empresas punteras y el resto”

Tecnología, productividad y distribución de la renta están unidas por un nexo común: la falla que se ha abierto en el mercado actual entre las empresas punteras y el resto. Los avances tecnológicos solo han sido aprovechados y asimilados al máximo por una pequeña élite de grandes empresas tecnológicas. A mayor divergencia, mayor desigualdad.

Además, esta diferenciación implica también una erosión de la competencia, lo que, en palabras de Qureshi “se refleja en un aumento de la concentración del mercado y en un menor dinamismo empresarial”, especialmente en economías avanzadas, siendo caso paradigmático el de Estados Unidos. Este escenario facilita el camino hacia el oligopolio: las grandes compañías reajustan beneficios muy superiores a lo normal.

Derivada de la erosión de la competencia surge una nueva paradoja: la de la inversión. A pesar de los tipos de interés históricamente bajos, la debilidad persiste, ¿cómo es posible? La incertidumbre tras la crisis financiera de 2008 podría explicar la situación.

Además, estas dos paradojas se retroalimentan en un círculo infinito: la baja inversión hunde la productividad, lo que ralentiza la adopción de las nuevas tecnologías y que a su vez genera menores expectativas de crecimiento y deprime, por tanto, la inversión.

En este contexto, la renta que deriva de los salarios pierde poder frente a la renta del capital y así se fomenta la inequidad. Al mismo tiempo, las tecnologías digitales impulsan la automatización y desplazan la demanda de perfiles laborales hacia la tecnificación y la alta cualificación. Así, la demanda laboral se ha polarizado: cae la de perfiles con cualificación media y baja, relacionadas con tares manuales o rutinarias. Al mismo tiempo, crece la economía del mercado informal o gig economy, potenciada también por las TIC. La formación es otra de las claves para entender el problema de la penetración de las nuevas tecnologías y su explotación: la educación se reforma con lentitud y tarda en adaptarse.

La tercera paradoja surge en este momento: pocos trabajadores con la cualificación necesaria impide la difusión de las nuevas tecnologías, mientras quienes dan el perfil se concentran en la élite de empresas tecnológicamente avanzadas, por lo que la brecha salarial y la desigualdad de la renta se incrementa.

Zia Quereshi analiza en su artículo (descárgalo gratis aquí) los factores que nos han llevado a este bucle de paradojas que ralentizan la productividad a pesar del crecimiento exponencial de las nuevas tecnologías. Al mismo tiempo, plantea una serie de medidas imprescindibles para superar esta situación: una renovación de la educación, formación adaptada, repensar el concepto del ciclo laboral, potenciar la investigación y fomentar las políticas públicas de I+D e incluso, replantear las bases mismas del contrato social pueden ser las recetas para salir de la paradoja de la productividad.

Bibliografía:

  • Qureshi, Zia (2017) La era de la Perplejidad: Repensar el mundo que conocíamos. Tecnología avanzada, pero crecimiento más lento y desigual: paradojas y políticas. Madrid, BBVA, OpenMind, Penguin Random House Grupo Editorial.

Dory Gascueña

@dorygascu

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