¿Para qué nos ponemos morenos?

Ya en la Antigua Grecia, la piel clara era un símbolo de clase social alta. Tuvieron que pasar milenios para que el tono moreno típico del verano se convirtiera, por accidente y gracias a una famosa diseñadora de moda, en un símbolo de prestigio social. Sucedió en pleno siglo XX, cuando también comenzó a desvelarse la utilidad biológica de la tez morena.

A la izquierda se observa cómo los melanocitos generan abundante melanina, oscureciendo la piel con los rayos solares. A la derecha no hay radiación. Crédito: Scientific Animations

A la izquierda se observa cómo los melanocitos generan abundante melanina, oscureciendo la piel con los rayos solares. A la derecha no hay radiación. Crédito: Scientific Animations

Más allá de la cuestión estética, el bronceado tiene una explicación científica: sirve para protegernos de la radiación solar. La genética explica que, al cabo de muchas generaciones, unas etnias tengan tonalidades más claras que otras, aunque sean las modas y las cuestiones culturales las que marcan que el moreno se lleve o no.

Nuestro escudo protector

“El bronceado es una respuesta biológica a la exposición a radiación ultravioleta”, explica a OpenMind Ellen Quillen, investigadora del departamento de Genética del Instituto de Investigación Biomédica de Texas (EEUU).

Cuando tomamos el sol, unas células de nuestra piel llamadas melanocitos nos protegen de los daños provocados por las radiaciones solares generando melanina, que actúa como un escudo protector frente a los rayos.

Este tipo de radiación causa mutaciones en el ADN –con riesgo de provocar cáncer– y descompone nutrientes como el ácido fólico, responsable de que las células funcionen bien. También daña al colágeno y a otras proteínas de la piel, lo que aumenta la aparición de arrugas.

“La melanina se produce y se empaqueta en vesículas que son transportadas y acumuladas alrededor de las células para proteger su ADN de la radiación ultravioleta”, detalla a OpenMind Paola Pasquali, dermatóloga miembro del Comité de Medios y Relaciones Públicas de la Academia Europea de Dermatología y Venereología.

Cuando nos ponemos al sol, sus rayos activan a las células que segregan melanina. Este pigmento absorbe la radiación y nos pone morenos. “Es un mecanismo de defensa”, resume Pasquali.

Los genes marcan el bronceado

Las personas con pieles más oscuras segregan más melanina y, por tanto, son menos sensibles a esta radiación. “El nivel de melanina en la piel es distinto en diferentes grupos étnicos”, indica a OpenMind Christine Lind Behrens, de la unidad de Prevención e Información de la Sociedad Danesa del Cáncer.

De esta forma, una persona puede tener un tipo de piel de 1 a 6. El 1 corresponderá a las muy sensibles al sol (típicas de los países nórdicos), mientras que el 6 lo registrarán personas de piel muy oscura (habituales en África), que casi nunca se queman. Para concienciar de los daños del sol en la piel, la Sociedad Danesa del Cáncer y la fundación TrygFonden han lanzado la campaña “Ayuda a un danés”.

Los etíopes tienen pieles muy oscuras, al segregar mucha melanina para defenderse de la radiación solar, muy elevada en esa región. Crédito: Rod Waddington.

Los etíopes tienen pieles muy oscuras, al segregar mucha melanina para defenderse de la radiación solar, muy elevada en esa región. Crédito: Rod Waddington.

Las expertas recalcan que la radiación en exceso es nociva para cualquier persona. “Con suficiente exposición a los rayos ultravioleta todos, no importa cuánta melanina produzcan, tendrán daños por el sol”, advierte Quillen.

¿A qué se debe que una etnia sea más morena que otra? Al componente genético, heredado tras muchas generaciones. De esta forma, una persona con piel oscura tendrá antepasados que vivieron cerca del ecuador, donde la radiación es muy intensa durante todo el año.

“Con el tiempo, la selección natural favoreció las variantes genéticas que causan que las personas que viven en estos ambientes de alta radiación ultravioleta produzcan gran cantidad de melanina para su protección”, comenta Quillen. Pasados varios siglos, las variantes genéticas se transfirieron a sus descendientes actuales, que pueden vivir o no donde sus antepasados.

Chanel impulsó el moreno

Aunque sea el componente genético lo que marca que una etnia tenga una determinada tonalidad de piel, las cuestiones culturales influyen en las connotaciones de estos tonos. En la India las mujeres, mayoritariamente de tez morena, se afanan por aclararse la piel, imitando al modelo occidental.

La diseñadora de alta costura Coco Chanel puso de moda el bronceado en la década de 1920. Crédito: Time/Getty

La diseñadora de alta costura Coco Chanel puso de moda el bronceado en la década de 1920. Crédito: Time/Getty

En otros países asiáticos como China o Corea, las féminas evitan el sol para conservar su piel clara porque les parece más hermosa que la bronceada. También les preocupa el riesgo de sufrir cáncer, como reveló un estudio realizado en mujeres asiáticas que vivían en Australia.

“En cierto modo es un asunto cultural y también depende de la moda. En la India añaden algo a los protectores solares para conseguir que la piel se vea más blanca, mientras que muchos daneses lo que quieren es volver de sus soleadas vacaciones con un bronceado”, compara Lind Behrens.

Desde la Antigua Grecia, la piel clara se ha visto como indicativo de clases sociales altas, que no tenían que trabajar de sol a sol como los esclavos, con pieles más morenas. Fue la diseñadora francesa Coco Chanel quien, en los años veinte, impulsó el bronceado sin querer, tras quemarse en un viaje en yate. Así acabó con la asociación de la piel morena con las clases bajas.

Desde entonces, en Occidente se venera el bronceado, con cabinas de rayos, toallitas bronceadoras y un amplio arsenal cosmético. Aunque tomar el sol es positivo para estimular la síntesis de la vitamina D, debe hacerse en pequeñas dosis y siempre con protección. “El sol de hoy es el envejecimiento prematuro de mañana”, recuerda Pasquali.

Por Laura Chaparro

@laura_chaparro