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11 agosto 2015

Pequeños grandes inventos: las tijeras

Creatividad | Historia | Innovación | Inventos
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“Es difícil imaginar la vida diaria sin tijeras. Abrir paquetes y cartas, recortar recetas, cortar hilo y cuerda, hacer prendas, fundas y accesorios para la casa, cortar las cutículas, recortar las uñas, cortar el pelo, cortar flores, zurcir, cortar muestras, hacer parches, recortar muñecos de papel, trabajos con metal o de tapizado, son solo algunas de las cosas cotidianas y familiares que las tijeras consiguen, y que su ausencia convertiría en trabajos penosos”.

Podrían ser palabras escritas hoy, pero lo cierto es que fueron publicadas hace 67 años en un volumen editado en 1948 por la casa de tijeras J. Wiss & Sons Co., de Newark (Nueva Jersey, Estados Unidos), para conmemorar su primer centenario. A pesar de la electrónica, la robótica y la era digital, unas simples tijeras continúan siendo algo obligatorio en cualquier hogar o centro de trabajo. Prueba de ello es que, mientras empresas de todo tipo surgen y desaparecen, las tijeras han sostenido desde 1848 el negocio de la familia Wiss. Más difícil todavía: la compañía Zhang Xiaoquan, en Hangzhou (China), lleva fabricando sus tijeras desde 1663, en los tiempos de la famosa dinastía Ming.

Colección de tijeras que se utilizan en un hogar del siglo XXI. Crédito: Becky Stern

Hoy existen en todas las formas y tamaños, para zurdos e incluso para manejar con los pies. Están presentes en la mitología y en la superstición: Átropos, la Moira, las utilizaba para cortar el hilo de la vida de los mortales, y en algunas culturas se cree que regalarlas trae mala suerte. Hay quien nunca las dejaría abiertas; pero lo que tal vez muchos ignoran es que, al cortarse las uñas o abrir un paquete, están haciendo uso de una de las tecnologías más antiguas inventadas por el ser humano; tanto que su verdadero origen, en palabras del químico e historiador de la tecnología Aaron N. Shugar, de la Universidad Estatal de Nueva York en Búfalo (EE. UU.), “parece estar perdido en el velo de la historia”.

De hecho, infinidad de reseñas sobre el origen de las tijeras están equivocadas: no fueron inventadas por Leonardo da Vinci, ya que históricamente aparecen en tiempos muy anteriores al genio florentino. Pero según los expertos, tampoco existen pruebas de que surgieran en el antiguo Egipto hacia el año 1500 antes de nuestra era, como sostienen muchas webs populares e incluso la Wikipedia.

Antes de adoptar su forma actual, las tijeras nacieron como pequeñas cizallas, una sola pieza de bronce en forma de U con ambos extremos afilados para cortar con la presión de la mano. Según la arqueóloga textil Gillian Vogelsang-Eastwood, “las tijeras no se desarrollaron hasta aproximadamente el siglo I d. C., y no hay pruebas para sugerir que los antiguos egipcios las utilizaban. De forma similar, las cizallas no aparecieron en Egipto hasta el período Ptolemaico [desde el 305 a. C.], o posiblemente incluso el período romano”.

Tijeras (siglos III-I a.C) encontradas en el oppidum de Manching (Alemania). Crédito: Andreas Franzkowiak

Vogelsang-Eastwood se apoya en los estudios del eminente egiptólogo de la era victoriana Sir Flinders Petrie, quien en 1918 escribía en la revista Scientific American: “El mundo se arregló sin cizallas durante muchas eras, cortándose la tela con un cuchillo de hoja redondeada. Hacia el 400 a. C. el genio mecánico de Italia inventó las cizallas, que en dos o tres siglos más se ajustaron a los dedos, y así comenzaron las tijeras”. Sin embargo, investigaciones más recientes les atribuyen un origen anterior; pero no en Egipto, sino en Oriente Próximo. El trabajo publicado en 1995 por el arqueólogo francés Jean-Claude Margueron en la revista The Biblical Archaeologist incluía las tijeras entre los objetos hallados en la antigua ciudad de Emar (hoy en Siria), datados en el siglo XIV antes de nuestra era. Por su parte, Shugar apunta que unas cizallas de hierro aparecían mencionadas por primera vez en una tablilla de arcilla neobabilónica del siglo VI a. C.: “Así, parece que las cizallas, de alguna forma, pueden haberse originado en el Oriente Próximo, pero los autores no tienen conocimiento de objetos arqueológicos existentes”.

La forma actual, dos piezas unidas por un tornillo, apareció en Roma en el primer siglo de nuestra era, y poco después empieza a documentarse su presencia en todo el mundo, desde occidente hasta China. Según el libro de Wiss, una de las primeras referencias escritas corresponde a San Isidoro de Sevilla, en el siglo VI, que describía las tijeras de hojas cruzadas con un pivote central como instrumentos del barbero y el sastre. Durante la Edad Media y en épocas posteriores eran objetos de artesanía fina que unían a su utilidad una factura preciosista: las astas se moldeaban con formas de animales, de castillos o incluso de piernas de mujer, las Jambes des Princesses que, según el libro de Wiss, hacían furor en la Francia del siglo XVIII.

Han pasado muchos años desde que Jacob Wiss, fundador de la casa que lleva su nombre, utilizara un perro San Bernardo corriendo en una rueda para mover su maquinaria. Hoy al acero se han unido a otros materiales como el titanio o el carburo de tungsteno, y la fabricación de tijeras se ha automatizado. Pero hay algo que no ha cambiado: las tijeras siguen manejándose hoy exactamente igual que hace casi 2.000 años. Cuando las utilizamos, estamos practicando un gesto que la humanidad lleva repitiendo casi desde que existe la historia.

Por Javier Yanes para Ventana al Conocimiento

@yanes68

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