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25 octubre 2018

Miguel Servet, el científico hereje que fue quemado tres veces

Ciencia | Grandes Personajes | Historia | Medicina
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La muerte en la hoguera ha sido un método popular de ejecución en la historia de la humanidad, por lo que el caso del español Miguel Servet no sería inusual más allá de lo destacado del personaje, descubridor de la circulación sanguínea pulmonar. Sin embargo, Servet es un caso notable por algo más: tan perseguidas fueron sus ideas que fue quemado no una vez, sino tres.

Sobre la trágica figura de Miguel Servet (29 de septiembre de 1511 – 27 de octubre de 1553) es mucho lo que se desconoce, comenzando por su origen e incluso su nombre auténtico. Más que en datos históricos, la fecha propuesta para su nacimiento se basa en que el 29 de septiembre es el día de San Miguel, y es una tradición católica elegir el nombre de los recién nacidos de acuerdo al santoral. Los historiadores discuten si nació en Villanueva de Sigena (Aragón) o en Tudela (Navarra), y si su cambio de nombre a Miguel de Villanueva, tras su primera persecución, fue una vuelta a su apellido real o un homenaje a su tierra. Es decir, no está claro si aquel perseguido era Miguel de Villanueva, alias Servet, nacido en Tudela; o si era Miguel Servet, y quiso marcar su origen en Villanueva de Sigena.

Grabado de Miguel Servet realizado por Holl. Crédito: Wellcome Images

También fue peculiar su trayectoria. Con solo 15 años dejó España para estudiar leyes en Francia, donde viviría la mayor parte de su vida. Viajó por Europa gracias a su trabajo como secretario del fraile franciscano Juan de Quintana, quien se convertiría en confesor y consejero del emperador Carlos V. Fue entonces cuando, escandalizado por el lujo y la corrupción del papado, abrazó la Reforma protestante encabezada por Lutero.

Sin embargo, fue mucho más allá en sus planteamientos de lo que la Reforma toleraba. Estudió la Biblia en hebreo y griego, llegando a la convicción de que la traducción oficial en latín había tergiversado la doctrina. En 1531 publicaba su primer libro, cuyo título no escondía sus intenciones: en De Trinitatis Erroribus impugnaba el dogma de la Trinidad, lo que puso en su contra a católicos y protestantes. Tras cambiar su apellido, recaló en París, donde estudió medicina al tiempo que enseñaba matemáticas y astronomía.

El primero en comprender la respiración

En París, Servet heredó del famoso anatomista Andreas Vesalio el puesto de ayudante en las disecciones. Su conocimiento de la obra de Galeno —el médico grecorromano cuyas teorías triunfaban por entonces— no tenía rival. Pero volvió a enredarse en problemas: tras una disputa con las autoridades universitarias, emigró de nuevo para establecerse en Vienne (en el sureste de Francia), donde ejerció como médico y corrector de imprenta.

Por entonces entabló correspondencia con Calvino, que dirigía la Reforma protestante en Ginebra. La relación pronto se truncó; las ideas de Servet exasperaron de tal modo a Calvino que este decidió ignorarle, pero en 1546 escribió en una carta a un amigo: “Si [Servet] viene aquí, si mi autoridad sirve de algo, nunca le permitiré que se marche vivo”.

Página del libro Christianismi restitutio de Miguel Servet (1553). Fuente: Wikimedia

Por fin, en 1553 Servet publicaba su obra más famosa, Christianismi Restitutio, un tratado de teología que sin embargo contenía sus indagaciones sobre medicina, ya que para él la fisiología revelaba la conexión divina del ser humano. “Quien realmente comprende cómo funciona la respiración del hombre ya ha sentido la respiración de Dios y por tanto salvado su alma”, escribió.

Y en efecto, Servet fue el primer autor en Occidente que comprendió la respiración. Hasta entonces primaba la teoría de Galeno, según la cual el aire viajaba al corazón por la vena pulmonar para mezclarse con la sangre, que después cruzaba de un ventrículo a otro a través de poros para distribuirse por el organismo. Servet propuso en cambio que la arteria pulmonar llevaba la sangre a los pulmones no solo para nutrir estos órganos, sino para recoger el aire a través de capilares, y que después regresaba por la vena pulmonar al corazón. Es decir, no existía comunicación entre los ventrículos, sino que la sangre pasaba de uno a otro únicamente previa circulación por los pulmones para su aireación.

Condenado por su doctrina teológica

La teoría de Servet, que resultó correcta, tuvo poco eco; justo lo contrario que su doctrina teológica. Condenado por la Inquisición, huyó de Vienne, donde tuvieron que conformarse con quemar su efigie junto a libros en blanco. Pero por algún motivo ignoto, de camino al sur de Italia decidió hacer escala en Ginebra. Allí fue reconocido, acusado y condenado a la hoguera.

Estatua de Miguel Servet en Annemasse. Credit: Locum io

El propio Calvino trató de conmutar su pena por una más piadosa decapitación, pero fue inútil: el 27 de octubre de 1553 ardió con un ejemplar de su obra atado al brazo.

Todavía Servet sería quemado una tercera vez: en 1942 el gobierno francés colaboracionista con la ocupación nazi consideró que la escultura dedicada a él en Annemasse, junto a Ginebra, era un monumento al pensamiento libre. La estatua fue retirada y fundida al fuego. Se restituyó en 1960, por fin en tiempos más tolerantes.

Javier Yanes

@yanes68

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