¿Qué dice la ciencia sobre los animales fantásticos de El Quijote?

Miguel de Cervantes menciona en el Quijote  más de 100 tipos o especies diferentes de animales o “bestias”. La mayoría son animales reales: caballos, burros, ovejas, cerdos, perros, gatos… Pero también hay muchos animales míticos, imaginarios, o fantásticos como: unicornios, basiliscos, el ave fénix, endriagos… Además hay algunos enigmáticos como, por ejemplo, “la zebra” que montaba un famoso “moro”, o no bien definidos como los “pescados” que producen el “cavial” que consumió Sancho junto a unos peregrinos. Ahora que se cumplen 400 años de la muerte de Cervantes es interesante preguntarse ¿qué ha pasado con estos animales fantásticos y enigmáticos?

Los animales fantásticos

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Autor: Arturo de Frias Marque, vía Wikimedia Commons

Algunos de los animales fantásticos mencionados en el Quijote, como por ejemplo los endriagos,  han desaparecido de nuestra cultura. En cambio, otros como los unicornios o los basiliscos se han “reconvertido” en animales reales: los primeros, actualmente han pasado a ser una especie de rinoceronte (el rinoceronte indio Rhinoceros unicornis)y los segundos un género de reptiles (el género  de lagartos Basiliscus formado por varias especies que lo que conservan de “fantástico” es que son capaces de “andar” sobre el agua). Y otros animales fantásticos como los dragones, en contra de lo que muchos creen, no aparecen en el texto del Quijote (aunque entonces se les conocía como serpientes o sierpes adultas, que sí aparecían en el texto) han pasado asimismo a denominar ciertas especies de lagartos, como los dragones de Komodo.

Pero, en la actualidad asistimos a una nueva “irrupción” en nuestro mundo de una serie de “animales fantásticos” obtenidos por la aplicación de nuevas técnicas biotecnológicas, como la clonación, la transgénesis, las células madres, la edición génica o genómica etc. Como tal, se pueden considerar  por ejemplo los animales “fluorescentes” que lo son en la oscuridad porque en su célula original o cigoto se les ha introducido el gen de la fluoresceína, procedente de medusas. Así se han obtenido desde gusanos a monos fluorescentes.

Con ello, aún no se han conseguido cabras -“cabrillas”- de colores como las que Sancho dice que vio tras su vuelo en el caballo Clavileño. Pero sí se han conseguido, por ejemplo, cabras transgénicas que en su leche producen un factor de coagulación de la sangre humana, algo que ya se está utilizando en la lucha contra diversos problemas y accidentes. Este factor es producido por la empresa rEVO Biologics de Framingham-Massachusetts, y se utiliza sobre todo para prevenir hemorragias perioperatarias y alrededor del parto en pacientes con problemas de coagulación sanguínea.

Los pescados del “cavial”

Cuando  Sancho vuelve de su aventura como gobernador de la ínsula Barataria y va buscando a su señor, se encuentra con una partida de peregrinos, entre los que luego se descubre que va el morisco Ricote que, tras su expulsión, vuelve al pueblo de Don Quijote y Sancho. Todos juntos comparten una comida en un prado donde se incluye lo que Cervantes llama “cavial” y que, dice, se saca de los “huevos de pescados”.

Esta imprecisión es extraña en Cervantes, pues siempre que habla de animales en general y de peces en particular, lo hace con propiedad. Así, y por lo que respecta a peces, habla de sardinas, truchas, salmones, sabogas, bacalao, abadejo etc. Quizás lo que esta indefinición de Cervantes denota es el desconocimiento que había en aquella época sobre los peces concretos que producen el caviar. Y aquí la cuestión es si desde entonces a acá se ha aclarado la naturaleza de tales peces y en particular de kis de la Península Ibérica, territorio en el que transcurre la obra de Cervantes.

Ahora se sabe que el caviar auténtico se obtiene a partir de los esturiones de distintas especies. En la Península Ibérica, donde se capturaron esturiones hasta los años 70 del siglo pasado, hasta hace pocos años se defendía que existía una sola especie: el esturión llamado del atlántico-europeo (Acipenser sturio).Pero las investigaciones genéticas  llevadas a cabo por el grupo del autor de este artículo en ejemplares de museo, abrieron la posibilidad de que a la península llegaran otras dos especies más: una, Acipenser naccarii, que se creía que era endémica del Adriático, y otra, Acipenser oxyrinchus, muy emparentada con la del atlántico-europeo, pero que se creía que sólo vivía en las costas atlánticas orientales de Norte América (de la Herrán et al. 2004).

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El esturión capturado en aguas de Gijón. / Imagen: Centro de Experimentación Pesquera-Principado de Asturias

Y  asimismo, se ha comprobado por otros autores también mediante diversos estudios genéticos en material antiguo que el  esturión del atlántico- americano A. oxyrinchus también ha vivido en tiempos recientes en las costas atlánticas de Europa occidental, habiéndose capturado muy recientemente un espécimen frente a las costas de Gijón (Asturias, España) que precisamente pertenece a esta especie (Elvira et. al. 2015).

Estos análisis tienen, no sólo un interés teórico-académico, sino que pueden ser útiles para la recuperación de los esturiones con especies autóctonas. Concretamente, en este caso hay que tener en cuenta que mientras A. sturio está prácticamente extinguido, A. naccarii y, sobre todo, A. oxyrinchus  aún presentan algunas poblaciones naturales que se podrían  utilizar para la recuperación en nuestra región.

La “zebra”

El animal más enigmático que aparece en el Quijote es la “zebra”. Concretamente en el capítulo 29, el cura, que había salido junto con el barbero para traer de vuelta al caballero andante  a su casa, se encuentra con éste, y  cuando D. Quijote quiere cederle la montura, pues el cura va a pie, éste le dice que se conforma con ir sobre las ancas de las mulas que llevan, haciéndose pese a ello  a la idea que cabalga sobre el caballo Pegaso- caballo mitológico con alas-o sobre la “zebra” en la que cabalgaba el famoso moro Muzaraque.

¿De dónde sacó Cervantes este animal? Por supuesto que no se trata de la “cebra”, especie  del sur de África que fue “descubierta” por los portugueses en fechas posteriores  a Cervantes. Se trataría más bien de un équido que vivió en nuestra península de forma salvaje hasta el final del siglo XV, según se recoge en diversas obras literarias, por ejemplo en la obra de 1423 de Enrique de Villena (Arte Cisoria.cap VI y VIII. Se puede acceder en la Biblioteca Virtual Cervantes). Serían équidos muy grandes con una coloración gris rayada de la piel  y que vivían en zonas boscosas. Con las zebras debió de pasar algo similar a lo que pasó con los esturiones: se cazaron -eran apreciados, además de su por fiereza, por su carne y su dura piel- y se eliminó su hábitat al talar muchos bosques donde vivían, con el resultado final de su extinción. Por ello, de estos animales sólo quedaron vestigios en la literatura -como en El Quijote-, en la toponimia -hay muchos lugares en España y Portugal que llevan el término, como Piedrafita do Cebreiro en Lugo, Cebreros en Avila o las Encebras en Alicante o en Portugal Monte dos Zebros en Beira Baixa, y, por ejemplo, en algunos tambores antiguos presuntamente hechos con su piel.

Pero, ¿de qué animal se trataba? Desde Cervantes a nuestros días ha habido diversas hipótesis sobre su naturaleza, que van desde quienes defienden que se trataría de una especie de caballo, para algunos autores autóctono de la Península Ibérica y para otros alguna especie euroasiática, a otras que propugnan que sería una especie de asno, que no caballo,  importado y posteriormente naturalizado, e incluso, otras que defienden que no se ha extinguido y que ha originado una raza de caballos-los sorraia portugueses.

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Autor: Oelke / Imagen: www.sorraia.org

En este caso, tras  la realización de diversos estudios paleontológicos, arqueológicos, históricos, filológicos,  biológicos y genéticos etc. no se acaba de aclarar la verdadera naturaleza de estos animales, siendo la más favorecida la que defiende que se podía tratar de una especie de caballo euroasiático que en nuestra península  tuvo uno de sus últimos reductos. Quizás, cuando se obtenga ADN de restos fehacientes de estos animales -huesos, piel de escudos…- se pueda llegar a una conclusión sobre su naturaleza.

Y como terminaría Cervantes,” Vale”… pero seguro que continuará.

Manuel Ruiz Rejón

Universidad de Granada, Universidad Autónoma de Madrid

Bibliografía

De la Herrán, R. et al. 2004. Genetic identification of western Mediterranean sturgeons and its implications for conservation. Conservation Genetics. 5(4): 545-551.

Elvira,B et al. 2015. Current occurrence of the Atlantic sturgeon Acipenser oxyrinchus in Northern Spain. A new prospect for sturgeon conservation in Western Europe. PlosOne, Dec. 30, 10(12),e0145728.

Nores et al. 2015. The Iberian zebro: what kind of a beast was it?. Anthropozoologica. 50(1):21-32.