¿Qué le pasó a Amelia Earhart?

El 2 de julio de 1937 se sucedió un intercambio de confusas y fragmentarias comunicaciones por radio entre la patrullera guardacostas USCGC Itasca, estacionada en la isla de Howland, y la aronave Lockheed Electra 10-E pilotada por la célebre aviadora Amelia Earhart en su vuelo de circunnavegación del globo. Poco después, con el contacto por radio ya perdido, se hizo evidente que Earhart y su navegante Fred Noonan jamás aterrizarían en Howland según el plan previsto. La búsqueda de los restos del Electra y sus tripulantes comenzó una hora más tarde. Y ochenta años después, aún prosigue.

A diferencia de los casos de otros pilotos famosos desaparecidos en vuelo, como el escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, aún no ha podido recuperarse un solo resto confirmado del vuelo de Earhart y Noonan. El destino de ambos aviadores ha cautivado la imaginación popular durante décadas, inspirando películas, libros, canciones y obras de teatro; incluso un episodio de la serie Star Trek planteaba una fantasiosa solución al enigma: una abducción alienígena.

Amelia Earhart bajo su Lockheed Modelo 10-E Electra en 1937. Crédito: Wikimedia Commons

Amelia Earhart bajo su Lockheed Modelo 10-E Electra en 1937. Crédito: Wikimedia Commons

Pero además del misterio, otra circunstancia que sin duda ha fomentado el interés por el caso es el propio personaje. Gracias a su empuje, su carisma y sus logros, Earhart gozaba de un estatus de celebridad y de icono para las mujeres de su tiempo, a las que transmitía el mensaje de que podían lograr lo que se propusieran. De joven, ella mantenía un cuaderno de recortes de periódico sobre mujeres que triunfaban en profesiones tradicionalmente masculinas. Cuando en 1920 subió por primera vez a un avión, supo que quería volar. Dos años después batía el récord de altitud para una mujer piloto a 4.300 metros.

Primera mujer en volar a través del Atlántico

Su salto a la fama llegó en 1928, cuando fue invitada a acompañar a dos aviadores masculinos como la primera mujer en volar a través del Atlántico. Earhart dijo haberse sentido “como un saco de patatas”, ya que no pudo pilotar. Pero la repercusión de aquella hazaña le dio el espaldarazo que necesitaba: comenzaron a lloverle los contratos publicitarios y las invitaciones a dar conferencias; la prensa hablaba de ella como la “reina del aire”.

Amelia Earhart en su avión. Crédito: Harris & Ewing

Amelia Earhart en su avión. Crédito: Harris & Ewing

Earhart estableció más de una docena de récords, incluyendo el de la primera mujer en volar en solitario a través del Atlántico, y el de la primera persona en hacerlo dos veces. Pero su gran ambición era la vuelta al globo, que pretendía abordar por el camino más largo del planeta, “tan cercano a su cintura como se pueda”. En 1936 y con el apoyo financiero de la Universidad de Purdue, consiguió el avión adecuado para lograrlo, el Electra.

El viaje comenzó el 20 de mayo de 1937 en Oakland (California). Tras diversas etapas en América, África y Asia, el 2 de julio Earhart y Noonan despegaban de Lae, en Papúa-Nueva Guinea, con destino a Howland, un islote a medio camino entre Australia y Hawái. Nunca llegaron. El siniestro se ha atribuido históricamente a un error de navegación, a una desastrosa comunicación con el Itasca y al tiempo adverso que posiblemente impidió a Earhart y Noonan avistar Howland. La hipótesis más inmediata fue que el avión agotó el combustible y se estrelló en el mar, donde reposaría a varios kilómetros de profundidad.

La búsqueda de Earhart y Noonan

En 1988, el Grupo Internacional para la Recuperación de Aviones Históricos (TIGHAR), con sede en Delaware, emprendió una búsqueda basada en la hipótesis alternativa de que Earhart y Noonan podrían haber aterrizado en el atolón deshabitado de Nikumaroro, a 640 kilómetros al sureste de Howland. Esta posición encaja con el último rumbo comunicado por la aviadora al Itasca, y la topografía de la isla habría permitido el aterrizaje. Aunque Nikumaroro fue rastreada desde el aire y visitada por un grupo de colonos poco después del accidente, sin detectarse indicio alguno, los restos del avión podrían haber sido arrastrados al mar.

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Islas de Nikumaroror y Howland en el Pacífico / Imagen: Google Maps

La docena de expediciones organizadas por TIGHAR ha logrado rescatar numerosos artefactos, incluyendo botones de chaquetas de vuelo, el tirador de una cremallera, el tacón de un zapato similar a los de Earhart e incluso un panel de aluminio que concuerda con los utilizados en el Electra; muchos rastros sugerentes, ninguna prueba definitiva. Pero sin duda los restos que han suscitado más discusión son los 13 huesos hallados en Nikumaroro en 1940 y que entonces se identificaron como pertenecientes a un varón. Aunque los huesos se perdieron, nuevos análisis de los datos en 1998 y 2016 indicaron que podrían corresponder a una mujer, y que cuadran con la complexión de Earhart.

Confiando en la pista de los huesos, TIGHAR se encuentra ahora inmerso en una nueva expedición en Nikumaroro con el apoyo de la National Geographic Society, y con la participación de cuatro perros del Instituto de Forenses Caninos de California, especializados en la localización de huesos humanos y capaces de detectar restos de 1.500 años de antigüedad a tres metros bajo el suelo. Si la expedición encuentra algún resto humano, los investigadores tratarán de extraer ADN para cotejarlo con el de un pariente vivo de Earhart. Tal vez aún haya esperanza de poner fin a ochenta años de incertidumbre.

Por Javier Yanes

@yanes68